Seminarios Martes EOL

Reseña XIII. Seminario EOL. Carlos Dante García

Publicado en Lectura Lacaniana: 5 agosto, 2014

 

"Prejuicios sobre la masculinidad y la virilidad: hombres y analistas: siglo XXI”.
                                               
                                                       8 de julio de 2014

 

 

 

Ciertas ideas que circulan en el psicoanálisis como una obviedad respecto de lo viril y de la masculinidad:

 

La mujer constituiría un misterio y el hombre no, como si se tuviera la respuesta anticipada de que un hombre sabe lo que quiere, como si la masculinidad sólo consistiera en una construcción subjetiva que se sostendría nada más que del pene.

En el mundo actual todos participamos de un cierto efecto: que los hombres están más desorientados, hasta temerosos y manifiestan no saber qué hacer respecto de la mujer.

Casi todo el mundo comparte la idea que se tiene de la masculinidad, la cual refiere que el hombre o se feminiza o es como un niño.

 

Freud tuvo que aclarar casi sistemáticamente que Masculinidad y Feminidad se pueden dividir en cuatro términos diferentes:

Biológico, sociológico, psicológico e inconsciente.

Muchas mujeres no toleran que un hombre no sea activo, es decir, no buscador, quedado.

Un hombre pasivo es menos hombre, esta idea está en las mujeres.

 

En Freud lo que define la actividad es siempre la pulsión, porque siempre se satisface.

 

Los analistas tienen que orientarse por la lectura de las pulsiones. Ejemplo:

“No hice nada en todo el fin de semana, estuve mirando televisión” aquí lo que aparece como pasivo es respecto de la exigencia del ideal del yo, el “mirando” es la actividad de la pulsión y hacia donde debe orientarse el analista en su lectura.

Para Freud: Hombre y Mujer son términos, para Lacan son significantes que están en una lengua ligada al nombre del padre.

 

La crisis del nombre del padre da lugar a la feminización, la virilidad no es lo que era. Lo que caracteriza a la masculinidad a partir de la caída del nombre del padre es la ética del soltero según Lacan.

 

La ética del soltero:

Es la erradicación de lo femenino, se trata de acrecentar lo que es del Uno.

Excluye la dimensión de la falta, el amor y encuentra la satisfacción sólo en él mismo.

En el filme “Shame” se puede situar cómo busca más sexo sin amor.

Lacan define la ética del soltero a partir de Henri de Montherlant en su texto Televisión, haciendo alusión a un goce solitario.

Se desplaza hacia la tecnología y se aleja del cuerpo del otro sexo.

Primer elemento: erradicar lo femenino, lo femenino como aquello que no es idéntico a uno, es lo Otro.

Segundo elemento: el empuje a más y más sexo, excluyendo el amor.

Tercer elemento: empuje a la satisfacción de la pulsión a través de los objetos de la tecnología (masturbación cibernética).

 

La virilidad no es la que se sostenía en ciertos elementos simbólicos, como la barba, por ejemplo.

El soltero no es una categoría clínica pero es algo que caracteriza al discurso que rechaza lo femenino. No es machismo.

Montherlant escribió un libro: “Los solteros” 1934.

¿Cuál era la alegría de Montherlant? La de no haberse casado. ¿Por qué Lacan denomina a esa posición una ética? Porque en la ética del soltero es la puesta en juego de una decisión  de no casarse y la alegría de eso.

No casarse es un modo de no pertenecer a ninguna institución, es un predominio de un goce que es autoerótico, no pasa por el otro.

Lacan: “el soltero es el que se hace el chocolate solo”, rechaza la relación con el Otro, cualquier otro que implica una diferencia.

 

El nombre del padre marca caminos, carretera principal, significante que cumple la función de significar el deseo de la madre y por lo tanto marca el camino del modo de abordar a una mujer.

Al disminuir la eficacia del nombre del padre implica que el sujeto no dispone de un camino para transitarlo al Otro. Por eso hay un predominio de las adicciones en los hombres, que implica un goce sin pasar por el cuerpo del Otro.

No es casual que al mismo tiempo que hay mayor desorientación en los hombres que no saben que hacer con las mujeres hay un incremento en la adicción.

 

Dos referencias muy precisas:

 

La posición viril y lo que es un hombre (en el inconsciente):

 

Pág. 275 Seminario “De la naturaleza de los semblantes” de Miller:

-“La posición viril se caracteriza por amar a su objeto por lo que no tiene,” por lo tanto va a encontrar en el objeto lo que le falta.

 

Página 168: lo que es un hombre lacaniano:

Un hombre se lo define por aquel que tiene una posición fetichista, la condición de elección para poder gozar. Esto es el hombre en el sentido de la neurosis espontánea.

El hombre lacaniano es un hombre sin ambagues, no hace rodeos, no da vueltas.

 

Viril y varón vienen del latín: viga, una viga es un sólido que sostiene a una casa, resistencia de los materiales, es un sólido deformable, flexible, se tuerce para sostener.

El hombre es alguien temeroso, se lo caracteriza por la prudencia, se define al hombre por aquel que teme a la castración.

Oscilará entre omnipotencia-temor.

El discurso de la prudencia está alejado de la dimensión del acto.

Una mujer es más flexible, por ejemplo ante la pérdida de un trabajo, en cambio el hombre se torna más preocupado.

Un hombre sin ambagues no teme a la castración, y la mujer con la cual se va a relacionar no lo va a perjudicar.

La ruina imaginada por un hombre la leemos como imaginarización, por ejemplo la ruina para un hombre es el amor porque queda expuesto.

 

Pág. 168 “De la naturaleza de los semblantes”:

 

“un hombre es aquel que está suficientemente desplazado del falo de la madre” y, por lo tanto, sabe que la mujer no tiene.

Aquel que no está suficientemente desplazado de la madre teme a la mujer, a la feminidad propia del hombre.

 

Más pegado al falo de la madre: más temeroso: más inflexible: exige que la madre tenga. Espera que lo valoricen. El duro.

 

El falo es una significación que da valor, El moco del hombre: “no voy a poder”.

El más alejado del falo sabe que no tiene y por lo tanto tiene que encontrar la forma. El hombre sin ambagues es el hombre del acto.

Un hombre se construye a partir de los actos que va haciendo.

La flexibilidad supone que aquello que puede llevar la mujer puesto por la exigencia de él es un postizo, lo lleva como condición para suscitar su deseo pero no es condición fetiche.

El que funciona como condición fetiche es “siempre minifalda” por ejemplo.

 

Textos recomendados:

 

*“Seminario Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis”*cap.: El desmontaje de la pulsión y cap.: Del amor a la libido.

*“Leer las pulsiones” texto en www.lecturalacaniana.com.ar

*“Los solteros” 1934, Montherlant Henri

*“De la naturaleza de los semblantes”, Jacques A. Miller.

*Filme: Shame.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

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