Seminarios Martes EOL

Reseña III. Seminario EOL 2015. Carlos Dante García

Publicado en Lectura Lacaniana: 10 mayo, 2015

Título: “Puntuación y rectificación subjetiva en la dirección de la cura”

Martes 21 de abril, 2015

Carlos Dante: Van a intervenir, indicando algunas sugerencias de lecturas, de la página Lectura Lacaniana, para este seminario. Algunos textos son de mi autoría y otros no, los cuales sirven para ir acompañando lo que iremos desarrollando en el seminario.

Andrea Amendola: “Borges y el tiempo” es un texto ubicado en la primer revista de Lectura Lacaniana, es una conferencia de Silvia Hopenhayn, allí se plantea la relación que hay entre el tiempo y el sentido, y entre el nombrar y aquello que es base en la orientación lacaniana, esto es, la fuga del sentido. Se pregunta si hay sincronía entre lo escrito y lo referido, también plantea el carácter transitivo de las palabras, en donde una misma palabra puede referir a distintos objetos y/o sujetos, dando cuenta así, de lo impreciso del lenguaje. También precisa que la lectura no es intemporal, que no es el mismo libro aquel que leímos a los dieciocho años que aquel que leímos a los cuarenta, por más que se trate físicamente del mismo ejemplar. Sitúa que hay una fuga del sentido ni bien se pone en marcha el proceso de escritura.

Trae un ejemplo de Funes, quien estaba obsesionado con el nombrar, y le molestaba que se nombre del mismo modo al perro de las tres y catorce visto de perfil, que al perro de las tres y cuarto visto de frente. Para él no sólo debería nombrarse cada uno de un modo distinto, sino también la percepción de los mismos. En relación a ello Miller dice que el sentido es el objeto perdido del lenguaje y al mismo tiempo es satisfacción. Creo que es un texto interesante para acompañar al seminario, en lo que hace a la última enseñanza de Lacan, si pensamos en la interpretación como resonancia, en donde no se trata ya de la sustitución de un sentido por otro, sino de introducir un vacío, haciendo vibrar algo del goce.

Ángela Vitale: El texto elegido es una conferencia de Carlos Dante, es del año pasado, de una conferencia que dio en Causa Clínica, que es acerca de qué es el deseo del analista en las tres modalidades de análisis. Está dentro de las revistas de Lecturas Psicoanalíticas, en donde Carlos comienza diciendo que son tres modos diferentes de decires y justamente en estos tres modos diferentes de decires, se exige al analista que no tenga la misma posición, esto Carlos lo ha dicho, se trata de pasar de lo amorfo a algo que tenga forma. Es un texto interesante porque justamente hace todo un recorrido con el desarrollo de un análisis y de cómo uno adviene analista, y esta frase que se escucha mucho de autorizarse a sí mismo, en donde se trata de asumir lo más desagradable de uno.

Carlos Dante: o sea que el rasgo de ese texto es el deseo del analista y que no opera del mismo modo en los tres momentos del análisis.

Florencia Vidal: El texto que elegí es “Leer la pulsión”, es un texto de Carlos del año pasado, está en la revista 20, 21 y 23. La línea general de la conferencia es cómo sería el recorrido de un análisis, el recorrido de un análisis es dirigirse hacia la pulsión. Entonces surge la pregunta ¿cómo leer la pulsión, cómo situarla en el discurso de un paciente? Lo interesante es, a lo largo de las tres conferencias, ir ubicando las características propias de la pulsión, el rasgo principal que es el de fuerza constante, movimiento de apertura y cierre, rasgo de bai ven, carácter circularme pareció interesante porque es un tema que va a ser tratado en mayo, cómo un concepto teórico tan difícil se puede llevar a la clínica. En la tercer conferencia, toma el mito de la laminilla, justamente para trabajar esto de cómo es leer la pulsión. El nombre de las conferencias es “Leer la pulsión”.

Patricia Pena: El texto que voy a comentar es un texto del blog arrobitis, que es un texto de Florencia Vidal. El título es “El lugar de las entrevistas a padres en el tratamiento con niños”, a mí me pareció interesante porque es un texto que comienza con preguntas, por qué se cita a los padres, si es para devolución, para que den datos, y ella va respondiendo esas preguntas con una viñeta clínica, van apareciendo las diferentes intervenciones y es muy claro el movimiento que va, desde los padres hablando del niño, a los padres dando sus teorías acerca de un niño, al ser hablados sin darse cuenta.

En toda la entrevista se va puntuando desde los dichos del sentido del niño, a las cosas que empiezan a aparecer sin sentido. Plantea que esa es la lógica, así como el niño es traído, que los padres empiecen a ser hablados.

Carlos Dante: Las entrevistas a padres no llevan a obtener información del niño, este es un principio fundamental de la orientación lacaniana, porque si así fuera, sería que el lenguaje está para referir y no para que cada padre se relacione con su inconciente.O sea que el analista va a tener tres niños en análisis, uno es el niño que hay en la madre, el niño que hay en el padre, del cual él habla, y a su vez, el niño. Esta es la orientación lacaniana de hacia dónde va la dirección de la cura en la entrevista a padres.

En la última reunión, habíamos llegado a explicar, las tres formas de dirección de la cura en donde el analista paga: con su persona, paga con el juicio más íntimo y paga con sus palabras, pág. 567 de “La dirección de la cura…”. El juicio más íntimo: no es el juicio que ejerce el propio superyó del analista, tiene que estar relacionado con la estructura del dispositivo analítico. A la altura de “La dirección de la cura…”, el nombre que Lacan le da a la acción del analista es: el analista no sabe, es una acción sin saber, desde allí opera, desde lo que no sabe. Lo que no puede saber es el modo en que ese paciente va a transformar su modo de satisfacción. Puede tomar muchísimas formas, canalla, cinismo. Es una estructura velada, por eso es “más íntimo”. Es eso lo que va a supervisar el analista, “no se por dónde ir, no se qué hacer” éste es el movimiento que rige el movimiento del control y se impone por la propia estructura del acto analítico.

Un concepto: Destitución subjetiva: lo recorrió bajo cinco formas. Es la destitución del sujeto: No es el sujeto, aceptar ser tomado como significante, como objeto causa, como deser. Esto es: El analista no opera como sujeto. 1967 “Proposición del 9 de octubre…”: Lacan define la destitución subjetiva: “La destitución subjetiva es ser singularmente y fuerte”. Sitúa lo singular y el “fuerte” está del lado no de las debilidades del yo, sino que se sostiene de su singularidad. Una parte de la orientación del sentido siempre se le escapa, es propio de la estructura del ACTO.

Por lo tanto ¿en qué se orienta el analista? ¿en qué puede apoyarse? 1) El analista no sabe y debe tolerar las consecuencias de lo que causó, del proceso que puso en marcha. Debe tolerar las decisiones del analizante, las posiciones del analizante (todas las sesiones son diferentes), los actos del analizante. Dos ejemplos: Del lado del obsesivo: El obsesivo no tolera la introducción de la dimensión de equivocidad, ahí para el obsesivo se trata de otro, no de un semejante.

Sugiere Carlos Dante el texto “Los preguntones”, en donde deja en claro que el obsesivo hace la pregunta sólo para sí mismo, no es para que el otro le de la respuesta. Rechaza la equivocidad. La puntuación va a conmover esa posición, por lo tanto, el analista debe tolerar esa posición: debe pagar con su persona y debe pagar con su palabra. Se trata aquí de transferencia negativa. Dirige la pregunta a la persona del analista, por ejemplo: “mi horario no era diez minutos antes?” Del lado de la histeria: La histeria va a llegar diez minutos tarde, empieza a molestar para ver si el otro la sigue amando. Son pruebas de amor, es otro fenómeno que el analista debe tolerar, esto es, incluirlos en el análisis, no mirar para otro lado.

La verdadera dirección de la cura ¿dónde está? El analista, como dice Freud, se apoya en lo que Freud dice en “Análisis terminable e interminable”, en “Construcciones en psicoanálisis” y en el caso Juanito. Lacan lo formula en “Función y campo…” dice “hay que partir de los dichos del paciente para volver a ellos”. El principal apoyo es: el analizante. Freud decía “hay que ver qué es lo que viene del lado del paciente”. No es que “dependa” del analizante. En principio, la dirección se apoya en los cambios de los dichos del analizante.

Los tres pagos se articulan de la siguiente forma: Lacan en la “Proposición…” cuando habla a los AE y AME pág. 279 a 300, de Otros Escritos: “El analista está siempre a merced de analizante. Ya que éste, nada puede ahorrarle si tropieza como analista y si no tropieza, menos aún”. Es más exigente porque va avanzando el análisis y la exigencia del analista. Define al analista como un sujeto cuyo acto lo sobrepasa, esto quiere decir, que no sabe en el momento del acto. Por lo tanto, todo control de un análisis ¿por dónde comienza? La primera instancia de un control: es seguir lo que dice el analizante. Segunda instancia del control: ¿por qué se controla? Porque el analista es superado en su acto, no por ineficacia. El analista es el que puntúa pero es el inconsciente el que responde. La puntuación es algo que se agrega, no es algo que se basa sólo en lo que dice el paciente.

La interpretación analítica es en su esencia un hecho de puntuación. Suele estar sobrevaluada, en el valor que se le da. Es muy difícil de comunicar la puntación, tiene que ver con lo que puede haber de escrito en la palabra. La puntuación no tiene que ver con el contenido. El analista puede decir ¿sí? O gruñir o repetir un enunciado. En “Función y campo…” Lacan ubica al analista en tres funciones: El analista es testigo de los dichos del paciente.

El analista escucha El analista es un editor, edita. Por eso la puntuación se despliega, toma acta de una declaración de un paciente, una declaración afirmativa. Puede implicar que el analista no diga nada. La puntuación es la suspensión en el momento preciso en que dijo algo. La mayoría de los analistas creen que la puntuación es un entrecomillado, esa es una variante, pero no es sólo eso. Al suspender la sesión en determinado dicho, puede funcionar como puntuación y, sin embargo, puede ser una enormidad para el sujeto. La puntuación tiene que ver con el sentido pero también tiene que ver con cómo se aplica la regla fundamental y cómo se introduce la dimensión del tiempo. Por eso la puntuación tiene un efecto mínimo, que es, poner al sujeto a escucharse hablar. ¿Cómo pongo al sujeto a que se escuche en lo que dice? Por la puntuación. “Me quedé pensando en lo que dije la otra vez en la última sesión” eso es, efecto de la puntuación. Si no se escucha hablar, no hay posibilidad de análisis.

La puntuación, también transforma el sentido transformando la significación. El paradigma en Freud de la puntuación, es el texto “no es mi madre”, el texto de la negación. Se transformó el sentido, a partir de cambiar la significación. ¿Qué significa que la puntuación, es lo que hace legible el inconsciente? Implica que lo que aparece como formación del inconsciente algo quiere decir, que significa algo y no se qué es. La cuestión del escrito es esencial, está en la primera y en la última enseñanza. Puntuar la palabra es volverla un escrito. Es tratarla como escrito, no tratarla como palabra. Hay diez formas de puntuación: la coma, los dos puntos, puntos suspensivos, pregunta, admiración, paréntesis, raya, comillas, el guión y la diéresis. Cada época tiene su signos de puntuación. Nuestra época se ubica en una liviandad en el uso de los signos de puntuación.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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