¿Qué es lalangue?

¿Qué es el femicidio? Segunda Parte.

Por Carlos Dante García
Publicado en Lectura Lacaniana: 5 octubre, 2016

¿«Feminicidio» o «femicidio»?

La palabra que viene de aceptar la RAE es conocida hoy en el mundo entero gracias a la lucha de las feministas latinoamericanas. Y no es por azar: los países de la región destacan desgraciadamente por la violencia contra la mujer. De los veinticinco países con tasas altas o muy altas de feminicidios, catorce están en América Latina y el Caribe, según The Small Arms Survey, un proyecto de investigación suizo.

Fue una antropóloga mexicana, Marcela Lagarde, quien tradujo y reformuló el término inglés de «femicide», conceptualizado por primera vez en 1976 por Diana Russel y revisado en 1992 junto a Hill Radford, definido como «el asesinato misógino de mujeres cometido por hombres». Gracias al empeño de Largarde y otras, México fue el primer país (en 2007) a incorporar el feminicidio en el código penal, gracias al trabajo de mujeres como Lagarde, luego de la inquietante desaparición de centenares de mujeres acontecida en Ciudad Juárez desde la década de los noventa. Y a México le han seguido otros Estados, especialmente en países de América Latina como El Salvador o Perú. En Costa Rica, Chile, Guatemala y Nicaragua, donde también está legislado, lo tipifican como «femicidio». Así también se le suele llamar en Argentina, donde se está estudiando su inclusión en el código penal.

A pesar de la existencia de estos dos términos en las leyes latinoamericanas, el diccionario de la RAE recoge solamente uno, lo que le ha valido también algunas críticas, especialmente de las teóricas que consideran que se trata de dos conceptos distintos. El «femicidio», en castellano un término homólogo a «homicidio», sólo se referiría al asesinato de mujeres, mientras que «feminicidio», definido por Lagarde, incluiría la variable de impunidad que suele estar detrás de estos crímenes, es decir, la inacción o desprotección estatal frente a la violencia hecha contra la mujer.

Una acepción que no contempla el conservador diccionario español, tachado a menudo de machista. Cabe decir que la academia lingüista acaba de suprimir las acepciones sexistas de «femenino» como «débil, endeble» y de «masculino», como «varonil, enérgico». Y es que la RAE es una institución inminentemente masculina: en los 300 años de su historia sólo ocho mujeres han estado entre sus miembros, y de sus 43 actuales sólo siete son mujeres.

La perspectiva de género, olvidada

Otro olvido de la magnánima institución del castellano que lamentan algunas feministas es el hecho de que la definición de «feminicidio» no incorpore la perspectiva de género, un enfoque aceptado mundialmente por instituciones como la ONU desde 1995. El concepto de género es usado para referirse a la desigualdad entre hombres y mujeres, en términos de relaciones de poder y dominio de los hombres sobre las mujeres debido a diversos condicionantes: económicos, sociales, políticos y culturales. Aspectos que van más allá de lo estrictamente biológico, del sexo.

«El femicidio se inscribe en la violencia de género contra las mujeres y las niñas, se trata de crímenes surgidos de la desigualdad y la discriminación, de las relaciones de poder de género», declaró al periódico argentino Página 12 la antropóloga Marcela Lagarde, madre del término en español y quien celebra como un logro su inclusión en el diccionario de la RAE, a pesar de no abarcarlo en toda su amplitud.

Una definición inexacta, quizás, pero finalmente una inclusión. Y con ella 6.000 vocablos más, seguramente menos controvertidos, serán agregados a la 23a versión del diccionario castellano. Algunos ejemplos menos dramáticos: «jonrón», utilizado en el mundo del béisbol (del inglés «home run»), «mileurista», «multiculturalidad», «pilates», «bótox», «serendipia», «tuit», «tuitear» o «red social». Más vale tarde que nunca, dicen.

Si bien, tanto a nivel doctrinal como institucional, en ocasiones se admite la sinonimia de los términos femicidio y feminicidio, en otras muchas se utilizan como vocablos diferentes, no antónimos pero si distintos, aun cuando complementarios por basarse en una realidad común: la muerte violenta de una mujer por el simple hecho de ser mujer.

Si bien ésta pudiera parecer una cuestión superficial o simplemente teórica, la necesidad de diferenciar los conceptos a que han de responder tales términos, se evidencia al detectar que existen realidades diferentes que son denominadas, a veces, con el mismo término, ya sea el de femicidio o feminicidio. Y aún cuando para algunos autores/as, este tema carece de relevancia, si la lucha contra el fenómeno violento que padecen las mujeres por el simple hecho de serlo, es contundente y eficaz (1), lo cierto es que cuando, como ocurre en la actualidad, en diferentes regiones del mundo se están planteando la instauración de registros únicos sobre este tipo de delincuencia, a nutrirse de la información que se facilite por cada uno de los Estados de esa región, o bien la comunicación de datos estadísticos a fin de conocer cuáles son las causas, consecuencias y efectos de esta violencia (2), salvo que se homogeneícen términos y conceptos, aquellas estadísticas que se puedan explotar de tales registros únicos, seguramente se alejen de la realidad, pues cada uno de los ítems manejados serán interpretados de forma diferente por cada Estado y, en cualquier caso, el estudio comparativo de los datos estadísticos que puedan facilitar los Estados, será muchísimo más compleja.

Por ello considero de vital importancia distinguir entre Femicidio y Feminicidio, por lo que hemos de abordar la problemática referida a su conceptuación.

 

I. Femicidio: concepto

El término “femicidio” está relacionado con el de “Gendercide” o “genericido” que fue utilizado por Mary Anne Warren en 1985 en su obra “Gendercide: The Implications of Sex Selection” y que es un neologismo que se refiere a la matanza sistemática de los miembros de un determinado sexo.

Junto a este vocablo, también se acuñó el de “viricidio”, en referencia a las matanzas de varones de cualquier edad durante la guerra con la idea de acabar con los futuros soldados del bando enemigo.

Femicidio, según diversa literatura, empieza a utilizarse en los años 60 a consecuencia del brutal asesinato, el día 25 de noviembre, de 3 mujeres dominicanas (las hermanas Mirabal, Patricia, Minerva y Mª Teresa) por el Servicio de Inteligencia Militar de su país, pero quien lo utilizó públicamente por primera vez, ante una organización feminista que fue denominada Tribunal de Crímenes contra la Mujer y que se celebró en Bruselas, en 1976 (3) fue Diana Russell; en esta conferencia, inaugurada por Simone de Beauvoir, alrededor de 2000 mujeres de 40 países diferentes dieron su testimonio y refirieron las múltiples formas en que se manifiesta la violencia sobre la mujer (4).

En su discurso, la propia Russell reconoció que el término femicidio ya existía, pues había sido utilizado en la obra “A Satirical View of London” de J. Corry en 1801.

Russell, junto a Jane Caputi, definió el femicidio como “el asesinato de mujeres realizado por hombres motivado por odio, desprecio, placer o un sentido de propiedad de las mujeres” (5), y más tarde, en 1992, junto a Hill Radford, definió el femicidio como “el asesinato misógino de mujeres cometido por hombres”.

Por su parte, el Consejo Centroamericano de Procuradores de Derechos Humanos y el Instituto Interamericano de Derechos Humanos lo define como la muerte violenta de mujeres (asesinato, homicidio o parricidio), por el hecho de ser mujeres (6).

En el plano teórico se viene admitiendo que el femicidio es “el asesinato de mujeres como resultado extremo de la violencia de género, que ocurre tanto en el ámbito privado como público y comprende aquellas muertes de mujeres a manos de sus parejas o ex parejas o familiares, las asesinadas por sus acosadores, agresores sexuales y/o violadores, así como aquellas que trataron de evitar la muerte de otra mujer y quedaron atrapadas en la acción femicida”.

En definitiva, podemos concluir que el femicidio es la muerte violenta de una mujer cometida por un hombre por el simple hecho de ser mujer, con independencia que ésta se cometa en el ámbito público o privado y que exista o haya existido o no, alguna relación entre agresor y víctima.

 

II. Femicidio: clases

Partiendo de la definición que en el plano teórico es aceptada por toda la doctrina, si bien como clasificación genérica, podemos distinguir entre:

1.– Femicidio familiar (o íntimo): bajo este concepto se engloban los homicidios (básicos o agravados- asesinatos, parricidios o infanticidios) cometidos por un hombre con quien la mujer víctima tenía en el momento de los hechos, o tuvo en un momento anterior, alguna relación matrimonial o de análoga afectividad al matrimonio o noviazgo, o alguna relación familiar o de parentesco por consanguinidad o afinidad.

2.-Femicidio no familiar (o no íntimo): en este grupo se incluyen los homicidios (básicos o agravados- asesinatos-) cometidos por un hombre con quien la víctima mujer nunca mantuvo ninguna relación de los referidas anteriormente, aunque puedan existir o haber existido otras como de vecindad o de ser compañeros de trabajo, relación laboral subordinada o ser el agresor cliente sexual de la víctima, incluyendo también en este concepto, los femicidios provocados por explotadores sexuales u hombres de grupos armados u organizados (guerrillas, maras, pandillas,…). Éste último es un fenómeno delictivo que se registra diariamente en países como El Salvador o Guatemala. Según Aaron Shulman, “En la última década, Guatemala está sufriendo un epidemia de asesinatos de mujeres. Los cuerpos están en todas partes: aparecen en las cunetas de las carreteras, en las aceras de las ciudades, en barrancos boscosos, a menudo con signos de mutilación y violación. Más de 5.000 mujeres han sido asesinadas en el pequeño país en la última década, una de las tasas de mortalidad femenina más altas del mundo, de acuerdo con el Consejo Centroamericano de Defensores de los Derechos Humanos, y ha sido etiquetado como el lugar más peligroso para ser una mujer en toda Latinoamérica (7)”.

3.-Femicidio por conexión: con esta terminología se hace referencia a las mujeres que fueron asesinadas “en la línea de fuego” de un hombre cuando trataba de matar a otra mujer; se da en aquellos supuestos en que la víctima lo es una mujer que acudió en auxilio de otra que está siendo atacada por un hombre y queda atrapada en esa acción femicida, provocándole la muerte.

Junto a esta clasificación general del femicidio, encontramos otras como la establecida por Julia Monárrez que, en sus trabajos de investigación sobre los asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez, cuando, dentro de la categoría de femicidio no íntimo, distingue entre feminicidio sexual sistemático (organizado o desorganizado) y feminicidio por ocupaciones estigmatizadas.

Por femicidio sexual se entienden aquellos casos en los que se da muerte a la mujer tras haber ejecutado sobre ella, el autor o autores, aberrantes agresiones sexuales.

En algunas ocasiones estos actos responden a la actuación aislada del agresor (Femicidio sexual no organizado), pero en otras, se ejecutan tales actos en el contexto de organizaciones. La dinámica en la comisión de estos horribles crímenes se repite y así, sus autores tras secuestrar a mujeres y niñas y someterlas a todo tipo de vejaciones y agresiones sexuales, torturas y mutilaciones, las dan muerte y arrojan sus cuerpos, desnudos o semidesnudos, en campos baldíos, vías públicas, en vertederos de basura, vías de tren,… . Algunas veces no sólo mutilan sus cuerpos en vida, sino que también lo hacen tras su muerte, con la sola idea de estigmatizar aún más a la víctima y causar más daño a sus familiares. A veces sus cuerpos aparecen arrojados en sitios públicos luciendo en su desnudez mensajes grabados sobre su piel a punta de navaja en referencia a algún supuesto comportamiento “amoral” o al trabajo en las máquinas o fábricas que efectuaban esas mujeres brutalmente asesinadas, produciendo en la población femenina del contorno, trabajadoras de aquellas industrias, el efecto intimidatorio que pretenden los agresores (Femicidio sexual organizado) (8).

Dentro de esta categoría de femicidio sexual (organizado o no organizado), algunas autoras hablan del femicidio sexual en serie o serial (9), para describir aquellos supuestos en que el agresor o agresores repiten en múltiples ocasiones sus crímenes. Este es el caso de Julio Pérez Silva que asesinó a 14 mujeres (la mayoría menores de edad) tras agredirlas sexualmente a casi todas ellas, en Alto Hospicio (Chile) y que ha sido condenado a la pena de cadena perpetua. O aquellos femicidios sexuales en serie en Ciudad Juárez a que se refiere Julia Monárrez diciendo que “…de acuerdo con la base de datos “Feminicidio” de El Colegio de la Frontera Norte, puedo afirmar que de la cifra de 258 niñas y mujeres, 110 son feminicidios sexuales, de los cuales considero que 89 pueden ser caracterizados como seriales (10)”.

El femicidio por ocupaciones estigmatizadas, lo refiere Monarrez a aquellas muertes violentas de mujeres que se dedican a la prostitución, o son strippers, camareras, masajistas o bailarinas en locales nocturnos. La consideración estigmatizada de éstas y otras profesiones consideradas “deshonrosas” a las que se dedican las víctimas, coloca a estas mujeres en una situación de mayor vulnerabilidad y, a veces, se utilizan tales ocupaciones como justificación encubierta de estos crímenes.

Por su parte, el Informe del Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio en México, aun cuando utiliza el término feminicidio, establece la siguiente clasificación:

– Femicidio íntimo para referir a aquellos supuestos en los que entre victimario y víctima existe cualquier relación íntima de convivencia, amistad, noviazgo, e incluso circunstancial;

– Femicidio familiar íntimo cuando el agresor es cónyuge o concubino o pariente de la mujer agredida;

– Femicidio infantil cuando la víctima es una “niña menor de edad o que no tengan la capacidad mental, ya sea hija, descendiente o colateral hasta en cuarto grado, hermana, adoptada, que tenga alguna relación afectiva o de cuidado, sabiendo el delincuente esta relación de responsabilidad, confianza o poder que les otorga su situación adulta sobre la minoría de edad de la menor (11)”.

– Feminicidio sexual sistemático, en el que, siguiendo a Julia Monarrez, incluyen bajo esta denominación a aquellos supuestos en los que las mujeres son violadas, torturadas antes de darles muerte y, después, sus cuerpos son “arrojados a escenarios transgresivos”.

– Femicidio por ocupaciones estigmatizadas, al que ya hemos hecho referencia.

El femicidio infantil, por su gravedad, su significación y sus consecuencias, bien merece una mención especial.

La consideración de la mujer como inferior en relación al hombre, el entendimiento de que “tiene peor salida o colocación”, es decir, que tiene menor valor social que un varón, es la causa por la que en el mundo el infanticidio lo sufren mayoritariamente mujeres. La justificación que actualmente se utiliza es la del control de la población (China, Japón, India) pero curiosamente, la selección del sexo femenino para llevar a cabo ese control poblacional, es la regla general.

El infanticidio de recién nacidas o el aborto selectivo de fetos del sexo femenino, son las formas elegidas para evitar ese pretendido crecimiento poblacional. Aunque el aborto selectivo está prohibido en China, existen más de 200 clínicas dotadas de avanzados sistemas ultrasonido que permiten al médico saber el sexo del feto en las primeras semanas (12). Es obvio que para llevar a cabo ese control de población, sin adentrarnos en calificar la utilización del aborto para conseguir ese fin, no sería necesario saber el sexo del feto; sólo la posibilidad de que los progenitores puedan seleccionar a los fetos niñas para abortar, justifica la proliferación de estos avanzados sistemas.

Según la Asociación para la Planificación Familiar de China, el desequilibrio ha alcanzado el punto de que hay ocho chicos por cada cinco chicas. Entre los niños de menos de 4 años de la ciudad de Lianyungang hay 163,5 chicos por cada 100 chicas. En el resto de China, 99 ciudades, tienen una proporción mayor de 125 chicos por cada 100 chicas.

En India existen más de 30.000 clínicas dotadas con ese sistema y, según la ONU, cada día, allí se producen 2.000 abortos de niñas (13).

Sharon Hom (14) propone denominar a este tipo de infanticidios, Femicidios sociales.

Pero además bajo esta denominación, Femicidio social o cultural, se pueden encuadrar otros supuestos:

· Aquellos asesinatos extremadamente crueles basados en creencias arcaicas que consideran a ciertas mujeres demonios o brujas: en ocasiones mutilan sus cuerpos o las queman vivas (Sudáfrica) o las apedrean hasta la muerte (Zimbabwe, Nigeria).

· En base a ciertos rituales basados en la creencia de que los órganos sexuales femeninos tienen ciertos poderes, se asesinan a mujeres para extraerles dichos órganos (Zambia, Zimbabwe, Sudáfrica).

· Con la insostenible justificación de restaurar el supuesto honor perdido de la familia, supuestamente mancillado por haber ejercido la mujer víctima su sexualidad antes o fuera del matrimonio, incluso por hacer sido violadas, por rechazar un matrimonio previamente concertado o interesar el divorcio, maridos, padres o hermanos, o miembros de la comunidad en la que vive, ejecutan a estas mujeres o las someten a castigos insufribles y muy dañinos (Jordania, Yemen, Egipto, Irán, Pakistán,…). Las formas de castigo más comunes son quemarlas vivas, lapidarlas hasta la muerte, estrangularlas, degollarlas o arrojarlas ácido sobre su rostro y cuerpo, lo que, cuando menos, les ocasiona lesiones gravísimas y tremendas deformidades y otras secuelas de por vida. Son múltiples los casos de esta naturaleza que nos llegan a través de la prensa. Recientemente conocíamos el caso de Saima Bibi, joven pakistaní, que murió presuntamente electrocutada por miembros de su propia familia; la motivación de tal crimen fue que Saima se había enamorado y pretendió casarse con un hombre que no era del interés de aquellos (15). O el caso de Bashra Shari, a quien su marido quemó con ácido por querer divorciarse (16). O el de Asha Ibrahim Dhuhulow, la niña de 14 años violada y lapidada en Somalia en octubre de 2008 (17).

· Basándose en ritos o costumbres, a veces en interpretaciones no siempre respaldadas de preceptos religiosos, muchas niñas son objeto de mutilación genital femenina (18). Esta práctica, cualquiera en que sea la forma en que se practique, ablación, escisión e infibulación o “circuncisión faraónica”, además del daño físico y psicológico que produce en las víctimas (19), se les somete a un riesgo enorme: muchas mueren desangradas, o por infecciones posteriores (téngase en cuenta que en muchas ocasiones estas mutilaciones se producen en lugares carentes de las mínimas medidas de higiene, por personas que no tienen formación sanitaria, y con instrumentos tales como cuchillas o navajas).

También se habla del femicidio en tiempos de guerra o durante el desarrollo de conflictos bélicos (20). Durante la guerra o desarrollo de conflictos de esa naturaleza, la violación cruel de las mujeres y en ocasiones su posterior asesinato, es un acto simbólico para quienes las ejecutan, en virtud del cual reafirman su “masculinidad”, siendo, además tales actos, una forma de atacar “la moral del enemigo”.

Son muchos los conflictos bélicos internacionales o nacionales en los que se han registrado este tipo de actos.

Durante la Segunda Guerra Mundial fue conocida la violación de muchas mujeres por las tropas alemanas y posteriormente, dos millones de mujeres alemanas fueron violadas por el ejército ruso, de las que una décima parte fueron finalmente asesinadas (21).

Con ocasión del Genocidio en Ruanda (1994) se utilizó la violación masiva de mujeres y niñas como castigo colectivo contra la población civil. En 1996, el Relator especial de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU calculó que se habían cometido entre 250.000 y 500.000 violaciones sobre estas víctimas (22).

Durante la guerra de Bosnia, entre 20.000 y 44.000 mujeres fueron sistemáticamente violadas por las fuerzas serbias (23) (después, este tipo de actos fueron denominados “violaciones en masa”). Estos hechos fueron realizados en Bosnia oriental, pero, también, si bien en menor medida, unidades militares bosnias realizaron esta práctica con mujeres serbias.

Durante el desarrollo del conflicto colombiano, la violencia sexual ha sido empleada como arma de guerra por todos los grupos armados tanto contra las mujeres civiles como contra sus propias combatientes (24).

Establecido así el concepto de femicidio y sus distintas clases, voy a referirme al otro concepto, el feminicidio.

 

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