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¿Qué es el autismo?

Publicado en Lectura Lacaniana: 16 junio, 2014

El presente libro nos invita a aventurarnos en los desfiladeros de un trabajo conjunto acerca de un tema ríspido y muy polemizado en la actualidad como lo es el autismo, en donde la elaboración, el desarrollo y las puntaciones contribuyen a delimitar precisiones conceptuales y diagnósticas en relación a otros diagnósticos en la infancia. Es trazada una distinción entre los niños situados del lado de las psicosis y los niños situados del lado del autismo, avanzando en las reflexiones que Eric Laurent hiciera en su libro “La Batalla del autismo”, en donde Eric puntualiza en el autismo un retorno del goce sobre un borde del cuerpo, un neo-borde como aquel lugar de lo que hay cuando no están los límites del cuerpo. Se traza una clara distinción entre el autismo del concepto de “goce autista” y, los autores, trabajan desde la orientación lacaniana la examinación del cuadro clínico de autismo y su tratamiento posible según dicen los autores. Se toma como apoyo los distintos momentos de la enseñanza de Lacan para así aprehender del autismo dando cuenta de su falta de comunicación, sus esteriotipias y su encapsulamiento, momentos que son escansiones que se complementan entre sí. Desde los años 50 el eje es “no hay llamado”, la ausencia del mismo impide el advenimiento de la palabra. En los años 60 se ubica el binomio alienación-separación y Jacques Alain Miller propone que el autista elige el ser vacío del sujeto, como lo indica Eric Laurent hay una “forclusión del agujero” y un retorno del goce sobre el borde, permitiendo explicar lo verboso del autismo, su encapsulamiento y su ruptura del lazo social. Finalmente, la última enseñanza de Lacan nos permite situar cómo el traumatismo del lenguaje afecta al niño autista dejándolo sin cuerpo, sin imagen, y con un funcionamiento del uso de lalengua que le es propio. Según los autores, se trata para ellos del resultado del trabajo efectuado en el Seminario del Departamento de autismo y psicosis en la infancia del Centro de Investigaciones del Instituto Clínico de Buenos Aires desde el 2008 al 2012, enfocados exclusivamente sobre la infancia sin desconocer el funcionamiento del autismo en las distintas edades de la vida. Un recorrido en donde el psicoanálisis orienta la escucha sobre lo singular de cada niño, sin reducirlo a un diagnóstico y elevando por sobre todo aquello que es de cada uno, lo propio, volviéndose así un instrumento que se aleja de un saber fijo que desdibuje al sujeto autista, ya que los autores plantean que lo incurable de la estructura no significa que el sujeto incluído en ella no tenga una salida subjetiva a partir de una invención personal. La pregunta por la causa no es psicoanalítica como tampoco la orientación que apunta hacia la culpa de los padres, la posición es la de contribuir a que el niño encuentre su invención singular sin evaluar los resultados de acuerdo a criterios preestablecidos. Ante la expansión del diagnóstico de autismo, los autores se proponen delimitar este concepto a las características puntuadas por Eric Laurent que son el acontecimiento del cuerpo que produce el encapsulamiento, el borde y el retorno de goce sobre el borde, sin cuerpo, sin imagen y sin delirio, eventualmente un objeto autista, trastornos espaciales, y todo ello producido por un mecanismo que lo funda: la “forclusión del agujero”. Como referencia valiosa, es citado el caso Dick en donde Lacan nos permite aprender como el llamado es anterior a la constitución del lenguaje y del Otro y el autismo en este caso nos enseña cómo la instancia del lenguaje puede estar constituída y no ponerse en funcionamiento, de modo tal que lo simbólico y lo imaginario no están anudados. Aquí es donde se desprende que el lenguaje y la palabra no son lo mismo, este niño es dueño del lenguaje pero no habla, pues se puede estar en el lenguaje pero sin disponer del llamado, y no disponer del llamado nos plantea un lenguaje sin Otro. Intervalo éste especial por el que los autores plantean orientar las intervenciones dirigidas a situar al niño autista en la dimensión del llamado, al nacimiento del Otro y con él al nacimiento del sujeto. Es de destacar el consentimiento del sujeto a estas intervenciones, en donde sólo por consentir el sujeto da lugar a la inscripción de la división significante. La elección del ser el vacío del sujeto nos introduce en la constitución de un sujeto del lado del vacío y no del lenguaje, el sujeto adviene a ese lugar que antes fue el ser viviente una vez producida la operación de la alienación, pero el rechazo de la alienación, es decir, el no consentimiento del sujeto a ella implica que el sujeto no queda dividido por la cadena significante y aquí la inscripción queda congelada, el sujeto se petrifica en relación al S1 y no entra en la serie de los significados del Otro, es el S1 sin referencia a la cadena significante. Ejemplo de ello es el mutismo, o la repetición de un S1 que no hace serie con los demás. Por otro lado, se establece la diferencia entre falta, agujero y borde, en donde existen dos formas de extracción del objeto: el agujero y la falta y esta última se distingue de la pérdida. Se plantea un agujero real delimitado por un borde simbólico y ese borde está entre lo real y lo simbólico, borde topológico necesario para que la pulsión haga su recorrido y para que se constituya el cuerpo como la superficie que rodea al borde. El objeto a como consistencia lógica es un agujero desde la perspectiva simbólica, pero una segunda operación logra hacer entrar a ese agujero en la simbolización al inscribirlo como una falta: es el momento donde lo inasimilable se localiza en el Otro como lo que le falta al sujeto, como lo que perdió, y por lo tanto es deseable. A partir de ahí, el objeto a pasa a ser no ya un agujero sino una sustancia episódica que se ubica como objeto perdido. A partir de ahí, ese objeto se busca en el campo del Otro, y sólo desde allí se puede hablar de falta. El concepto que permite el pasaje del registro del agujero al de la falta es la castración, pues permite simbolizar lo que fue agujero y en la medida en que el sujeto percibe la falta en el Otro ese agujero real se produce por un elemento negativizado que Lacan escribe menos phi, falta que produce la causa del deseo. Es el paso del objeto a designado como agujero, consistencia lógica, al objeto a designado como sustancia corporal. Del agujero a la falta. En el autismo no hay producción del agujero y por eso la dificultad de producir un agujero y su borde, es una forma de no extracción del objeto a, o “forclusión del agujero”. Luego Silvia y Patricio nos introducen en una lectura acerca de las contingencias de la psicosis, a partir del trabajo de los conceptos de la holofrase y la no extracción del objeto, en donde Lacan nos recuerda que el loco “tiene su causa en el bolsillo”, remitiendo a la no operación de separación en donde el a no está perdido, no falta entonces queda positivizado y retorna en lo real de la alucinación, recordándonos que por ello en la psicosis se trata de forclusión del nombre del padre y de forclusión fálica. Establecen la diferencia con el autismo porque pese a no haber constitución de la falta, hay producción del agujero y su borde y el cuerpo se constituye a partir de ese borde, el cuerpo como una superficie agujereada. Respecto del retorno del goce sobre el borde se plantea la diferenciación que estableciera Jacques A. Miller en la psicosis según el retorno del goce forcluído: en la paranoia hay un retorno de goce sobre el Otro, y en la esquizofrenia un retorno de goce sobre el cuerpo, refieren que Eric Laurent agrega una hipótesis para el autismo: se trata de un retorno de goce sobre el borde, en donde el sujeto debe producirse un borde porque no dispone de un agujero y la construcción de ese borde le permite suplir ese agujero que no se produce por efecto de la forclusión, al cual Eric lo denomina neo-borde, pues es otro tipo de borde que se construye el autista, supliendo el borde simbólico real que no hay. Así, el encapsulamiento y el objeto en el autismo son modos en donde muchas veces el sujeto autista logra construirse un borde topológico. Hacia los capítulos finales del libro, los autores nos traen el “hay Uno, no hay cuerpo”, haciendo un notable pasaje por el estatuto de la letra y lalengua la cual nos trae su finalidad esencial: el goce, no se trata de querer decir ni de comunicar sino de gozar, no hay Otro en lalengua sino goce, el goce no se abre al otro sino que es autista y el goce es siempre autoerótico. Una pregunta entonces nos es planteada ¿de dónde viene el Otro? Y Jacques A. Miller dirá que es el amor el que está en el principio del lazo social e implica una relación con el Otro, por eso hay una tensión entre el goce y el amor, no hay relación sexual porque en realidad se goza siempre del cuerpo propio y el cuerpo del Otro se vuelve así un instrumento para obtener el propio goce. Frente a esta imposibilidad de la relación sexual lo que hay como suplencia son los discursos y el verdadero partenaire entonces del sujeto desde el punto de vista del goce es el objeto a, el cual se constituye a partir de la propia pérdida, de esta extracción de goce del lado del Uno y cada sujeto tiene así un estatuto primordial de goce. En el autismo hay “iteración” de la letra sin cuerpo, no hay inclusión en el discurso, el Otro se vuelve real, no simbólico, repetición del S1 sin lazo social. Iteración significa repetición, en donde se destaca que el dicho o la acción siempre vuelve a realizarse como la primera vez. Se trata del goce de lalengua privada del autista como lengua con un funcionamiento singular sin la posibilidad de hacer uso de las significaciones posibles. Una orientación es propuesta de la mano de la sugerencia de Eric Laurent, esto es, desplazar el borde, dice Eric “después de cierto tiempo, una vez que se atrapa algo de la diversidad de los casos el neoborde se desplaza, se afloja, se extiende constituyendo un espacio que no es del sujeto ni del otro, un espacio en el cual pueden producirse nuevos intercambios articulados con otro menos amenazante; otro con el cual algo puede negociarse en el interior de ese espacio, se puede introducir cierto juego”. Finalmente, el trabajo de investigación expuesto en el último capítulo, alberga un rasgo que es el de una serie en donde los casos son enmarcados por sus diferencias y, paralelamente, se da cuenta de cómo han podido extraerse de la serie determinados conjuntos y las clases. Lejos de una presentación estadística cuantificante y anoréxica de clínica, lo expuesto de cada caso presenta la contorsión que repele la inclusión a la clase y, al mismo tiempo, la inclusión no borra las diferencias de modo que un caso aquí nos trae el hecho de cómo un caso nunca confirma del todo una clasificación. Un recorrido singular en donde se puede apreciar que estos analistas están causados por un deseo que no cesa de escribirse, demostrando así de qué modo el estudio del autismo no es ajeno a la enseñanza de Lacan, caminando por el andamiaje constituído por Eric Laurent, Jacques A. Miller y Jean-Claude Maleval, han logrado articular ese “lazo sutil” que se produce en cada encuentro con cada niño autista. Para ellos se trata de niños uno por uno, considerados como sujetos, y es aquí en donde el deseo del analista introduce posibilidades de encuentros inesperados provocando la posibilidad de reinsertarse en el Otro de un modo original, resquebrajando la tendencia de la época que globaliza, enumera y tipifica.

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