¿Qué es el cuerpo?

¿Que curación del cuerpo en análisis?

Publicado en Lectura Lacaniana: 27 mayo, 2016


Para comenzar un análisis, se supone una creencia en el Otro, sin lo cual uno no demanda nada, pero no es suficiente, debe además creer en el síntoma y en el inconsciente. La cura en un análisis supone la creencia en el sujeto supuesto saber, llave de la transferencia, que el analista debe contribuir a instaurar. Todo esto supone un sufrimiento que podría decir algo, que develaría una verdad, verdad que concierne al síntoma pero no funciona para el fenómeno que no quiere decir nada.

Diferencias entre el deseo de curar en el analizante y en analista. Ese no querer necesariamente eso que se demanda. Reacción terapéutica negativa de rápida aparición en un análisis.

Evocación del trayecto de los distintos momentos en la dirección de la cura propuestos por Lacan.

De la realización del sujeto por un palabra que viene de otro lado y que lo atraviesa, al único bien que Lacan le atribuye  al sujeto, el del bien decir, especificando la ética analítica.

Y como arreglársela  con eso que no quiere curar; ¿goce? Cambio de estatuto del síntoma, de metáfora a un modo de goce fuera-de- sentido, una satisfacción paradójica, una letra de goce. El autor se pregunta: ¿Cómo curar de una satisfacción?

Angela Vitale

 

Lacan y la curación

La "preocupación por curar" es legítima, se sitúa del lado del analizante o del candidato a análisis y es, como la queja, una forma de la demanda. La demanda supone una creencia en el Otro, sin lo cual uno no demanda nada. Eso no sería suficiente para comenzar un análisis y podría del mismo modo ser dirigido a un médico o a un terapeuta. El modo de acogida específicamente analítico de una demanda tal, debe suscitar en el paciente la emergencia de otra creencia: una creencia en el síntoma y en el inconsciente. Dicho de otra forma, al esperanza de cura en análisis necesita la creencia en el "sujeto-supuesto-saber", llave de la bóveda de la transferencia que el analista, lejos de una escucha pasiva, debe contribuir a instaurar. Condición previa que no es necesaria para obtener la eficacia médica.
En "R.S.I.", Lacan indica lo siguiente: Lo que constituye el síntoma en psicoanálisis, es que uno cree en él… Creer en él, no es otra cosa que creer en seres en tanto que ellos pueden decir algo. La esperanza de cura en análisis supone entonces un sufrimiento que podría decir algo, que desvelaría una verdad a liberar de este mensaje raro que es el síntoma. La verdad es prisionera de la metáfora del síntoma, hay que descifrarla; es la fuente del sujeto-supuesto-saber. Dicha verdad concierne al síntoma, pero no funciona para el fenómeno, que no quiere decir nada. Veremos por qué.
Si la preocupación por curar es un deseo legítimo del analizante, ¿qué hay de ello del lado del analista? Freud tuvo al inicio la pasión de la curación rápida, pero el descubrimiento del inconsciente vino a disminuir sus ardores terapéuticos a causa de la sorprendente revelación según la cual el paciente no quiere necesariamente eso que demanda con toda sinceridad. La reacción terapéutica negativa aparece muy rápidamente como el reverso y la trampa de la preocupación por curar.
Yo me pregunté que había podido decir Lacan sobre la curación, sobre todo en el transcurso de su Seminario. Él evoca esta noción en cinco ocasiones entre 1955 y 1965. Para resumir: es interesante subrayar el momento de vuelco dialéctico que se opera en diez años. He aquí brevemente el trayecto.
Al principio él favorece la alianza terapéutica: analizante y analista, ¡un mismo combate! En el Seminario I sobre El yo…, es muy freudiano: La vida no quiere curar, dice él, la reacción terapéutica negativa le es innata … La curación, por otro lado, ¿qué es? Respuesta de Lacan: Es la realización del sujeto por una palabra que viene de otro lado y que lo atraviesa (19 de mayo de 1955). Hay una conjunción entre la verdad y la curación. Es por eso que él es freudiano y está animado por la preocupación de curar: eso permite una ganancia de saber. Dos años más tarde, persiste, yendo incluso hasta avanzar el término ya evocado de "curación analítica". Es en efecto una expresión que encontré en la última sesión de La relación de objeto, el 3 de julio de 1957. Se trata para él de calificar en el niño "el progreso simbólico" ubicado en lo que él llama la "mitificación infantil". Es, por ejemplo, el progreso de Juanito que convoca el mito de la cigüeña para tratar lo real inconcebible del nacimiento de su hermana Anna, que surge en el universo familiar. El progreso simbólico —o, si se prefiere, la verdad por el mito— implica la curación y obliga a una elaboración de saber, aquí, en la ocurrencia, una teoría sexual infantil. Propongo otra ocurrencia para este sintagma, como lo veremos, —una ocurrencia que no se apoye en el significante, sino en la letra.
Pero los tiempos cambian. Con el abordaje de lo Real anunciado en 1960 en La Ética…, se inicia al contrario una disyunción entre verdad y curación. El 11 de mayo de 1960, evoca la relación del analista con "el deseo de bien hacer", es decir "el deseo de curar". Nosotros contamos con él, dice Lacan, como algo que por naturaleza nos extravía. La palabra es fuerte! … Y agrega: Podríamos de forma paradójica designar nuestro deseo como un no-deseo de curar. He ahí un nombre inédito para el deseo del analista… Pero cuidado: el "no-deseo de curar" es diferente del "deseo de no-curar". El fin de este propósito es alertar contra lo que él llama la trampa benéfica de querer-el- bien- del-sujeto.
El único "bien" que Lacan atribuye a partir de aquí al sujeto es el del "bien decir", que especifica la ética analítica. Ya no es, como en el año 55, el matrimonio de la curación y de la verdad anunciada por la palabra plena, sino la separación de la curación y de la finalidad del bien-decir. Lo real escapa a toda idea de verdad por el saber, no es ni verdadero ni falso, pero se trata sin embargo de rodearlo, cernirlo todo lo posible. Después del año ’60, el analista debe romper la ecuación "curar = saber = verdad", pues sino uno puede preguntarse cómo va a hacer para arreglárselas con el punto de real fuera de sentido, que escapa a todo saber, y cómo va a arreglárselas con eso que no quiere curar…
El síntoma cambió de estatuto: de metáfora a liberar de su mentira, se convirtió en un modo de goce precisamente fuera-de-sentido, una satisfacción paradójica, una letra de goce. Lo cual reaviva la cuestión delicada: ¿cómo curar de una satisfacción? El "no-deseo de curar" le costó a Lacan algunos ataques violentos de sus enemigos, del tipo: He ahí un analista que no quiere curar a su paciente!… Ante lo cual él mismo se pronunció dos años más tarde (en 1962), en La angustia. Ahí, Lacan rechaza vivamente a los colegas humanistas que se esconden detrás de no sé que hinfladura de buenos sentimientos destinados, dice él, a tranquilizar a no sé quien…
"Vimos allí de mi parte, agrega, no sé cuál desdén de ese que sufre! Es un proceso injusto hecho a Lacan cuando sabemos el impasse anunciado por el paciente que se resume así: ¡estar más atado a su sufrimiento que a la curación sin embargo reivindicada! Lacan buscaba una solución a esta aporía que implica el goce. He ahí porque él proponía un "no-deseo de curar" en el analista: para dejar una pequeña chance al paciente de acercarse a su "deseo (desconocido) de no curarse". Así, "no querer-el-bien-del-paciente" realiza una estrategia para evitar la reacción terapéutica negativa.
Lacan también defendió firmemente su posición, en la lección del 12 de diciembre de 1962 de La Angustia, e insiste: Yo pretendo, que nada es más vacilante en el campo en el que estamos que el concepto de curación. Se trata, concluye, de no hacer trampa… con el plano de la verdad. No se puede expresar mejor la disyunción entre curación y verdad.
Finalmente, Lacan va a radicalizar su posición tres años más tarde, al abordar el problema del fin de análisis. En Problemas cruciales para el psicoanálisis, el 19 de
mayo de 1965, denuncia la apología de una curación final y triunfante anunciada por la IPA., al principio del final de la cura, como la alianza con "la parte sana" del Yo fuerte del analista. Esta ilusión de curación final es según él, un engaño. El engaño surge al término del análisis si éste se dirige a identificar al sujeto —por definición indeterminado— el sujeto que sufre de la falta-de-ser, al sujeto-supuesto- saber, que, nos dice Lacan, es sujeto del engaño. (Más tarde, dirá: … sujeto de la equivocación). Ahora bien, el destino del sujeto-supuesto-saber al final de la cura, es ser destituido; eso es diferente a hacer de ello un polo identificatorio para el sujeto analizante. La identificación engañosa puede ciertamente aliviar, anestesiar, pero en el sentido de la anestesia, es decir, con un efecto provisional.
Ella impide el despertar esperado de un análisis concluido. Finalmente, un final identificatorio releva de lo inacabado, es decir de lo no curado. Es un verdadera paradoja: ¡la "curación final" disfraza lo incurado! A este incurado, Lacan opone una conclusión diferente, que se dialectiza entre lo curable y lo incurable.
— Por un lado, en 1967, preconiza "la travesía del fantasma" como salida. Es la vertiente curable, la gran limpieza de la existencia. Es el lado de la curación que honra la promesa inicial. — Por otro lado, en 1975, valida la conclusión como "identificación al síntoma". Es al contrario, la vertiente incurable. Hay un resto de goce inanalizable.
Se trata de "saber-hacer" con eso. Lacan propone identificarse con el síntoma tomado como satisfacción bajo el modo: Yo soy como yo gozo (J.-A. Miller). Es una identificación que toca lo Real (pulsional) y ya no lo Simbólico o a sus efectos imaginarios. Este sinthome, (así llamado para diferenciarlo de los otros síntomas) no expresa necesariamente un sufrimiento, pero llama a consentir a este límite de la "curación-toda". Los sucesos del cuerpo tratados por la cura participan de esta dialéctica entre curable e incurable.
Espero haber mostrado que sólo la posición ética del "no-deseo de curar" realiza la curación de lo que es curable. Pues además es necesario haber tratado el conjunto de lo que es curable para finalizar en el punto incurable que permite concluir con la certeza de que ya no se trata, esta vez, de lo incurado. He aquí pues lo que tenía que decir a propósito de la curación analítica.

Continuará…

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