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Presentación del libro de Silvia Hopenhayn “¿Lo leíste?”

Publicado en Lectura Lacaniana: 17 febrero, 2014

Parte I: ¿qué es un libro? ¿Qué buscamos en un libro? Nosotros, ¿somos un libro? Se pregunta Francisco Offenhenden al comienzo de la presentación del último libro de Silvia Hopenhayn. Un buen encuentro, celebración de la lectura, entre  los escritores,  los libreros y por que no, los lectores presentes. Fiesta de la lectura, a la cual fuimos convocados, para dar la bienvenida al libro: “¿Lo Leiste?”.
 
Uno por uno, los panelistas dicen que “¿Lo Leíste?” es una convocatoria como lectores, más que como libreros. Es un libro que contagia a la lectura,  que convierte a la lectura, como acto privado, individual, solitario, en un hecho que se comparte con los otros.
 
Para Silvia Hopenhayn, un escritor es aquel que bucea en el tesoro de la lengua, dice: “algo nos va a traer”, eso se espera cuando abrimos un libro, también ganas de compartir los ojos, agrega.
 
Se trata de letras, no de cualquiera, sino de aquellas que lleguen a los lectores.
 
Angela Vitale.

 


Francisco Offenhenden: Bueno, buenas tardes a todos. Hay mucho para decir, por suerte, y a propósito, una cosa que me pasa, últimamente, les cuento que no preparé nada. Hay ideas, sí,  y van a ir apareciendo, seguramente, y eso es lo interesante que tiene esto.

Empiezo por el libro. En realidad, con respecto a la historia de la humanidad, como diría Maturana, el libro es algo muy reciente; durante mucho tiempo el pasaje de conocimiento y sabiduría era de manera oral, las más de las veces recitado con una música en forma de poema para que fuera más fácil de memorizar. En algún momento aparece el libro, y entonces me surge una pregunta: ¿qué es un libro? ¿Qué buscamos en un libro? Nosotros, ¿somos un libro?
 
Es una de las cuestiones interesantes de esta presentación, y que te tengo que agradecer, Silvia. Me refiero a tu convocatoria de libreros. Los únicos momentos en que el librero aparecía fuera de las librerías, en mi caso, -puede haber otros- era en los desayunos que algunas editoriales empezaron a hacer en donde los autores te vienen a contar lo que han escrito y también los editores o gente de ventas, a sugerirte cómo presentárselo al posible interesado, cliente. Algunos autores hacían  lo imposible para caerle bien a los libreros, otros casi lo sobornaban directamente, los elogiaban.
 
Pero, en las presentaciones de libros es muy raro que haya libreros de este lado, en general están de ese lado, donde están ustedes, y la verdad que eso es muy lindo, alguna vez, cambiar de lado, aunque se apara mirar por un rato de otra manera y participar de un festejo como éste.

Porque el libro de Silvia implica una celebración de la lectura, de los escritores, de los libreros. Y también desde esa pregunta, que es interesante: ¿qué es un librero? ¿Qué hace que a alguien se lo pueda llamar librero? Que también es una palabra con derivaciones, puede ser librista, libroso, pero no, librero, ese librero, ya hay algo.
 
Quisiera presentar entonces, en esta fiesta de la lectura para darle la bienvenida al nuevo libro de Silvia Hopenhayn, titulado justamente con una pregunta, “¿LO LEÍSTE?” a los libreros que nos acompañan. Natu Poblet, no tengo que decir mucho, fundadora de la mítica librería Clásica y Moderna, Luis Mey, escritor y librero de El Ateneo – Gran Splendid, y Noemí Bank, una referencia para muchísimos lectores y también libreros, en la Librería Santa Fé.
 
Natu Poblet:  La verdad que estoy encantada de estar acá, me encantó que Silvia, a quien admiro profundamente me eligiera como una de las partes de este panel, formado sí por libreros, pero yo corregiría un poco a Francisco, porque ahí entraríamos en ¿qué es un librero?
 
Lo que yo pienso es que estamos convocados aquí como lectores, no como libreros, es una circunstancia adicional, bueno, yo tengo una historia larga, porque soy hija, nieta, etcétera, pero digo, seguramente los chicos,

Noemí y Luis, también trabajan como libreros, pueden tener o no una librería o trabajar como libreros, pero yo jamás los clasificaría como libreros, creo que son: lectores.
 
Y el libro de Silvia, que es absolutamente maravilloso, está dirigido a los lectores, esto no quiere decir que si alguien no leyó alguno de los libros que ella señala en su antología personal de lectura, se lo pierde. Así clasificaría ¿LO LEÍSTE?, como una antología personal de lectura, que no importa de dónde salió, porque es también una recopilación de ciertas columnas de ella, que ya todos leemos en el diario La Nación, pero ella las escribió primero, las eligió en su momento, porque es semanal, y después de todos estos años de publicación, ahora hizo una segunda elección. Me encantan las cosas que vienen así, como seleccionadas una vez, otra vez, y otra vez, como el perfume, que se va decantando y lo que queda es realmente la esencia. Yo creo que lo que Silvia, finalmente, reunió en este libro, es aquello que para ella fue imprescindible, lo que no podía dejar de lado.
 
Entonces este es un libro, en principio, que quede claro, no es que “¡Ah! Yo no leo” o “No lo leo”, “No me gusta” o “Tal, no lo conozco”, no importa, capaz que con lo que lean que ella pone, que ella dice, cuando ella cuenta sus sensaciones al haber leído determinado libro o determinado autor, cualquiera puede contagiarse y cualquiera puede comenzar a leer, lo cual me parece fantástico.

Y para los que sí leímos, no a lo mejor todo lo que ella nombra, pero entablamos un diálogo secreto, un diálogo privado con Silvia.
 
Noemí Bank:  La verdad es que a mí me gustó mucho la aclaración del librero al que le gusta leer, porque recién hablábamos con Luis, que yo sostengo que cuando uno entra en el mundo del libro, no sale más, el libro te atrapa, el libro te lleva, el libro es y se transforma en tu vida.
 
No es casualidad, me parece a mí, que Silvia me haya convocado y yo se lo agradezco muchísimo. Yo la conozco a Silvia desde que era muy chiquita, el libro está dedicado a una persona que yo estimé mucho y que admiré mucho que es su papá, quien la traía de la manito a elegir sus libros. Así que Silvia llegaba con su cabello rubio, sus ojitos brillantes y una enorme sonrisa, porque ahí había un mundo que la estaba esperando. Y eso era, para Silvia, muy especial, y para mí también, yo hace 37 años que soy librero, yo me considero un librero además de un lector.
 
He sido lectora desde los cinco años, pero me considero un librero porque dediqué mi vida a esto que hoy Silvia, hace en este libro, que es convertir la lectura, que es un hecho absolutamente privado, individual, solitario, en un hecho que se comparte con los otros.
 
A mí me parece que uno no sale nunca más del oficio de librero, porque el placer del oficio no está en lo que uno lee, está en lo que uno comparte.

Yo conocí a una tía de Silvia llamada Luisa, y justamente ella venía y la frase que me decía era: “¿Lo leyó?” Y “lo leyó” inauguraba  un diálogo interminable, un diálogo de media hora, no importaba nada, ni el negocio, ni si entraba o salía gente, nada, era “lo leyó” “Y vio cuando dice” “Y, ¿se acuerda de?”, eso es impagable, es compartir con el otro eso que a uno le trajo un libro, es como dice el personaje de O. Pamuk, del que vos hablas en el libro: “Leí un libro y me cambió la vida”.
 
Si vos leíste un libro y te cambió la vida, eso tenés necesidad de compartirlo con alguien, con uno, con dos, con tres, es cierto, hay mucha gente que hace un trabajo que no le interesa, que no le gusta y que obviamente no va a salir bien, pero el placer de encontrar otros que estén dispuestos a recibir esa maravilla que a uno le cambió la vida es lo que hace que uno no salga nunca más del mundo del libro. (Aplausos)
 
Público: Perdón, ¿de qué librería sos?
 
Noemí Bank: Librería Santa Fe.
 
Luis Mey:  librero, lector, escritor. No me recibí de nada todavía. (Ríen) Primero, gracias por pasarme la pelota después de ella, no me parece, no sé nada emotivo ¿eh? Todavía estoy muy fresco, tengo 12 años trabajando en librerías o yendo a robar libros salidos en las ferias. Trabajo en el Grand Splendid, en la librería que dicen que es la segunda más linda del mundo, esas cosas.
La pregunta del título, “¿Lo leíste?”, es una invitación a pelear en el mundo del libro, ustedes no lo saben eso, pero es una invitación a mentir también, “¿lo leíste?” ¡¿Qué digo?! Se define como una conquista, se define como un motón de cosas, no sólo la afrenta intelectual de si lo leí o no, sino estoy frente a la posibilidad de una futura esposa, no puedo no haber leído equis libro. Y por eso, ella abre la puerta y te invita a la puerta con esta pregunta.
 
Además pocos libros empiezan con una pregunta, se me viene ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, de Philip K. Dick, y pocos más, que es una pregunta -aunque yo lo dije casi en afirmativo. No hay manera de no abrir el libro de SIlvia y encontrarte con lo mejor de la literatura que empieza, para mí, con una frase de Simenon, que no es lo mejor de la literatura, y sin embargo el tipo dice una cosa muy linda que es que para que un texto sea bueno, hay que quitarle todo lo que sea literatura. Es un doble juego, parece venir con malicia pero al mismo tiempo no, porque para empezar un buen relato, tal vez para llegar a un libro hay que convencerte en el café de leerlo, no desde el libro, porque si desde el libro te convencieras ya de cualquier cosa, todos los libros se venderían un montón, todos serían Best Sellers y no es así.
 
O sea, Silvia, capaz que citando a Melville en su libro, va a vender más libros de Moby Dick, que lo que se vendió en vida del autor (¡que fueron 600 ejemplares!).

Silvia Hopenhayn: Bueno, yo venía para no decir nada… ¿y ahora qué hago con esta emoción? Realmente agradezco muchísimo que estén aquí, es una invitación buscada, deseada, la de que esten ustedes, libreros, lectores, en el caso de Luis, también escritor; es una invitación que tiene que ver con compartir lo que muy bien dijiste, Noemí, eso que uno no puede dejar de compartir, esas palabras que son vida, que rebalsan la lectura.
 
Es lo que viene de los libros. Un escritor es aquel que dedicó toda su vida a bucear en el tesoro de la lengua, ¡algo nos va a traer! Y eso es lo que estamos todos esperando cuando abrimos un libro. Por eso, para mí era importantísimo que estuvieran aquí Francisco, Noemí, Natu y Luis, porque quería saber cómo hacían ellos con este afán de convite, ellos están con monstruos atrás, toda una librería; yo estoy en mi pequeño altillo, con mi biblioteca. Carlos a veces me pregunta: “¿Qué estás leyendo?” “¿Sobre qué libro vas a escribir mañana?” Y yo todos los martes diciéndole: “No lo sé”, y esa pregunta: “¿Qué vas a escribir?”, sobre qué libro vas a escribir, ya es una forma de crear una escritura.
 
Es cierto que de chiquita iba a Librería Santa Fe, con mi papá que me llevaba de la mano y no sabía dónde me estaba llevando ni qué destino me estaba propiciando; no eran sólo los mundos posibles de los libros en la Librería Santa Fe, era Noemí ofreciéndome los mundos posibles en la Librería Santa Fe.

Ahora para mí es importante brindar eso que de golpe aparece en una lectura. Ganas de compartir los ojos. Como decía Nina Berbérova, que es una escritora que yo quiero mucho, una escritora rusa que vivió en París, tituló su autobiografía: “El subrayado es mío”, y hay algo de eso en lo que uno lee. Cuando uno lee, subraya lo propio, porque es el único momento en el que le viene la letra de la vida, y se la da un desconocido, no se la da el papá, no se la da la mamá, se la da un desconocido, un humano que comparte la intimidad del lenguaje con uno. Un escritor.
 
Mi padre, es cierto que es el responsable de llevarme a pasear por ahí, por eso aparece en este libro, luego de una pelea feliz con la editorial (que por otra parte, agradezco muchísimo que me haya ordenado mis textos, porque yo no conservo nada, no podría nunca dedicarme ni a los dinosaurios ni a nada de eso, porque soy anti-conservacionista, y sobre todo de lo propio. Así que, que venga una editorial y que junte, de golpe, los textos dispersos de mis lecturas, fue maravilloso).
 
La pelea fue la dedicatoria. Parece que hay una especie de protocolo de dedicatorias, que dicta que tienen que ir al principio de los libros. Yo no quería que estuviera al principio del libro, primero porque siempre me pareció un enigma esto de: “A mi mamá”, “A mi papá”, “a fulanito”; dedicatorias a personas que uno no conoce y que aparecen en la primera página, como puerta de entrada en la que el lector no está convocado.

En mi caso, por otra parte, la frase que se me había ocurrido para dedicárselo, era un poco fuerte para comienzo de libro.
Y la pelea fue feliz, porque ¡logré que apareciera la dedicatoria al final del libro!
 
Noemí Bank: La dedicatoria dice: “When my father died, it was like a whole library had burned down (cuando mi padre murió es como si toda una biblioteca se hubiera incendiado)”.
 
Silvia Hopenhayn: la frase es de Laurie Anderson, una cantante y filósofa. Pueden escuchar esa letra que sale de la obra-instalación de Sebastián Gordín que acompaña esta presentación, donde justamente, hay una biblioteca con un manuscrito incendiado.., después la pueden mirar, y escuchar…
 
Yo estaba escribiendo y escuchando a Laurie Anderson y de pronto apareció esa letra, en el momento en que había fallecido mi padre… Fue un estampido (y encima Laurie Anderson es la que canta: “el lenguaje es un virus que viene del espacio”, tomando la letra de W. Burroughs). Eso es lo que me pasó, entonces quise hacer vida del fuego. Este libro tiene ganas de que esas llamas lleguen a los lectores.

 

 

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