Entrevistas&Reportajes

Presentación del libro de Silvia Hopenhayn “¿Lo leíste?” II Parte

Publicado en Lectura Lacaniana: 10 marzo, 2014
Parte II: en esta entrega los libreros-lectores-escritores, leen algunos autores citados por Silvia, los que más les gustaron, los que coinciden, libro de libros, linkea, nos traslada a un nuevo escrito, una obra nueva. Libro de un lector para lectores. Le preguntan como se ordeno el libro; y la respuesta de Silvia fue: el orden se rige por el amor y el azar, amor por ciertos autores y el azar de las publicaciones, ordenamiento  al estilo de Rayuela, los de acá, los de aquí y los de allá  y los del mas allá.
Invitación a subrayar lo propio, singular, en la lectura de ¿Lo Leíste?
 
Angela Vitale
 
Natu Poblet: Quisiera leer cosas muy cortitas, de algunos autores citados por Silvia, con los cuales, por supuesto, coincido, y que además me parecieron definiciones tan exactas; son muy breves, no entra en contar anécdotas ni en contar nada, sino en decir de qué se trata cada cosa, ¿no? Dice, por ejemplo, no es el orden que Silvia puso: “Los objetos de valor pueden ser intercambiables a lo largo de la historia, primero fue el fuego, podría ser el oro, el petróleo o el agua en un futuro, lo que no varía demasiado, es la furia del hombre en su afán por adquirirlos. Como si en esa obtención, se pusiera en juego una conquista mayor, arrebatarle a la naturaleza su secreto, conseguir lo que veneran otros. Una de las novelas que mejor ha plasmado esa alevosa codicia es El Corazón de las Tinieblas, de Joseph Conrad”.
 
Sigue diciendo, hablando de otro autor, “El primer sentido que se despierta en los humanos es el del oído y lo primero que escuchamos es el latido de la madre, a partir de entonces, lo sonoro es una de las experiencias más tangibles, el mundo exterior es presidido por los sonidos que este emite, y según estudios prenatales, nos condicionan desde ese momento. Después de nacer, los estímulos se multiplican, los sentidos se azuzan y lo auditivo parece ocupar un segundo plano. Sin embargo, el ruido de fondo toxico, indiscernible, sobre todas las grandes ciudades sigue condicionando nuestro humor, Don Delillo es uno de los escritores norteamericanos actuales más versados en las dinámicas urbanas, con humor agudo y una perspicaz mirada sobre las relaciones íntimas, en su novela “Ruido de fondo”, revela el entramado de las formas de existir, en tiempos plagados de amenazas”.
 
Dice otra definición de un autor que adoro: “Rubén Fonseca, escritor brasilero, es un escritor callado, por tímido o cauto, que siempre anda con una mujer de la mano y un libro bajo el brazo. Su obra condensa la violencia, no sólo proveniente de la novela negra, sino también de la ebullición social brasileña. En sus novelas, los policías mueren, las mujeres también y sólo se salvan los diletantes”. Ya termino, ¡eh!
 
“Hay libros que parecen estar vivos, Pedro Páramo de Juan Rulfo es uno de ellos. Compuesto de voces, de murmullos que pululan como fantasmas interrumpidos, la historia flota ante nuestros ojos, como estacal en Páramo. Ellos son los habitantes de Comala, un pueblo en pena, arrasado por la violencia de su vida, Pedro Páramo, sabemos de sus acciones por lo que nos cuentan los otros, todos fueron abusados, de alguna manera, por su afán de poder y su pura maldad”.
 
Este cortito que está: “Luisa Valenzuela, pone la lengua sobre el tapete, o toda la carne en el asador, se juega en lo dicho, juega con el decir, jugoso es el sentido de su letra, en el susurro, en el silencio, en el grito”. Vamos al último pero intenso también, ¡cómo lo disfruto!: “En su blog, la escritora mexicana Margo Glantz, se describe de la siguiente manera: alta, jorobada, miope, lectora, enojona, impulsiva, viajera. De cada uno de los atributos se desprende una verdad elocuente, alta como visionaria, lo que ve es el derrumbe, los restos, tanto los sabrosos como los sedientos. Su altura se corresponde con la algidez de sus pensamientos, es noble, pero también jocosa. Toma de la cultura lo que duele y lo que es juego, sus libros de ensayo o sus ficciones, son como las cajas de tiempo de Andy Warhol, una lectura personal y caleidoscópica de la época”. (Aplausos).
 
Luis Mey: Yo no preparé nada, pero sí tenía pensado hablar de esto, que de a poquito este libro es una trampa, porque yo leí bastante de los libros sobre los que Silvia escribe; algunos no me gustaron, y otros me gustaron mucho. Y en igual medida, yendo a mi biblioteca, con algún resquemor, el libro de SIlvia me incentivó a volver a agarrar ciertas novelas, a ver por dónde iba, si ahora podía relacionarlas con alguna cosa, porque lo que tiene la escritura de Silvia, es que este es un libro, que como dije en Facebook, que es donde yo hablo de libros, este es un libro de libros de libros, o sea linkea tanto que tal vez leyendo una reseña, no digo una reseña porque es como despreciar, es una sensación o un nuevo escrito, una obra nueva respecto de tal autor.
 
Ella lo que hace es llevarte, tal vez, al Contrato Social, y de alguna manera terminas en cualquier otro libro, ese es el engaño, ¿no? O sea, nunca estás leyendo un escrito respecto de Nobokov porque terminas hablando de las mariposas y seguramente te terminás interesando en ello. Y así fue, no es que tengo mucho tiempo libre, pero, realmente me motivó a hacerlo. 
En el caso particular de nosotros, tal vez nos pinchó por el lado del fanatismo, no sólo por bueno, no sé Roa Bastos, que en su momento me hizo mucho ruido y hoy tal vez no me gusta, pero pasando por Melville que también me pareció genial lo que puso, sino también por simples fragmentos de algunos libros que no son más que eso, de repente hay un texto sobre Herzog, que te involucra en una historia que es infinita, y en dos páginas, porque es infinita respecto de su némesis. Y ella, en dos páginas terceriza totalmente la acción de narrar, así que no sé si es Silvia, es ella escritora, o Alicia detrás del espejo, tratando de armar un nuevo libro.
 
En ese sentido, no hay manera de que te quedes con el libro, solamente, sino que el plan y estoy seguro también adrede, es que vayas al texto y a los que lo acompañan, que pueden ser infinitos, ahí se pluraliza el libro, como dijimos antes, que no es el libro, sino ahí se transforma en los libros. Y al mismo tiempo no está hablando en ningún momento de él autor, está hablando de ella todo el tiempo, y no de ella sino de la escritora que cuenta su lectura, que tal vez ni siquiera encuentres en el texto original ¿no?
 
Tal vez eso es lo lindo de hablar de un libro, crear una nueva obra, porque la originalidad, por definición son pequeños cambios a lo existente, incluso lo dice el derecho, o sea que si hay un abogado por acá… (risas). Y el libro todavía puede, puede lograr eso, porque es un trabajo intelectual muy profundo, que aunque suena a pleonasmo, así como “policía corrupto”, como el policía de Vallejo, suena a lo mismo, una obra intelectual debería ser profunda.
 
Noemí Blank: de mi parte, lo único que quisiera agregar, es que también este es un libro escrito por una lectora: es un libro de un lector para lectores. Es un libro donde se nota el placer, donde se nota el tiempo compartido con los autores, con los personajes, es un libro donde dice: “Un día leí un libro y toda mi vida cambió” Dar con un libro es dar con una persona. Silvia deja de ser una escritora, para ser una persona que comparte con los demás lo que le hicieron sentir estos libros, si el libro transmite, todo lo demás pierde importancia, no importa si el escritor es argentino, si es latinoamericano, si es europeo, si su realidad es la nuestra o es otra diferente. Silvia nos da ganas de leer otra vez, y digo otra vez porque a mí me trajo autores que yo he leído con muchísimo placer hace muchos años. Y me dio ganas de volver a leerlos, nos trae otra vez las otras realidades, todos esos mundos que uno puede compartir, todas esas personas que uno puede ser y que nunca más van a permitir que uno esté solo, teniendo un libro en las manos y eso para mí es prodigioso, yo te lo agradezco. (Aplausos).
 
Francisco Offenhenden: Yo quería hacerte una pregunta, ¿cuándo aparecieron esas ganas o vocación de escribir sobre lo que leías, querer compartirlo?
 
Silvia Hopenhayn: Hay algo de la felicidad de los otros, que a uno se le cuela sin ninguna imposición. Yo veía ese malabarismo y esa felicidad que había en mi casa con las palabras, mi padre fue un gran traductor, fue el que tradujo para la revista Sur a varios ingleses, como Jonathan Swift, Viginia Wolf, Stevenson, y luego la colección Jackson que dirigía Bioy Casares. En esa traducción, en esa búsqueda de la palabra, para mí había un sentido esencial de lo humano. Muy pronto, sin saberlo, me di cuenta que éramos seres de lenguaje y que la imagen era un recurso, pero que la palabra nos hacía consistir. 
 
Por las noches, me leían El Quijote, un capítulo por vez, entonces para mí el ser humano era una especie de viajero en un mundo de gran palabrerío…
Ahora yo leo para otros. ¡Y con otros! Veo entre el público a varios lectores que participan de unos talleres de Lectura que realizo en mi altillo; con ellos yo misma gozo del despliegue tridimensional de la escritura, el momento en que aparece el texto, aparece la vida. Barthes decía que cuando leía, en los momentos más emocionantes de la lectura, levantaba la cabeza. Y recordaba esas pequeñas elevaciones.
A mí me pasa algo distinto; porque levantar la cabeza tiene algo de onanista, tiene algo de “es para mí”, “me nombra”, “me convoca”. A mí me dan ganas de abrir la boca y leer en voz alta o ponerme a escribir.
 
Obviamente es muy distinto lo que otros subrayan de lo que me puede llegar a mí, pero no importa, es lo que vos decías, quizás lo que escribo es, digamos una invención de lo que leo, pero igualmente es para otros, y es para que otros encuentren lo que quieran o no, o se vayan a otro texto. Pero hay algo de la relación que se juega en la lectura. Quizá, volviendo a mi padre, en mi caso la lectura empezó como un modo de relación. (Aplausos).
 
Francisco Offenhenden: Me interesa que cuentes cómo ordenaste este libro hecho de tantos textos publicados en el diario…
 
Silvia Hopenhayn: El orden se rige por el amor y el azar, como explico en el prólogo -¡que es un orden que en realidad recomiendo para toda la vida, el amor y el azar! Proviene de una cita de la obra de Marivaux “Los juegos del amor y del azar”, y en este caso es muy puntual, se trata del amor por ciertos autores y el azar de las publicaciones, porque así como por suerte hay libreros lectores, hay una azar en que se publiquen buenos libros (son los menos); de ese azar me nutro de libros para comentar en mis columnas del diario. Mezclo azar con amor y elijo un libro sobre el cual escribir. El ordenamiento lo tomé de Rayuela: así como en la novela de Cortázar está el lado de acá, y el lado de allá, cuando el personaje está en Buenos Aires y cuando está en París, en este libro están “Los de acá” que son los argentinos; “Los de aquí”, que son los latinoamericanos y  españoles, y “Los de allá”, en otras lenguas que el español, y al final, un agregado del género fantástico: “Los de más allá”, que son los libros sobre nubes, fantasmas, monstruos, etc. De lo más azaroso, como verán, pero también amoroso… y riguroso!
 
Francisco Offenhenden: Ahora sí, a ver la obra de Gordín, y brindar por la lectura…

 

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