¿Qué es el cuerpo?

Obesidad. El refugio en el cuerpo. Por Nieves Soria Dafunchio. Ultima parte.

Publicado en Lectura Lacaniana: 8 junio, 2016

IV.    El psicoanálisis aplicado a la obesidad. Su más allá

En esta última entrega, de las viñetas clínicas, se puede leer, que los sujetos se han dirigido a un analista, sin saberlo, por un motivo: la obesidad. Este encuentro con el analista ha tenido distintas consecuencias, en algunos, realizar un análisis, en otros obtener ciertos efectos terapéuticos, orientando el analista su acto hacia lo real.

Angela Vitale

 

4)      El psicoanálisis aplicado a la obesidad. Su más allá.

En los casos referidos, los sujetos se han dirigido, generalmente sin saberlo, a una analista. En todos los casos el motivo de consulta era la obesidad. El encuentro con una analista ha tenido distintas consecuencias en cada uno de ellos, en los casos de Eduardo y Dolores, los llevó a realizar un análisis; en los de Amelia y Liliana, a obtener ciertos efectos terapéuticos, al menos por ahora.

Cuando esto último ocurre, hablamos de psicoanálisis aplicado a la terapéutica, en este caso, de la obesidad. Se trata de la aplicación del discurso analítico en casos en los que la posición del sujeto y la gravedad del síntoma impiden la realización de un psicoanálisis puro, al menos temporariamente. Tanto para Amelia como para Liliana, su vida entera se reduce a su obesidad, lo que las lleva a girar en su discurso alrededor del Otro materno estragante. En ninguno de estos casos se ha producido, hasta ahora, un equívoco que permita abrir la dimensión del inconsciente y la suposición de un sujeto al saber.

Sin embargo, proponemos que la terapéutica analítica no es como las otras, es decir, que aún cuando no haya análisis en el sentido del desciframiento del inconsciente, sí lo hay en la orientación del acto hacia lo real, y que el encuentro con un analista tiene consecuencias bien distintas para un sujeto, en este caso obeso, del encuentro con un terapeuta.

En estos casos ubicaría al menos dos efectos terapéuticos específicos del psicoanálisis:

1)      La deflación del sentido: tanto Amelia como Liliana llegan cargadas de significaciones- clichés (muchas de ellas “alimentadas” por su pasaje por grupos de autoayuda) respecto de su obesidad. En ambas el encuentro con el silencio, incluso el gesto calculado de desinterés o fastidio al respecto por parte del analista, produjo desconcierto, enojos, efectos depresivos, silencios difíciles de soportar para ellas, y finalmente un efecto de deflación de sentido que no ha dejado de tener consecuencias a nivel del goce, poniendo un límite a la voracidad. Esto les vuelve posible llevar adelante una dieta por primera vez.

2)      La Inter-dicción: la posición del analista, sostenida en un “decir que no” (función   que, como referimos en el apartado 2, Lacan atribuye al padre real), introduce la inter-dicción en el decir, operando con la barra entre significante y significado una y otra vez, por un lado; diciendo que no cuando es necesario, por otro. Esto obligó al sujeto a tomar partido, en estos casos, aceptando una relación transferencial en la cual el Otro no responde de un modo materno. Lo que implica también tomar cierta distancia del cuerpo materno, abriéndose un margen nuevo.

Liliana había dejado de trabajar para dedicarse exclusivamente a su madre enferma. Me dio una serie de explicaciones al respecto, que no acepté. Volvió a trabajar, retomando de ese modo su vida social, y saliendo de la intensa depresión en la que había llegado.

Como ya fue comentado, Amelia faltaba seguido, por desgano o sueño. Le dije que de esa manera no la iba a poder seguir tratando. Se angustió, dijo que se veía como una nena caprichosa, que en su vida nunca hubo un “no”. Prometió no faltar más, cosa que cumple. A partir de ese momento, vuelve a tomar mate por primera vez desde el suicidio de su madre, ocurrido 6 años atrás. Era una ceremonia que compartían y que ella había abandonado con su muerte.

Luego tira las pertenencias de su madre, que había guardado durante esos 6 años intactas.

Deja de sentir el perfume de su madre, y comienza a preguntarse por primera vez sobre la relación con su marido.

En los casos de Eduardo y Dolores, en cambio, se produjo una entrada en el discurso analítico. En ambos casos, como efecto del encuentro con la analista, se produce un desplazamiento de la problemática alimentaria hacia la problemática sexual. Por un lado, porque en ellos el cuerpo obeso no había logrado enterrar totalmente la cuestión del sexo. Por otro, porque hubo interpretaciones eficaces, que alcanzaron a tocar algún punto de real en el decir del sujeto, equivocando el sentido, y entonces el goce, en juego en él:

Dolores relata en una sesión que de chica no le salían las cuentas. El padre la castigaba, a veces le pegaba por ello. Y dice: “Sabía multiplicar, no dividir. Nunca supe dividir”. Y agrega, asociando libremente, que se sentía muy incómoda cuando veía a los padres abrazados. Intervine diciéndole: “El sexo divide”.

A partir de esa sesión, Dolores inicia una dieta, adelgazando paulatinamente. Comienza a sentirse perdida, desorientada. Dice: “Hasta hace poco no me interesaba realmente adelgazar. Estaba bien en mi mundo, descargando todo con la comida. Ahora no sé por dónde canalizarlo…mi novio era la comida…No uso reloj. Se me rompen, me molestan. (Silencio prolongado). Esto del paso del tiempo por ahí tiene que ver con mi dificultad para ser mujer.” A partir de ese momento comienza a salir con muchachos.

Dice: “Necesito pensar. Nunca aprendí a pensar. Quiero crecer. Quizás estuve demasiado tiempo pensando en por qué no me quieren, en mi obesidad, etc.”

Eduardo trae un sueño: La madre le avisaba que el padre había fallecido. El viajaba a verla. Ella le contaba que le había pagado al señor que cortaba la leña, y que éste se había llevado el dinero sin traer la leña. Se despierta llorando. Asocia al leñador consigo mismo engañando a su mujer. Le digo: “No, engañando a la madre”, y corto la sesión. Viene sorprendido a la sesión siguiente, se da cuenta de que nunca le vio una falla a la madre, de que ella siempre estaba ahí.

En este momento comienza a preguntarse por el goce de su mujer, abriéndose en él la dimensión de la angustia.

Como vemos, este desplazamiento de la problemática alimentaria hacia la problemática sexual no se produce sin el consentimiento del sujeto, dado que se opera una mutación en el discurso, introduciéndose la dimensión del decir, que excede a los dichos, y en consecuencia, incluye la dimensión del vacío, de lo imposible de decir, de lo que de lo sexual resiste a lo simbólico, y que Lacan axiomatizó como inexistencia de la relación sexual. Lo que llamamos “problemática sexual” es un campo topológicamente  diferente de la problemática alimentaria, dado que el cuerpo del que se trata es otro, ya que  incluye esta dimensión del decir.

Si el cuerpo obeso, ese cuerpo atorado que tapona el vacío, atrapado en la problemática alimentaria, ligada a la demanda, adquiere su consistencia del superyó, de esas palabras proferidas por el Otro materno que envuelven al sujeto, es necesaria una perforación de esa envoltura para que advenga el cuerpo sexuado, ligado a la hiancia entre significantes por un lado (y entonces cuerpo de deseo) a la ausencia del significante de La mujer por otro (y entonces, cuerpo agujereado). La problemática sexual implica, en ambos niveles,  el funcionamiento de la castración. Esta es introducida en las intervenciones del analista, que habilitan una nueva dimensión.
 Una vez confrontados con la cuestión del sexo, de la que se refugiaban en su cuerpo obeso, Eduardo y Dolores toman diferentes caminos: Eduardo huye, Dolores avanza.

En el  momento en que Eduardo se encuentra con la dificultad de investir fálicamente su órgano sexual, recurriendo a la ortopedia imaginaria de la prótesis, fracasando en el intento de volverse deseable para su mujer, recurre al acting-out, en el cual, justamente, encuentra satisfacción en una escena incestuosa: goza mirando viejas desnudas. Entonces comienza a faltar. Lo llamo, viene diciendo que no me puede mirar, que no venía porque comenzó  a enamorarse de mí y a tener fantasías eróticas conmigo. Le digo que hable de eso. Deja de venir.

Dolores se enamora, tiene novio. Cuando éste le propone casarse, se angustia intensamente. Sueña que estaba en la cama con el novio, abrazándolo, de pronto era una mujer. Dice: “Me angustié. Me parece que tiene que ver con mi mamá”. Llora. “Nunca te lo conté por vergüenza. Cuando empecé con esto de que me gustaban las mujeres, me imaginaba tomando la teta de una mujer. Yo pensaba que era una cosa sexual, pero con el tiempo no, me parece que es una cosa maternal. Mi mamá fue mi mamá y nada más, pero además era una persona del sexo femenino. De eso no recibí nada. Ella como mujer era una pendeja. Ahora que estoy luchando entre la mujer y la niña, me aparecen estas cosas.”

En estos casos, en los que el sujeto se interna en la experiencia analítica, más allá de su demanda inicial referida a su obesidad, se ponen en juego todas las vicisitudes propias de esta experiencia.

En el fragmento que recortamos del decir de Dolores es posible vislumbrar una subjetivación del cuerpo sexuado y sus impasses, una renuncia a la coartada del refugio en la obesidad, y una confrontación con ese campo de lo imposible al que apunta todo análisis.

Referencias bibliográficas y notas.

1)      Lacan, Jacques. “Dos notas sobre el niño”, en Intervenciones y textos 2. Ed. Manantial.
2)      Lacan, Jacques. El Seminario. Libro IV. Las relaciones de objeto. Ed. Paidós. P.177.
3)      Miller, Jacques-Alain. El partenaire-síntoma. Curso inédito. Año 1998.
4)      Lacan, Jacques. El Seminario. Libro IV. Las relaciones de objeto. Ed. Piadós.
5)      Lacan, Jacques. “Juventud de Gide o la letra y el deseo”. En Escritos 2. Siglo veintiuno ed.
6)      Miller, Jacques-Alain. Acerca del Gide de Lacan. Malentendido Nº5.
7)      El lector interesado en la mortificación del cuerpo en casos de anorexia, encontrará esta lógica aplicada a estos casos en “El falo muerto: Gide y la anorexia”, en Psicoanálisis de la anorexia y la bulimia, de Nieves Soria, ed. Tres Haches.
Publicado 4 hours ago por ric vergara
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