Ficciones Clínicas

“Nota sobre la construcción del caso” Pierre Malengreau

Publicado en Lectura Lacaniana: 7 noviembre, 2012

¿Hay un modo de presentación clínica que favorezca el desempeño de un problema psicoanalítico como tal?, se interroga E. Laurent (1) en La Lettre Mensualle. La cuestión tiene doble entrada: lleva a la vez hacia el material clínico presentado, y al uso que se hace de él con fines múltiples: de enseñanza o de transmisión, de ejemplo o de demostración. La cuestión vale ser desarrollada así, en la medida en la que cierto uso de la clínica, y partiendo del caso puede ir ocasionalmente al encuentro de la clínica misma de la que la hemos extraído. ¿Qué uso hacemos de estos casos en nuestras exposiciones, en nuestras enseñanzas? ¿Hay una forma propia en el psicoanálisis para hablar de sus casos?

 
         La clínica psicoanalítica exige un abordaje del caso que no contradiga de golpe su fin. Supone un abordaje del caso que incluya la orientación de la  experiencia hacia el real. La experiencia del  real en un psicoanálisis es la experiencia de un encuentro con un real que se oculta (2). Dos dimensiones del real se conjugan en esta definición: una concierne al real como reencuentro, como efracción, otra concierne al real como fuera de sentido. Un abordaje del caso coherente con esta orientación hacia el real supone desde entonces la inclusión de la contingencia en la construcción misma. "La clínica psicoanalítica debe consultar a los psicoanalistas, para que ellos den cuenta de cuan aventurada es su práctica"(3). Lacan nos invita a tomar en serio que, en la experiencia analítica, hay una parte de azar que forma parte de la experiencia misma, y que hay que tratarla “de buena forma” (4) para que tengamos alguna posibilidad de transmitir lo que ella tiene de específico. ¿Qué lugar damos al real de la clínica en la forma en que presentamos nuestros casos? 
 
       Una observación de J.-A. Miller en la Conversación de Arcachon nos permite desdoblar esta cuestión. Evocando ciertos fenómenos de irrupción libidinal, J.-A. Miller insistía en la necesidad de que hay que situarlos en su proceso simbólico. En su defecto, decía, uno se encuentra en una clínica a la que, retomando una expresión de Eric Laurent, me gustaría torcerle el cuello, una clínica que se contente con un ¡Pues bien!, está invadido de goce.- ¿Por qué aparecen placas sobre el cuerpo del paciente? , – Es un fenómeno de goce. Esto no es lo que hacemos.  “Insisto en que siempre hay que intentar restituir eso a lo que tenemos acceso de la fase de alienación, para dar su justo lugar a los fenómenos que dependen de la separación” (5). Esta nota de J.-A. Miller, extraída de su contexto, denota y opone dos abordajes del caso, partiendo de dos concepciones de la clínica.
 
      La primera hace las delicias de una clínica que se podría llamar objetiva .La clínica objetiva se apoya sobre lo que observa, ya sea desde un punto de vista inocente o advertido. Ella hace uso del significante amo con fines de identificación. La noción de goce a que se hace referencia aquí se desnaturaliza como herramienta de observación, y pierde su pertinencia conceptual al no ser tomada sobre el real de la experiencia. No es en este uso de los conceptos como el psicoanálisis lacaniano deba regular el abordaje del caso.
 
    La otra clínica que podría llamarse demostrativa, se apoya sobre un modo de construcción del caso que toma en cuenta que todo no puede decirse, o por tomar el contexto de Arcachon, que la construcción de la operación de alienación, por más elaborada que fuera, no podría recubrir lo que opera del lado de la separación. Esta clínica, fundada en la temporalidad freudiana del aprés- coup, tiene necesidad de instrumentos que ya no relevan los métodos de observación, sino los de la lógica: la articulación avanzada por J.-A. Miller en su Homólogo de Málaga (6), entre la noción intuitiva de serie y la teoría de las consecuencias puede aquí servirnos de guía.
 
    La experiencia analítica es, de entrada, una experiencia de la seriación de los significantes que importan al sujeto. Se trata para él de coger los diferentes rasgos, recuerdos, identificaciones que han marcado su historia. Es desde aquí donde nosotros comenzamos. Partimos paso a paso de una puesta en serie de lo que importa al analizante. La construcción del caso pasa primero por esta referencia. Sin embargo, no es específicamente psicoanalítica. Describir el orden simbólico en el cual un sujeto está tomado no es lo propio de una práctica orientada hacia lo real. (7). La referencia y la seriación de las identificaciones y de los significantes podrían muy bien llevarnos a lo que Lacan llama el “señuelo ordinario de la comprensión” (8). ¿No precisaríamos, desde que aparece también en nuestras construcciones, que falta un significante en la cadena de los significantes que determinan al sujeto, que esta falta no es accidental? Esta falta debe ser precisada, por tanto, si queremos cernir lo más cercano al real en juego en nuestra praxis.
 
    Es desde este punto, donde una teoría de las consecuencias puede servirnos, para concebir una construcción del caso que convenga al psicoanálisis. J.-A. Miller diferencia dos tipos de secuencias. La primera, llamada normal, es la que “nosotros vamos a sacar de un todo”. Es una secuencia sin sorpresas. Se presenta de una forma enteramente determinada. A menudo convincentes por su forma, las construcciones de casos que se aseguran por ello, dejan detrás una impresión de ya visto reforzado por la ausencia de aspereza clínica.
    J.-A. Miller, saca provecho de otra forma de secuencia, una secuencia de acercamiento, entre la lógica de la cura y la posición femenina. Esta secuencia se diferencia de la precedente en que se apoya en esta ausencia tan particular a la mirada del universal, que Lacan designa con el término no-todo. “El no-todo propiamente lacaniano no debe ser confundido con el no-todo de la incompletud, con el que no tiene nada que ver, al que está opuesta. El no-todo de la incompletud es lo que nosotros podemos aprehender bajo la forma de un elemento que falta al conjunto. El no-todo lacaniano es otro cualquiera. Es el no-todo indecible”
 
   El ejemplo propuesto por J.-A. Miller, a propósito de un comilón de bombones, evoca el ejemplo de este juego de cartas que provoca más de una disputa entre los niños y que llamamos “batalla”. Cada vez que dos jugadores ponen en la mesa una carta, forman una secuencia determinada por una regla que dice que la carta más alta es la ganadora. Supongamos que introducimos una regla suplementaria que añadiría una carta, por ejemplo un comodín, sin que importe su valor, de forma que el jugador que la tiene en su poder podría utilizarla como mejor le parezca e incluso no utilizarla si le parece. Esto cambia todo el juego. Esta novedad introduce en la secuencia un elemento aleatorio, un desconocido. Esto da al juego de batalla una estructura de reencuentro, de tyche, que implica el deseo del jugador. Tenemos aquí otra forma de secuencia, una secuencia que admite una incógnita, un agujero en la secuencia misma.
 
   La construcción del caso propio al psicoanálisis podría encontrar por ello un asidero lógico. Se trataría en este caso de construir una secuencia que haga aparecer en la secuencia misma, no un término que falta, sino la parte indecible que ella comporta. Concretamente en esto consiste hacer aparecer en la secuencia la incidencia de lo no-programado. La única secuencia que convendría en la construcción del caso para el psicoanálisis sería desde entonces una secuencia que incluiría la parte azarosa de la experiencia. Algunos testimonios de pase van en este sentido: podrían servir de ejemplo para nuestras construcciones.
   Por supuesto se podría objetar a esta manera de ver que una secuencia una vez construida venga a su vez a describir el caso. Esto sería menospreciar el alcance de la invitación de Lacan de tomar en serio lo que la experiencia analítica debe al real del reencuentro. La inclusión de “como por azar” (9) en la construcción del caso no vale solamente para la secuencia construida. También vale para el uso que hacemos de ella. La clínica demostrativa se asegura de este hecho indisociable de la Escuela. Clínica objetiva y clínica demostrativa aquí se oponen. La primera espera del partenaire amor y reconocimiento. La segunda incluye la interlocución. Invita a la conversación y ofrece al debate un material secuencial que la hace posible. La clínica demostrativa da un “partenaire que tiene la suerte de responder” (10). Se inscribe por este hecho en una transferencia de trabajo.
                       
 
    *  Artículo publicado en la Lettre Mensualle n° 202
 
        NOTAS:
1- E. Laurent, Poética pulsional, la Lettre Mensualle 198,p.2
2- E. Lacan, Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis,p.53
3- J. Lacan, Apertura de la sección clínica, Ornicar,n° 9, p.14
4- J. Lacan, Le sinthome, sesión del 18/11/71
5- J.-A. Miller, La conversación de Arcachon, en Los inclasificables de la clínica psicoanalítica, Paidos, Buenos Aires,p388-390
6- J.-A. Miller, Homólogo de Málaga, Revue de la Cause Freudienne, n° 26, 1993
7- E. Laurent,Logique du temps et modes du sujet, Cahier de l’ACF-Val de Loire et Bretagne, n° 1, 1993
8- J. Lacan, La dirección de la cura, Escritos,p.636
9- J. Lacan, Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, p.54
10- J. Lacan,"Introducción a la edición alemana de los escritos", Autres ecrits, Seuil,2001,p.558
 

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