Errores&Lapsus

Los comienzos en los errores en Lacan II

Por Carlos Dante García
Publicado en Lectura Lacaniana: 6 enero, 2013

La elaboración Lacaniana sobre el error y el lapsus nos va a llevar un buen tiempo, ya que su recorrido es muy extenso, preciso y cambiante. No hay casi oportunidad en que en un Seminario o un texto escrito no diga algo al respecto hasta llegar, en su última enseñanza a cambiar completamente el sentido de lo que fue en un principio su significación.

El error no tiene la misma significación al comienzo de su enseñanza que al final con la teoría de los nudos. De la misma manera que el  lapsus. Nos interesa mantener a lo largo de estos escritos una lectura precisa sobre el error en la enseñanza de Lacan y también una lectura precisa sobre lo que consideramos un error en la historia de la humanidad, más precisamente, en su relación con el discurso científico.

Cuando nos referimos a las contribuciones que el inconsciente a hecho a la historia de la humanidad, casi todo el mundo acuerda que se trata de que el inconsciente algo incide en lo que ocurre en los hechos de la humanidad. En esto casi todo el mundo acordaría ya que el discurso del psicoanálisis sobre el inconsciente pasó a formar parte del discurso de la civilización.

De manera sencilla el inconsciente pasa a formar parte de aquello que no es consciente.

Mientras tanto el discurso de la ciencia avanza a pasos acelerados hacia lo que felizmente alguien ha llamado “el autoritarismo científico”. Hace ya algunos años, ( año 2004, en una presentación en una noche para el Icba- Instituto clínico de Buenos Aires)  leyendo algunos textos de Roger Callois,  ese escritor y sociólogo que denunció la vaciedad ideológica del totalitarismo nazi y soviético pero que sobre todo, pretendió encontrar algo de literatura, algo de la letra del inconsciente en el rigor de la investigación científica,  ese escritor amigo de René Daumal y Roger Gilbert-Lecomte, de Gaston Bachelard y Georges Bataille,  Michel Leiris y Victoria Ocampo, ese escritor conocido por los lacanianos primero por su Medusa y Cía. de 1960 y por El mimetismo animal  de 1963, ambos mencionados por Lacan en “Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis”  pero menos conocido por haber introducido a Borges al traducirlo al francés y por haberse interesado por una correspondencia entre la naturaleza y lo humano,  nos llamada la atención en un texto  ( “Homenaje a Mendeleiev” ) sobre una coincidencia: la lectura que hace Mendeleiev de y en un sueño de la famosa tabla periódica de los elementos. ¿Qué nos llamaba la atención? Que lo que apareciera escrito en un sueño coincidiera con lo que estaba escrito en la naturaleza y no sólo en la tierra, sino lo escrito en el espacio exterior.

Entonces, uno de nuestros intereses es investigar y distinguir cómo participa el inconsciente con sus letras en la subjetividad de cada quién (por ejemplo, algunos científicos) de las letras que se encuentran en la realidad (la naturaleza está escrita en caracteres matemáticos). Además, nos interesa investigar y denunciar, se trata sobre todo de una decisión política del que no se aprecia todavía, nos parece todo su alcance, dos rasgos que está tomado el discurso científico actualmente: por un lado promover, en y con  los muy diversos sentidos que tiene éste término el discurso de que si es científico algo, lo que sea, es serie, creíble e infalible. Esto tiene dos nombres: cientificismo y pseudociencia.

El segundo rasgo que pasa muy desapercibido en sus consecuencias para la subjetividad, que el discurso de la ciencia ya no sólo lee, como habitualmente se pensó, lo que está ya en la naturaleza, sino que discurso de la ciencia escribe y esto tiene consecuencias en qué y cómo se lee.

Este fin de año me encontré, gracias a “Colofón” N° 31 (Boletín de la federación Internacional de Bibliotecas de la Orientación Lacaniana) sobre Prudencia, ciencia y chifladura, con un comentario en la página 57 realizado por José Ángel Rodríguez Ribas sobre el libro de Javier Peteiro, “El autoritarismo científico” que nos sorprendió y nos llevó a leer inmediatamente el texto recomendado. En líneas resumidas, ya tendremos tiempo de ir al detalle de este libro y quizás de algún texto del autor mismo, y tomando la pregunta que hace el comentador: ¿qué puede aportar este libro a los psicoanalistas? La forclusión del no saber habitar el vivir. Invitamos a su lectura.

Lacan en el Seminario 5 “Las formaciones del inconsciente” privilegia la elaboración del lapsus sobre la del error. El error queda reducido al error de perspectiva, al error en la práctica analítica, al error como error conceptual sostenido como un prejuicio. Por ejemplo cuando afirma que:

“Hoy les he hecho recorrer un camino que no era menos difícil que el camino que les he hecho recorrer la última vez. Esperen, para controlar su valor y su validez, lo que podré decirles de ello a continuación. Para terminar sobre algo que puede introducir una pequeña nota sugestiva en las aplicaciones de estos términos, les haré observar esto, que va como una cosa corriente en el análisis, que la relación del hombre con la mujer y de la mujer con el hombre especialmente, es una relación de la que se dice sin más que comporta de parte de la mujer un cierto masoquismo. Esto representa uno de esos tipos de errores de perspectiva característico al que nos conduce todo el tiempo no sé qué deslizamiento en una especie de confusión o de camino trillado de nuestra experiencia.

No es porque los masoquistas manifiesten en sus relaciones con su partenaire algunos signos o fantasmas de una posición típicamente femenina, que, inversamente, la relación de la mujer con el hombre es una relación masoquista. Quiero decir con esto que la noción de las relaciones de la mujer con el hombre como siendo las de alguien que recibe golpes, es algo que bien puede ser una perspectiva de sujeto masculino, en tanto que la posición femenina le interesa. Pero no es porque el sujeto masculino en ciertas perspectivas, ya sean las suyas o las de su experiencia clínica, perciba un cierta enlace entre la toma de posición femenina, es algo que tiene más o menos relación con el significante de la posición del sujeto, para que efectivamente eso sea una posición radical y constitutivamente femenina”.

El error en ésta ocasión es el sostener que la posición femenina es en esencia masoquista. En efecto, desde la perspectiva del error, el error en éste momento de la enseñanza de Lacan, en esencia se circunscribe al error en la práctica y en la teoría.

También lo afirma en: “Como por otra parte la histérica en la relación del hombre al significante, es una estructura totalmente primordial, deben saber en qué punto de la estructura, por poco que hayan llevado adelante la dialéctica de la demanda, ustedes deben señalar esta “Spaltung” de la demanda y el deseo, con el riesgo igualmente de cometer graves errores, es decir de volver histérica a la paciente, pues por supuesto todo lo que analizamos allí es el inconsciente para el sujeto. Dicho de otro modo, la histérica, ella, no sabe que no puede ser satisfecha en la demanda, pero por el contrario es esencial que ustedes sí lo sepan”.

La siguiente referencia que les traemos incluye nuevamente que el error es un falso reconocimiento o sea algo falso, no verdadero y también una lección práctica de lo que consideramos uno de los rasgos de lo que llamamos una Lectura Lacaniana: en la elección de un texto, cosa que Lacan hacía al proponer la lectura de los textos de Freud, no se trata de leer a todo Freud ni de textos escogidos. No procede así, si no que lo que elige para proponer como lectura: en esos textos se habla de algo, del deseo de la histérica: “Esta d minúscula del deseo ocupa el mismo lugar que el a minúscula ocupa en relación al sujeto, lo que expresa esto es simplemente que es precisamente en este lugar donde el sujeto ha buscado articular su deseo, que el reencontrará el deseo del otro como tal, y lo que expresamos es justamente esto que esta fundado en la experiencia, y que desde hace tiempo he articulado para Uds. bajo otras formas, pero que he articulado también bajo aquella del deseo del que se trata, notablemente el deseo, en su función inconsciente, es el deseo del otro. Es exactamente lo que hemos visto cuando hablamos la última vez de la histérica, a propósito del sueño. No son sueños elegidos. Tampoco es que lees de Freud textos escogidos. Les aseguro, si Uds. me metieran, como parece que empieza a ocurrir a leer a Freud, no sabría aconsejarles demasiado leerlo por completo.

Sin eso son Uds. los que se arriesgan a caer bajo pasajes que no serán tal vez escogidos, pero que mucho menos serán fuentes de toda clase de errores, aún falsos reconocimientos, si no ven en que lugar de tal o tal texto se sitúa en…. no diré en el desenvolvimiento de un pensamiento, aunque esto sea, hablando propiamente lo que conviene decir, aunque, desde el tiempo en que se habla del pensamiento, es un término tan galvanizado que no se sabe nunca muy bien de que se habla. No alcanza con hablar del pensamiento para que se pueda decir que se habla de algo. Es el mismo desarrollo de una investigación, de un esfuerzo de alguien que tiene cierta idea de su polo magnético, si se puede decir, y que no puede alcanzarlo más que por cierto rodeo, y es por el conjunto del recorrido que hay que juzgar cada una de estas vueltas “

En la siguiente, les proponemos cómo Lacan dice que depende de cómo se tome un olvido en un análisis esto puede conducir a aprender a leer un olvido como tal, el olvido de un nombre lleva, conduce a la necesidad de una nueva creación metafórica, la creación de un nuevo sentido  o a errores de identificaciones verbales que llevan a una psicología de la desidia: “He aquí pues a qué nos lleva la comparación, la puesta en relación término a término de la formación del chiste con esta formación inconsciente, cuya forma ahora ven aparecer mejor, en tanto que es aparentemente negativa. No es negativa. Olvidar un nombre, no es simplemente una negación, es una falta, pero una falta —siempre tenemos la tendencia de ir demasiado rápido— de ese nombre. No es porque ese nombre no es atrapado que está la falta, es la falta de ese nombre lo que hace que, al buscar el nombre, falte en el lugar en que ese nombre deberla ejercer esa función, en el que ya no puede ejercerla pues se requiere un nuevo sentido, lo que exige una nueva creación metafórica.

Es por eso que el Signorelli no se encuentra, pero que, por el contrario, los fragmentos son encontrados en alguna parte, ahí donde deben ser reencontrados en el análisis, ahí donde juegan la función del segundo término de la metáfora, a saber del término elidido en la metáfora.

Esto puede parecerles chino, pero qué importa, si simplemente ustedes se dejan conducir como parece. A pesar de lo chino que pueda parecerles en un caso particular, esto es completamente rico en consecuencias, en lo siguiente: que si ustedes se acuerdan de ello cuando sea necesario que se acuerden, esto les permitirá esclarecer lo que sucede en el análisis de tal o cual formación inconsciente, dar cuenta de ella de un modo satisfactorio, y, al contrario, percatarse de que, elidiéndolo, no teniéndolo en cuenta, se ven llevados a lo que se llama las entificaciones o a identificaciones completamente groseras, sumarias, Sino generadoras de errores, al menos que vienen a confluir y tienden a sostener los errores de identificaciones verbales que juegan un papel tan importante en la construcción de cierta psicología de la desidia, precisamente”.

En nuestro próximo trabajo nos detendremos sobre la conceptualización de Lacan sobre el lapsus en su primera enseñanza, a la que le dedicaremos especial atención por las consecuencias que tiene y ha tenido en la práctica analítica.

 

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