Errores&Lapsus

Los comienzos en los errores de Lacan I

Por Carlos Dante García
Publicado en Lectura Lacaniana: 2 diciembre, 2012

Quedamos en el artículo anterior con las distinciones que Freud proponía: “Errores de ignorancia”- “Errores de juicio”- En el error por ignorancia no hay equivocación.

En el error de juicio, está la posibilidad de admitir la equivocación porque existe la comparación que permite establecer la distancia entre algo que sabía y algo que no, pero sobre todo, la posibilidad de comparar lo que afirmo con lo que otro demuestra por lo que afirma. Freud se interesa por los errores que brotan de la represión, esto es donde hay un sujeto.
Tengamos en cuenta además que Freud dice “errores de juicio en la vida y en la ciencia”. Los errores de juicio en la vida, corresponde a la psicopatología de la vida cotidiana. Los errores de juicio en la ciencia, ¿a qué corresponden? Mantengamos la pregunta que nos orientará en un largo trayecto para dirigirnos a la manera en que Lacan tomó el error y la equivocación. Por el momento el error. Lacan entra con el error mediante la evaluación que hace sobre los juicios que realizan los analistas sobre la práctica analítica misma. En la propuesta de su retorno a Freud Lacan elabora una serie de “errores” de los analistas en sus afirmaciones y en su práctica. Por ejemplo, en el Seminario 2, “Los escritos técnicos de Freud” dice:  
“¿Qué opongo a esto? Intentaré ahora indicárselo.
El analista se cree aquí autorizado a hacer lo que llamaría una interpretación de ego a ego, o de igual a igual (6) —si me permiten el juego de palabras— dicho de otro modo, una interpretación cuyo fundamento y mecanismos en nada pueden distinguirse de la proyección. Cuando digo proyección, no hablo de proyección errónea. Entiendan bien lo que les estoy explicando. Hay una fórmula que, antes de ser analista, yo había colocado —usando mis escasos dones psicológicos— en la base de la pequeña brújula que utilizaba para evaluar ciertas situaciones. Me decía gustosamente: Los sentimientos son siempre recíprocos. A pesar de las apariencias, esto es absolutamente verdadero. Desde el momento en que se pone a dos sujetos en el mismo campo —digo dos, no tres— los sentimientos son siempre recíprocos .Es por ello que la analista tenía buenas razones para pensar que, ya que ella tenía esos sentimientos, los sentimientos correspondientes podían ser evocados en el otro.
La prueba está en que el otro los aceptó perfectamente. Bastaría que la analista le dijese:- Usted es hostil pues piensa que estoy irritada con usted- para que este sentimiento se estableciese.
Entonces, virtualmente, el sentimiento ya estaba allí, pues para que exista bastaba
encender una chispita. El sujeto tenía buenas razones para aceptar la interpretación de Annie Reich sencillamente porque, en una relación tan íntima como la que existe entre analizado y analista, él estaba lo suficientemente al tanto de los sentimientos de la analista como para ser inducido a algo simétrico. La cuestión es saber si esta manera de comprender el análisis de las defensas no nos conduce a una técnica que engendra casi obligatoriamente cierto tipo de error, un error que no es tal, un error anterior a lo verdadero y lo falso. Hay interpretaciones que son tan justas y verdaderas, tan obligatoriamente justas y verdaderas, que no se puede afirmar si responden o no a una verdad. De todos modos serán verificadas. Conviene abstenerse de esta interpretación de la defensa que llamo de ego a ego, fuera cual fuese su eventual valor. En las interpretaciones de la defensa es necesario siempre al menos un tercer término. De hecho, hacen falta más, espero poder demostrárselo. Por hoy me limito a plantear el problema.” ( página16) La manera de comprender el análisis de las defensas puede conducir a un error, a un cierto tipo de error, un error que no es tal. Nos enteramos así que para Lacan hay errores que no son tales. Y hay errores que sí. ¿A qué llama errores? Al error incluido en lo verdadero y lo falso, al error incluido, al parecer en la represión.
Más adelante, en el  mismo Seminario va a distinguir un “error de lenguaje”, error en que es fundamental que el sujeto lo reconozca para corregirlo, en éste caso se trata de un lapsus, de un “error de comprensión”. Errores de comprensión al no captar la autonomía de la función simbólica en la realización humana. No duda en calificar de error lo que hace Ana Freud: “¿Qué es lo que aquí se presenta como necesidad de analizar la defensa del yo? No es otra cosa sino el correlato de un error. Anna Freud, en efecto, consideró inmediatamente las cosas desde el ángulo de la relación dual entre la enferma y ella misma. Confundió la defensa de la enferma con aquello mediante lo cual se manifestaba: a saber, una agresión contra ella, Anna Freud. Es en el plano de su yo, el de Anna Freud, en el contexto de la relación dual con ella, Anna Freud, donde percibió las manifestaciones de defensa del yo. Quiso al mismo tiempo ver allí una manifestación de transferencia acorde con la fórmula que convierte la transferencia en la reproducción de una situación”.
También llama error el imaginar que los seres humanos piensan lo que dicen. También el error fundamental de Balint al pensar que el niño solo reconoce al otro en función de su propia necesidad. Es también un error fundamental la manera de concebir la transferencia por parte de Balint: “Balint recuerda entonces que es la metáfora: la cara de una luna, el pie de la mesa, etc…
¿Se estudiará por fin la naturaleza del lenguaje? No. Dirá que la operación de transferencia  es esto: usted está furioso, pega entonces un puñetazo sobre la mesa.
¡Como si efectivamente fuera la mesa lo que yo golpeara! Hay aquí un error fundamental.
No obstante, se trata en efecto de esto: ¿ cómo se desplaza el acto respecto a su objetivo? ¿Cómo se desplaza la emoción respecto a su objeto? La estructura real y la estructura simbólica entran en una relación ambigüa que se realiza en sentido vertical, cada uno de estos dos universos corresponde al otro; salvo si la noción de universo está ausente, no existiendo entonces modo alguno de introducir la noción de correspondencia.
Según Balint, la transferencia es transferencia de emociones. ¿Sobre qué se transfiere la
emoción? En todos sus ejemplos se transfiere sobre un objeto inanimado; observen de paso que esta palabra, inanimado, la hemos visto aparecer hace un momento en el límite de la dialéctica imaginaria. 
A Balint le divierte esta transferencia sobre lo inanimado; no les pregunto, dice, lo que de ella piensa el objeto. Por supuesto, añade, si pensamos que la transferencia se hace sobre un sujeto, entonces entramos en una complicación de la que no hay modo de salirse.” Ernest Jones también cae en el error: “Es con esto que nos enfrentamos en el análisis. No tenemos por qué extenuarnos en la búsqueda de referencias suplementarias. ¿Qué necesidad hay de hablar de una realidad que sostendría todos los usos llamados metafóricos? Todo uso es, en cierto sentido, siempre metafórico. La metáfora no debe distinguirse- como cree Jones al comienzo de su artículo sobre la Teoría del simbolismo – del símbolo mismo y de su uso. Si me dirijo a alguien, creado o increado, llamándolo sol de mi corazón, es un error creer- como cree Jones- que se trata de una comparación entre lo que tú eres para mi corazón y lo que es el sol, etc. La comparación no es más que un desarrollo secundario de la primera emergencia al ser de la relación metafórica, que es infinitamente más rica que todo lo que puedo por el momento elucidar “.
La serie que elegimos, y valga la aclaración, presente sólo en el Seminario 2, que trata fundamentalmente de la técnica y de la práctica analítica, articula básicamente el error como aquello que designa errores en la práctica basados en errores conceptuales, en tanto y en cuanto, prevalentemente recae sobre lo simbólico en su más amplia concepción. También, el error, va a estar articulado a la palabra a propósito de la enseñanza y San Agustín: “La palabra, tanto enseñada como enseñante, se sitúa en el registro de la equivocación, del error, del engaño, de la mentira. Agustín llega muy lejos, puesto que la sitúa incluso bajo el signo de la ambigüedad, y no sólo de la ambigüedad semántica, sino de la ambigüedad subjetiva. Admite que el propio sujeto que nos dice algo, a menudo no sabe lo que nos dice, y nos dice más o menos que lo que quiere decir. Introduce incluso el lapsus”.
Produce además una articulación novedosa cuando sostiene: “En resumen, San Agustín hace girar toda su dialéctica en torno a estos tres polos: el error, la equivocación, la ambigüedad. La próxima vez, intentaremos abordar la dialéctica fundadora de la verdad de la palabra en función de esta impotencia de los signos para enseñar, para retornar simplemente los términos del Padre Beirnaert. En este trípode que les dejo, no tendrán dificultad alguna en reconocer las tres grandes funciones sintomáticas que Freud situó en el primer plano de su descubrimiento del sentido: la Verneinung, la Verdichtung y la Verdrängung. Lo que habla en el hombre llegamucho más allá de la palabra hasta penetrar en sus sueños, en un ser y en su organismo mismo”. Articulación que prepara, podemos decir, la primera elaboración de Lacan sobre el error: “En efecto, a medida que la mentira se organiza, emite sus tentáculos, le es necesario el control correlativo de la verdad que encuentra a cada recodo del camino y que debe evitar. La tradición moralista lo afirma: es preciso tener buena memoria cuando se h a mentido. Es preciso saber muchas cosas para poder sostener una mentira. Nada es más difícil de montar que una mentira que se sostenga. Ya que, en este sentido, la mentira realiza, al desarrollarse, la constitución de la verdad. Sin embargo, no es aún éste el verdadero problema.
El verdadero problema es el del error, y es allí donde está planteado desde siempre. Es evidente que el error sólo puede definirse en términos de verdad. Pero no se trata de decir que no habría error si no hubiese verdad, así como se dice que no hay blanco sin negro. Hay que avanzar más aún: no hay error que no se formule y enseñe como verdad. Para decirlo de una vez: el error es la encarnación habitual de la verdad. Si queremos ser estrictamente rigurosos, diremos que, hasta que la verdad no esté totalmente desvelada -es decir y según toda probabilidad nunca, por los siglos de los siglos- propagarse en forma de error es parte de su naturaleza. No es preciso avanzar mucho más para percibir aquí la estructura constituyente de la revelación del ser en tanto tal”. El error solo puede definirse en términos de verdad.No hay error que no se formule y enseñe como verdad. El error es la encarnación habitual de la verdad. Que la verdad se propague en forma de error es parte de su naturaleza. El error es la estructura constituyente de la revelación del ser en cuanto tal. El error es la manifestación habitual de la verdad. Las vías de la verdad son las vías del error. 
Pusimos en negrita una primera conclusión del error en Lacan: el error se define en términos de verdad. Primera articulación en consonancia con Freud: el error que proviene de la represión. Lacan avanza hacia la relación de cómo percibir el error en la palabra: “Me dirán ustedes: ¿cómo detectar entonces en el seno de la palabra el error? Será necesario, o bien la prueba por la experiencia, la confrontación con el objeto; o bien la iluminación de esa verdad interior, objetivo de la dialéctica agustiniana”. Continúa: “El fundamento mismo de la estructura del lenguaje es el significante, que siempre es material, al que hemos reconocido en el verbum en San Agustín, y el significado. Considerados uno a uno, están en una relación que se presenta como estrictamente arbitraria. No hay mayor razón para llamar a la jirafa, jirafa, y al elefante, elefante, que para llamar a la jirafa, elefante, y al elefante, jirafa. Ninguna razón impide decir que la jirafa tiene una trompa, y que el elefante tiene un cuello demasiado largo. Si dentro del sistema habitualmente utilizado, esto es un error, ese error no puede detectarse, como señala San Agustín, mientras las definiciones no hayan sido planteadas. ¿Hay acaso algo más difícil que plantear las definiciones justas? No obstante, si ustedes continúan indefinidamente el discurso sobre la jirafa con trompa, y todo lo que dicen se aplica perfectamente al elefante será evidente que, con el nombre de jirafa, están hablando del elefante. Sólo hace falta acordar los términos que están utilizando con los que habitualmente son utilizados.
San Agustín lo demuestra a propósito del término perducam. No es esto lo que se llama un error. El error se demuestra como tal porque, en determinado momento, culmina en una contradicción. Si comencé diciendo que las rosas son plantas que viven generalmente bajo el agua, y resulta luego que permanecí un día entero en un sitio donde había rosas, ya que es evidente que no puedo permanecer un día entero bajo el agua, surge en mi discurso una contradicción que demuestra mi error.
En otros términos, en el discurso es la contradicción la que establece la separación entre verdad y error” Entonces, es la contradicción detectada en el discurso la que establece la separación entre verdad y error. 
Lacan afirma: “De sobra conocen la discusión que persiste acerca de todos los temas y todos los sujetos, planteada con mayor o menor ambigüedad según las formas de acción interhumana de que se trate; conocen también la discordancia manifiesta entre los distintos sistemas simbólicos que ordenan las acciones; los sistemas religioso, jurídico, científico, político. No hay allí superposición ni conjunción de estas referencias; entre ellas hay hiancia, fallas, desgarraduras. No podemos, en consecuencia, concebir el discurso humano como unitario. Toda emisión de palabra está siempre, hasta cierto punto, en una necesidad interna de error. Hénos aquí pues conducidos, aparentemente, a un pirronismo histórico que suspende el valor de verdad de todo lo que puede emitir la voz humana, lo suspende a la espera de una futura totalización.” Toda emisión de palabra está siempre hasta cierto punto, en una necesidad interna de error. 
Notemos que Lacan articula el error en función del orden simbólico y de su dialéctica, incluyendo también el sistema de las ciencias físicas desarrollándose: “¿Es caso impensable su realización? ¿Después de todo, no podemos concebir el progreso del sistema de las ciencias físicas como el progreso de un único sistema simbólico, alimentado y materializado por las cosas? Por otra parte, a medida que este sistema se perfecciona vemos cómo las cosas se trastornan, se descomponen, se disuelven bajo su presión. El sistema simbólico no es un ropaje pegado a la piel de las cosas, tiene efectos sobre ellas y también sobre la vida humana. Se puede llamar como se quiera a esta conmoción: violación de la naturaleza, transformación de la naturaleza, humanización del planeta. Este sistema simbólico de las ciencias avanza hacia la lengua bien hecha, que podemos considerar como su lengua propia, una lengua privada de toda referencia a una voz. La dialéctica agustiniana también nos lleva a este punto, al privarse de toda referencia a ese dominio de la verdad en cuyo interior sin embargo se desarrolla implícitamente.
Aquí es también donde no podemos dejar de sorprendernos ante el discurso freudiano.Compara el error en la palabra, el error en la dialéctica agustiniana, básicamente dialéctica de la palabra, con el error que puede emerger en el sistema simbólico de las ciencias que avanza hacia una lengua bien hecha, privada de toda referencia a una voz y de toda referencia a la verdad. 
Lo propio del discurso psicoanalítico tal como lo entiende Lacan en un primer momento es: “Lo propio del campo psicoanalítico es suponer, en efecto, que el discurso del sujeto se desarrolla normalmente- así dice Freud -en el orden del error, del desconocimiento, incluso de la denegación: ésta no es exactamente la mentira, está entre el error y la mentira. Estas son verdades de burdo sentido común.
Pero- aquí radica la novedad- durante el análisis en ese discurso que se desarrolla en el registro del error, ocurre algo a través de lo cual hace irrupción la verdad, y que no es la contradicción”.  “Puesto que los tomamos entre cuatro paredes, tampoco les preparamos el encuentro con lo real. Nuestra función no es guiarlos de la mano por la vida, es decir, por las consecuencias de sus tonterías. En la vida podemos ver cómo la verdad alcanza al error por detrás. En el análisis, la verdad surge por el representante más manifiesto de la equivocación : el lapsus, la acción que impropiamente se llama fallida.
Nuestros actos fallidos son actos que triunfan, nuestras palabras que tropiezan son
palabras que confiesan. Unos y otras revelan una verdad de atrás. En el interior de lo que se llama asociaciones libres, imágenes del sueño, síntomas, se manifiesta una palabra que trae la verdad. Si el descubrimiento de Freud tiene un sentido sólo puede ser éste: la verdad caza al error por el cuello en la equivocación. Relean el comienzo del capítulo sobre la elaboración del sueño: un sueño -dice Freud- es una frase, un jeroglífico. Cincuenta páginas de la Interpretación de los sueños nos llevarían igualmente a esta ecuación si ella no estuviese explícitamente formulada por Freud”. 
En la vida podemos ver cómo la verdad alcanza al error por detrás. En el análisis la verdad surge por la equivocación. Triunfo del acto fallido y palabras que confiesan. La palabra trae una verdad. Unas y otras revelan una verdad de atrás. La verdad caza al error por el cuello de la equivocación. 
Hay que distinguir el error en cuanto tal, esto es como formación del inconsciente, que es revelación de una verdad, de todo discurso del error: “Mediante algo, cuya estructura y función de palabra hemos reconocido, el sujeto testimonia un sentido más verídico que todo lo que expresa con su discurso de error. Si nuestra experiencia no se estructura de este modo no tiene, estrictamente hablando, sentido alguno.
La palabra que emite el sujeto llega, sin que él lo sepa, más allá de sus límites en tanto sujeto discursante, y a la vez permanece, sin duda alguna en el interior de sus límites en tanto sujeto hablante. Si abandonan esta perspectiva surge de inmediato la objeción, que me asombra no sea formulada más a menudo: ¿Por qué el discurso que usted detecta tras el discurso de la equivocación no cae bajo la misma objeción que este último?
¿Si es un discurso al igual que el otro, por qué no está, él también, sumergido en el error?” El discurso del error es un discurso que distinguiría el error de la verdadera o supuesta realidad. ¿O sea que el error forma parte de la realidad y no se distingue de ella?  Lacan, en una clase magistral, del mismo Seminario que venimos mencionando, la clase 22 del 7 de julio de 1954 enuncia el error, como momento de confesión de la palabra en una fórmula conocida, según los tiempos de la estructuración de la palabra en la búsqueda de la verdad: “Si quisiera expresar los tres tiempos de la estructuración de la palabra en la búsqueda de la verdad tomando como modelo uno de esos cuadros alegóricos que florecían en la época romántica tales como la virtud persiguiendo al crimen, ayudada por el remordimiento, diría: El error huyendo del engaño y alcanzado por la equivocación. Espero que perciban que esto pinta la transferencia tal como intento hacérsela captar en esos momentos de suspensión que conoce la confesión de la palabra”.
Las vías del error, son las más  significativas: “El analista no debe desconocer lo que llamaré el poder de accesión al ser de la dimensión de la ignorancia, puesto que debe responder a aquel que, en todo su discurso, lo interroga en esa dimensión. No tiene que guiar al sujeto hacia un Wissen, un saber, sino hacia las vías de acceso a ese saber. Debe comprometer al sujeto en una operación dialéctica, no decirle que se engaña pues, forzosamente, él está en el error, sino mostrarle que habla mal, es decir que habla sin saber, como un ignorante, pues las que cuentan son las vías de su error”. Diremos nosotros: las vías del error en la dimensión de la ignorancia.
En una primera aproximación Lacan incluye al error  (1) en la práctica analítica cuando se interpreta a partir de un error conceptual. Incluye el error a partir de la emergencia de la verdad en el campo del análisis. (2) casi afirmaríamos que la vía del error es la vía del análisis en la experiencia de la palabra en tanto verdad.
El error se presenta también en la vida a partir (3) de la verdad. (4) El error en el desarrollo de las ciencias físicas se de orienta hacia el acceso a un saber pretendiendo alcanzar una lengua “bien hecha”; en éste caso se trata de la relación entre saber y error. Para Lacan es fundamental distinguir el error como acto, como formación del inconsciente del (5) error que forma parte del discurso del error, en el que el referente es la realidad. El error forma parte de lo que se desarrolla en un discurso mismo. Por último, el uso del término error  (6) en un sentido más habitual: es un error…
En nuestro próximo trabajo, continuaremos con el error en Lacan.

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