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Lectura Lacaniana- Películas. El ojo

Por Ricardo Vila
Publicado en Lectura Lacaniana: 15 agosto, 2013

“… no le podíamos ganar ni una mano, menos mal que jugábamos por porotos, los ciegos decían:“vamos a ver que ligan estos” y se reían, tardamos un parva en darnos cuenta que pispaban las cartas con los dedos…”

(Recuerdo de una partida de truco con ciegos)

 

Las licencias artísticas del realizador de esta película clasificada como thriller (terror), nos hacen ver a los espectadores las imágenes espectrales que ve Wong Kar Mun la protagonista, luego de recibir un trasplante de corneas. Pero si este film tiene relevancia en un espacio de lectura lacaniana es también por la forma en que podemos ver desplegarse la pantomima histérica como estrategia ante la cuestión del deseo del Otro, su fantasma como modo de ser, caracterizado por: la falta de lugar en el Otro, la mentira original y la otra mujer.

Mientras recorría por segunda vez el film, pensaba si en otras lenguas se produce el doble sentido que tiene la palabra “vidente” en el uso español, donde como adjetivo refiere a quien tiene capacidad para ver, pero también es de uso común referirlo a la persona capaz de adivinar el futuro y esclarecer lo pasado.

Mun queda ciega a los dos años de edad, desde ese momento hace uso de sus otros sentidos para formarse una imagen del mundo, escuchaba de algunas personas decir que este mundo es feo, mientras que por su parte trata de entenderlo lo mejor posible y sin saber si es verdad, lo cree hermoso al mismo tiempo.

El cirujano anuncia a la abuela y hermana de Mun que “Lleva un tiempo para que el cerebro y los ojos trabajen juntos”. En el baño frente al espejo Mun se ve con los ojos y no se reconoce, hace uso de sus manos para mirarse, vuelve a verse con los ojos y pregunta: ¿Quién está ahí?

Al ver una imagen no es posible ver la mirada que funciona como apoyo de esa imagen. Si el acento recae en la mirada se pierde la imagen, si recae en la imagen se pierde la mirada. Esas primeras imágenes que se producían en sus recobrados ojos, mostraban un mundo real, sin velos.

Tras la intervención quirúrgica Mun debe comenzar un tratamiento psicoterapéutico para recuperar su vocabulario visual, Mun no reconoce sin tocarla una abrochadora para papel, pero no le pasa inadvertida la mirada deseante del Joven Dr. Lo.

Mun pierde su lugar de violinista en la orquesta, por ser la orquesta una organización para ciegos, siendo convocada a participar desde otro lugar.

Enajenada y temerosa sus ojos le brindan imágenes de un mundo con sombras que Mun ve como fantasmas de la muerte. Su cuarto cambia es el cuarto de alguien mas. Ella ocupa el lugar de otra, que se le hace presente reclamándole: ¿Porque estas sentada en mi silla?

El cuervo símbolo de muerte, de mal presagio, ave que una creencia popular ubica como encargada de acompañar a las almas en el paso de un mundo a otro, paso que puede detenerse cuando algo horrible sucede.

Mun no se cree preparada para ver este mundo, no cree posible que le crean su verdad, demanda ayuda y se la pide al Joven Dr. Lo, ¿Me cree Ud.?, las sombras… ellas vienen a llevarse a los muertos, ante la actitud incrédula del joven Dr. Lo responde diciéndole: ¿Cómo me puede ayudar cuando no cree en mí?

De pequeña la abuela le había dicho que ella no era una niña ordinaria, que dios le pondría obstáculos, para que al crecer fuera una persona extraordinaria. Mun le responde y se responde que ser extraordinaria es poder ver lo que otros no ven y sentir el dolor que otros no sienten.

Mun no quiere ver, no soporta el dolor de sus visiones y se refugia en su antiguo mundo conocido de oscuridad sin sombras.

Buscando ayuda para Mun el joven Dr Lo recurre a su tío, el cirujano, quien se burla: ¿un trasplante de corneas y ve fantasmas que caminan?, y luego con tono de decepción frente a la insistencia del joven, pregunta: si es que no puede manejar a su paciente, El joven bajando la cabeza y retirándose le confiesa, que ella es mas que una paciente para él. Va a buscarla y la obliga a salir.

Mun toca virtuosamente su violín hasta caer desmayada, mientras se suceden las imágenes de un ritual. La creencia popular de que las almas de aquellos que encuentran una muerte repentina, están condenadas a repetir esa muerte indefinidamente. El suicidio pecado por el que las almas de quienes lo cometen, son obligadas a repetir su dolorosa muerte cada día, por lo que es necesario ayudarlas a quebrar ese círculo viciosos de dolor encontrando la causa para que solo entonces el alma pueda dejar este mundo en paz.

Nuevamente hospitalizada tras la crisis nerviosa Mun ve el fantasma de Ying Ying niña que muere en la operación de un tumor cerebral Ying Ying le recuerda, que este mundo es hermoso, y le hace posible enfrentar su destino de vidente.

Nuevamente frente a un espejo, se enfrenta a la imagen de Ling la donante pero también la otra mujer en la que al resolver la causa de su suicidio podrá resolver sus propios problemas, sus visiones pero también la relación con su madre ausente que la deja al cuidado de su abuela tema que no se despliega en el film.

Otro símbolo el saltamontes que se lo ve como el alma de los difuntos y también como alegría y prosperidad.

Si hubiese tenido que nombrar este film, me inclinaría a hacerlo como en la versión Indú (Naina) por el nombre de la protagonista. El ojo o los ojos dejan su protagonismo al despliegue de lo que en la protagonista es lo más propio y también lo más ajeno.

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