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Lectura Lacaniana. Películas. Antes del Anochecer

Por Andrea F. Amendola
Publicado en Lectura Lacaniana: 3 septiembre, 2013

Este film es el tercero de una saga sin desperdicio. La primera de estas películas gira en torno a Jesse, un joven estadounidense y Celine, una joven francesa, se conocen en un tren y pasan una noche en Viena, sabiendo que probablemente no volverán a verse más. La segunda entrega retoma la historia nueve años después, en París, donde Jesse está presentando una novela; Celine va a verle y pasan un rato juntos recorriendo la ciudad y poniéndose al día sobre sus respectivas vidas, siempre mirando el reloj porque él tiene programado un vuelo para volver a su país. Del amor idílico, al amor conyugal, fatigado y sin maquillajes, la trilogía es una oda a la palabra filmada. Palabra que implosiona el encuadre, que se transforma, que es una vibración cristalina, que trasciende la imagen, que tiende la mano al espectador y lo pone de cara al espejo de la comedia de los sexos. En esta ocasión, Antes del anochecer acontece en Grecia, los exquisitos diálogos entre los protagonistas nos permiten realizar una lectura lacaniana del film y situar con precisión aquello que no encaja en la trama, que en esta ocasión, consiste en aquello que no encaja entre los sexos. El despliegue de la histeria en Celine se luce en todo su esplendor: la insatisfacción de su hombre y la suya propia la capturan intempestivamente. Su discurso hace de la falta un culto, en carrera hacia una metonimia rabiosa, agitará el abanico extenso de su demanda para que Jesse le diga lo que ella es. Derrotero fértil, cosecha su insatisfacción conminando a su hombre a esculpir con su boca un decir, que él diga el objeto que ella es. Notablemente, Celine interroga el misterio de la posición femenina, su propia alteridad, convocando a la Otra mujer a partir del Uno fálico, con toda la agresividad especular tejida en la pelea por la falta. Búsqueda de excepcionalidad frustrada, sed del ser sin alivio: ser la única, opacidad que la aleja furtivamente de ser la única para un hombre. Celine goza de la privación, retirada de la carne suspende el goce para prolongar el deseo en un tiempo querido eterno. Erotómana, en esa búsqueda loca de que se le demuestre todo el tiempo ser amada y que eso mismo le sea dicho por Jesse, no alcanza, lo fuerza a un decir imposible y la palabra de amor se desvanece en sus efectos. Excluída, al borde de la escena, Celine redobla la apuesta y Jesse, tenderá palabras de amor las cuales se anidarán, aunque evanescentes, en ella. Un filme imperdible. Una historia como tantas. Un final… principio de toda ficción.

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