¿Qué es lalangue?

Las psicosis infantiles: del “autismo” a la psicotización, Parte IV

Publicado en Lectura Lacaniana: 11 julio, 2016

IV parte: a modo de Conclusión

En esta última parte, Belaga introduce algunas puntuaciones sobre la clínica diferencial de las psicosis.

Dice que en las llamadas psicosis infantiles de presentación “autista” se comprueba la primitiva disyunción entre lalengua y el goce originario.

El llamado autista, como el esquizofrénico, se definen para Lacan por presentarse atrapados en lalengua, sin un posible elucubración de lenguaje, sin ninguno de los discursos establecidos.  Desde este punto conceptual, la psicosis es la normalidad, siendo las otras estructurales que deben obtenerse por corte o por suplemento a partir de la figura topológica que las metaforiza, la aesfera.

Lacan define a estos niños como “personajes verbosos” que se escuchan a ellos mismos, abriendo así para el autismo una clínica de la alucinación y del ceñimiento de su parasitismo, teniendo en cuenta su inmersión en lo real.

Angela Vitale

 

Finalmente, a modo de conclusión de esta parte podríamos situar que las descripciones psiquiátricas más pertinen- tes serían aquellas que por su “envoltura formal” dan cuenta de los siguientes puntos:
– El restablecimiento del concepto freudiano de autoerotismo que ubica la articulación primera entre lenguaje y economía libidinal. En un trayecto inverso al de Bleuler que rechazaba el descubrimiento fundamental de la sexu- alidad infantil.
– El hecho de que el lenguaje pre-existe al sujeto, y que su condición de “parletre” (ser hablante) está vinculado a esa “máquina” externa que lo parasita, cuya metáfora es el Síndrome de de Clerambault.
– El estatuto de la Behajung freudiana, su no inscripción y las formas clínicas que se desprenden en relación a “das Ding”, La Cosa.
En 1914, Freud describe a la parafrenia (término con el que intentaba sustituir al de demencia precoz) como el resultado del triunfo de la represión, y la fijación al autoerotismo. Cuya fase de reconstrucción no está representado por el delirio, sino por el mecanismo alucinatorio y las estereotipias motrices -y verbales-, como intentos de restabl- ecer la libido a los objetos. Tiempo después agregará que el “lenguaje esquizofrénico” se caracteriza por tomar las palabras como cosas (Ding).
Podríamos asignar a estos conceptos el carácter de primeros indicios para un camino de esclarecimiento de las psi- cosis infantiles, que se ajusta también con el dato clínico que el campo de la esquizofrenia domina en relación al de la paranoia. En este sentido lo dicho por Freud lo refrenda, teniendo en cuenta las figuras del amor, ya que mien- tras hace corresponder para la paranoia la erotomanía, encuentra el mismo límite para su parafrenia como ocurre con las psicosis infantiles, que es la dificultad de responder sobre la posibilidad de que en esos casos exista algún tipo de amor objetal.

4. El “blocking” de Bleuler, y el Automatismo mental de Clérambault
Como ya se mencionó el autismo infantil desde sus orígenes tiene como ejes la disociación afectiva, el concepto de
Yo regulado por códigos sociales, e incluso las ideas de Binswanger del espacio- tiempo, y/o el ser-en-el-mundo.
El “bloqueo afectivo” afín a estas formulaciones, y tan extendido en la cultura para explicar ciertas inhibiciones de la infancia, proviene de lo que Bleuler llamó “blocking”: síntoma que describe la interrupción de la cadena asocia- tiva “la obstrucción o el detenimiento del pensar” [16] y que también tiene un correlato en la esfera motora. Junto con esto señala un hecho aparentemente opuesto: algunos pacientes presentan la sensación de verse forzados a pensar. Incluso llega a decir que ambos fenómenos pueden aparecer en el mismo paciente.
Por otro lado, Clerambault en una forma más pertinente al significante “neutro” y “atemático”, hace otra lectura de los mismos padecimientos, describiéndolos dentro del pequeño automatismo mental como fenómenos negati- vos (anideicos) y positivos (intrusivos). Figuras que toma Lacan según el momento de su enseñanza, para ilustrar respectivamente la ruptura de la cadena significante y la perplejidad en el seminario sobre Schreber y luego en los 70 cuando se refiere al parasitismo del lenguaje y el sinthome.

5. El Otro, la esquizofrenia y las enfermedades de la mentalidad


Estas coordenadas permiten introducir algunas puntuaciones sobre la clínica diferencial de las psicosis.
En las psicosis infantiles de presentación “autista” se comprueba claramente la primitiva disyunción entre lalengua y el goce originario.
El llamado autista, como el esquizofrénico, se definen para Lacan por presentarse atrapados en lalengua, sin una posible elucubración de lenguaje, sin ninguno de los discursos establecidos. Desde este punto conceptual, la psico- sis es la normalidad, y son las otras estructuras las que deben obtenerse por corte o por suplemento a partir de la figura topológica que las metaforiza, la aesfera. Como explica J.A.Miller, la estructura del automatismo mental es lo normal, lo que implica que en la práctica hay que interrogarse sobre lo que viene a obliterar la emisión del receptor [17].
Lejos de estar sin actividad mental, Lacan define a estos niños como “personajes verbosos” que se escuchan a ellos mismos. Así, efectivamente abre para el autismo una clínica de la alucinación, y del ceñimiento de su parasitismo, teniendo en cuenta su inmersión en lo real.
Al respecto existen variados indicios sobre el camino del autismo infantil, predominantemente en conexión con la esquizofrenia. Esta observación es común a casi todos los marcos conceptuales; así un estudio sobre las formas evolutivas alcanzadas luego de un seguimiento de 100 casos durante 20 años, llegó a la conclusión que las mismas se podrían agrupar en dos cuadros: la esquizofrenia, y la formación de carácter, con diversos grados de lazo social [18].
También, E.Laurent vincula con mayor frecuencia al niño autista con la vertiente esquizofrénica [19], señalando que el esfuerzo que hace no es tanto movilizar toda la metáfora para reconstruir una metáfora delirante, sino el hacer función con sus órganos puesto que no ha simbolizado esto en el falo.
En este sentido, el caso “Joey” de Bruno Bettelheim [20] es desde el psicoanálisis un aporte importante, por su variada presentación clínica y el hecho de ser un relato que abarca desde los primeros meses de vida hasta los inicios de la adultez. Así es como relata una primer secuencia que va hasta los 7 años donde predominan los signos del “autismo”: un contraste dramático entre su fascinación por lo mecánico (que incluía su cuerpo), y las personas que lo rodeaban a las que no prestaba atención. Sumado al uso neológico autorreferencial del lenguaje, y fenóme- nos imaginarios como la falta de una organización tópica al estadío del espejo, la ausencia del “complejo del seme- jante”, e inversión de los pronombres personales.
Luego al finalizar esta etapa, habla de su persona al modo alucinatorio del comentario de actos: “quiero que la señorita M. te empuje en la hamaca”. Hecho que se repetirá en otra parte del historial cuando dice en voz baja luego de un baño, “aquí te llevan incluso a la cama”.
Posteriormente, a los 9 años, a partir del pasaje por una institución religiosa de “rígidas normas” sobreviene la salida del autismo y la entrada en el delirio que le ha valido el bautismo del “niño máquina”. Circunstancia que marca la tesis que sigue este trabajo, y que -junto a otros casos permite sacar una conclusión más general: el “autismo” sería una fase transitoria que evoluciona hacia la “psicotización”, hacia diferentes tipos de psicosis.
Siguiendo la orientación lacaniana en relación a las mismas, lo que el clínico busca fundamentalmente para su diagnóstico son los modos de localización del goce.
A partir de estas indicaciones conviene en principio despejar un punto de mucha controversia, como es el estatuto del Otro en el autismo. Al respecto, en principio se puede afirmar que hay Otro pero que nunca se trata de un Otro barrado. Por otro lado, la existencia del Otro tendría varios modos de presentación desde el punto de vista imagi- nario como se verifica en algunas respuestas frente al partenaire, la toma de distancia, el rechazo absoluto, y otros modos de reaccionar hacia lo que surge como “intrusión”.
La explicación para esto sería que el conjunto del lenguaje está alucinado, que estos niños tienen como Otro a lalengua y por lo tanto aparecería la pura exterioridad significante encarnada en el partenaire como Otro-amo.
Asimismo, esta relación a lo real es la que dificulta muchas veces los primeros acercamientos al niño. Un verdadero arte, un “saber hacer” que poco a poco la práctica enseña, y que por lo general resulta en un hecho “traumático” del analista, porque rompe con la homeostasis que el niño autista tiene con sus voces.
Por último, hay acuerdo en que es poco frecuente la vertiente paranoica, la localización del goce en el Otro.
Por lo tanto, el problema quedaría más bien del lado de la esquizofrenia y/o de las enfermedades de la mentalidad, que se presentan por su retorno del goce en una repartición cartesiana: el cuerpo esquizofrénico, y la mente pura.
Brevemente recordaremos la definición que dice que en la esquizofrenia todo lo simbólico se hace real, donde hay una iteración que hace que falte la falta, que se manifiesta por ejemplo en la estereotipia y la ecolalia, en la pura repetición. Y también, aparece muchas veces en forma dramática con la invasión del goce en el cuerpo, en la agitación, en el lenguaje de órganos y/o en la auto-mutilación como intento de vaciamiento del mismo.
Con respecto a las enfermedades de la mentalidad, son mencionadas por J. Lacan -en 1976- luego de una presentación de enfermos [21], en referencia a los pacientes que padecen del síndrome de automatismo mental “puro” (sin mecanismo interpretativo). Allí el retorno del goce está localizado en el mismo parasitismo del lenguaje, y en contraposición se verifica la deriva imaginaria del cuerpo, como se deduce del comentario de la paciente cuando afirma que: “no sabía qué cuerpo poner bajo el vestido”.
En este sentido, en el historial del “niño-máquina” se encuentran una serie de padecimientos que remiten a cada una de estas vertientes clínicas: en relación a los fenómenos de lenguaje de órgano, más esquizofrénicos, se ilus- tran por la frase “tengo que vaciar toda mi sangre porque hace demasiado calor”, y por otro lado la “ausencia” de un cuerpo, se manifiesta en un “ritual” donde siempre precisaba cubrir su cuerpo con servilletas de papel antes de comer “para quedar enchufado” a una conexión externa, de lo contrario, esta falta de cobertura podía implicar una dramática desvitalización del sujeto. De ahí que Bettelheim, fino observador de la conducta del niño, asentía a este tratamiento de hacerse de un cuerpo a través del uso de esas servilletas que eran un modo de hacer borde y de lograr una “armadura”, de darse una forma. Pero por otro lado, intervenía con un firme “¡No!” cuando el “enchufarse” a un aparato exterior, era el acto literal de conectar un cable enrollado a su cuerpo a un enchufe eléctrico.
Por último, después de varios años de internación el niño es dado de alta al alcanzar la reducción del delirio. Tiempo después, cerca de los 20 años, el paciente regresa de visita con el título de Técnico, y para sorpresa de los terapeutas les muestra orgulloso una máquina eléctrica -de corriente alterna- que había construído.
En esta última entrevista, Bettelheim detalla que ya no hay indicios del cuadro delirante, sino más bien rectificacio- nes “sensatas”, la mayoría -como el mismo advierte- a gusto del entrevistador.
De nuestro lado, encontramos que en esta invención existe un tratamiento particular de la disyunción entre goce (del cuerpo propio) y el sentido, habiendo alcanzado un funcionamiento que toma para el observador un carácter “inclasificable”, que podría ser calificado dentro de los “autistas sabios”. Pero cuya explicación está en un detalle significativo del historial. Así, en un momento de la cura surge como elucubración del niño una auto-denomi- nación: “Papoose de Conect-I-Cut”, nombre con el empieza a firmar sus dibujos. En un relato de floridos neologis- mos fonológicos y semánticos, verdadero enjambre de S1, éste combina el “mito de origen”, especie de “seudo” Nombre del Padre en tanto “papoose” es el nombre que los indios americanos dan a sus pequeños, junto a que Joey provenía de Conecticut; con el intento de hacer una función de su cuerpo conectado a una máquina eléctrica. In- cluso, más que hablar del niño-máquina, como dice Laurent conviene hablar del niño-órgano. Además, como efecto de esta lograda defensa del goce, en las sesiones siguientes se verifica que esta organización  imaginaria del cuerpo le ha implicado el control y la delimitación de los esfínteres, e incluso por la localización libidinal empieza con una práctica masturbatoria.
Entonces para finalizar, podemos ubicar en el estudio de cada secuencia de este caso la posibilidad de un programa de investigación para las psicosis infantiles. Empezando por el “autismo”, pasando luego a la “psicotización”, a un saber delirante, para llegar a la estabilización particular de la metonimia del goce en la que se deslizaba alrededor del agujero de lo real. La nominación suplementaria “papoose” de “conect-i-cut” a la que arriba, explica como el joven consiguió “humanizarse”, y la posterior creación de ese objeto fuera-de-cuerpo, esa máquina de corriente alterna, muestra cabalmente el genio de este paciente para dar con una suplencia.
Recorrido y experiencia que este niño hizo con las interpretaciones y bajo transferencia con el analista, demostrando que una acción analítica es posible y que lejos de pensar en un déficit, y/o en apostar a la vía educativa, el niño llamado autista puede encontrar un alivio, y que sus límites pueden invertirse en efectos de creación.


1- LAURENT, E.: “Reflexiones sobre el autismo”, en “Hay un fin de análisis para los niños”, Colección Diva, Bs.As., 1999.
2- LACAN, J.: “Conferencia en Ginebra sobre el síntoma”, en “Intervenciones y textos 2”, Ed. Manantial, Bs.As., 1988.
3- BLEULER, E.: “Demencia Precoz o el grupo de las esquizofrenias”, Ed. Hormé, Buenos Aires.
4- FUSTER, P.: “Psicosis infantiles”, en Manual de Psiquiatría. Tomo I de J.J. López Ibor-Aliño, Ed. Toray.
5- CAMPBELL, M., SHAY, J.: “Trastornos generalizados del desarrollo” en Tratado de psiquiatría de Kaplan H., Sadock,B., Ed.Intermédica,
1995.
6- DSM-IV. Manual de Diagnóstico y Estadística de los Trastornos Mentales, IV Edición. Ed. Toray Masson.
7- CLAUDE, M., HEUYER, G., et LACAN, J.: “Un cas de démence precocissime”, en Bulletin des Sociétés Savantes, séance du 9 mai,
1933.
8- DEL RONCAL, P.: “Manual de Neuro-Psiquiatría Infantil”, Ed. La casa de España en México, 1940.
9- TAUSK, V.: “De la génesis del aparato de influencia durante la esquizofrenia”, en “Obras Psicoanalíticas”, Ed. Morel, Buenos Aires, 1977.
10- BETTELHEIM, B.: “La fortaleza vacía”, Ed. Laia, Barcelona, 1981.
11- MISES, R. :”Psychoses de l”enfant”, en E.M.C. – Psychiatrie 85 e Fr 37-299-M-10/37-299-M-20.
12- QUEMADA, N.: Vertex Nº 17. Revista Argentina de Psiquiatría. Pp. 209-214.
13- MALEVAL, J.C.: “De la psicosis precocísima al espectro del autismo”, en Freudiana 39, Barcelona, 2004.
14- CAMPBELL, M., SHAY, J:  ib. idem.
15- DELEUZE, G. GUATARI, F. “El Anti-Edipo”, Ed. Paidós, Bs.As.
16- BLEULER, E.: ib.idem.
17- MILLER, J.A.: “Suplemento topológico a “De una cuestión preliminar…”, en “Matemas I, Ed. Manantial, 1987.
18- MANZANO, J., LAMUNIERE, M.C., PECKOVA, M. : L´enfant psychotique devenu adulte. Résultats d´une étude catamnestique de 20 années sur 100cas, en Neuropsychiatr. Enfance Adolesc., 1987, 35, 429-443.
19- LAURENT, E.: “La psicosis en el niño en la enseñanza de Lacan”, en “Hay un fin de análisis para los niños”, Colección Diva, Bs.As.,
1999.
20- BETTELHEIM, B.: ib.idem.
21- MILLER, J.A.: “Enseñanzas de la presentación de enfermos”, en  “Matemas I, Ed. Manantial, 1987.
 

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