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Las psicosis infantiles: del “autismo” a la psicotización, Parte II

Publicado en Lectura Lacaniana: 11 julio, 2016

II parte: Las psicosis infantiles, del otro lado del atlántico. Francia

En lo que respecta a la psiquiatría francesa,  en la primera época la figura dominante fue Heuyer, siendo este el primer catedrático de Psiquiatría infantil en el mundo. Este autor tiene como referencia a Kraepelin, sumando los aportes de su contemporáneo, de Clerambault, sobre todo en las definiciones en torno a las leyes de la edad y la masividad, que condicionan las manifestaciones clínicas según  el momento de la vida en que irrumpe el automatismo mental.

Al respecto de esto, figuran en las actas de la Sociedad Médico-Psicológica del año 1933 un relato conjunto entre Heuyer, Lacan y Claude sobre un caso de demencia precocissima.

El uso que los autores dan al término “autismo” en este momento, es para representar dos fenómenos de diferente orden pero conectados entre si, por un lado la desafectación corporal y por otro la irrupción alucinatoria.

Heuyer destaca el negativismo, el oposicionismo y la desorganización corporal, provocados frente a la presencia de un otro.

Se hace incapié en las investigaciones psicoanalíticas encabezadas por Lebovici, continuadas por Diatkine y sus discípulos, dedicados al estudio de las psicosis infantiles.

Angela Vitale

 

Desde el otro lado del Atlántico, vemos que la situación en sus inicios era francamente diferente.
En lo que respecta a la psiquiatría francesa, en la primera época la figura dominante fue indiscutiblemente G. Heuyer. Entre cuyos títulos, ostenta el de ser el primer catedrático de Psiquiatría Infantil en el mundo.
Este autor organicista, emplea las descripciones de la Demencia precocísima teniendo como referencia a Kraepelin; y sumando además, los aportes de su contemporáneo de Clerambault, sobretodo las definiciones en torno a las leyes de la edad y la masividad, que condicionan las manifestaciones clínicas según el momento de la vida en que irrumpe el automatismo mental.
Al respecto, en las actas de las sesiones de la Sociedad Médico-Psicológica de Mayo de 1933 se puede leer el relato conjunto de Heuyer, J. Lacan, y M. Claude sobre un caso de demencia precocissima [7]. En la reseña del 9 de ese mes se consigna brevemente que hacían la presentación de un niño de 10 años y medio, cuyos trastornos intensos habían comenzado hacía más de un año “aparentemente luego de un estado infeccioso mal descripto por sus observadores, lo que oscurece el problema etiológico”.
En 1908, como ya fue dicho, Sante de Sanctis es el primero que describe una forma peculiar de “locura” en la infancia. Se trataba para este psiquiatra italiano del mismo proceso de la Demencia precoz, pero que por darse antes de la pubertad evolucionaba en forma mas rápida y masiva hacia la demencia.
Para Heuyer ésto último verificaba la ley de la edad de Clerambault, quién establece una correspondencia clínica entre el momento vital del desencadenamiento y el cuadro nosográfico que se manifiesta. Así hallamos:
– En el feto: idiotez y gran trauma motor.
– En el niño: imbecilidad, traumatismo motor más circunscripto.
– En el muchacho: demencia global, tras confusión agitada.
– En el adolescente: hebefrenia y catatonía.
– Más tarde, hasta los 30 años: demencia paranoide.
– Pasados los  40: psicosis crónica alucinatoria sin demencia o con demencia muy especial y tardía.
Cuanto mas jóven, mas masiva es la instalación del Gran Automatismo Mental (Ideoverbal, sensorial, ideomotriz o psicomotor).
Por lo tanto, al igual que en los planteos mas conocidos del adulto, aparece el Síndrome de Clerambault, como metáfora, como envoltura formal pertinente para señalar el momento en que el significante irrumpe -atemático, neutro, xenopático- en la psicosis infantil, abarcando desde el eco del pensamiento -del pequeño automatismo-, hasta las alucinaciones verbales, olfativas, cenestésicas, y las ideas de persecución, influencia, posesión, etc. En esta misma serie, podríamos ubicar, como parte de la disyunción entre lo simbólico-real y lo imaginario la desafectación corporal, y otro fenómeno comprobable como la desorganización motora.
Asimismo, dada su pertinencia, las descripciones de Heuyer sobre la Demencia Precocísima incluyen los siguientes puntos de gran valor [8]:
– subraya una discontinuidad: son trastornos que “forman contraste con la vida anterior del sujeto”,
– habría una anticipación de la psicosis del adulto,
– y se manifestaría por tres formas clínicas predominantes:
1. El enfermo se cierra en un hermetismo del que es difícil sacarlo. Adopta posturas extrañas en las que permanecen horas y horas, existe flexibilidad cérea, y la rigidez cataléptica es típica de esta forma.
Aquí, incluye el autismo de Bleuler como síntoma para nombrar el encierro en sí mismo, y la falta de interés por el mundo externo. Agrega que ante esto los pacientes pueden perecer en accidentes, porque al producirse continúan ininmutables sin tratar de ponerse a salvo.
Resulta evidente que en esta forma clínica los síntomas predominantes están vinculados con el registro del cuerpo.
Desde estos planteos, parecería que el uso que los autores dan al término “autismo” es para representar dos fenómenos de diferente órden pero conectados entre sí: por un lado la desafectación corporal, y por otro, la irrupción alucinatoria.
Por último, Heuyer destaca: el negativismo, el oposicionismo, provocados frente a la presencia de un otro. Donde las negativas tienen su correlato corporal, y no solamente con los dichos, los pequeños retienen sus deposiciones, rechazan los alimentos, llegando a correr peligro sus vidas.
Finalmente la desorganización corporal, puede tomar la vertiente opuesta presentándose con estados de excitación, y entonces se golpean, agreden a los familiares o a personas cercanas, rompen todo cuanto cae en sus manos, incluso sus vestimentas.
Tipo clínico con predominio de fenómenos alucinatorios e ideas delirantes: las descripciones en estos casos coinciden con las hechas por Víctor Tausk en su célebre artículo sobre el “aparato o máquina de influencia”en la esquizofrenia [9].
Las ideas delirantes de perjuicio y persecución, son alimentadas por alucinaciones visuales, auditivas, y cenestésicas. “Sus enemigos le insultan por radio y se le aparecen colgados de la lámpara desde la que le envían corrientes para molestarle y arrancarle las vísceras”.
Frases, que también recuerdan las expresadas por Joey, el caso famoso de Bruno Bettelheim que testimonia de una máquina que lo controla por telecomando [10]. Por ejemplo, los dibujos de este pequeño muestran la “articulación de aceite” que lo protegía de una evisceración completa y la “transmisión del Blinderator (…) que ciega”.
Sus dichos, expresan el síndrome de exterioridad que estos niños padecen, el esfuerzo por tratar de articular la disyunción entre neologismo y cuerpo.
3. La última forma clínica es la que muchos autores dan por “el pseudo deficiente mental”. Heuyer dice que: “El enfermo dá una impresión de estupidez, ríe a veces sin motivo, con risa estereotipada”. Hay una discordancia progresiva en el discurso, haciéndose vago, rebuscado, desaliñado, “tonto”, con un correlato de hipoafectividad y de movimientos sin finalidad alguna.
Pasaremos ahora a mencionar otros trabajos que ilustran también el panorama de la psiquiatría infantil en Francia.
Así, en la post-guerra prevalecen las investigaciones psicoanalíticas encabezadas por Serge Lebovici, y continuadas por René Diatkine. Actualmente, quizá uno de sus discípulos más destacados es Roger Misés, que desde la década del ¢70 es el responsable del capítulo dedicado a las psicosis infantiles en la Enciclopedia Médico-Quirúrgica [11]. En su extenso artículo propone tres grandes grupos donde se  vislumbra cierta incongruencia, desde las referencias que toma, heterogéneas y en cierta forma contrapuestas. Así clasifica a los cuadros en:
1. Psicosis precoces (en clara referencia a la edad de aparición).
2. Psicosis de la fase de latencia (según la categoría tomada de Freud, y utilizada por el autor para designar el período comprendido entre los cuatro – cinco años hasta la pubertad).
 . Psicosis agudas (aquí la referencia es al curso de la enfermedad).
En una descripción clínica dificultosa y poco clara incluye dentro de las psicosis precoces, las psicosis autistas (en las que figuran todos los cuadros descriptos de autismo por los diferentes autores, hasta la fecha), las psicosis de expresión deficitaria, y las distorsiones psicóticas precoces de la personalidad (incluyendo a la psicosis simbiótica de Mahler).
Por último, destacaría un esfuerzo de respuesta al DSM, con Misés a la cabeza, de algunos clínicos franceses que impulsan la CFTMEA (Clasificación Francesa de los Trastornos Mentales del Niño y del Adolescente). Este intento busca inscribir una clasificación propia de la infancia y la adolescencia, que se diferencie de la otra clasificación general donde se engloban a la vez los trastornos del niño y los del adulto [12].
Esta iniciativa de resistencia, reconoce razones y antecedentes previos: por ejemplo, los estudios de Lebovici y Sadoun que habían llegado a una clasificación triaxial, reformada en la conferencia de la OMS en 1967 sobre los trastornos mentales del niño y del adolescente. En esa oportunidad trabajaron en común con otros psiquiatras, especialmente con el inglés Michael Rutter.
Asimismo hallamos como un elemento distintivo, que en la clasificación francesa los trabajos propuestos por Anna Freud están muy presentes, situando las “neurosis” y las “disarmonías” según la concepción de los mecanismos de Defensa del Yo.
Continuando con otros autores europeos, no se puede dejar de mencionar a J. De Ajuriaguerra, quien trabajando en Suiza tiene posiciones cercanas a las francesas. Reproduciendo casi exactamente el esquema de Misés con ligeras modificaciones. Con respecto al autismo infantil precoz señala que: “al nacer no suele observarse ninguna anomalía en los niños, y es entre el cuarto y el octavo mes el momento en que suele llamar la atención de los padres la ausencia de los movimientos de anticipación”, que se presentan normalmente al querer levantarlos en brazos.
Describe también la apatía, los juegos ritualizados, la ausencia de interés por la exploración de su cuerpo y por los juegos que permiten una socialización; y la indiferencia ante su imágen en el espejo. En cuanto al lenguaje, señala el mutismo absoluto de algunos, el habla limitada y anormal en otros, siendo lo más característico la repetición de lo que oyen en forma de ecolalia. Por último destaca la inversión de los pronombres: “yo para los demás, y tú para ellos mismos”, y la presencia frecuente de melodías rítmicas sin sentido.
Siguiendo con este panorama, podemos situar en Gran Bretaña un desarrollo autónomo tanto de la clínica de adultos y la infantil, con respecto al resto de Europa. Con una fuerte tradición pragmática, impulsados en necesidades puramente asistenciales, privilegian en consecuencia los síntomas más “objetivos”, los de la conducta.
Es este parámetro de lo mas variable en la clínica con niños, lo que produjo como resultado una gran confusión,  y  para solucionarlo en 1961 M. Creak, propuso una “lista de síntomas” que sirviera de orientación y fijó criterios diagnósticos en base a 9 puntos. Pero esta enumeración no gradativa, donde todos los ítems eran considerados de igual importancia, también fracasó por ser de una excesiva generalidad y de escasa especificidad.
Finalmente, llegamos a Rutter ya destacado por su influencia incluso más allá de la psiquiatría inglesa. Sus posicio- nes pueden resumirse de la siguiente forma: postula que la psicosis infantil no forma parte de la esquizofrenia del adulto, y que los trastornos del lenguaje tienen un carácter de alteración primaria, partiendo de un daño orgánico cerebral. También afirma que otros trastornos de la percepción son probablemente importantes, subrayando que la psicosis no es primariamente emocional en su origen, y que los factores psicógenos sólo desempeñarían un papel secundario. Aunque acepta, que “las relaciones emocionales del niño pueden ser fundamentales en la superación o no de sus inhibiciones”.
Por sus hipótesis, Rutter llega a pensar en una estrecha relación esquizofrenia-disfasia.
Pero luego, otros autores han llegado a refutar dichas ideas haciendo hincapié que las fluctuaciones de la compren- sión y atención al lenguaje en el niño psicótico, no es al azar sino que aparece “fuertemente motivada”. Así, mientras que el niño disfásico no depende de motivos particulares sino de los cambios a nivel de la actividad cerebral, el psicótico que hasta hace un momento se mostraba indiferente a las estimulaciones verbales, de pronto se orienta activamente hacia el observador que le habla y responde con actividades complejas.
En cuanto a las afirmaciones de Rutter que más trascendencia tuvieron se encuentran las pronunciadas en relación a que el pronóstico estaría condicionado a la educación que eventualmente reciba el niño “autista”.

Continuará…
 

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