Ficciones Clínicas

Las ficciones clínicas: escritura y lectura, parte II

Por Laura Canedo
Publicado en Lectura Lacaniana: 9 septiembre, 2013

El analista, en la construcción que hace del caso, parte del conocimiento del mundo simbólico del sujeto, para extraer la gramática y las leyes que lo rigen. La función es delimitar el material quitando aquello que da sentido, para transmitir lo esencial.

El analista, dice Canedo, comporta en su escritura un saber que adviene cuando se escribe.

Continua diciendo, si se sigue lo que Lacan plantea en “Proposición de octubre de 1967”, donde  inventa el procedimiento del pase, se podría pensar que el verdadero caso clínico es aquel que el sujeto escribe a partir de la propia experiencia.

El planteo esencial del texto ubica que la presentación del caso es siempre una construcción que es producto del analista y sus avatares (análisis, formación, etc). Lo fundamental es que la construcción de cuenta de la posición del sujeto, a partir del propio deseo, del deseo del analista.

El momento de presentar la construcción es una ocasión para compartir esa extracción de saber sobre la clínica con la comunidad analítica, tomando el analista la responsabilidad de transmitir no sólo su propia clínica, sino el psicoanálisis mismo.

 

Patricia Pena

 

III. La construcción del caso

 

La construcción del caso implica entonces conocer de forma rigurosa el universo simbólico del sujeto, a fin de poder ahí vislumbrar la trama del tejido, los nudos, los colores, para extraer la gramática y leer las leyes que rigen. Comporta delimitar de esta manera el material quitando lo que añade sentido, a fin de poder hacer una buena transmisión de aquello que se considera esencial. Es un intento de dar cuenta de la estructura gramatical que rige, a partir de las versiones que el sujeto va construyendo alrededor de lo real en juego; es un intento de demostrar la lógica del inconsciente funcionando, la lógica de los dichos del inconsciente. Y es una logificación de la palabra del analizante.

La construcción que el analista hace a partir de los decires del analizante, comporta en su escritura un saber que adviene cuando se escribe. Y así la escritura misma comporta un cierto encuentro para el analista, un efecto de sorpresa, un plus de saber.

IV. Lo que el analista escribe

Lacan nos advierte que lo que el analista escribe no tiene nada que ver con lo que el analizante lee. Nos dice: “En el discurso analítico ustedes suponen que el sujeto del inconsciente sabe leer. Y no es otra cosa, todo ese asunto del inconsciente. No sólo suponen que sabe leer, suponen también que puede aprender a leer. Pero sucede entonces que lo que le enseñan a leer no tiene absolutamente nada que ver, y en ningún caso, con lo que ustedes de ello pueden escribir” (12). Dice esto casi de forma provocadora, dejando claro que aquello que escribe el analista sobre el caso, no es el caso. Incluso dice, “nada que ver”.

De hecho a partir de la “Proposición de octubre de 1967” (13), en la que Lacan inventa el procedimiento del pase, podría pensarse que el verdadero caso clínico es aquel que el sujeto escribe a partir de la propia experiencia. Es decir, que el único que puede testimoniar del caso es realmente el propio analizante.

Así, debemos plantear sin ambages, que el caso que presenta el analista pone en primer plano no el caso, sino una construcción que es producto del analista, de su formación, de su clínica, de su posición. Se trata entonces no del caso, sino de la lectura que permite al analista dar cuenta de la posición del sujeto, a partir del propio deseo, del deseo del analista.

V. Para concluir, la presentación del caso

Lo que está en primer plano entonces, es la práctica del analista, “su” lectura. Su forma particular de poner en juego la aplicación del psicoanálisis puro en la clínica contemporánea. Es su testimonio de las vías por las cuales se enfrenta al real en juego en cada caso, extrayendo de ello una enseñanza. Y esta transmisión es una ocasión de la verificación de que hay analista, en cada caso.

Pero además, estas presentaciones son la ocasión de compartir con la comunidad analítica una extracción de saber sobre la clínica misma y sobre las cuestiones cruciales del psicoanálisis.

Así, ante un auditorio como el presente, el analista toma también la responsabilidad de transmitir no sólo la propia clínica, sino el psicoanálisis mismo.

 

Notas:

12- Lacan, J. El seminario, libro 20: Aún, Ed. Paidós, Buenos Aires, 1992. p. 49.

13-Lacan, J., “Proposición del 9 de octubre de 1967 sobre el psicoanalista de la Escuela”, en Momentos cruciales de la experiencia analítica, Manantial, Bs. As., 1992

NODVS XXVI de Noviembre 2008

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