Ficciones Clínicas

La variedad de la práctica: del tipo clínico al caso único en el psicoanálisis

Por Jesús Santiago
Publicado en Lectura Lacaniana: 19 noviembre, 2013

Este texto fue presentado en el marco de las discusiones clínicas que se realizaron con motivo de la preparación del III Encuentro Americano del Campo Freudiano, en Belo Horizonte. El objetivo principal fue rescatar la virtud de los principios y de los detalles particulares del caso, ya que estos no solo orientan el diagnóstico y la construcción clínica, sino también la dirección del tratamiento.

 Jesus Santiago plantea, que un caso puede cuestionar o hasta contrariar lo que se considera como típico de un cuadro clínico determinado, toma como ejemplo paradigmático de lo que es un caso único en el psicoanálisis, la presentación de Sigmund Freud: “Un caso de paranoia que contradice la teoría psicoanalítica”.

En “La introducción a la Edición alemana de los Escritos”, Lacan reanuda la cuestión de la evaluación diagnóstica en la clínica psicoanalítica, y pone al desnudo los límites de una reducción simplista entre la estructura y el tipo clínico. Postula, que los tipos de síntomas que pertenecen a una misma estructura clínica contienen sentidos radicalmente distintos. Es lo que justifica que la clínica psicoanalítica se coloque, en el ámbito de los saberes científicos, como “ciencia de lo particular”, en la medida en que un tipo clínico que proviene de la misma estructura, no se exprime, refiere, por la unicidad de su sentido.

Concluye sobre la necesidad de ir del tipo clínico al caso único, movimiento que refleja un pasaje de la “clínica estructural” a la “clínica del síntoma”. Lacan al introducir la clínica borromeana, instituye dos sistemas de formalización: uno estructural, clasificatorio y discontinuista; y otro borromeano, categorial y continuista.

 J.-A. Miller en “El Ruiseñor de Lacan” refiere: “Entiendo el diagnóstico como un arte, exactamente, como un arte de juzgar un caso sin regla y sin clase preestablecida, lo que se distingue por completo de un diagnóstico automático que refiere cada individuo a una clase patológica……..La práctica no es la aplicación de la teoría, y esta es su dimensión más interesante. Cuando funciona aparte necesita la teoría, pero existe una dimensión donde la práctica funciona al lado de aquella…….Pero se trata de redescubrir los principios del caso en cada caso……Así, el sujeto humano, el ser hablante, nunca puede simplemente subsumirse a sí mismo como un caso bajo la regla de la especie humana. El sujeto se constituye siempre como excepción a la regla, y esta invención o reinvención de la regla que le falta la hace bajo la forma del síntoma”. 

 

Patricia Pena

 

Para la comisión científica el objetivo principal del III Encuentro Americano del Campo Freudiano es rescatar la virtud de los principios y de los detalles particulares del caso, ya que son estos los que orientan tanto el diagnostico y la construcción clínica como la dirección del tratamiento. Si la práctica lacaniana es contraria a las intervenciones que se confunden con las prescripciones estándar, es porque sabe que un caso puede cuestionar e, incluso, contrariar lo que se considera como típico de un cuadro clínico determinado. Es cierto que la clínica, en lo cotidiano, nos demuestra esto. Hay señales evidentes de que Freud se mostró bastante sensible a la tensión entre la aprehensión clasificatoria, en categorías clínicas ya consagradas por el saber psiquiátrico y la particularidad de las manifestaciones sintomáticas del caso.

Como ejemplo, él se refiere a un caso de paranoia que contradice su teoría de que el perseguidor, en esos cuadros clínicos, siempre pertenece al mismo sexo del paciente. Si esto no impide la inclusión del caso en su teorización de la paranoia, se abre, no obstante, la posibilidad de convertirlo en uno de los paradigmas de lo que es un caso único en el psicoanálisis. Tenemos también el ejemplo reciente de los llamados “inclasificables de la clínica” que es característico de lo que el psicoanalista encuentra, en su práctica, como el caso único, pues, sus expresiones sintomáticas no se compatibilizan con los elementos semiológicos que componen las clases diagnósticas establecidas.

La enseñanza de Lacan proporciona incontables indicios en lo que se refiere a la posibilidad e, incluso, a la necesidad de la práctica analítica de tomar el caso clínico como único y, mucho más que esto, retirar de lo que, en él, se muestra como típico, aquello que le es propio. Es importante referirse al modo como, en su escrito, Una introducción a la Edición alemana de los Escritos, se reanuda la cuestión de la evaluación diagnóstica en la clínica psicoanalítica. Es evidente la intención de cuestionar la metodología clasificatoria de inspiración estructuralista que sirvió de base para nuestras formulaciones sobre la “clínica estructural”, en la cual los tipos de síntomas equivalen a las estructuras clínicas freudianas clásicas.

La crítica profundizada en esta concepción de los “tipos de síntoma” debe concebirse como la respuesta de Lacan a la insuficiencia y a los límites de la clasificación estructural de los síntomas de la clínica. Es la vertiente nominalista del estructuralismo de Lévi-Strauss que está ampliamente rebatida, en ese escrito, puesto que, para el etnólogo, nombrar es siempre clasificar. Bajo el punto de vista de su materialismo primario, nada en lo real puede escapar al sistema de clasificaciones. De alguna manera, debe admitirse que la perspectiva estructural, en la clínica psicoanalítica, mantiene algunas resonancias y adherencias con ese método clasificatorio. Tanto es así, que constituye una especie de sistema cerrado, a saber, fuera del trinomio neurosis-perversión-psicosis, nada de esencial puede ser adicionado. Al contrario, la clínica borromeana del síntoma deja abierta la posibilidad de que se incluya algún otro tipo de síntoma, un tipo que no pertenecía al acervo de síntomas, anteriormente, recopilados.

Quiero destacar, por lo tanto, el pasaje del escrito, Una introducción a la Edición alemana de los Escritos, que pone al desnudo los límites de una reducción simplista entre la estructura y el tipo clínico, pues, se afirma allí, “que lo que deriva de la estructura, o sea, los tipos clínicos, no tienen forzosamente el mismo sentido”. En resumen, lo que se postula, con todas las letras, es que los tipos de síntomas que pertenecen a una misma estructura clínica contienen sentidos radicalmente distintos. Es lo que justifica que la clínica psicoanalítica se coloque, en el ámbito de los saberes científicos, como “ciencia de lo particular”, en la medida en que un tipo clínico que proviene de la misma estructura, no se exprime, jamás, por la unicidad de su sentido. Esa presencia de una gama variada del “sentido del síntoma” se lleva a un extremo tal que Lacan llega a concluir, “que los sujetos de un tipo, no tienen utilidad para los otros del mismo tipo”.

Esto quiere decir que la variedad de la práctica lacaniana se instituye por la necesidad de no ceñirnos apenas a los tipos clínicos, concebidos como expresiones de las estructuras clínicas ya conocidas. Es preciso ir del tipo clínico al caso único, movimiento que, en última estancia, refleja la dislocación de la “clínica estructural” a la “clínica del síntoma”. Es, en este sentido, que la variabilidad del sentido hizo posible el advenimiento de una perspectiva clínica continuista, perspectiva que valora menos las oposiciones que las gradaciones entre los tipos de síntomas.

Cuando Lacan proporciona la respuesta de la clínica borromeana, él instituye dos sistemas de formalización distintos: por un lado, uno estructural y clasificatorio y, por lo tanto, discontinuista; y, por otro, uno borroneano y categorial y, por lo tanto, continuista. No hay ninguna duda en que los tipos de síntoma se incluyen en la perspectiva discontinuista, pues, como señala Lacan, con alguna fluctuación, ellos derivan de la lógica de las clases propias de la concepción estructuralista. No se trata, no obstante, de descartar los tipos clínicos construidos, en el momento inicial de su enseñanza. Sin embargo, la clínica revela la paradoja de que la excepción es la regla, es decir, un caso jamás realiza completamente su tipo clínico y, por eso, siempre podrá ser considerado como único.

En estos términos, el caso único es la respuesta de la orientación lacaniana al individualismo de masa contemporáneo en el que el sujeto por más que se resista a las iniciativas de ser encuadrado por las reglas y clases instituidas, acaba por identificarse con algún significante-amo individualizado. Hoy en día, cada vez más las clases son semblantes, o sea, si hoy, una clase significa algo, mañana podrá significar alguna otra cosa, bastante distinta. Hoy más que nunca esto da lugar a un sujeto moderno que a pesar de insertarse en una de las clases existentes, quiere, al mismo tiempo, escapar de las mismas.

Como afirma J.-A. Miller, si el animal es una realización ejemplar de su especie, el ser hablante es el sujeto porque, por más que pertenezca a una clase, jamás se adecua plenamente a ella. El sujeto es esa hiancia, esa disyunción que hace que el ruiseñor de Keats sea también el ruiseñor de Ovidio y el ruiseñor de Shakespeare, no obstante, Keats no sea Ovidio y ni tampoco Shakespeare. Esas son apenas algunas de las inmensas posibilidades de discusiones clínicas que se desvendan con la realización, en Belo Horizonte, de nuestro III Encuentro Americano del Campo Freudiano. Que cada uno de los que quieran participar puedan traer, con su práctica clínica, su contribución sobre el caso único, que será siempre excepción a la regla de una clase, pues, señala a un sujeto que es la encarnación de la sorpresa y del acontecimiento, siempre, inesperado.

Muchas gracias y les esperamos, en Belo Horizonte, el próximo agosto de 2007.

Traducción: Josefa Manresa

Versión en idioma original: A variedade da prática: do tipo clínico ao caso único em psicanálise (Portugués)

http://www.wapol.org/es/articulos/Template.asp

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