Ficciones Clínicas

La Putarracha. Parte I

Por Florencia Vidal Dominguez
Publicado en Lectura Lacaniana: 18 enero, 2014

Quiero tiempo pero tiempo no apurado,
tiempo de jugar que es el mejor.
Por favor, me lo da suelto
y no enjaulado adentro de un despertador.

Marcha de Osías. María Elena Walsh

 

El armado de  un caso, su  presentación,  supone  una construcción, lectura de una lógica que da cuenta de los significantes que representan al sujeto para el Otro y que el sujeto trae al encuentro con el analista.

Laura Canedo en su artículo “Las ficciones clínicas: escritura y lectura, parte II”   presentado en esta misma sección dice: “Así, debemos plantear sin ambages, que el caso que presenta el analista pone en primer plano no el caso, sino una construcción que es producto del analista, de su formación, de su clínica, de su posición. Se trata entonces no del caso, sino de la lectura que permite al analista dar cuenta de la posición del sujeto, a partir del propio deseo, del deseo del analista”(1).

El armado de esta construcción no es una interpretación, no es dar sentido como refiere Guy Briole en otro artículo de esta misma sección. En la presentación de un caso el analista rinde cuentas del acto de analista, de su práctica y de la teoría que  respalda esa práctica que al decir de Briole, se lee en “filigrana” (2). ¿Que sería que se lee a filigrana? En el armado de un caso, en su presentación, la teoría que sostiene esa práctica se lee a trasluz.

En la lectura que hace un analista al encuentro con un paciente, el poder establecer una lógica  que dé cuenta de los significantes que representan a un sujeto para el Otro; en relación al trabajo con niños, ¿qué lugar y qué función tiene el juego en el tratamiento con un niño? ¿Que se lee y como se lee el juego?
El siguiente material es sobre una niña de 4 años; Lara.  Sus padres María y Federico  consultan en Octubre del 2012. Para situar el material voy a relatar  parte de la primera entrevista con sus padres.
María comienza diciendo: “ Tenemos dos hijas, Lucía de 9 años, divina, dulcísima y Lara de 4 que requiere su ayuda,  entre tantas  cosas que tiene, no podemos sacarle los pañales para hacer caca, va al jardín sin pañales pero para hacer caca  pide el pañal. Cuando le dijimos que no le poníamos el pañal estuvo una semana sin hacer caca e hizo un bolo fecal. La pediatra nos decía que no era nada, que había que esperar.

Analista: ¿Entre tantas cosas?

María: A veces muerde, pega, es muy temperamental, no sabemos como ponerle límites, ella muerde a su hermana mayor, si la ve se va a dar cuenta.

Federico: Su primer año de vida fue complicado, lloraba muchísimo, dormía poco, solo se dormía al pecho de la madre. Nunca chupete, reemplazó la teta por la mamadera, la mamadera es todo para ella.

M: Lloraba, lloraba, lo único que la calmaba era la teta, vivía como un ternerito. A mi Lara me puede, es muy pegada a mí pero para dormir solo se duerme con el padre.

F: Es inevitable comparar, Lucía no nos trajo nada de trabajo, y esta salió cabrona.

M: Hace 17 años que estamos juntos. Nos casamos y al año nació Lucía. Yo cumplí 30 y no queríamos tener más hijos. Después él pierde el papá, es hijo único, lo vi muy solo y sufrido y no me gusto tener un solo hijo. Tuvo como una depresión…ahí consultó.

F: Yo me estoy enterando ahora que no querías tener dos hijos. Mi papá muere en Enero después se juntó con un problema laboral y ahí consulté con un psicólogo.

M: Yo en Junio me enteré que estaba embarazada. Cuando nació Lara a mi me agarro como una depresión, lloraba, lloraba.

F: Lo que pasa es que Larita no dormía.

 

Con Lara.  Tiempo de jugar.
Cuando conozco a Lara entra sola al consultorio y se la observa divertida. Lo primero que me dice es que tiene una hermana que se llama Lucía que es más grande que ella.
Se dirige al lugar donde están los juguetes y toma el maletín con el juego del doctor.

Agarra un muñeco y la tijera del maletín y dice “Esto es para cortarle las piernas a un compañero y esto –tomando una cajita- es para ponerle después una curita” “Esto –una pinza- es para agarrar a un compañero si se porta mal”. Yo no me porto mal, ¿ vos te portas mal? Pregunta esto  mientras seguía observando los distintos elementos del juego.

Analista: ¿Qué es portarse mal?

Lara: Pegarle a tus papas muy fuerte. Pegarle a tu hermana, morder…
Agarra unos títeres y dice: Esta es mala, “hola soy mala”, y pega fuerte a los títeres.

En las siguientes entrevistas jugó con  muñecas que las llevaba al doctor y las curaba. Con bloques que armaba una torta o una torre y  se le caía en forma reiterada;  a lo que yo decía: “caídas”. También jugó con autitos a las carreras en las que ella ganaba y yo perdía y esto le producía mucha risa y  aplaudía.

En otra  entrevista; cuando estaba por entrar a sesión pide  ir al baño. Cuando entra al consultorio le pregunto que le pasó que fue al baño.

L: Hice pis. Caca no, la caca en el inodoro se cae

A: ¿Y?

L: Me puedo caer.

A: Se cae la caca, no vos.

Agarra unos animales y dice “Estos perros con cabeza grande y el señor con la oreja rota, el monstruo le rompió la oreja. Ese día que le rompieron la oreja al señor, al señor le dolió, ese día no sabía a dónde iba porque ese camino era el camino del monstruo, ese día lo atrapaba el monstruo negro.

A: Monstruo negro que atrapa y rompe orejas.
Continuará…

Citas:
(1) Laura Canedo en su artículo “Las ficciones clínicas: escritura y lectura”, parte II. EN la página www.lecturalacaniana.com.ar, sección “Ficciones Clínicas”.
(2) Guy Briole, “Ficciones o casos controlados”. Pagina: www.lecturalacaniana.com.ar, sección “Ficciones Clínicas”.

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