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La mordida del inconsciente

Por Andrea F. Amendola
Publicado en Lectura Lacaniana: 15 enero, 2014

La mordida del Inconsciente

“En el inconsciente a nada puede ponerse fin, nada es pasado ni está olvidado, es lo que nos impresiona sobremanera en el estudio de las neurosis, en especial de la histeria”…”precisamente aquí, tiene que incar el diente la psicoterapia”.

Sigmund Freud

 

Hablar del sueño y su interpretación es arribar a la enorme riqueza que tanto los sueños como las pesadillas nos ofrecen para poder situar la posición inconsciente del soñante.

Freud relata en la Interpretación de los sueños que sus pacientes le enseñaron que “un sueño puede insertarse en el encadenamiento psíquico que ha de perseguirse retrocediendo en el recuerdo a partir de una idea patológica. Ello me sugirió tratar al sueño mismo como un síntoma y aplicarle el método de interpretación elaborado para los síntomas”.

La pesadilla que sigue a continuación, así denominada por la paciente, nos trae al sueño en su carácter de síntoma ya que es la misma pesadilla la que se repite una y otra vez.

Kenia es una niña de diez años, en una de sus sesiones me pregunta: ¿qué es eso?-señalando el diván.

Le respondo que allí los pacientes se recuestan para hablar de ellos mismos, de sus sueños, miedos y ocurrencias, entre tantas otras cosas.

“Yo quiero hablar de pesadillas, pues se repite y me despierto muy triste, algo así como con dolor en el pecho… Algunas veces sueño que en provincia donde mi papá y mi  mamá trabajan, me sueño que ahí adentro hay un león con cachorros, mi hermana entra y se queda atrapada y el león empieza a morderla y los leones pequeños también la muerden…. No se por qué sueño eso… en las noches mi mamá me sabe decir que grito y lloro”.

Le digo: atrapada.

“Una vez mi hermana estaba enojada conmigo, soltó la puerta fuerte y se atascó y cuando quería salir no podía”. Le pregunto sobre el por qué del enojo y dice: “no recuerdo muy bien, creo que es porque le comí su chocolate. Mi papá agarró una silla, golpeó la parte de arriba y abrió la puerta y pudo salir”.

Intervengo diciéndole “morderla”.

“Cuando nos solemos pelear ella me muerde y yo la muerdo, para que ella sienta lo que yo siento”, responde y continúa:”tal vez …siempre sueño lo mismo porque siempre hago lo mismo, peleamos con mi hermana porque siempre me molesta y siempre se trata de morderla”.

Este sueño trajo a mi recuerdo una cita de Lacan del seminario 24, en donde dice:

“… es como si acostado  pudiese hablar sin responsabilidad”. Y aclara: “Este analizando puede creer ésto por un cierto tiempo, hasta el día que descubre, acostado, que debe responder por esos significantes de los que pensaba no tener que responder, en el sentido de la responsabilidad. Y quizás, ese día, el Pase comienza a perfilarse para ese analizando porque en ese momento, podría decirse… se convierte en discípulo de su síntoma”.

El sueño, al decir de Freud, vía regia de acceso al inconsciente, confronta a esta niña con la responsabilidad de un deseo que no sólo está en ella sino que actúa desde ella, ella se identifica con mordida, pero oscila entre la que es mordida y el morderla.

La libertad para hablar de sus sueños y ocurrencias, quizás fue el señuelo tentador para  dejarse llevar por un decir, sendero impensado hacia la verdad del sujeto.

¿En qué medida un niño está en posición de hacerse cargo de tal advenimiento? Una verdad que se revela, dejando al desnudo la posición del que sueña.

Kenia relativiza su falta y dice “no recuerdo”, ubica ante la intervención del “morderla” un desplazamiento “porque ella me molesta”, es el otro, no ella, como cuando dice “para que sienta lo mismo que yo”.

De este modo, la culpa emerge cual mascarada evitando ser mordida por la responsabilidad: “yo la muerdo para que sienta lo que yo siento, porque siempre me molesta”. Un saber no sabido que pulsa a darse por conocer, se vuelve conocimiento y el soñante queda confrontado con sus deseos más subterráneos, como si de repente el significante en su acontecer tornase escuchable un “que se la muerdan los leones”.

Freud en sobre “La responsabilidad moral por el contenido de los sueños”, en 1925, nos dice: “¿Es preciso asumir la responsabilidad por el contenido de sus sueños?” y continúa: “… es preciso asumir la responsabilidad de los impulsos oníricos malvados. ¿Qué otra cosa podría hacerse con ellos?”, “Si el contenido onírico –correctamente comprendido– no ha sido inspirado por espíritus extraños, entonces no puede ser sino una parte de mi propio ser”. “He de experimentar entonces que esto, negado por mí, no sólo «está» en mí, sino que también «actúa» ocasionalmente desde mi interior.” “… No obstante, asumo esa responsabilidad, que de una u otra manera me veo compelido a asumirla.”

Desde una lectura lacaniana de los sueños, el inconsciente pulsátil, como lo llama Lacan, nos arroja más allá de la represión sin solicitar ningún permiso.

Un deseo se hace saber, un ¿qué soy yo (je)? Que nos conduce a un “soy en el lugar del goce”.

Una repetición  “siempre hago lo mismo”, una pesadilla que se repite “mordida”, una posible causa “tal vez siempre sueño lo mismo porque siempre hago lo mismo”, punta del ovillo a perseguir a la letra. Insiste un hacer a partir de la localización de un significante que le arranca su máscara al sueño, formación del inconsciente que le tiende al sujeto su propia trampa, a tal punto que es el mismo significante el que puntúa e interpreta su mordida a través de las hilachas de lalengua.

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