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La masacre de Newtown o lo que ya estaba escrito

Por Andrea F. Amendola
Publicado en Lectura Lacaniana: 1 febrero, 2013

Un niño de 7 años en entrevistas relata acerca de un juego de play station: “en el gta san andreas se puede hacer de todo, matar gente, matar a la policía, pegar a mujeres y bebés, matás para tener más armas, los chorros de sangre corren por todos lados. Ganás más dinero robando, nunca termina ese juego hasta que lo apagás. El asunto es matar gente y si te matan perdés. Jugás a que matás gente pero no matás”. *

 

 

Una  masacre más en la serie, pero no se trata precisamente de una serie del mundo del espectáculo aunque tenga vastas conexiones con el mismo, el goce del horror está en cartelera hoy y en nuestra contemporaneidad la ficción se ha llenado de fisuras por donde se le cuela la realidad.
Las masacres en los colegios de los Estados Unidos datan desde 1700, de hecho se han presentado cerca de cien asesinatos  y masacres en centros educativos. Estados Unidos es un país con más de trescientos millones de habitantes y  más de trescientos millones de armas sin impedimentos para comprarlas más que la mayoría de edad y el dinero suficiente para adquirirlas. Para estos ciudadanos tener un arma es parte del ser nacional, por eso el derecho a portarlas está plasmado en la Segunda Enmienda de la Constitución.
Nancy Lanza, madre del asesino,  era un claro ejemplo de ese tal ser, ella era preparacionista (personas que se preparan para futuras catástrofes nutriéndose de provisiones alimenticias y de armas). Nancy no sólo era una coleccionista de armas sino que atesoraba un arsenal de pistolas, escopetas de caza, rifles de asalto del ejército, similares a los que dieran fuego en Irak y Afganistán.
Tenía con sus armas una especial relación, había un lugar para guardarlas y desarrollar sus ritos muy dedicados hacia estos objetos: limpieza y minucioso cuidado, y allí estaba Adam Lanza, autor de la sangrienta masacre,  ella le explicaba qué eran y cómo se utilizaban para matar. Al tiempo que el niño crecía su madre lo llevó a iniciarse en un bosque cercano, un Club del Rifle en escala de aldea, allí Adam aprendió a relacionarse con caños, gatillos, balas especiales, fusiles  y lanzagranadas.
Pero a pesar de los preparativos, lo familiar se tornó siniestro y el 14 de diciembre de 2012  Adam Lanza, su hijo de veinte años de edad, a primera hora de la mañana  le disparó a su madre en el rostro ejecutándola mientras dormía,  luego el horror prosiguió  a las 8 de la mañana, apenas empezadas la clases en la escuela primaria  Sandy Hook de Newtown, Adam entró por la fuerza vestido con ropa militar negra, enmascarado,  con chaleco antibalas, dos pistolas y un poderoso rifle de asalto. Allí, en la escuela a la cual él había asistido en su niñez, asesinó a veinte niños de entre 6 y 7 años, y  seis  adultos.
Las explicaciones sociales intentan recubrir con algún sentido la irrupción de un real que carece de él, y así … otra conjetura se esboza, se dice que  Adam era un joven retraído y que presentaba signos de Asperger, de conducta antisocial y callado, salvo para hablar de monstruos alienígenas y adentrarse en batallas con sus juegos de Lego. Sus maestros han dicho: “brillante, pero encerrado en su mundo”.
La tragedia finaliza cuando Adam se dispara un tiro en la cabeza al advertir  la llegada de los patrulleros policiales.
Las preguntas giran en torno a Adam, buscando las motivaciones, la causa y los por qué de tal acto criminal. Incluso se habla de que solía jugar al “Counter-Strike”, un juego de terroristas que se acribillan a tiros, en un intento de medir e inspeccionar debido a qué aspecto de su personalidad responde tal acto. Pero la búsqueda recae una y otra vez en el síndrome, o en aquello que la ciencia intenta clasificar dejando así de lado lo que para ella es un desecho y el psicoanálisis toma: la responsabilidad de los sujetos.
De este modo, podemos puntualizar que cuatro son las significaciones antes citadas  que intentan de algún modo atrapar la causa que falla porque no se puede capturar. La significación de “el ser nacional y la cantidad de armas”, la de “cómo era Nancy”, la descripción del vínculo de Adam con las armas en su niñez  y “se dice de Adam que era Asperger y callado”, y por último, “jugaba al Counter Strike”. Estas significaciones como ilusiones de lo real, intentan tejer un decir que  no logra morder la causa finalmente.
En la civilización contemporánea asistimos a la declinación cada vez mayor, no sólo de la figura del padre y del ideal, sino de la función paterna como tal. Función que ordena, pacifica y permite que el ser hablante se oriente. Efectivamente, la caída del padre trae aparejado la endeblez de lazo social.
Entonces, ¿cómo pensar la posición del analista frente a las masacres, frente al hecho social? El analista interpreta el hecho social y es desde la interpretación desde donde podrá construir la lógica del crimen en relación a la posición del sujeto.
Al decir de Miller, los sujetos contemporáneos hipermodernos se encuentran desorientados, sin brújula y el objeto a se impone a este sujeto desamparado, lo invita a atravesar las inhibiciones, imperando el gobierno del plus de gozar, del “haz lo que te plazca”  como en el gta San Andreas, “se puede hacer de todo” sólo que en el juego se trata de una ficción “jugás a que matás gente pero no matás”, siendo reemplazadas las identificaciones por la evaluación homogénea de las capacidades.
De este modo nos encontramos así con sujetos desinhibidos, sin vergüenza, sabiendo que todo vale. Recientemente noticias de último momento en los Estados Unidos han informado que, debido a lo sucedido en Newtown, Hollywood ha decidido posponer el estreno de algunas películas por su contenido “violento”, como así también la cadena Fox lo ha hecho con algunas series por el mismo motivo, evitando asi “herir sensibilidades” de sus  compatriotas.
¿La ficción se repliega ante el avance irruptivo de un real descarnado? ¿ o será que la ficción, desojada de simbólico pierde sentido y lo real, tal como el ojo del Gran Hermano que mira y el todo pretende ver, es lo que hoy los sujetos gustan gozar?
Un ya estaba escrito que se repite, una serie más que nos permite decir que la sociedad americana se encuentra atrapada en un etcétera. Dice Miller: “Lo esencial al síntoma como formación del inconciente  es la duración, la permanencia y la repetición. Es real a título de repetición”.
De este modo, podemos afirmar que las masacres que se repiten son un síntoma de lo social en cuanto se desconoce al otro como sujeto y se lo reduce a la condición de objeto, esto nos lleva a pensar en un no cesa que hace serie, un no cesa de satisfacerse en el displacer.
El presidente Obama refiriéndose a la masacre de Newtown dijo: “no estamos haciendo bastante y admitió que hay “causas complejas” a la violencia en su país, insistiendo en que “no podemos aceptar como rutinarios los acontecimientos como éste”. Finalmente, arrojó una pregunta: “¿la violencia que afecta a nuestros niños es el precio de la libertad?”
Lo escrito retorna en la violencia de la masacre como síntoma. La ficción desfallece y lo real irrumpe pulverizando todo sentido.
¿Qué camino para los analistas en los tiempos del “todo vale”? Tal como lo ha dicho Jacques A. Miller, “se abre un campo para el psicoanálisis para la pasión por lo nuevo” y cada uno abrirá “la vía de su escapada” para arreglárselas en su particularidad en la era pospaternal.
El analista debe saber ubicarse en las encrucijadas que le presenta la subjetividad de su época y, la masacre  pensada como síntoma de lo social, nos lleva a considerar el síntoma uno por uno, para desde allí, con su interpretación y desde lo singular del sujeto el analista haga valer el recurso a la eficacia de un principio ético que apelará a la responsabilidad del sujeto.
1) Miller, J. A., Punto Cenit-Política, religión y el psicoanálisis-cap.II ”La lógica del gran hombre”, Colección Diva, Bs. As., 2012,pág. 127.
2) Silvia E. Tendlarz y Carlos D. García, ¿A quién mata el asesino?-Psicoanálisis y criminología-, Cap V, “Crímenes contemporáneos”, Grama ediciones, Bs. As. 2008, pág 102.
3) Miller J. A., “El aparato de psicoanalizar”, Virtualia 2004.
*San Andreas fue el videojuego más vendido para la videoconsola PlayStation 2 con 20,17 millones de copias, que ha sido el mayor éxito Rockstar Games Inc.

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