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La función de la escritura en la experiencia psicoanalítica. Parte I

Por Araceli Fuentes Garcia-Romero
Publicado en Lectura Lacaniana: 6 abril, 2016
En esta primera entrega, la autora señala cómo el interés de Jacques Lacan ha sido una constante que fue atravesando toda su enseñanza, abordada desde la lingüística, la lógica y finalmente la topología.
Siendo la palabra inasible, ella misma tiene efectos de escritura y de ello testimonian los análisis, por donde lo escrito logra cernir algo de lo real. Es en el seminario “De un discurso que no fuera el del semblante”, en donde diferencia la letra, situada del lado de lo real, y el significante, perteneciendo al semblante. 
Lo imposible de escribir es aquello que interesa a Lacan  de la escritura lógica. Es la escritura china, aquella que Lacan acoge en los últimos tiempos de su enseñanza, debido a que en esta escritura, la letra tiene al trazo como fundamento.
Del seminario XVIII,  Lacan elabora en el capítulo cinco la articulación necesaria entre palabra y escritura. Allí señala que la palabra es primera en relación a la escritura. Lo que se escribe, nos remite al goce que se fija. Esta articulación será ejemplificada por un recuerdo del escritor francés Michel Leiris, que la autora toma del artículo de Éric Laurent titulado La lettre volée et le vol sur la lettre.
Finalmente, la escritura en-Lituraterre, sitúa cómo para Lacan aquello que es trazo, se le presenta en una topología del espacio vacío y del tiempo como instante de ver, allí en donde, a su decir, “la única condición decisiva es la del litoral”. “Huella” que Lacan ve, no precisamente para decir, para indicar, sino como el surco mismo, para “producir relieve”.
 
Andrea F. Amendola
 
 

El interés de Jacques Lacan, tanto por la letra como por la escritura, atraviesa toda su enseñanza, comienza con su seminario sobre La Carta Robada de 1957, basado en el famoso cuento de Edgar Alan Poe, sigue con su escrito de ese mismo año titulado La instancia de la letra en el inconsciente, continua con Lituraterre, un artículo que forma parte del Seminario XVIII en el que nos da un apólogo de lo que es para él la escritura y llega hasta el final de su enseñanza, cuando introduce una nueva escritura, el nudo borromeo, construido con redondeles de cuerda. Lacan presenta su nudo por primera vez en el Seminario XX, Encore (1972-73), dedicándole un capítulo a la función de lo escrito. En este recorrido la escritura es abordada a partir de la lingüística, la lógica y finalmente la topología.

La necesidad de la escritura en el psicoanálisis.
Dado que el psicoanálisis es una experiencia de palabra, la pregunta de para qué necesita el psicoanálisis la escritura, parece pertinente. A pesar de que el psicoanálisis es una experiencia que no tiene otro medio que la palabra y de que no puede hacerse por escrito, sin embargo el psicoanálisis necesita el escrito porque la palabra es inasible, porque la verdad que la palabra porta siempre se escabulle,la verdad sólo puede decirse a medias, y porque es imposible decir toda la verdad. Esta imposibilidad para aprehender toda la verdad impide construir un saber sobre la verdad, razón por la cual no hay saber sobre la verdad en psicoanálisis, lo que es inaceptable para la ciencia.
Por otra parte, la verdad sufre una progresiva desvalorización en el curso de la enseñanza de Jacques Lacan, en beneficio de lo real, que se convierte en el polo que orienta la experiencia analítica. Real y escritura, ambos son necesarios para poder pensar un principio de conclusión de dicha experiencia, sin los cuales un psicoanálisis no tendría fin. Para poder concluir un análisis hace falta que no todo sea inasible, es preciso que algo se pueda cernir, y eso se logra gracias a la escritura.
La concepción que tiene Lacan de la palabra implica que la palabra misma tiene efectos de escritura, así vemos como lo que se descifra en la palabra bajo transferencia tiene efectos de escrito, efectos que permiten poder asegurar a un real de la experiencia. De este modo se escribe una secuencia que va de la palabra al escrito, y del escrito a lo real.

¿Cómo concibe Lacan lo real?
En un primer tiempo lo que hace función de real para Lacan se sitúa en el saber como un imposible, lo real es lo imposible de saber1. En este momento, es real todo aquello que la estructura del lenguaje no puede aprehender, por ejemplo: el deseo, por ser incompatible con la palabra, la causa del deseo, por ser irrepresentable, o lo real que comanda a la verdad, porque ésta es impotente para decir lo real.
No obstante, como la verdad insiste, esta insistencia abre la posibilidad de cierto apercibimiento sobre la causa real e innombrable que anima y comanda a la verdad. Dicho apercibimiento que se alcanza en el instante de un relámpago no llega sin embargo a transformarse en un saber sobre lo imposible. Es decir que ese instante de apercibimiento no se convierte en un saber, así lo afirma Lacan en La carta a los italianos, cuando dice que se trata de “un saber vano sobre un ser que se escapa”, o lo que es lo mismo: que no hay saber sobre el objeto innombrable a, aunque éste pueda ser inducido, o vislumbrado, a partir de lo que se constata de la insistencia del deseo.
En esta época su concepción del pase y del final del análisis se corresponde con la idea de que hay una travesía del fantasma que en el instante de un relámpago iluminaría la relación del sujeto con la causa de su deseo. Cuatro años más tarde, en el Seminario De un discurso que no fuera del semblante, Lacan da un paso más al buscar “lo que hace función de real en el saber”, no a partir de la inducción, como había hecho antes, sino a través de la escritura lógica y sus impases.
En este Seminario produce la diferencia entre la letra, que sitúa del lado de lo real, y el significante, que pertenece al semblante.
De la escritura lógica lo que más le interesa es su límite, es decir lo imposible de escribir. También se interesa por la escritura china, a la que toma como modelo de escritura porque en la caligrafía china la letra tiene al trazo por fundamento.

Palabra y escritura
Lacan dedica el capítulo V del Seminario XVIII a mostrar que hay una articulación necesaria entre la palabra y la escritura, articulación sin la cual hablar de escritura en psicoanálisis no tendría ningún sentido. En dicha articulación la palabra goza de anterioridad con respecto al escrito.
En psicoanálisis palabra y escritura no están separadas como se podría creer, lo que se escribe fue primero palabra y lo que contingentemente deja de no escribirse y se escribe, se escribe sirviéndose de la palabra. La palabra es primera respecto de la escritura y lo que la escritura escribe no es otra cosa que lo que del goce se fija. Dicho en otros términos el goce se fija al escribirse.
Tomaré un ejemplo de esta articulación entre palabra y escritura del artículo de Éric Laurent titulado La lettre volée et le vol sur la lettre2.
Nos lo proporciona el escritor francés Michel Leiris quien lo menciona en sus escritos como el primer recuerdo de su infancia. Siendo niño, Michel Leiris estaba jugando con unos soldaditos que le gustaban mucho, en un momento dado su soldadito preferido está a punto de caerse y romperse, pero, por suerte, él logra agarrarlo al vuelo al mismo tiempo que exclama “¡reusement!”. El niño quiso decir “felizmente”, quiso decir que por suerte el soldadito no se había caído, pero no dijo la palabra correctamente, se comió una parte de la palabra (heu) y la madre, que estaba presente, en lugar de hacer una broma con el invento de su hijo, le corrigió diciéndole: “se dice heureusement.”
A partir de entonces el niño, cuya alegría reusement la madre no supo acoger, se transformó en un ser triste y reusement, en lugar de ser el signo de su alegría escribió el goce perdido cómo la letra de su tristeza pues la intervención de su madre le hizo perder l´heureux, atándolo a la desgracia para siempre. Lo que sucede no está ligado al efecto de significación sino al afecto de goce, en el mismo contexto, las cosas hubieran sido diferentes, si él hubiera tenido una madre más alegre, menos depresiva, que en lugar de fastidiarlo con ese purismo, hubiera hecho un chiste del que los dos se hubieran reído.
La felicidad de este niño quedó perdida para siempre, la intervención de su madre hizo que su posición subjetiva quedara ligada a la compañía del malheur, de la desgracia, desgracia que siempre se le hacía presente a través de todas las significaciones, y de todos los efectos de sentido, convirtiéndose en compañera del sujeto.
Michel Leiris hizo un largo análisis después de un intento de suicidio grave. Como escritor fue un escritor que ya nunca más le consentiría a nadie decirle cómo se dicen las palabras, pues él mismo se erigió en el amo de las deformaciones que introdujo en su escritura.
Así vemos cómo lo que primero fue jaculatoria dicha por el niño, terminó escribiéndose como letra de goce.
La escritura-en-Lituraterre.
En este escrito Lacan nos presenta un apólogo de la escritura, al que J.A. Miller, con ironía, califica de apólogo meteorológico. Allí cuenta que al volver de un viaje a Japón por una nueva ruta que atraviesa Siberia, una ruta que hasta entonces había estado cerrada, le sucede algo que podríamos calificar como un acontecimiento de goce producido en condiciones especiales de espacio y tiempo3: desde la ventanilla de su avión, ve los surcos dejados por la lluvia sobre la desierta planicie siberiana y lo que ve le hace pensar en una escritura, todo sucede en el transcurso de un instante.
En esta topología del espacio vacío y del tiempo como instante de ver, “la única condición decisiva es la del litoral”. Las huellas producidas por la lluvia al caer constituyen con sus líneas una orografía que tiene relieve.
Según M.H. Roch, Lacan, no sólo da valor de escritura a lo que está viendo sino que, aunque él no lo diga, el relieve de esa orografía le evoca la escritura china, y más precisamente el trazo del calígrafo4, no el de cualquiera sino el de Shitao, el pintor calígrafo del siglo XVII al que había conocido gracias a François Cheng5, el calígrafo que habló del “único trazo del pincel”.
“Así fue como irresistiblemente se me presentó (…) entre las nubes, el aluvión, que es la única huella que aparece para producir, más que para indicar, el relieve (…) en la llanura siberiana, planicie verdaderamente desolada (…) sin ninguna vegetación más que ref lejos de este aluvión que empujan a la sombra lo que no resplandece”6.
Esta escritura no está hecha para indicarle nada a nadie, pues no hay nadie, la estepa está desierta.

 

Referencias
1 C.Soler, L´inconsciente réinventé. Ed.Puf, París 2009. P. 18.
2 E.Laurent, “La lettre volée et le vol sur la lettre”, Revue de L´école de la cause freudienne, nº43.
3 M.-H. Roch, “Du litoral en psychanalyse. Une lecture de Lituraterre”. Curso del 7 de diciembre de 2009. Web ECF.
4 F. Cheng, Vacío y plenitud. Ed Siruela, 2008.P. 199.
5 Ibid.
6 J. Lacan, “Lituraterre” en De un discurso que no fuera del semblante. Ed. Paidós, 2009. P. 105.

 

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