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La feminización del mundo contemporáneo, rasgo de nuestra época

Por Andrea F. Amendola
Publicado en Lectura Lacaniana: 21 abril, 2016

Nuestra época: el comité síntoma

En “El Otro que no existe y sus comités de ética” Miller y Laurent sitúan como propio de la época del Otro que no existe, la multiplicación de los comités. Se trata en los comités de debatir, declarar controversias, conflictos, disensiones, comunidad, atisbos de consenso, escepticismo sobre lo verdadero, lo bueno, lo bello, sobre las palabras y las cosas, sobre lo real.

La sociedad contemporánea advierte el carácter ficcional del Otro, del Nombre del Padre y de los ideales, entonces es el sentido mismo de lo real lo que se ha vuelto un interrogante.

Miller dice que nos vamos sumergiendo en “una sociedad deliberativa, cuya verdad es que quizás es una sociedad de debilidad generalizada” (1), en donde los comités de ética son la conversación de los débiles, esos que están desconectados del discurso del Otro. Surge un esfuerzo por hacer existir la comunidad en el lugar incesantemente ocupado por saber el valor exacto de lo que se dice. Entonces el comité, surge así, como síntoma del Otro que no existe.

En este seminario, Miller se plantea como pregunta fundamental qué orientación conviene al psicoanálisis, cito: “frente a una subjetividad contemporánea que está arrastrada, cautivada, envuelta en un movimiento  casi irreversible que la sumerge industrialmente en semblantes cuya producción siempre acelerada constituye, en lo sucesivo, un mundo que no deja a la idea de naturaleza más que una función de nostalgia, un futuro de conservatorio, de especie protegida, de zoológico, de museo”.(2)

Se trata de una sociedad regida por un goce ilimitado, no limitado por el NP ni regulado por el falo. Incluso si pensamos en el fantasma, como aquella maquinaria que, desde el Otro, metaboliza el goce para que el significante produzca un sentido placentero, en esta contemporaneidad, el marco fantasmático queda desarticulado del sentido, imponiéndose el síntoma como acontecimiento de cuerpo, como ese Uno que se itera, fuera de sentido.

En nuestra era, la tecnología científica trastoca lo real de la vida y esto llega en cada sujeto que viene a consultarnos, en estas nuevas subjetividades impregnadas por el nada es imposible.

Una mujer de cuarenta y cinco años consulta angustiada, porque su prepaga ahora le cubre la posibilidad de ser madre adquiriendo un óvulo anónimo depositado en un banco de reserva y de óptima calidad. El paso del tiempo ha desmejorado la calidad de sus propios óvulos.  La divide pensar que ese hijo pueda preguntarle sobre el origen, qué decir si ese ser pregunta, ¿de dónde vengo? ¿cómo decirle que lo vendieron por dinero? ¿quién es la madre? Preguntas éstas que le traen el sentido de “manipulación”.

Pensando en nuestra época y su rasgo, es en “Punto Cénit” en donde Miller dice que en nuestra modernidad el objeto a ha sido elevado al cénit social. El punto cénit como aquel punto de la esfera celeste situado en la vertical de un punto de la tierra. Significaría punto culminante, en su apogeo. (3)

Esto mismo es dicho en su curso “El Otro que no existe y sus comités de ética”, allí dice que a predomina sobre el ideal. En épocas de antaño, la identificación simbólica al ideal mantenía un orden social, autoritario, disciplinario, que sostenía la inserción social.

En nuestra época del Otro que no existe el ideal es reemplazado por el a en el cenit social, de modo que la sociedad del ideal se ha transformado en una sociedad regida por el imperativo superyoico de consumo y esto mismo repercute en el lazo social.

Sobre este punto, Zigmunt Bauman dice en Vida de Consumo: “ el propósito crucial y decisivo del consumo en una sociedad de consumidores no es satisfacer necesidades, deseos o apetitos, sino convertir y reconvertir al consumidor en producto, elevar el status de los consumidores al de bienes de cambio vendibles. Los miembros de una sociedad de consumo son ellos mismos bienes de consumo”.(4)

 

¡Goza!… si no mueres

Un titular en un periódico, del pasado domingo 17 de abril, decía: “Noche sin control, mueren cinco chicos por droga en una fiesta electrónica en Costa Salguero. Según los médicos tenían éxtasis en el cuerpo”. A la venta estaban disponibles “Superman”, una copia a menor costo que en Europa, como así también 007, Corazón, Playboy, circulan a libre demanda y son ofrecidas por las redes sociales, en donde cada adolescente puede consultar precios con total transparencia. Relatan testigos que, mientras algunos jóvenes morían convulsionando en el piso del lugar, otros seguían bailando. Días antes del evento, el Twitter de una sobreviviente a la tragedia  decía: “Lo único que deseo es estar en la Time Warp con la mente en Plutón”.

Un deseo que adviene para taponar la causa del deseo y la división del sujeto, son los consumidores implosionados con sus partenaires contemporáneos.

¿Qué hay por detrás? Dice Michel Foucault al respecto: “para la sociedad capitalista, lo más importante es lo somático, lo corporal”.(5) Los sujetos en busca de ese goce desenfrenado, encuentran en el mercado cada vez más fácil el acceso al MDMA, hoy día se lo importa desde China en polvo, con tan sólo 100 gramos se producen 1.000 pastillas. Las recetas de elaboración están disponibles en tutoriales de you tube, con instructivos de fácil entendimiento. Los resultados sobre los efectos esperados se miden por prueba y error sobre los cuerpos. Y se va mejorando el preparado, según el cliente vomite mucho, poquito o nada.

Parece ser que aún no ha llegado al mercado local la guerra, como sí está sucediendo en EEUU, en donde bandas copian la estética de pastillas de la competencia, les meten esticnina que es un veneno para ratas y  matan así, a algunos clientes. Serán los sobrevivientes, los que podrán optar por otro proveedor.

Esta tragedia nos permite captar aquello que dice Miller en “El Otro que no existe…” en donde dice que, de haber una gran neurosis contemporánea, se diría que su determinación principal es la inexistencia del Otro, que condena al sujeto a la caza del plus de gozar. (6)

Afirma Miller, “si el Otro no existe, por qué no yo en su lugar.”(7) Así es como por la vía del objeto hay una regulación que no es una auténtica regulación, y además, es para cada uno, dando cuenta así de una relación autista que el sujeto tiene con su objeto de goce. Es el mismo exceso el que regula, dando a ver su cara mortífera.

Al escribir “goza…si no mueres”, me costaba situar la puntuación, creo que ambas son aceptables, la propuesta hoy es goza “sino” mueres, en donde el no, la ley y la prohibición son rechazados en nuestra época. Y goza, “si no” mueres, indicaría que mientras haya vida, se estaría más del lado “de las cosquillas que de la parrilla.”(8)

 

Del amor…

Si no hay relación sexual hay contingencia. Miller plantea en “El Otro que no existe…” que cada palabra es un encuentro y su incidencia en el desarrollo erótico del sujeto está marcada por esta contingencia. Es así que los sujetos se dirigen a un analista para buscar una respuesta sobre el amor, traen sus encuentros y sus desencuentros amorosos con la marca del malestar actual, mayormente bajo la forma de la soledad. Podríamos decir, que los sujetos, están orientados por un nuevo ideal: el plus de gozar.

Un adolescente de 16 años consulta porque no puede dejar a su novia. Dice haber intentado separarse varias veces pero le resulta insoportable, entonces se drogaba y se cortaba en diversas partes del cuerpo para aliviar la angustia que la separación le ocasionaba. Eso no era suficiente, y así debía volver cada vez, una vez más a estar con ella. Está con ella desde los 13 años, plantea que le gustaría poder proyectar algo a futuro pero no puede porque se trata de una relación que se inició con el consumo de todo tipo de drogas entre ambos y ella no tiene motivaciones para progresar. Él fue dejando las drogas y los robos porque fueron perdiendo sentido, ya no les sentía el gustito. Se angustia porque se da cuenta que no tiene tema de conversación con su novia, siente un vacío insoportable. Creyó que él era todo para ella, pero dice darse cuenta de que ella está mejor sin él y drogándose sola.

¿Podrá este joven, soportar aquello que un psicoanálisis enseña? Esto es, en la relación sexual no hay programa, hay agujero y éste es el real del psicoanálisis, el de la no relación y el de la contingencia, marca traumática de goce en donde sí advienen los síntomas.

Y ¿qué dice Lacan del amor? En Aún, dice que el amor es impotente, aunque sea recíproco, porque ignora que no es más que el deseo de ser Uno. Lacan agrega: “el ser es el goce del cuerpo como tal, es decir, como asexuado, ya que lo que se llama el goce sexual está marcado, dominado, por la imposibilidad de establecer como tal, en ninguna parte en lo enunciable, el Uno que nos interesa, el Uno de la relación proporción sexual.”(9)

¿Qué resta? Y por qué no, como dice Miller en “El Otro que no existe…” ya que lo que no cambia es la pulsión, se tratará de maniobrar de otro modo lo que no cambia, dice textualmente “arreglárselas con el síntoma con el mismo cuidado que se tiene por la imagen.” (10) Digamos entonces, resta, amar su síntoma.

 

Síntoma

En nuestra época, signada bajo la lógica del No-Todo, en donde no hay el Uno que haga excepción y es el objeto a quien comanda, encontramos en la clínica, cada vez más, sujetos que hablan con sus cuerpos y sus síntomas, no obstante, éstos no se prestan a una articulación de sentido fálico.

¿Cómo define Miller el no-todo?

“[…] el no-todo no es un todo que supone una falta, sino lo contrario, una serie en despliegue, sin límite y sin totalización. Por eso el término globalización es inestable, pues se trata precisamente de que ya no hay todo, de que en el proceso actual, aquello que constituye un todo y establece un límite se encuentra amenazado, vacila. Entonces, llamamos globalización a un proceso de destotalización que pone a prueba todas las estructuras totalizadoras.”(11)

Allí en donde antes el amor al padre vehiculizaba un ordenamiento sintomático, en ese mismo lugar hay un agujero, que no posibilita tal articulación de saber.

En nuestra contemporaneidad, el síntoma pasará a sostenerse no de la creencia en el nombre del padre sino a partir de la efectividad de la práctica analítica.

Desde este lugar es que Lacan menciona en el seminario XXIII a la Dora de Cixous, en donde los síntomas que expone la obra son los mismos que la Dora que todos conocemos, pero en otro estatuto diferente. Esta Dora presenta sus síntomas rechazando cualquier S1, es un síntoma que se sostiene solo. Un hay Uno al que Lacan llamará “histeria rígida” y lo rígido lo sitúa en que no se dirige a ningún Otro que lo complete, es una respuesta al trauma sexual que se sostiene solo.

En este contexto del Otro que no existe, Miller señala en relación al síntoma que el neurótico ya no se hace escuchar, lo cual nos invita a preguntarnos ¿cómo interviene el analista cuando el síntoma no habla, si no se da a la interpretación?

La última enseñanza de Lacan rechaza el sentido, lo cual es coherente con la época del Otro que no existe. La clínica nodal se orienta más por las contingencias, aquellas que consideran los agujeros de las estructuras y en donde las distintas suplencias habilitan a la invención singular, muy diferentes al nombre del padre.

Dice Miller “cuando se trata de la sexualidad y del goce, se manifiesta la ausencia de saber en lo real” (12). Se trata de un no cesa de escribirse, precisamente por eso hay síntoma.

 

Feminización del mundo

Se ha dado un pasaje del Todo y la excepción, que caracteriza a la sexualidad masculina, al No-Todo que rige el lado izquierdo de las fórmulas de la sexuación y que corresponde a la posición femenina.

Al plantearse que el Otro no existe, esto incluye la negación de los dos principios que sostenían la lógica del Todo: la excepción falla en su función, desaparece el padre que ya no regula con su prohibición y esto ocasiona el estallido del Todo, el conjunto no cierra, pierde su consistencia. Dice Miller en “El Otro que no existe…”: “La estructura que Lacan llama No- Todo responde al Otro que no existe, y la universalización, lejos de inscribirse en el espacio del para todo x, es el No-Todo generalizado, no lo general sino el No-Todo en todas partes, que se manifiesta por la estructura de red.”(13) Internet es un claro ejemplo pues no permite cerrar el conjunto, armar un universal, un Todo.

En “El Otro que no existe…” Eric Laurent deja en claro que cuando se habla de feminización del mundo desde el psicoanálisis, no se refiere sólo al ascenso de las mujeres en la carrera social y a la existencia de ciertas mujeres de hierro que encarnan el lugar del Otro en la cultura. Laurent señala que la verdadera feminización del mundo, es que las damas son quienes están más cómodas con el estado actual del Otro que no existe. A esta comodidad o afinidad, Miller decide caracterizar entonces la época como el nuevo reino del No-Todo.

Las mujeres son ubicadas así, como mejor posicionadas para encontrar un saber hacer con la época ya que su relación a los ideales es más lábil que para los hombres. Retoma cómo Freud ha subrayado que las mujeres son menos propicias al lazo social porque son garantes de las relaciones sexuales. Dice Eric Laurent: “cada uno se encuentra como las mujeres manteniendo el derecho y el valor de la relación sexual convertida en modo de gozar.”(14)

Hay una consonancia del sin límite del goce femenino con el empuje al goce ilimitado de la época actual. Es importante recordar que “la gula del superyó” es producto del goce estructural y no producto de la civilización, ese malestar que Freud tempranamente supo localizar y en donde las políticas del mercado han logrado ser efectivas a la hora de apuntar hacia lo ineliminable propio del ser humano.

De este modo, la feminización del mundo considero que invita a  los analistas a adaptarse a las condiciones de la época, ya que el No-Todo, como dice Eric Laurent, “es una forma de organización de nuestro mundo.”(15)

Es dentro de esta organización que en cada análisis se tratará de aislar la presencia del goce en su contingencia, para maniobrar aquello que no cambia, no sólo sabiendo hacer, porque como dice Miller  “el saber hacer es una técnica, funciona cuando se conoce la cosa de la que se trata”, sino fundamentalmente, desde un saber arreglárselas, pues “está ajena a toda captura conceptual.”(16)

Un saber arreglárselas con la opacidad del goce, porque cuando el Otro no existe “sólo queda el uso” (17)  Lacan dice en su última enseñanza que uno siempre se embrolla y en eso el nudo es “el objeto que muestra que lo esencial de la condición humana es el embrollo, el nudo” (18). Será entonces, un saber arreglárselas con el embrollo de cada uno.

 

 

Bibliografía:

 

1) Miller, Jacques A. “El Otro que no existe y sus comités de ética”, pág. 39

2) Idem, pág. 14

3) Miller, Jacques A, “Punto Cénit” pág. 10

4) Bauman, Zygmunt, “Vida de Consumo” pág. 83

5) Foucault, Michel, La naissance da la médecine sociale”, Dits et Écrits III ,op. cit., p.209-210

6) Miller, Jacques A, “El Otro que no existe y sus comités de ética”, pág.19

7) Idem, pág. 109

8) Lacan, Jacques, Seminario 17: Clase 7, El campo lacaniano, 11 de Febrero de 1970

9) Lacan, Jacques, Seminario Aún, pág. 14

10) Miller, Jacques A, El Otro que no existe y sus comités de ética”, pág. 422

11) La clase del 22 de mayo de 2002, fuente de la cita, se encuentra publicada en la revista Mental: MILLER. “Intuitions milanaises[2] ». En Mental – Revue Internationale de Santé Mentale et Psychanalyse Appliquée, n. 12,

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