Errores&Lapsus

Errores XXX

Por Carlos Dante García
Publicado en Lectura Lacaniana: 21 septiembre, 2015

Hemos dicho que la definición freudiana del síntoma psíquico es la de un acto inútil pero para Freud no todo comportamiento del sujeto es un acto inútil. Siempre acto psíquico en el sentido freudiano de satisfacción pulsional. Desde la pulsión no había utilidad o inutilidad. Vamos a volver a los llamados por Freud síntomas egosintónicos.

Fíjense que lo llama síntoma sin ser síntoma porque su característica es que el sujeto no lo padece. El mundo moderno, tan proclive a que el sujeto incremente el cuidado de sí a grados extremos por todo lo que provee el mercado para su consumo, facilita y empuja con sus razones explicativas al sufrimiento de los otros, al sufrimiento del Otro.

Las parejas se quejan del tiempo en que cada vez más los hombres usan el baño para ocuparse de su pulcritud; los hombres se quejan de que ellas no permiten que se acerquen si no están bien lavados ( en éste caso, ella llegaba al extremo sin que ella lo considere un síntoma, de lavar el pollo con detergente antes de cocinarlo y de no permitir que nada se llevara a la cama común sino los cuerpos de ambos muy limpios por lo tanto se generaba un escándalo si él llevaba algún sándwich a la cama por las miguitas que podían quedar); las familias se quejan del tiempo que uno de sus integrantes se la pasa en el baño cuando éste es compartido por la familia.

En ninguno de estos casos el síntoma es del sujeto sino que es un síntoma para el Otro y hay que subrayar el para a diferencia del síntoma del Otro en las psicosis.  Hay una gran variación de síntomas para el Otro que no son síntomas para el sujeto, esto es, no les genera ningún sufrimiento. Sí el sufrimiento está del lado de los otros.

Puede ser un síntoma de pulcritud y escrúpulos que el sujeto interpreta siempre como un  cuidado de sí para el semejante. Generalmente, en la mayoría de los casos, estos síntomas egosintónicos no conducen a la consulta del analista  porque no hacen sufrir al paciente, a excepción que el mismo haya llevado a un gran sufrimiento a los semejantes. Por lo general son considerados por el sujeto como un rasgo de carácter, un rasgo de personalidad o una costumbre. Sólo el exceso llama la atención al paciente pero no lo suficiente para generar una pregunta sobre el síntoma que además forma parte de la realidad cotidiana como ya lo destacó J.A.Miller.

Para Freud estos síntomas conllevaban una utilidad, la llamada “ganancia de la enfermedad” tan bien situada por Freud para la histeria como para la neurosis obsesiva. Son síntomas que no conllevan un sufrimiento para aquel que hace y porta el síntoma. En estos casos, en la mayoría de los casos la demanda de análisis proviene del Otro que no es el sujeto. A veces la consulta se produce cuando la ganancia de la enfermedad se transforma en una tortura para el sujeto por la exigencia de su realización.

Hay diferentes motores como decía Freud para hacer un análisis; a veces se los llama “problemas”, “inconvenientes”, “obstáculos”, “estorbos” pero en cualquier caso para Freud “el motor más directo para la terapia es el padecer del paciente y el deseo, que aquí se engendra de sanar” Estos llamados “síntomas” por Freud, presentan la rigidez de lo que mencionamos hace varios números como la rigidez que no da lugar a la participación del inconsciente en el lapsus, error o síntoma.

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