Errores&Lapsus

Errores XXV

Por Carlos Dante García
Publicado en Lectura Lacaniana: 19 enero, 2015

Es bastante frecuente, a pesar que han pasado más de 100 años de existencia del psicoanálisis, que un analista se encuentre en la vida, por fuera de la práctica misma del psicoanálisis, ante comentarios casi de sentido opuesto. En un caso es: “He tenido tal sueño. Me podría decir qué significa” En el otro caso: “Su presencia me incomoda porque usted puede estar escuchando y observando haciendo interpretaciones cuando la situación no da para que usted interprete”

Me ha ocurrido esto en reuniones familiares, sociales y en el consultorio. Lo que es más llamativo es en reuniones en donde la cuestión tratada es el arte, en el ámbito de la creación literaria o en el ámbito de la pintura. Terror a la interpretación o demanda de interpretación.

Cualquiera de esos comentarios ubica al analista en forma indudable en una función de intérprete solicitando la interpretación o temiéndola, siempre fuera del contexto de la experiencia analítica. Es una demanda de saber sin que, y esa es la pretensión, participe el inconsciente. En cualquiera de los casos se pasa por alto ciertas condiciones para la interpretación, y de entre ellas, la fundamental, el consentimiento a recibir la interpretación y dejarse atravesar por ella. Y el consentimiento a hacer que para aquel que pregunta por el sentido de un sueño o un lapsus participe del mismo con su suposición.  Se puede decir que antes que aceptar la interpretación de un analista cabe la pregunta: ¿aceptas la interpretación de tu inconsciente? En efecto, antes de toda cuestión preliminar a un lapsus o un error, ¿es para ti un lapsus o un error? Vivimos en un tiempo en que o vamos hacia la interpretación o hacia la perplejidad. Vamos hacia la movilidad de las interpretaciones o vamos hacia la fijeza, en la que no hay ni lapsus ni error, esto es, no hay síntoma.

En éste sentido, cabría entonces considerar para toda orientación de la cura, los cinco estatutos del síntoma que hemos tratado en el Seminario “Clínica de los síntomas contemporáneos” del año 2011, en la clase N°5 dictado en el marco de los Seminarios diurnos en la Escuela de la Orientación Lacaniana: Allí decíamos: “C.D.G.: Hay una afirmación con la que comienza Freud en la Conferencia XXIII “Los caminos de formación de síntomas”, una afirmación que hay que tener presente para mi gusto, con un cuadrito en el consultorio, en la sala de espera, dentro del consultorio también.

Esa afirmación dice: A juicio de los legos, los síntomas constituyen la esencia de la enfermedad. Para ellos la curación equivale a la supresión de los síntomas.

Entonces toda la gente que llega a análisis lee eso y se ubica, o sea, a juicio de los que no saben, de los que opinan.

A renglón seguido va a decir que este criterio es el de los médicos. Por supuesto en todo lo que va a seguir desarrollando Freud no va a estar de acuerdo con esto. Va a terminar diciendo en un primer apartado de esa conferencia, algo que tiene resonancias con lo que es el tema del próximo Encuentro Internacional, va a terminar diciendo así: Estar enfermo es en esencia un concepto práctico, dado que el síntoma requiere una cantidad de energía para ocuparse de él. Pero si se sitúan en un punto de vista teórico y prescinde de estas cantidades podrán decir perfectamente que todos estamos enfermos, o sea que todos somos neuróticos y que el síntoma puede pesquisarse en las personas normales. Página 326, es el primer párrafo de la Conferencia XXIII “Los caminos de formación de síntomas”.

¿Por qué traigo este párrafo? Primero para subrayarles e indicarles de qué manera nos podemos situar como analistas frente a los síntomas. Freud va a situar el síntoma en relación a la esencia de la neurosis, y en todas las neurosis, es decir, no va a considerar que el síntoma es algo a suprimir, como enfermedad, exclusivamente como criterio médico. Ahora vamos a ver cómo va a abordar el síntoma de una manera muy peculiar al comienzo de estas Conferencias.

Segunda cuestión es para indicarles también que el síntoma como enfermedad, exclusivamente como enfermedad, es un síntoma médico, no hay que olvidarse de esto. Síntoma como enfermedad es un criterio médico, exclusivamente médico.

Lo exclusivamente médico también es que el síntoma sea enunciado y dicho por el médico y no por el paciente. Entonces tenemos dos criterios: concepción del síntoma como enfermedad, médico. Y concepción del síntoma hecho por el otro, es decir por el médico, o aún un asistente social, o aún un psicólogo, o aún a veces en algunas ocasiones algunos psicoanalistas, el síntoma planteado así es de criterio médico.

Esto nos lleva a algo que formulé en la primera reunión de nuestro Seminario que es la generalización en el mundo contemporáneo de llamar síntoma a diferentes cuestiones. Al mismo tiempo se pierde la especificidad del síntoma. En vez de llamarlo síntomas se los llama trastornos, pero un criterio para que esto quede más en evidencia, un hecho denunciado de violencia familiar o de violencia doméstica, al estar incluido en la Organización Mundial de la Salud cómo un problema médico, un problema de salud, pasa a ser una cuestión legal y una cuestión médica. Legal cuando se la denuncia y se hace intervenir al discurso jurídico y médica, en el modo de tratarlo que implica medicamentos, ir al psicólogo. Cuando el que realiza la acción violenta ni lo considera, muy lejos de considerarlo un síntoma.

Entonces en el año 2000 es incluida la violencia en la Organización Mundial de la Salud como una cuestión de salud, y por lo tanto la significación que empieza a tomar todos los fenómenos de violencia es del lado de un síntoma, de algo que no funciona y que tiene que ser tratado, si no es tratado es condenado, tratamiento psiquiátrico, tratamiento psicológico o condena, pero los tres tratamientos están incluidos dentro del paquete de lo que sería la salud, es para darles un ejemplo. Lo mismo ocurre con la cuestión de la droga con algunas diferencias.

Entonces esta clínica , ¿dónde conduce y qué caracteriza a esta clínica? Es una clínica de la lengua del Otro, no es una clínica del inconsciente ni una clínica del sujeto. Por qué una clínica de la lengua del Otro?  Porque la lengua del Otro es la lengua que genera la Organización Mundial de la Salud como puede ser el DSM, es una lengua que hace una tipología de síntomas. ¿A qué se presta esta tipología de síntomas? Se presta a que los pacientes digan ‘soy tal cosa, me ocurre tal cosa’, como puede ser también un ataque de pánico, donde no articulan nada de sí en “su texto”.

Entonces tenemos un síntoma que es el síntoma de la época, que es el síntoma de la lengua del Otro. Esto tiene un nombre dado por Miller que es una clínica del amo.

Clínica del amo es un Otro dice qué soy yo, no lo digo yo ni lo dice mi inconsciente, un Otro, esto es una institución me dice que soy depresivo, una institución me dice lo que fuere, que soy violento, o que soy víctima de la represión.

Entonces vamos a ubicar aquí una especie de cartografía del síntoma que sería así, podemos decir síntoma, lengua del Otro, lengua del Otro que es mediante ciertos términos que son descriptivos, que son extraídos de las conductas, de los comportamientos, de evaluaciones estadísticas, con eso se construye una clínica de los síntomas.

 

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