Errores&Lapsus

Errores XX

Por Carlos Dante García
Publicado en Lectura Lacaniana: 5 enero, 2015
Quedamos en lo poco que es a veces la interpretación del analista. Recordemos que hace varios números atrás habíamos enunciado siguiendo lo que Miller destacaba de Lacan que era una cierta pretensión de autoría que el analista se considerara el propietario o el dueño de la función de interpretación.
Es muy cierto que la función del analista es interpretar pero la interpretación del analista, habíamos dicho no es exclusividad del analista.
El inconsciente interpreta y el analista se acerca, se aproxima hace de las veces de ese inconsciente intérprete. Habíamos dicho que Lacan sugiere esto y que Miller lo explicita. Más aún, no mencionamos, lo hacemos ahora, Miller en el texto mencionado “Entonces: Sssh…” en la página 43 en el capítulo titulado “Apología de la sorpresa” dice que lo que él enuncia, esto de que el inconsciente es intérprete está en Lacan, que ésta tesis está en Lacan y que hay analistas que dicen que no. Entre ellos Pierre- GIlles- Gueguen.
Miller dice explícitamente: “Esta tesis, usted dice- No está en Lacan”. Yo pienso que sí está en Lacan- Puede discutirse. Usted dice- Es algo que se concluye de Lacan. Yo daría todavía más a Lacan. Voy a añadir algo más, un poquito a esta tesis de,  el inconsciente interpreta, un giro irónico. Sería maravilloso que el inconsciente interprete, si en su interpretación, fuera tan seguro como la pulsión.
La pulsión, concepto de Freud, designa algo que no se equivoca nunca. El deseo por el contrario. se equivoca siempre… SI el inconsciente interpretara de una manera tan segura como la pulsión sigue su camino, diríamos por ejemplo- No le des más vueltas, duerme y después en sueños verás qué pasa. Por otra parte.
En parte se ha hecho esto.  Se ha trabajado en los sueños con ésta idea- Sueña y sabremos lo que va a sucederte, estaremos seguros. O también, – Ves a la calle, escucharas algo, me lo traerás, y será justo lo que hacía falta”
La historia abunda en ejemplo donde, para prevenir el peligroenunciado, el sujeto toma medidas que lo llevan precisamente al centro mismo del peligro y, en ocasiones adelantan su muerte. Fue a Catalina de Medicis que le dijeron- No hay que acercarse a Saint- Germain. Entonces huyó de todos los lugares donde estaba Saint- Germain. Saint-Germain l’Auxerrois, y después, cuando estaba en el último suspiro, llega el cura, ella le pide su nombre, él le dice Saint- Germain y comprende que ha llegado el final”

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