Errores&Lapsus

Errores XVII

Por Carlos Dante García
Publicado en Lectura Lacaniana: 5 enero, 2015

Continuando con Creso, sobre lo que ocurrido tras su apresamiento hay dos versiones, una contada primero por Heródoto y otra por Baquílides. Ambas coinciden en que Creso fue conducido a una pira y al iniciarse el fuego, en vez de implorar a cualquier dios, recordó a Solón, que le había hablado de la inestabilidad del hombre, gritando su nombre. Ciro intrigado le cuestionó sobre Solón.

Según Heródoto, Creso respondió que Solón «es aquel que yo deseara tratasen todos los soberanos de la Tierra, más bien que poseer inmensos tesoros», y le refirió lo sucedido y lo que Solón había dicho sobre la felicidad, esto es, que la fortuna del hombre es tan cambiante que sólo es posible conocer o medir su felicidad después de que ha muerto.

Heródoto plantea la cuestión de una manera teatral, de cómo un hombre puede aprender de los errores de otro, además le sirve para trasladar a partir de ese momento su atención de Creso a Ciro en su historia.

En todo caso, las palabras de Creso sobre Solón conmueven a Ciro y, viendo reflejada su dicha actual en la otrora buena fortuna de Creso, manda apagar el fuego, aunque demasiado tarde.
A partir de ese punto las versiones se contradicen. La más defendida, por el propio Heródoto, Éforo, Jenofonte y Ctesias dice que Creso al ver el arrepentimiento de Ciro imploró a los dioses y estos apagaron el fuego con una tormenta. En la otra versión, expresada por Baquílides, Creso muere de forma voluntaria pese a la tormenta. La Crónica de Nabónido también apoya la teoría de la muerte de Creso, al contar que Ciro conquistó Lidia y mató a su rey. Siguiendo la primera versión, cuenta Heródoto, que quedó en la corte de Ciro, siendo bien tratado y sirviendo al rey persa, y a su hijo Cambises, como consejero. Así lo muestra Heródoto, aconsejando a Ciro que ataque a los masagetas en el país de éstos y no en la propia Persia como había propuesto Tomiris, reina de los masagetas. Antes de partir a la batalla, en la que moriría, Ciro deja a Creso con Cambises, al que ya había nombrado heredero.
Comprobamos entonces que también las palabras del oráculo tienen el mismo valor que el texto de un sueño: son palabras a ser interpretadas como el mensaje de los dioses que guían el destino permitiendo tomar decisiones. Entre la palabra del oráculo la acción que se decide media una interpretación. En el caso de Craso encontramos que ambas interpretaciones son “erróneas” si se las puede llamar así.
Contribuyeron al destino no solo  de Craso sino de la humanidad ya que diseñó determinado período histórico dominado por los persas en Grecia.
Notemos además que tanto” la punta de hierro” como “la destrucción de un imperio” no presentaban ninguna sombra de sentido.
No había una separación temporal entre el quod y el quid, entre “eso quiere decir algo” y “eso quiere decir tal cosa”.

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