Errores&Lapsus

Errores XV

Por Carlos Dante García
Publicado en Lectura Lacaniana: 5 enero, 2015
Es un señuelo unilateralizar la interpretación del lado del analista como su intervención, su acto, su decir, su acción. La idea que nos sugirió Lacan y enseña Miller es que el analista toma el relevo del inconsciente, hace lo que hace el inconsciente.
El inconsciente interpreta y el analista, si interpreta, lo hace a continuación suyo (página 9) Y sin embargo el inconsciente también quiere ser interpretado y más aún, se ofrece a serlo. ¿Por qué? Porque el deseo inconsciente es deseo de tomar sentido. Podemos decir que en general toda formación del inconsciente aún fuera de la privacidad analítica es deseo de interpretación, deseo de toma de sentido. Bien puede ocurrir que aquel que comete un lapsus no lo tome como tal. Ni siquiera lo escuche o si lo escucha, para él no tiene una sombra de sentido. Un lapsus, un error, tiene que tener como requisito para que haya significante, para que haya quod, para que haya enigma, una sombra de sentido. Es necesario que haya la posibilidad del equívoco. Sin equívoco, sin sombre de sentido, no hay ángulo interpretativo. No hay posibilidad para que haya interpretación.
Tomaré como ejemplo de errores de interpretación o sobre la interpretación  a Creso (en griego Κροῖσος, Kroisos), último rey de Lidia (se dice que vivió entre el 560 y el 546 a. C.), de la dinastía Mermnada, su reinado estuvo marcado por los placeres, la guerra y las artes.
El relato está extraído de la versión de Heródoto. Nos muestra que los “políticos” en la antigüedad, en verdad, los hombres de poder que en esos momentos eran reyes, se relacionaban con ciertos fenómenos si los podemos llamar subjetivos de la época, como sueños de una manera muy particular. El sueño en éste caso tiene la función del presagio. El sueño dice lo que va a ocurrir. El soñante interpreta que va a ocurrir lo que soñó pero sin mediar ninguna interpretación más que una punta de hierro es una punta de hierro.  Toma la punta de hierro como algo “real” a evitar, algo a no encontrarse en el futuro.
Creso nació hacia el 595 a. C.. Al morir su padre Aliates de Lidia en el 560 a. C., Creso conquistó Panfilia, Misia y Frigia; en definitiva, sometió a todas las ciudades griegas de Anatolia hasta el río Halis (salvo Mileto), a las que hizo importantes donaciones para sus templos. Debido a la gran riqueza y prosperidad de su país, de él se decía que era el hombre más rico en su tiempo.
Creso tenía dos hijos, uno lisiado y sordomudo al que despreciaba y, otro, Atis, que destacaba en todos los campos . Una noche, tuvo un sueño que presagiaba la muerte de Atis producida por una punta de hierro. Para evitar que se cumpliera el sueño, impidió que su hijo corriera cualquier riesgo y que se acercara lo más mínimo a cualquier objeto punzante. Además, aceleró la boda de su primogénito, a fin de asegurar la descendencia. En ese contexto, apareció en Sardes un extranjero, Adrasto, de familia real, desterrado por haber matado a su propio hermano sin querer. Creso, siguiendo la tradición, lo aceptó en su corte y lo purificó de sus crímenes. Al mismo tiempo un jabalí apareció en el país, arrasando todo a su paso.
Atis suplicó a su padre que le dejara tomar parte de la caza. Éste accedió al entender que su hijo no podía morir por los colmillos del jabalí. No podía morir en la caza del jabalí porque el jabalí no presenta colmillos con punta de hierro, pero bien hubiar podido interpretar que sí porque presenta una punta afilada.  Observemos que tampoco toma en cuenta que a quien le encarga que  proteja a su hijo había matado por error a su propio hermano. No lee nada de un mal presagio ahí donde se podría haber leído. Acompañó a la expedición Adrasto para vigilar que a Atis no le ocurriera nada malo. Sin embargo, en medio de la caza, Adrasto lanzó su jabalina con tan mala fortuna de acertar en Atis, matándolo tal como predijo el sueño. Al presentarle el cadáver a Creso, Adrasto le pidió que lo matara en justa correspondencia con su infortunio. El rey se negó, al no considerarlo el responsable del mal hecho.
Pese a todo, Adrasto se suicidó al considerarse el más desgraciado de los hombres. Heródoto relaciona el fin de Atis con un castigo divino por la soberbia de Creso mostrada ante Solón.
Notemos que es el historiador por excelencia el que interpreta la muerte de Atis como un castigo divino.
Hasta aquí tenemos el sueño como interpretación, la interpretación de Creso quien lee en el sueño que hay una punta de hierro que hay que evitar; la interpretación de Heródoto de la muerte de Atis como un castigo divino y a ésta interpretación se agrega la de Heródoto como profecía cumplida por el oráculo de Delfos como una venganza sobre el quinto descendiente de Giges.

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