Errores&Lapsus

Errores XIV

Por Carlos Dante García
Publicado en Lectura Lacaniana: 5 enero, 2015

Nos podemos imaginar el efecto de desagrado y de mal gusto que produce la aparición de un lapsus en un discurso en el que se pretende que todo en él sea homogéneo y sin rupturas.  Un lapsus, un error, genera una ruptura en la intención de lo que se quería lograr. Cada sujeto, tiene una relación distinta con lo que irrumpe, con lo que se llama sorpresa. Cuando algo se produce, distinto de lo que se esperaba, se puede o no reconocer que apareció algo distinto.

Es un breve momento de sorpresa. Es la aparición de algo que no esperaba que saliera de mi boca, que dijera lo que dije, que me sea tan inoportuno, que hable de mí sin que yo lo hubiera querido. Todo lapsus y error, como lo manifiesta toda formación del inconsciente es una ruptura de la articulación entre el significante y el significado. Si digo: “Cristo multiplicó los penes” en vez de “Cristo multiplicó los panes” puedo reconocer que “penes” quiere decir algo en el contexto de lo que estoy diciendo pero no  sé qué quiere decir. De la misma manera que si digo “La confianza de los inversobres” en vez de “La confianza de los inversores”, reconozco que “los sobres” quieren decir algo pero no sé qué quiere decir. Elegí estos dos ejemplos porque permiten ir al problema de la interpretación de todo error y de su lectura. “Penes” en ese contexto no se sabe qué quiere decir.

Es lo que Freud llamaría una palabra sustituta, un representante representativo; Lacan lo llamaría significante; Miller (tomando como referencia “De la sorpresa al enigma” en “Los inclasificables de la clínica analítica”- Miller y otros de Paidós) lo llamaría quod, eso quiere decir algo.  La aparición de algo que genera sorpresa por su efecto subjetivo en el que lo dice y en los que lo escuchan. Genera un enigma: eso quiere decir algo pero no se sabe qué quiere decir. Notemos que en un lapsus más que en el otro parece que ya se sabe qué quiere decir. En un caso, “penes” es mucho más enigmático que la aparición de “sobres” junto con inver, dando “inversobres”. “Sobres parece sugerir que ya se sabe qué significa lo que quiso decir: “No hay inversores sin sobres, esto es, sin coimas”. Puede ser. En todo caso, siempre como psicoanalistas estamos obligados a distinguir en cualquier formación del inconsciente el quod del quid; el que eso quiera decir algo (quod) separado del lo que eso quiere decir (quid), el significado. Para poder interpretar es necesario comenzar por distinguir estos dos aspectos de todo fenómeno de lapsus y error.

También es de fundamental importancia y hacia esto nos dirigimos, distinguir hasta cuatro estatutos de una interpretación para precisar a qué podamos llamar una contribución del inconsciente. Enunciemos de entrada las cuatro interpretaciones antes de desarrollarlas.

La interpretación del inconsciente, la interpretación del analista, la interpretación de revés y la interpretación del paciente.

Dispongamos también de la posibilidad de diferenciar la interpretación psicoanalítica, de la interpretación salvaje de la interpretación en la antigüedad, de la interpretación en general.

En “La interpretación al revés” Miller dice que la edad de la interpretación ha quedado atrás nuestro y que Lacan lo sabía pero no lo decía: lo hacía entender y empezamos sólo a leerlo. En la página 7 hace la siguiente pregunta: “Por qué Lacan no cuenta a la interpretación en el rango de los conceptos fundamentales?- sino porque está incluida en el concepto mismo del inconsciente”

Es lo que está sugerido al final de el Seminario de Lacan “EL deseo y su interpretación”, la equivalencia entre inconsciente e interpretación.

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