Errores&Lapsus

Errores en Lacan VIII

Por Carlos Dante García
Publicado en Lectura Lacaniana: 9 julio, 2013

Los errores en Lacan VIII

En la nota anterior, anunciamos que hay en la enseñanza de Lacan un gran uso del concepto de error conceptual, error que no está plenamente desarrollado y usado por Freud. Debemos distinguir por lo menos, los errores conceptuales del analista en su práctica, de los errores conceptuales presentes en cualquier elaboración o producto del ser hablante. Los errores conceptuales de los analistas en su práctica casi siempre se los engloba en lo que se denominan los prejuicios de los analistas que provienen de muy diversas fuentes. A esos errores creo que Lacan los va a reunir como los lapsus del acto analítico. En cambio Lacan va a decir explícitamente del error en lógica y del error del sujeto. El error en lógica Lacan los va a llamar las ilusiones en lógica formal producida por adhesiones imaginarias. Esas ilusiones imaginarias producidas por la lógica se realizan cuando se abordan los problemas en y de la lógica no apoyándose estrictamente en el significante sino que se deslizan hacia la intuición sostenida en lo que se releva del significado. En el Seminario XIX, el Seminario de la “Identificación” va a decir: “He aquí lo que va a conducirnos hoy al punto en el que voy a hacerles dar un paso, una gran parte de las ilusiones que nos detienen, de las adherencias imaginarias en las que poco importa que todo el mundo permanezca, más o menos con las patas pegadas como moscas, pero no los analistas, que está ligado muy precisamente a lo que llamaré las ilusiones de la lógica formal. La lógica formal es una ciencia muy útil, como intenté esbozarles la última vez la idea, a condición de que perciban que ella los pervierte, ya que como lógica formal debería prohibirles a todo momento darle el menor sentido. Por supuesto es a lo que se llegó con el tiempo. Pero a los grandes serios, los bravos, los honestos de la lógica simbólica, conocidos desde hace cincuenta años, les aseguro que esto les cuesta un enorme esfuerzo porque no es fácil construir una lógica tal como debiera ser si responde verdaderamente a su título de lógica formal, no apoyándose estrictamente más que en el significante, prohibiéndose toda relación y por lo tanto todo apoyo intuitivo en lo que puede sublevarse en significado, en el caso en que cometemos errores en general es allí que se lo observa”.

Distingamos así, la manera en que Lacan trata las elaboraciones en lógica, las trata como si provinieran y fuesen algo que debe ser interpretado como algo que proviene del inconsciente.

También en la práctica del analista dirá que puede ser perfectamente llevado por el error, para ello tomemos el ejemplo freudiano más auténtico, más honesto y más paradigmático en el psicoanálisis, sólo articulado a la altura de lo que es un análisis por Lacan a partir de Freud: el llamado error por Lacan, error de Freud en el caso Dora escrito en “Intervenciones sobre la transferencia”: Si Freud en una tercera inversión dialéctica hubiese pues orientado a Dora hacia el reconocimiento de lo que era para ella la señora K, obteniendo la confesión de los últimos secretos de su relación con ella, ¿qué prestigio no habría ganado él mismo? (no hacemos si no tocar aquí la cuestión del sentido de la transferencia positiva), abriendo así el camino al reconocimiento del objeto viril. Esta no es mi opinión, sino la de Freud. Pero el hecho de que su falla fuese fatal para el tratamiento, lo atribuye a la acción de la transferencia, al error que le hizo posponer su interpretación siendo así que, como pudo comprobarlo posteriormente, sólo tenía dos horas por delante para evitar sus efectos”.

Sigue Lacan con su análisis del texto de Freud sobre Dora: “Se encuentra entonces esto. Freud confiesa que durante mucho tiempo no pudo encontrarse con esa tendencia homosexual (que sin embargo nos dice eso tan constante en los histéricos que no se podría en ellos exagerar su papel subjetivo) sin caer en un desaliento, que le hacía incapaz de actuar sobre este punto de manera satisfactoria. Esto proviene, diremos nosotros, de un prejuicio, aquel mismo que falsea en su comienzo la concepción del complejo de Edipo haciéndolo considerar como natural y no como normativa la prevalencia del personaje paterno: es el mismo que se expresa simplemente en el conocido estribillo: “Como el hilo es para la aguja, la muchacha es para el muchacho.” Freud tiene hacia el señor K. una simpatía que viene de lejos, puesto que fue él quien le trajo al padre de Dora, y que se expresa en numerosas apreciaciones. Después del fracaso del tratamiento, se empeña en seguir soñando con una “victoria del amor”. Error, prejuicios del analista, error teórico. Esa sería la secuencia. Sin embargo Lacan no se queda sólo con el error, sino que hace del error una virtud de la orientación: “El caso de Dora parece privilegiado para nuestra demostración en que tratándose de una histérica, la pantalla del yo es en ella bastante transparente para que en ninguna parte, como dijo Freud, sea más bajo el umbral entre el inconsciente y el consciente, o mejor dicho entre el discurso analítico y la palabra del síntoma. Creemos sin embargo que la transferencia tiene siempre el mismo sentido de indicar los momentos de errancia y también de orientación del analista, el mismo valor para volvernos a llamar al orden de nuestro papel: un no actuar positivo con vistas a la otra dramatización de la subjetividad del paciente”. Del error a los momentos de errancia. Por supuesto, no va a ser la última ocasión en que Lacan tomará los errores de los analistas, los interpretará, producirá algo nuevo que aparte de lo teórico ya está presente en éste texto: los momentos de errancia y también de orientación del analista.

Más allá de ésta cuestión puntual y precisa, nos podemos preguntar de dónde proviene los errores de los analistas, de dónde proviene sus prejuicios. Tenemos que considerar sin duda algo que nos enseña Miller, algo fundamental que encontramos en su Seminario “Sutilezas analíticas” en el capítulo “Tres modalidades del análisis” cuando en el contexto de la argumentación de que la regla analítica es una operación de lo que solemos denominar superyó y la implementación de otro superyó, propio de la experiencia analítica, hecho de la imposición de decir la verdad, en ese contexto, cuando dice que Freud confía en el Einfall, en lo que cae como ocurrencia, como pensamiento, siendo éste el material del análisis, en ese contexto dice: “La regla analítica implica una garantía que ustedes proveen: No serás juzgado. No hay juicio, ni final ni primero. No hay juicio en absoluto. Y esto es más o menos cierto…Como sea, es lo que implica la lógica del asunto”. Son líneas a mi parecer fundamentales para la formación analítica y para el tema que tratamos: los errores. Y esto es más o menos cierto… es lo que implica la lógica del asunto. ¿Por qué sería más o menos cierto que no hay juicio en absoluto? Porque una cosa es la lógica del asunto. La regla psicoanalítica debe ser sostenida en primer lugar, no sólo por el paciente sino también por el analista en tanto provea de una garantía: “NO SERÁS JUZGADO”. Eso es cierto en la lógica del asunto. Es más o menos cierto en cómo se encarna en la práctica por los analistas y por la interferencia que ejerce el fantasma del juicio que le quita la palabra al analizante. La realidad de la práctica se distingue de la lógica del asunto. El texto de Miller desarrolla otra suspensión del juicio. El primero es el juicio moral: te juzgo por lo que decís. El segundo juicio que debe ser suspendido para garantizar la regla analítica es el juicio pragmático. Que el analista se abstenga de decir: No es así como hay que obrar. No es así como hay que hablar en análisis. Es la suspensión de juicio pragmático. Agrego por mi parte, algo que no está en el texto de Miller. La suspensión del juicio epistémico, de lo que sabe el analista doctrinariamente o en su formación. Freud y Lacan lo llamaban, operar a partir del no saber. O sea tres juicios suspendidos: juicio moral, juicio pragmático y juicio epistémico. Habría mucho que decir sobre lo que estos jucios pueden producir como errores en la práctica. Solo agrego por el momento, otra referencia de Miller sobre lo que podríamos llamar, “la fuente de los errores”. No lo dice Miller. Al tratar la manera en que al sujeto obsesivo lo hace actuar su fantasma, lo hace comportarse, si que se trate de la escenificación ni imaginación de una fantasía en su Conferencia: “Dos dimensiones clínicas: síntoma y fantasma” que recomiendo para los que trabajan sobre el sinthome, en ese texto afirma que el sujeto obsesivo se propone como garante del Otro, trabajando como un esclavo. En ese contexto, menciona el análisis en su vertiente obsesiva, en la obsesionalización del análisis, afirma: “La verdad de la conducta del analista, así como lo que se puede oír de su deseo en todas sus enunciaciones es: “podes morirte, que no me importa”. O sea que, la obsesionalización de un análisis no consiste en repartir reglas sino en lo que se deja oír en las enunciaciones de las intervenciones del analista. Esto es: proviene del fantasma del analista, histérico u obsesivo. Las intervenciones del analista pueden ser fuente de errores cuando provienen de su fantasma. Continuaremos con los errores en Lacan en su dimensión sobre todo epistémica y no libidinal ya que se trata en este caso o del deseo del fantasma de cada analista o del deseo del analista.

 

Carlos Dante García

 

 

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