Errores&Lapsus

Errores en Lacan VI

Por Carlos Dante García
Publicado en Lectura Lacaniana: 9 junio, 2013

En la elaboración de la concepción del error en Lacan, nos encontramos con sorpresas conceptuales que nos han conducido a considerar de una manera que no teníamos previsto. Pretendíamos tratar el error como contribuciones del inconsciente a la humanidad sin más, con esa razón irónica. Nos encontramos con que estamos obligados a considerar los matices conceptuales más precisos en la enseñanza de Lacan para abordar mejor la cuestión que nos habíamos propuesto. Algo de esto ya habíamos anunciado. Hoy, con más razones anticipamos que  los aportes del inconsciente a la humanidad como error, debe esperar un tiempo hasta que hayamos tratado los siguientes puntos. Lo enunciamos en forma anticipada para que los lectores de ésta sección dispongan así de mejores elementos para leer. Invitamos además que nos envíen los que consideren errores que permitan realizar una lectura lacaniana. Errores en la práctica analítica, en la elaboración teórica, en la ciencia, en los descubrimientos, en la historia, etc.
Les anunciamos entonces los temas que van a venir de aquí hasta diciembre de 2013:
El error como error conceptual; el error del analista y la relación de éste con el error; el error y la interpretación; el error al que conduce la relación de objeto; el error y su función esencial como paradoja: el error revela una verdad. En los errores hay algo instructivo. Los errores de la comprensión: su especificidad para la práctica psicoanalítica. Los errores de juicio, de realidad y alucinatorios. La hamartía como error. El error en el cogito cartesiano y en la construcción de las clases.  La importancia para el psicoanálisis de los errores en lógica. El sentido de la palabra error. El error del sujeto y en el sujeto del inconsciente. El engaño del sujeto y el error de cuenta. El error especular. El deseo engañoso y el error en el deseo. Los errores de los analistas sobre el deseo y el objeto.  El error como falta. El error piagético. El error en la representación. El error en el juego del fort- da. El error de la inteligencia no verbal. Errores sobre el nombre propio. La transferencia como error sobre la persona. Los errores de traducir instinto por trieb. La experiencia analítica como error.  El error como equivocación. El mayor error; la buena fe. Los errores de las teorías psicoanalíticas sin el sujeto.  El error y el desconocimiento en la imagen especular. Dante y el error.  El error de excluir la transferencia del campo de la locura. Los errores de confundir el campo escópico con el campo de la visión. Los errores de lectura. El error de Hegel sobre el goce. Los errores en y de la perspectiva. Los errores que se generan al rechazar el axioma: el significante en ningún caso se significa a sí mismo. El error y el inconsciente: no hay soy. El error y el fantasma. Las referencias fanerógamas y sus errores. Revisión del error en Freud a partir del acto. El acto está en la lectura. Los errores de Freud en la interpretación de los sueños. La boludez, el error y los actos sintomáticos. La huelga, la verdad y el error. El llamado “error subjetivo”. El error en la cura psicoanalítica de la psicosis. Las creaciones de la Ciencia y los errores del conocimiento. El error de la ciencia tradicional. El error como yerro: sus diferencias. Lo oculto y el error. El error en Lacan mismo. El error y la errancia. La mujer, el hombre y el error. El error en el dibujo. El error feliz. El error en los nudos. El sínthoma y el error; el lapsus y el inconsciente. El error de género. El error y el relapso. ¿Qué distingue el lapsus del error grosero? El lapsus y el error. Una vez y el error. Conclusiones conceptuales sobre el error en la enseñanza de J. Lacan.
Como se apreciará, el programa de éste recorrido pretende que el tratamiento del error tenga una mejor consistencia conceptual para entonces ir hacia la ironía del inconsciente como contribución.
Retomemos entonces, a partir de lo tratado en el anterior artículo, con la distinción de que en el olvido de nombres también se trata de un lapsus, ya que se falla en la intención pero que no excluye que haya una metáfora y que haya falta. Recordemos con Lacan:
“Olvidar un nombre, no es simplemente una negación, es una falta, pero una falta —siempre tenemos la tendencia de ir demasiado rápido— de ese nombre. No es porque ese nombre no es atrapado que está la falta, es la falta de ese nombre lo que hace que, al buscar el nombre, falte en el lugar en que ese nombre deberla ejercer esa función, en el que ya no puede ejercerla pues se requiere un nuevo sentido, lo que exige una nueva creación metafórica. Es por eso que el Signorelli no se encuentra, pero que, por el contrario, los fragmentos son encontrados en alguna parte, ahí donde deben ser reencontrados en el análisis, ahí donde juegan la función del segundo término de la metáfora, a saber del término elidido en la metáfora. Esto puede parecerles chino, pero qué importa, si simplemente ustedes se dejan conducir como parece. A pesar de lo chino que pueda parecerles en un caso particular, esto es completamente rico en consecuencias, en lo siguiente: que si ustedes se acuerdan de ello cuando sea necesario que se acuerden, esto les permitirá esclarecer lo que sucede en el análisis de tal o cual formación inconsciente, dar cuenta de ella de un modo satisfactorio, y, al contrario, percatarse de que, elidiéndolo, no teniéndolo en cuenta, se ven llevados a lo que se llama las entificaciones o a identificaciones completamente groseras, sumarias, sino generadoras de errores, al menos que vienen a confluir y tienden a sostener los errores de identificaciones verbales que juegan un papel tan importante en la construcción de cierta psicología de la desidia, precisamente”

Lacan es muy preciso al revisar las formaciones del inconsciente a partir de la falta. No todas las formaciones del inconsciente son iguales. No se identifican todas ellas porque no cumplen la misma función en relación con la falta y el significante. Utiliza en el lugar de olvido completo la noción de falta. Es una falta de ese nombre pero no es un olvido completo. Falta en el lugar en que ese nombre debería ejercer esa función metafórica. Lo que genera error es no apreciar las diferencias en las formaciones del inconsciente sin considerar la metáfora. De la misma manera que es un error en la dirección de la cura no tener en cuenta la función del deseo en tanto rehusado en la histeria:

“Lo que es importante en el caso de la histérica, es que nos muestra que para ella este deseo en tanto que más allá de toda demanda, es decir, en tanto que debiendo ocupar una función a título de deseo rehusado, juega un rol de absoluta primacía, y esos casos son absolutamente utilizables. Ustedes nunca comprenderán nada con una histérica o un histérico si no parten del reconocimiento de ese primer elemento estructural. Como por otra parte la histérica en la relación del hombre al significante, es una estructura totalmente primordial, deben saber en qué punto de la estructura, por poco que hayan llevado adelante la dialéctica de la demanda, ustedes deben señalar esta “Spaltung” de la demanda y el deseo, con el riesgo igualmente de cometer graves errores, es decir de volver histérica a la paciente, pues por supuesto todo lo que analizamos allí es el inconsciente para el sujeto. Dicho de otro modo, la histérica, ella, no sabe que no puede ser satisfecha en la demanda, pero por el contrario es esencial que ustedes sí lo sepan”

La función del significante, la función de la falta, la función de deseo como deseo rehusado en la histeria, la metáfora, la creación de significación; todos términos que renuevan y ubican de otro modo lo que estaba en Freud. Un chiste es la otra cara de un lapsus. El olvido de un nombre propio es un lapsus y también una metáfora ya que la función de la falta no homogeniza todos los olvidos y los agujeros.

Si tomamos la diferencia entre un lapsus y un chiste es la intención de aquel que habla y la sanción del Otro que depende del contexto lo que va a dar la especificidad de uno u otro. Para aquel paciente de Lacan, su expresión, no era un lapsus ni un chiste. Ni siquiera le llamaba la atención.  Es el primer paso de la cuestión. ¿Cómo el que habla, evalúa lo que dice? El segundo paso es, ¿cómo lo evalúa el intérprete? El tercero es, si es interpretado o sancionado por el intérprete, ¿cómo lo interpreta luego el sujeto o el inconsciente del sujeto que llamamos paciente? En la misma línea. Al pretender extraer Lacan las condiciones de la producción de una metáfora, aproxima el lapsus y el chiste para distinguirlo del olvido del nombre propio cuando  no hay metáfora ni producción de una nueva significación:

“No obstante, después de haber indicado a dónde quiero llegar en lo que hace a este punto preciso y particular, les indico que, aunque en efecto no haya ahí sino sustitución, hay también metáfora. Cada vez que hay sustitución, hay efecto o inducción metafórica. No es completamente lo mismo, para alguien que es de lengua alemana, decir Signor o decir Herr. Diría incluso más: es completamente diferente que aquellos de nuestros pacientes que son bilingües, o que simplemente saben una lengua extranjera, y que en un momento dado tengan algo que decir, nos lo digan en otra lengua. Estén seguros de ello, eso les es siempre mucho más cómodo; nunca deja de haber razones para que un paciente pase de un registro a otro. Si es verdaderamente poliglota, eso tiene un sentido, si conoce imperfectamente la lengua a la que se refiere, eso no tiene naturalmente el mismo sentido, si es bilingüe de nacimiento eso tampoco tiene el mismo sentido. Pero en todos los casos eso tiene un sentido, y en todo caso, aquí, provisoriamente, en la sustitución de Signor a Herr, no habla metáfora, sino simplemente sustitución heterónima. Vuelvo sobre eso para decirles que en esta ocasión Signor al contrario, por todo el contexto al cual se fija, es a saber Signorelli es decir precisamente el fresco de Orvieto, es decir que, como Freud mismo lo dice, la evocación de las cosas últimas históricamente representa precisamente la más bella de las elaboraciones que haya de esta realidad imposible de afrontar, que es la muerte. Es muy precisamente al contarnos mil ficciones tomando aquí la ficción en el sentido más verídico— sobre el tema de los fines últimos, que nosotros metaforizamos, que domesticamos, que hacemos volver a entrar en ese lenguaje esta confrontación con la muerte. Está pues bien claro que el Signor aquí en tanto que está ligado al contexto de Signorelli, es ese algo que representa bien una metáfora”

No cabe ninguna duda que a Lacan le interesa la dimensión creadora del inconsciente:

Hemos llegado a la noción de que en el curso de un discurso precisamente intencional, en
el que el sujeto se presenta como queriendo decir algo, se produce algo que sobrepasa su querer, algo que se presenta como un accidente, como una paradoja, como un escándalo; esta neo formación se presentó con unos rasgos, no del todo negativos, de una suerte de tropiezo, de acto fallido, como después de todo podría serlo —ya les he mostrado equivalentes de ello, cosas que se le parecen singularmente en el orden del puro y simple lapsus—, pero que, al contrario, en las condiciones en que este accidente se produce, lo encontramos registrado, valorizado al rango de fenómeno significativo, precisamente de engendramiento de un sentido a nivel de la neo formación significante, de una suerte de colapsus, de significantes que ahí se encuentran, como dice Freud, comprimidos uno con otro, embutidos uno en el otro, y que esta significación creada “

Se capta que lo que está puesto en juego entonces es no sólo cómo se denomina algo, chiste, lapsus, olvido, etc., sino qué función significante cumple en relación a la satisfacción puesta en juego (en éste momento en la enseñanza de Lacan: demanda): No olviden que este esquema ha sido construido para representarles lo que sucede a nivel de algo que merece el nombre de técnica, la técnica del chiste, que es algo particular, muy singular, puesto que manifiestamente eso puede ser fabricado de la manera más intencional del mundo por el sujeto, que, como se los he mostrado, el chiste algunas veces no es más que el reverso de un lapsus, y del que la experiencia muestra que muchos chistes nacen de esa manera, uno se da cuenta a posteriori de que hubo chiste.

Dice Lacan: “Al principio eso podría, en algunos casos, ser tomado por exactamente lo contrario, un signo de ingenuidad. La vez pasada hice alusión al chiste ingenuo.
Este chiste, con su resultado, que es esa satisfacción que le es particular, es alrededor de
eso que el trimestre pasado he tratado de organizarles este esquema, para tratar de ubicar cómo podríamos concebir el origen de esa satisfacción especial que él da. Eso no nos ha hecho remontar a ninguna otra cosa que a la dialéctica de la demanda a partir del ego. Recuerden el esquema de lo que podría llamar el ideal primordial simbólico, que es completamente inexistente en el momento de la demanda satisfecha en tanto que está representado por la simultaneidad de la intención, en tanto que ella va a manifestarse como mensaje, y de la llegada de ese mensaje como tal al Otro, quiero decir el hecho de que el significante puesto que esta cadena es la cadena significante, llega al Otro. El ve como tal si hay perfecta identidad, simultaneidad, superposición exacta entre la manifestación de la intención en tanto que es la del ego, y el hecho de que el significante es como tal ratificado en el Otro, ese algo que está en el principio de la posibilidad mismade la palabra. Suponemos pues —es a eso que yo llamo el momento primordial ideal— que, si ese momento existe, debe estar constituido por esta simultaneidad, esta coextensividad exacta del deseo en tanto que se manifiesta, y del significante en tanto que lo porta y lo comporta. Si ese momento existe, la continuación, es decir algo, aquí que va a suceder al mensaje, es algo que va a suceder a su pasaje en el Otro, que va a corresponder a lo que es necesario, y a lo que está realizado en el Otro y en el sujeto para que haya satisfacción”

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