Errores&Lapsus

Errores en Lacan V

Por Carlos Dante García
Publicado en Lectura Lacaniana: 31 marzo, 2013

En éste número, leeremos cómo para Lacan, en forma explícita y contundente, un chiste es un lapsus si nadie lo percibe, si nadie lo codifica como chiste. Esto conduce al interrogante de que algo puede ser sancionado como chiste si alguien lo decodifica así.

¿Y si alguien lo decodifica como lapsus? Leemos en Lacan: “Esta diferencia es sancionada como chiste por el Otro, y esto es indispensable, y esto está en Freud, pues hay dos cosas en el libro de Freud sobre el chiste: la promoción de la técnica significante, y la referencia expresa tal Otro como tercero –como yo les martilleo desde hace años. Esto esta absolutamente articulado por Freud, especialmente en la segunda parte de su obra, pero forzosamente desde el comienzo, perpetuamente, por ejemplo, Freud promueve constantemente que la diferencia entre el chiste y lo cómico se sostiene
en esto, por ejemplo: que lo cómico es dual.  Como yo lo digo, lo cómico es la relación dual, pero es necesario que esté el tercero —Otro para que haya chiste y, en efecto, esa sanción del tercero— otro, sea o no soportada por un individuo, es absolutamente  esencial. El otro devuelve la pelota, es decir, ordena en el código en tanto que chiste, dice en el código que esto es un chiste. Esto es esencia, de modo que, si nadie lo hace, no hay chiste. Dicho de otro modo: el famillonario es un lapsus, si nadie lo percibe, eso no
constituye un chiste. Pero es necesario que el Otro lo codifique como chiste. Y, tercer elemento de la definición: él es inscripto en el código por esa intervención del Otro”.
Más adelante dice: “Por el momento llegamos al famillonario. Aislémoslo un instante. Estrechemos, tanto como podamos, el campo de visión de la cámara alrededor de este famillonario. Después de todo, el podría haber  nacido en otra parte que en la imaginación de Meinrich Heine quizá Heinrich Reine lo fabricó en un momento distinto que en el momento en que él estaba ante su papel en blanco y con la pluma en la mano; quizá fue una tarde, en una de sus deambulaciones parisinas que evocaremos, que eso se le ocurrió así. Existen incluso todas las posibilidades de que eso haya ocurrido en un momento de fatiga, de crepúsculo.
Para decirlo todo, este famillonario también podría haber sido un lapsus, lo que incluso es completamente concebible”.  O sea que el chiste bien podría haber sido un lapsus.
Lacan nos lleva a su experiencia en el análisis: “Ya he considerado un lapsus que recogí en flor de la boca de uno de mis pacientes. Tengo otros, pero vuelvo a éste porque es preciso volver siempre sobre las mismas cosas hasta que estén bien gastadas, y luego se pasa a otra cosa. Es el paciente que, en el curso del relato de su historia sobre mi diván, o de sus asociaciones, evocaba el tiempo en que, con su mujer, a la que había terminado por desposar ante el señor alcalde (monsieur le madre), él no hacía más que vivir “maritablemente” (maritablement). Ya han visto todos ustedes que eso puede escribirse “maritalmente” (maritalement), lo que quiere decir que uno no se ha casado, y debajo algo en lo cual se conjuga perfectamente  la situación de los casados y de los no casados: “miserablemente” (misérablement). Esto hace “maritablemente”. Esto no está dicho, está mucho mejor que dicho. Ustedes ahí ven hasta qué punto el mensaje supera, no a aquél que llamara el mensajero —pues verdaderamente es el mensajero de los dioses el que habla por la boca de  este inocente—, sino que supera el soporte de la palabra —el contexto, como diría Freud, excluye completamente que mi paciente haya hecho un chiste, y en efecto, ustedes no lo conocerían si en esta ocasión yo no hubiera sido el Otro con una gran A, es decir el oyente, y el oyente no solamente atento, sino el oyente que escucha, en el verdadero sentido del término. No queda menos que, puesto en su lugar, justamente en el Otro, es  un chiste particularmente sensacional y brillante.
En la Psicopatología de la vida cotidiana, Freud nos da innumerables ejemplos de esta aproximación entre el chiste y el lapsus, y a veces la subraya él mismo, y justamente muestra que se trata de algo que es de tal modo vecino del chiste, que él mismo se ve forzado a decirlo, y nosotros estamos forzados a creerle bajo palabra, que el contexto excluye que el o la paciente haya hecho esta creación a título de chiste.
En alguna parte de la Psicopatología de la vida cotidiana, Freud da el ejemplo de esa mujer que, hablando de la situación recíproca de los hombres y de las mujeres, dice: para que una mujer interese a los hombres, es preciso que sea linda —lo que no está al alcance de todo el mundo, implica ella en su frase—, pero, para un hombre, basta con que tenga sus cinco miembros derechos” . El contexto excluye que eso sea un chsite.
Fíjense cómo Lacan nos lleva a la ignorancia y la estupidez y no necesariamente a un lapsus o un chiste:    “No siempre son plenamente traducibles tales expresiones, a menudo estoy obligado a hacer una transposición completa, es decir a recrear la palabra en francés. Ahí casi sería necesario emplear el término “todo tieso” (raide). La palabra “derecho” (droit) no es de uso corriente, tampoco corriente como en alemán. Hace falta que Freud establezca una ligazón entre los cuatro miembros y los cinco miembros para explicar la génesis de la cosa, que les da sin embargo la tendencia un poquito picaresca que no es dudosa.
Lo que en todo caso Freud nos muestra es que la palabra no va tan directamente a su  objetivo, ni en alemán ni en francés, en que se la traduce como “cinco miembros derechos”, y que por otra parte él da esto como textual, que el contexto excluye que la mujer parezca tan cruda. Es perfectamente un lapsus, pero ustedes ven cómo se parece a un chiste. Entonces, lo vemos, eso puede ser un chiste, eso puede ser un lapsus, incluso diría mas: eso puede ser pura y simplemente una tontería, una ingenuidad lingüística. Después de todo, cuando yo califico eso en mi paciente, que era un hombre particularmente simpático, eso no era incluso en él verdaderamente un lapsus, la palabra “maritablemente” formaba parte perfectamente, para él, de su léxico; él no creía para nada decir algo extraordinario.
Hay personas así que se pasean por la existencia, que a veces tienen situaciones muy elevadas, y que salen con palabras de ese tipo. Un célebre productor de cine, parece, producía toneladas de ellas por día. Por ejemplo, al concluir alguna de sus frases imperiosas, decía: “y luego es así, es signé (firmado) que non”.
Eso no era un lapsus, era simplemente un hecho de ignorancia y estupidez” ,Lacan nos lleva a operar con las diferencias de estructura que hay en las mismas formaciones del inconsciente a partir de la falta: “Ante todo, no son lo mismo un olvido y las cosas de las cosas que acabo de hablarles,pero si lo que estoy por explicarles tiene su alcance, a saber si es perfectamente el  mecanismo, el metabolismo del significante, lo que está en el principio y en el resorte de las formaciones del inconsciente, debemos reencontrarlos todos en él y lo que se distingue en el exterior debe volver a encontrar su unidad en el interior. Ahora, entonces, en lugar de tener famillonario, nosotros tenemos lo contrario, tenemos algo que nos falta.
¿Qué es lo que nos muestra el análisis que hace Freud del olvido del nombre, del nombre propio, extranjero?
Esto no son más que esbozos de cosas sobre las cuales volveré, y a las cuales daré un desarrollo más tarde, pero debo señalarles, al pasar, la particularidad de este caso tal como Freud no los presenta. El nombre propio es un nombre extranjero. Nosotros leemos la Psicopatología de la vida cotidiana como leemos el periódico, y sabemos tanto de ella que pensamos que no merece que nos detengamos en las cosas que, sin embargo, han sido los pasos de Freud; ahora bien, cada uno de estos pasos merece ser retenido, porque cada uno de estos pasos es portador de enseñanzas y rico de consecuencias.
Les señalo entonces, a este respecto, porque tendremos que volver a ello, que respecto de un nombre, y de un nombre propio, estamos al nivel del mensaje. Esto es algo cuyo alcance tendremos que reencontrar a continuación. Yo no puedo decirles todo a la vez, como los psicoanalistas de hoy que son tan sabios que dicen todo a la vez, que hablan del je y del moi como de cosas que no tienen ninguna complejidad, y que mezclan todo.
Lo que es importante, es que nos detengamos en lo que sucede. Que sea también un nombre extranjero, es otra cosa que el hecho de que sea un nombre propio. Es un nombre extranjero en tanto que sus elementos son extranjeros a la lengua de Freud, a saber, que Signor no es una palabra de la lengua alemana. Pero, si Freud lo señala, es justamente porque ahí nosotros estamos en una dimensión distinta que la del nombre propio como tal, el cual, si puedo decirlo, no sería absolutamente propio y particular, no tendría patria. Todos ellos están más o menos ligados a signos cabalísticos, y Freud nos subraya que esto no carece de importancia. El no nos dice por qué, pero el hecho de que lo haya aislado en un capítulo inicial, prueba que él piensa que ése es un punto particularmente sensible de la realidad que él aborda”
¡Lacan llama lapsus a un olvido de nombre! : “Aquí es necesario que apresure un poco mis pasos, y que les haga. observar que toda la economía del análisis que va a ser hecho de este olvido del nombre, de este lapsus, en el sentido que daríamos a la palabra lapsus, en cuanto que el nombre ha caído.
Todo va a centrarse alrededor de lo que se puede denominar una aproximación metonímica. ¿Por qué? Porque lo que ante todo va a resurgir son, pues, esos nombres de reemplazo: Boltraffio(14), Botticelli. ¿Cómo nos muestra Freud que él los comprende de una manera metonímica?  Nosotros  vamos a comprenderlo, y es por eso que yo hago este rodeo por el análisis de un olvido, en lo siguiente: en que la presencia de estos nombres, su surgimiento en el Lugar del Signorelli olvidado, se sitúa al nivel de una formación, ya no de sustitución, si no de  combinación. En el análisis que Freud hará del caso, no hay ninguna relación perceptible entre Signorelli, Boltraffio y Botticelli, sino relaciones indirectas ligadas únicamente a fenómenos de signifícame. Botticelli, nos dice, y yo me atengo en principio a lo que nos dice.
Debo decir que ésta es una de las más claras demostraciones que Freud haya dado jamás de los mecanismos de análisis de un fenómeno de formación y de deformación, ligado al inconsciente. No deja absolutamente nada que desear en cuanto a claridad. Para claridad de mi exposición, yo estoy forzado a presentárselos de una manera indirecta, diciendo: es lo que Freud dice. Lo que Freud dice se impone en su rigor, en todo caso lo que él dice es de este orden, a saber que Botticelli está allí porque es el resto en su última mitad, y “elli” de Signorelli descompletado por el hecho de que el Signor está olvidado; “bo” es el resto, lo descompletado de Bosnia-Herzegovina, en tanto que el “Her” está reprimido. Del mismo modo para Boltraffio: es la misma represión del Her, la que explica que Boltraffio asocie el  “Bo” de (Bosnia) Herzegovina al Trafoi, que es una localidad inmediatamente antecedente a las aventuras de este viaje, aquella en la que él se ha enterado del suicidio de uno de sus pacientes a causa de su impotencia sexual, es decir, el mismo término que había  sido evocado en la conversación que precedía inmediatamente, con la persona que está en el tren, entre Ragusa y Herzegovina, y que le evoca a esos turcos, a esos musulmanes, que son personas tan simpáticas que, cuando el médico no ha tenido éxito en curarlos, le dicen: “Herr —señor— sabemos que usted ha hecho todo lo que ha podido, pero sin embargo” etc. El Herr, el peso propio, el acento significativo, a saber ese algo que está  en el límite de lo decible, ese Herr absoluto que es la muerte, esa muerte —como dice La Roche foucauld— “que como al sol, no se podría mirar de frente”, y que, efectivamente, Freud, no más que otros, no puede ya mirar de frente. Mientras que, por una parte, ella le es presentificada por su función de médico, por cierta ligazón también manifiestamente presente, por otra parte ella tiene un acento muy personal” .
Debemos entonces revisar, si leemos a Lacan, cosa que habitualmente no se hace, para convocar a una convención entre los analista a lo que llamamos lapsus, chiste, olvido.
Continuaremos con el análisis del olvido de nombre como lapsus y como no lapsus.

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