Errores&Lapsus

Errores en Lacan IX

Por Carlos Dante García
Publicado en Lectura Lacaniana: 4 agosto, 2013

Mucha gente se ha dedicado en la historia de la humanidad a los errores y, lo sigue haciendo. He mencionado ya en otros textos el libro “Grandes errores de la humanidad” de Pere Romanillos. Texto de divulgaciones ilustrada de errores no habitualmente conocidos. Esos errores, los que se mencionan en este libro no son cualquiera, y es en parte el sentido de la sección de nuestra página. Por ejemplo, un error producido en la juntura entre el empuje hacia la economía de mercado, para vender más y, lo producido por la ciencia como el sedante más seguro del mercado, la talidomina. Comercializar el fármaco como sedante sin haber realizado en forma fehaciente una investigación clínica fiable, Este error ocurrió entre 1958 y 1962. El llamado sedante fue producido por la empresa alemana Chemie- Grünenthal con el nombre de Contergan. La gente, podía dormir de noche mediante este somnmífero, libre de efectos secundarios. En muy poco tiempo, el sueño de la pastillita hizo que se comercializara en medio mundo recetándolo a niños insomnes y madres embarazadas por la probada eficacia para evitar las típicas náuseas y vómitos durante la gestación. La normativa en torno a los medicamentos exigía “seguridad” pero no demostración de “eficacia”. Se vendió en 50 países con 80 nombres comerciales diferentes y produjo más de 10.000 bebés mutilados. Ese “medicamento” producía una enfermedad llamada focomelia, un acortamiento anormal de las extremidades. El fármaco nunca llegó a ingresar a Estados Unidos porque la Dra. Frances Kelsey que recientemente se había incorporado a la Food & Drug Administration, llegó a rechazar hasta seis veces la solicitud para que entrara a ese país. No es necesario agregar más detalles espantosos sobre los efectos que produjo semejante error; sí se puede agregar que dicho error con su catástrofe marcó un antes y un después en la legislación y control de los fármacos en el mundo. A pesar de ello, como sabemos y se comprueba frecuentemente, la elaboración y producción de ciertos fármacos que se dirigen sobre todo a aliviar los efectos subjetivos de la existencia para hacer frente a las decisiones fundamentales de la vida, siguen siendo un nudo de errores. Esto significa que los errores en nuestra época se localizan sobre todo en el encuentro de ciertos discursos: el del capitalismo y el de la ciencia.

Hay otros errores notables. Tomo como ejemplo el destacado como lapsus en un texto que enseña cómo articular y cómo interpretar lo que el psicoanálisis enseña y descubre con los fenómenos sociales producido por el capitalismo; es el texto de Doménico Cosenza “Notas a propósito de la crisis y su atravesamiento” publicado en Colofón N° 32 Boletín de la federación Internacional de Bibliotecas de la Orientación Lacaniana de marzo de 2012 dirigido por Judith Miller. El lapsus que nos interesa está subtitulado “El lapsus de Monti o del inconsciente en la era de la crisis global”. Título que interpreta que el inconsciente cambia según la era. Con la crisis global se refiere a la crisis global que sacudió al mundo en el año 2011 que disolvió el sueño de la ideología del fin de la historia y que ahora se manifiesta bajo la forma del sueño del fin del inconsciente. Nos gusta mucho ese título. Según Cosenza en la era posmoderna hace entrar al inconsciente en la escena perturbadora del síntoma en su dimensión más real. Ese sueño, el del fin del inconsciente, convoca las huellas de la pulsión de muerte en Freud y Lacan.

El lapsus ha sido el del nuevo presidente del Consejo de Ministros del gobierno italiano Mario Monti. Ese lapsus no pasó inadvertido para los periodistas que lo lanzaron a la corriente mediática como metedura de pata del nuevo ministro. Nada es más logrado que el acto fallido. En su primera conferencia de prensa como Primer Ministro italiano en Bruselas, tras un encuentro con las máximas autoridades de la Unión Europea, Monti quiere explicar la acción del gobierno italiano ante la crisis económica que ha azotado a los países mediterráneos. Intentando subrayar la seriedad de la intervención del nuevo ejecutivo dice: “…Andrino a fondo…” (Literalmente “nos iremos al fondo”/” nos hundiremos”). La reacción inmediata no se hace esperar: la sonrisa de Monti, el leve desconcierto y la inmediata carcajada de los periodistas precede la rectificación de Monti: “Quise decir que andrino fino in fondo (es decir, “nos emplearemos a fondo”) para sanear las cuentas públicas”. Cosenza dice entonces que si como dice lacan, todo acto fallido es un acto logrado, el lapsus de Monti es una manifestación del inconsciente de la época que interpreta el drama de la época en que vivimos y la que sufrimos. El lapsus de Monti escenifica el valor antinómico de la crisis, por un lado como intención  de superación (ir al fondo) y al mismo tiempo como empuje a la ruina (irnos al fondo). El lapsus más allá de la persona de Monti, es la presencia de una tensión interna que como ironía, humaniza su figura de Ministro llamado a salvar la patria. Nos muestra también como el sujeto contemporáneo está suspendido, con angustia,  cotidianamente ante la inmensa tarea de la política. Este lapsus muestra la juntura de cómo está sufriendo un drama subjetivo un político junto con el fenómeno social de la época.

Distinto pero no menos instructivo es el libro que propongo como clave para trabajar los errores y lapsus; “Sobre errores vulgares” de Thomas Browne. Enigma para nuestro próximo texto, no sin sugerir entonces que nos preguntemos cómo pueden ser tratados los errores y los lapsus en el Renacimiento y antes del surgimiento de la ciencia y cómo el inconsciente interpretaba la época. Un error llevó a la muerte y a enfermedades, el fármaco pero, ese error mismo produjo una nueva elaboración simbólica, las nuevas reglamentaciones sobre los medicamentos, sobre el nuevo real.

Extraemos por hoy lo que tiene en común: la paradoja de la intención de superación y el empuje a la ruina; en todo caso es un índice del goce de la época: insomnio, somnífero y cuerpos mutilados.

Carlos Dante García.

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