Errores&Lapsus

Errores en Lacan IV

Por Carlos Dante García
Publicado en Lectura Lacaniana: 4 marzo, 2013

Para este número de marzo nos adentraremos de lleno, habiendo ya planteado las líneas generales de la sección “Errores & Lapsus”- contribuciones del inconsciente a la humanidad”, en lo que Lacan elaboró como lapsus en el Seminario 5.

Para sorpresa de muchos practicantes del psicoanálisis nunca habían notado las diferencias entre Freud y Lacan sobre las formaciones del inconsciente, porque mantenían en ambos las clasificaciones que Freud había hecho en “Psicopatología de la vida cotidiana”. Una cosa son los lapsus y otra el olvido de nombres.

En nuestro anterior texto dijimos que Lacan incluye el olvido de nombre dentro de la categoría de lapsus. Hoy veremos que también para Lacan el chiste es un fenómeno de lapsus. Así nos dice: “He aquí pues a lo que llegamos, llegamos a que nos aproximamos a algo que nos permite volver a aplicar punto por punto, puesto que les encontramos una tópica común, el fenómeno del Witz. La producción positiva del famillonario, en el punto en que se ha producido, es un fenómeno de lapsus, de agujero. Yo podría retomar otro y rehacerles la demostración, podría darles como deber que se refieran al ejemplo siguiente que da Freud, a propósito de la frase latina evocada por uno de sus interlocutores: “Exoriar(e) exnostris ossibus”. Arreglando un poco las palabras, porque el ex está entre nostris y ossibus, y dejando caer la segunda palabra, indispensable para la escansión, aliquis, por lo cual no puede hacer surgir aliquis”  El fenómeno de lapsus es un fenómeno de agujero. “Es en esto que consiste la distinción del chiste en relación a lo que es puro y simple fenómeno, relación de síntoma por ejemplo. Es en el pasaje a la función segunda que reside el chiste. Pero, por otra parte, si no existiera todo esto que acabo de decirles hoy,es decir, lo que sucede al nivel de la conjunción significante, que es su fenómeno esencial, y de lo que ella desarrolla como tal, en tanto que participa de las dimensiones esenciales del significante, a saber, la metáfora y la metonimia, no habría ninguna sanción posible, ninguna otra distinción posible del chiste. Por ejemplo, no habría ninguna distinción posible en relación a lo cómico, o en relación a la chanza? o en relación a un fenómeno bruto de risa. Para comprender aquello de lo que se trata en el chiste en tanto que fenómeno de significante, es necesario que hayamos aislado sus caras, sus particularidades, sus ligazones, sus piezas y sus resultados al nivel del significante y que el hecho de que el S,algo que está a un nivel tan elevado de la elaboración del significante, Freud lo haya detenido para ver en él un ejemplo particular de las formaciones del inconsciente, es
también esto lo que nos retiene, es también eso cuya importancia ustedes deben
comenzar a entrever cuando les haya mostrado a este respecto cómo nos permite avanzar de una manera rigurosa en un fenómeno él mismo psicopatológico como tal, a saber, el lapsus”.

Más adelante en la clase 3 del Seminario va a decir que el chiste es una especie de colapsus:
“Hemos llegado a la noción de que en el curso de un discurso precisamente intencional, en el que el sujeto se presenta como queriendo decir algo, se produce algo que sobrepasa su querer, algo que se presenta como un accidente, como una paradoja, como un escándalo; esta neoformación se presentó con unos rasgos, no del todo negativos, de una suerte de tropiezo, de acto fallido, como después de todo podría serlo —ya les he mostrado equivalentes de ello, cosas que se le parecen singularmente en el orden del puro y simple lapsus—, pero que, al contrario, en las condiciones en que este accidente se produce, lo encontramos registrado, valorizado al rango de fenómeno significativo, precisamente de engendramiento de un sentido a nivel de la neoformación significante, de una suerte de colapsus, de significantes que ahí se encuentran, como dice Freud, comprimidos uno con otro, embutidos uno en el otro, y que esta significación creada —ya les he mostrado sus matices y su enigma— ¿entre qué y qué? entre la evocación de manera de ser propiamente metafórica: “él me trataba de una manera completamente famillonaria”, y la evocación de manera, especie de ser, de ser verbal muy cerca de tomar esa animación singular, cuyo fantasma ya he intentado agitar ante ustedes con el famillonario; el famillonario, en tanto que es su entrada en el mundo, como representativo de algo que para nosotros es muy susceptible de tomar una realidad y un peso infinitamente más consistentes que aquellos —mas desdibujados— del millonario, pero del que también les he mostrado cuánto tiene en su existencia algo suficientemente animador como para representar verdaderamente un personaje característico de una época histórica. Y les he indicado que no había más que Heine para haberlo inventado, les he hablado del Prometeo mal encadenado de Gide y de su “miglionario”” Como se nota, se trata de la ambigüedad entre el chiste y el lapsus: “Ya hemos visto, a propósito de la ambigüedad de un chiste con el lapsus, lo que resulta como ambigüedad fundamental, que de alguna manera le es constitutiva, que hace que lo que se produce, y según los casos, puede ser virado hacia una suerte de accidente psicológico de lapsus, ante el cual quedaríamos perplejos sin el análisis freudiano, o al contrario retomado, reasumido por cierta audición del otro, por una manera de homologarlo en el nivel de un valor significante propio aquel precisamente, en este caso, que ha  tomado el término neológico, paradojal, escandaloso: famillonario; una función significante propia que es designar algo que no es solamente esto o aquello, sino una suerte de más  allá de cierta relación que aquí fracasa, y este más allá no está únicamente ligado a los  impases de la relación del sujeto con el protector millonario, sino con algo que está aquí   significado como fundamental. Como que algo en las relaciones humanas constantes  introduce ese modo de impase esencial que hace o que reposa sobre esto: que ningún deseo, en suma, puede por el otro ser recibido, ser admitido, sino por medio de todo tipo  de intérpretes que lo refractan, que hacen de él otra cosa que lo que es, que hacen de él  un objeto de intercambio y, para decir todo, que someten desde ahora en el origen el  proceso de la demanda a una especie de necesidad de rechazo”
Finalmente en la quinta clase del Seminario dice lo que ha de llamar lapsus:
“¿Qué sucede sobre la cadena del significante? según esos tres tiempos que vemos aquí describirse? Es algo que de nuevo moviliza todo el aparato, toda la disposición, todo el  material para llegar aquí ante todo a algo, pero a algo que no pasa de golpe hacia el otro, que viene aquí a reflejarse en ese algo que en el segundo tiempo ha correspondido al llamado al otro, es decir, en este objeto en tanto que es el objeto admisible para el otro, que es el objeto de lo que quiere desear el otro, que es el objeto metonímico, y es por reflejarse sobre este objeto, por venir en el tercer tiempo a converger hacia el mensaje, que nos encontramos pues aquí, no en este feliz estado de satisfacción que hubiéramos obtenido al cabo de los tres tiempos de la primera mítica representación de la demanda y de su éxito con su novedad sorprendente y su placer por sí mismo satisfactorio. Nos encontramos detenidos sobre un mensaje que lleva en sí mismo ese carácter de ambigüedad de ser el reencuentro de una formulación aliena desde su punto de partida, en tanto que parte del Otro, y por este lado va a desembocar en algo que de alguna manera es deseo del Otro, en tanto que es del. Otro mismo que ha sido evocado el llamado, y, por otra parte, en su aparato significante mismo, por introducir todo tipo de
elementos convencionales que son, propiamente hablando, Lo que llamaremos el carácter de comunidad, o de desplazamiento propiamente hablando, de los objetos, en tanto que los objetos están profundamente arreglados por el mundo del Otro. Y hemos visto que el discurso, entre esos dos puntos de terminación de la flecha en el tercer tiempo, es algo tan sorprenderte, que es eso mismo lo que puede desembocar en lo que llamaremos lapsus, tropiezo de palabras por las dos vías”

Queda así sugerido que Lacan introduce una novedad al decir: lo que llamaremos lapsus en la página 100 de ese Seminario. El chiste algunas veces no es más que el reverso de un lapsus: “No olviden que este esquema ha sido construido para representarles lo que sucede a nivel de algo que merece el nombre de técnica, la técnica del chiste, que es algo particular, muy singular, puesto que manifiestamente eso puede ser fabricado de la manera más intencional del mundo por el sujeto, que, como se los he mostrado, el chiste algunas veces no es más que el reverso de un lapsus, y del que la experiencia muestra que muchos chistes nacen de esa manera, uno se da cuenta a posteriori de que hubo chiste. Salió solo.
Al principio eso podría, en algunos casos, ser tomado por exactamente lo contrario, un
signo de ingenuidad. La vez pasada hice alusión al chiste ingenuo”
Veremos más adelante las razones por las que Lacan parece poner en una misma línea de pregunta, las diferencias y o coincidencias entre un lapsus, un chiste y un neologismo.

 

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