Entrevistas&Reportajes

Entrevista a Silvio Fischbein

Publicado en Lectura Lacaniana: 28 noviembre, 2013

 

 

Argentino, artista plástico y cineasta. Recibió títulos de Arquitecto y Planificador Urbano por la Universidad de Buenos Aires. Es Profesor Titular Regular de Diseño Audiovisual, FADU, UBA y profesor Titular Ordinario de Realización en la Facultad de Arte, Universidad del Centro. Actualmente preside CIBA, Regional Ibero Americana de CILECT, Centre International de Laison des École de Cinéma et Télévision. Ocupó diversos cargos de gestión en la Universidad de Buenos Aires, entre ellos fue Director de la Carrera de Diseño de Imagen y Sonido, FADU – UBA, en cuyo marco creó y dirigió: “La fábrica audiovisual “.
Como artista plástico expone sus obras desde 1966 en diversos sitios de Argentina y Francia. Como director cinematográfico realizó treinta cortometrajes y cinco largometrajes de ficción: Mamá Querida (1988), Hasta donde llegan tus ojos (1995), Tus ojos brillaban (2004) Las Liendres (unitario TV, 2004) y Opciones Reales (2010). Participó en festivales de Argentina, Alemania, Bolivia, Brasil, Bulgaria, Colombia, Cuba, Egipto, España, Francia, Inglaterra, Israel, Italia, Puerto Rico, Suecia, Uruguay y Venezuela.
Participó como docente en numerosos Seminarios de formación audiovisual, Congresos Internacionales y Jurados en Argentina, Australia, Brasil, Bulgaria, Chile, China, España, Estados Unidos, Finlandia, Francia, Grecia, Italia y México, Rusia, Sudáfrica y Uruguay. Fue Director del Festival de Cine Argentino de Tandil del 2006 al 2008. Dirigió 3 proyectos de investigación internacionales acreditados por CILECT y 2 proyectos UBACYT.
Por su desempeño como docente y artista ha sido reconocido en reiteradas oportunidades por los Gobiernos de Francia y Canadá.

 

E: En el currículum que figura en tu web dice: artista plástico y cineasta, se menciona que recibiste títulos de arquitecto y planificador urbano. ¿Este orden fue propuesto por vos?

 

S.F: De hecho lo hice yo, es un currículum empezando por el día de hoy para atrás.       

E: ¿Es tu prioridad esa?

-S.F: Sí. Al día de hoy sí. Por lejos.

E ¿Y en ese orden, artista plástico es lo más importante en este momento?

-S.F: Artista Visual, que no es lo mismo.

E: ¿Cuál es la diferencia?

S.F: Un artista visual se ocupa de todos los elementos visuales. Puede ser el audiovisual, puede ser cualquier expresión de la plástica, o de cualquier otro arte, cualquier expresión de cualquier otra rama, digamos… social, siempre que tenga que ver con lo visual, no importa cual sea el elemento que incorpora. En cambio plástico es plástico, es una rama más tradicional. El artista visual es free.

E: Vos planteás que puede incluir dentro de su arte cualquier elemento, la condición es que tenga que ver con lo visual.

S.F: Exacto.

E: ¿Considerás que en todas estas áreas que hemos nombrado hay creación?

S.F: Por supuesto.

E: Partiendo de esto, ¿cuál es la diferencia para vos en la creación en esas diferentes áreas?

S.F: Ninguna. Crear es siempre lo mismo, creo que crear es tener una mirada creativa. Una mirada creativa es una mirada con preguntas. Preguntas que responden a tu historia, tu cultura, tu ideología. Es eso: son preguntas que surgen de todo eso y  de mirar con esas preguntas.

E: Mirar con esas preguntas. Vos decís en algún momento: “yo no pinto lo que veo, yo pinto lo que me pregunto”. ¿Tiene que ver con eso?

S.F: Totalmente. Es eso.

E: ¿ Y cómo sería un ejemplo de esto?  ¿Cómo emergen esas preguntas?

S.F: Simple. Si lo pudiera poner en palabras no haría la obra. Es así. Son preguntas muy difíciles de explicar, de poner en palabras.

E: De poner en palabras

S.F: De poner en palabras. A uno se le juntan las cosas, si después recorremos el taller van a ver que está lleno de cosas, cosas que hoy son inservibles, que junté…. en los volquetes, en la calle, que pasé por un lugar y compré…. Están ahí….y un día… se arma la obra.

E: Se trata de un proceso con secuencias…

S.F: Es un proceso que yo no manejo. Mejor dicho, manejo pero es involuntario, totalmente involuntario. Yo encuentro un objeto que me gusta y ahí lo tengo  y a veces puede pasar un mes o un año, a veces pueden ser varios años… y de repente se me junta con otro objeto que tengo y con una imagen, con algo y ahí se arma la obra.  No es un proceso racional. Por otra parte, yo siento que trabajo las veinticuatro horas del día, es un trabajo permanente, no hay que estar en el taller para laburar: de repente pasás por un volquete y agarrás algo y ahí estás laburando. Yo  creo en la inspiración, pero creo más en el estado de creación. Y así como un tenista se entrena todos los días, un futbolista se entrena todos los días, ustedes se pasan haciendo seminarios, estudiando, nos entrenamos en un quehacer, uno entra en un estado de creación permanente que lo tiene que desarrollar, ejercitar, entrenar  en cada momento. Es cierto que hay un momento en que la obra se arma, bueno, si a ese momento lo querés llamar inspiración, podés llamarlo  inspiración. Pero no creo en inspiración.

S.F: Vos hablás de un trabajo permanente por un lado y por otro de algo involuntario

S.F: Si, en todo momento.  Veo algo y me lo traigo, van a ver la cantidad de cosas que están  y pueden estar meses, años…. Están, hasta que un día se hace la obra.

E: ¿Y qué te lleva a ir a comprar ese objeto y no otro?

S.F: Es ese, y en cuanto lo veo es ese el objeto que tengo que llevar. Es difícil de poner en palabras.

E: Se te impone… ese objeto

S.F: Si, se me impone. No es: “ah, voy a comprar bermellón porque me quedé sin pintura bermellón”. Encuentro algo y me lo traigo. Sabés lo que es difícil, para mucha gente es dificil creerlo. Les voy a decir dos cosas totalmente distintas: por un lado está el público, al  que le cuesta creerlo, y es difícil, porque creen  que todo tiene que tener una explicación. No se dan cuenta que se privan de su encuentro con la obra,  esperan del artista la respuesta, en vez de hacerse ellos la pregunta esperan la respuesta del artista. Y por otro lado, hay muchos artistas que creen que la composición, el color, etc., eso es cierto, pero también hay otras formas de crear. Creo que en el terreno de la creación no hay una única forma, pero desde hace unos cuantos años a esta parte hay un cuestionamiento de la creación en cuanto a saber composición, etc. Es más una pregunta, un encontrar. De todas formas creo que es bueno saber composición y manejar el color, la técnica.

E: ¿Eso trabaja sin que uno se dé cuenta en la obra, sin que la condicione?

S.F: Es un bagaje de saber que está ahí. En mi caso, toda mi formación, se la debo a la facultad de arquitectura.

E: ¿A la facultad de arquitectura?

S.F: Sí. A mi tránsito ahí porque tuve grandes profesores.

E: ¿Y a quiénes ubicás como grandes profesores?

S.F: Y a Gastón Breyer, por ejemplo. Porque yo también estudié con Juan Batlle Planas, con Noe  Nolechowicz, pero eran pintores, en cambio Gastón tenía una mirada mucho más amplia de la creación. 

E: En tu currículum mencionas: “si lo pudiera poner en palabras acabaría con eso”,¿ de qué manera acabarías con eso y por qué decís que acabarías?

S.F: Claro, si dijera: “el arte es esto”, acabaría con el arte. El arte es una cosa, a mí entender, que uno no puede llegar a definir y en el momento en que lo definís terminás con la cosa. El arte es más vale una pregunta, como pregunta nunca tiene respuesta.  Ahora, si encontramos la respuesta y decimos: “es esto”, el día que yo quiera construir una obra sin permitirme la construcción y el proceso de construcción, sino lo que es la maquetización y el proceso de producción, eso ya no es una obra. Y con la definición pasa lo mismo, si yo te digo: “ah, el arte es…”, listo, terminamos con el arte.

E: ¿Vos te sorprendés de lo que has hecho cuando terminás la obra?

S.F: Son muchos los momentos de sorpresa, es una sorpresa encontrarte con los objetos, también el momento en que se te juntan en el bocho; es una sorpresa cuando terminaste de armarlo,  y otra  sorpresa cuando lo agarra un espectador que lo transforma; es una sorpresa cuando escuchás un comentario. Hay muchos momentos de sorpresa y creo que todos son válidos.

E: En una entrevista que te hicieron sobre la película “opciones reales” decís: “el arte tiene un péndulo entre lo cerebral y lo visceral, entre la emoción y la razón”,

S.F: Creo que es así: toda obra tiene un aspecto racional y un aspecto emocional. El péndulo va entre entre los dos. Dónde se instala ante cada obra, depende, depende  de mí y además en cada artista varía: hay tipos más racionales y más emotivos, no es lo mismo un abstracto puro, que un tipo más expresionista, no es lo mismo un tipo que cuenta una historia, en este caso una película de alguien que genera emociones. Hay que ver en cada momento donde cada uno se instala.

E: Vos incluís en tus obras objetos de la vida cotidiana ¿cómo surge esa idea?

-S.F: Sí, hay una especie de cúmulos de objetos, de acumulación… (risas) A mí me encanta acumular. Soy un barroco total.

E: ¿Vos te definirías así: como un “barroco”?

-S.F: Sí, sí, el minimalismo no es lo mío.

E: Y esa acumulación ¿cómo la organizás o cómo la ordenás?, si es que tiene un orden, ¿ o es aleatorio?

S.F: Aleatorio no es pero tampoco tiene un orden. Voy poniendo las cosas y voy sintiendo cuando las voy poniendo, lo voy armando. Voy creando. Tengo un gravísimo problema: los artistas de mi edad me dicen que soy un desastre, que no respondo a los cánones del arte; pero los jóvenes me dicen que soy un tipo que compongo. Ahora estoy trabajando con un grupo de gente más o menos de mi edad en donde aceptan que es una poética divergente.

Justamente hoy tenemos una reunión, entonces, digamos, yo soy “divergente”. No me pregunten cómo surgió el bebito porque no sé.

E: Justamente era una de las preguntas, ¿cómo surgió el muñequito? ¿“El bebito”, lo llamás vos?

S.F: Surgió porque lo encontré.

E: ¿Dónde lo encontraste?

S.F: En el barrio de Once. Cuando encontré el bebito, fui a hablar con el  dueño  del negocio y le dije: “mirá, yo necesito bebitos, vos no vivís de estos bebitos, decime quién los fabrica”, y  me lo dijo. Me contacté con esta persona e hice un acuerdo: excepto el blanco, todos los demás bebitos los hace pura y exclusivamente para mí.

E: Pero hay muñequitos  diferentes…

S.F: Sí, esos los compré en Barcelona. Yo voy por todos lados comprando estas cosas, en todas partes. Estos son de Barcelona, esos son de Uruguay, compré en Ecuador, compré en Chile, uno va encontrando…

También autitos, pero cada vez me voy restringiendo más al bebito y al muñequito.

E: Respecto del cine decís: “me interesa lo que emociona, me genera conocimiento, no pretendo que se comprenda, alcanza que duela o que hiera”. ¿Qué podés decir de eso?

S. F: Bueno, que duela o que hiera se lo robé a Roland Barthes de “La Cámara lúcida”.

E: “Lo que emociona me genera conocimiento… decís en otra frase”

S.F: Sí, porque en el cine todo está sujeto a entender la historia y a mí eso me fastidia.  Se le da mucha importancia a la comprensión y yo creo que eso es parte de la cultura pochoclera, es una necesidad de la taquilla: que la gente entre, se siente, se queden  ahí atrapados durante dos horas, comiendo pochoclo y nada, tienen que entender hasta el final para quedarse al final. Pero una película que emocione y demás es más difícil.  Además yo creo que la emoción genera conocimiento, no solamente racional. Por ejemplo, que un tipo de ciencias exactas genera conocimiento, nadie se lo va a negar, que un tipo que estudia filosofía genera conocimiento nadie se lo va a negar, el arte también genera conocimiento. Yo parto de esa base.

E: ¿Y qué tipo de conocimiento?

S.F:  Logopático.

E: Logopático…

S.F: O sea que recurre por un lado a la razón y por otro lado a la emoción. Además el visionamiento de una obra de arte es una experiencia única,  vos no se la podés contar a nadie. Si vas al cine y le contás a alguien la película, le contás la historia, no la película; y si le contás a alguien una obra, le contás la obra pero no lo que esa obra significó para vos. Contás la obra pero no estaría esa dimensión del encuentro con la obra.

E: Ese encuentro es singular,  es uno por uno…

S.F: Está la dimensión del encuentro pero en lo singular, que cada uno encuentra algo que no se puede traducir en palabras.  Es lo mismo que al hacer una película. Yo creo que ese espacio hay que dárselo al espectador, o sea el espectador se sienta ante tu obra o se para ante tu obra igual que cuando vos vas por la calle y encontrás una silla, o un cacho de madera, o un bebé, lo que sea, y que hay que darle ese espacio. Hay  quienes no lo aceptan, quienes lo pueden tomar y quienes no lo pueden tomar.

E: Vos dijiste que uno de los momentos de sorpresa era en relación a lo que encuentra el espectador ante tu obra,  ¿alguno  que recuerdes, que te haya impactado o sorprendido mucho?

S.F: Si, mucho, mucho… Cuando estrené mi primer cortometraje. Se me acerca una mujer llorando y me dice: “me tocó mucho la película, porque mi marido también murió…” ¡Y no había muerto nadie en la película! (Risas)

Y después tuve una experiencia divina, grosera de mi parte, pero merecida: en una exposición que hice en el Palais de Glace, un domingo a la tarde, se me acerca una señora muy paqueta, muy linda, muy bien vestida y me dice: “mire, yo creo”- me trataba de usted, “que a usted le convendría analizarse”, “bueno, ¿le parece?”-le digo, “ sí, sí, sí; viendo sus obras no me cabe duda de que a usted le conviene analizarse”,- me afirmaba, “ah… algunas veces lo pensé, pero nunca me decidí”- le respondí. Ella insistió: “sí, le va a venir muy bien”. Ante la insistencia le digo: “ah, bueno…¿y usted conoce a algún analista” y me responde:  “bueno, por favor, yo soy analista”…(Risas)

Le digo: “Ah, bueno, ¿y me daría una tarjeta?”, “sí, sí, por supuesto” -dice mientras saca una tarjeta. Entonces yo agarro la tarjeta y le digo: “gracias, la voy a guardar, así si algún día decido cambiar de analista no elijo una como vos” (Risas)

Bueno, no sé… ¿Cuál era la pregunta? ¡Ah, si algunas cosas me sorprenden…! Me fastidia mucho cuando me vienen a preguntar: “¿qué significa?”.

La verdad, si  no podés asumir tu lugar de espectador tenés que irte a otro lado. La verdad yo creo que es un problema que el espectador asuma su rol de hacedor, que asuma su relación con su propia mirada de la obra y que no espere por parte del artista “la respuesta”. Cuando  preguntan: “¿qué significa?” a mí me desarman, y no lo siento como un fracaso, lo siento como un fracaso del tipo. Para  mí, mi lugar no es el comprender al otro.

 Es lo que dice Barthes, o sea herir, provocar… es eso, herir al otro, pero una metáfora de la herida, no es que quieras lastimarlo, sino impactarlo para que el espectador saque algo de sí, piense algo…con eso alcanza.

 

 

 

 

 

 

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