Entrevistas&Reportajes

Entrevista a Román Podolsky sobre “El pozo donde se encuentran” II

Publicado en Lectura Lacaniana: 2 diciembre, 2012

                            

         Segunda Parte: "La llamada violencia de género a través del teatro"

 

E- ¿Con la obra “El Pozo donde se encuentran”, cómo surgió la idea?

RP-  El Pozo surgió de una noticia en el diario. Me  invitó Claudio Tolcachir, de Timbre 4, a dirigir un proceso creativo con un grupo de actores que habían egresado de su escuela. Les  lleve el texto y les propuse trabajar a partir de eso, hacía rato que lo tenía guardada en un cajón, la noticia de un hombre que mató a su mujer y la enterró… debajo de la cama matrimonial, y me parecía extraordinaria …

E-  ¡Debajo de la cama! No pudo deshacerse de ella

RP- Claro, me pareció una situación dramáticamente atractiva en términos de la tensión que expresaba, por un lado la intención de sacársela de encima y por otro lado no poder hacerlo, por otro lado la tuvo debajo digamos. En ese sentido me pareció que ahí había una tensión interesante para explorar, la cuestión no terminaba con  la muerte física. Me pareció piola trabajar con ellos esta cuestión, pensé en principio, que iba a ser un trabajo que iba a estar muy orientado a desplegar más literalmente esa noticia, después me di cuenta que no, para nada.

E- ¿Y cómo trabajaste?

 Empecé a trabajar con los actores, interrogándolos, hacíamos ejercicios donde, por ejemplo, les pedía que pasaran y contaran la historia, entonces alguno venía y me decía, por ejemplo: -“Mirá yo soy un vecino, la conozco, conocía  al matrimonio…”-, cada uno contaba… Y yo iba escuchando, a veces las palabras te sirven para armar texto, y otras veces te permiten, como significantes, disparar situaciones posibles…  Por ejemplo, las baldosas, una de las chicas habló de baldosas y de que había descubierto, que había visto,  un movimiento de baldosas fuera de lo común. Entonces, un día trajimos al ensayo baldosas de cartulina, blancas y negras y pusimos a una actriz acostada en el piso y la tapamos con baldosas de cartón, y desde ahí, la hacía hablar. Entonces, el término “baldosa” había surgido en un texto, después pasó a “las baldosas”, entonces de esa circulación del significante,  sacarle todo el jugo posible hasta que quede ahí, vacío. Sirvió para disparar una acción, una improvisación,  ya era teatral… Después descubrimos que no hacían falta las baldosas de cartulina, y así quedó en la obra esas primeras escenas donde ella está acostada en el piso, y él dice: -“Te podés callar. Te podés acostar”-. Entonces, eso es un ejemplo de cierto procedimiento,  de cierto procedimiento incalculable, digamos, porque va pasando.
 Había mucho texto, yo tenía una asistente que iba registrando, y fui haciendo armados provisorios, los armados quedaban muy solemnes, no se terminaba de armar, y un día con la asistente discutiendo como seguir, apareció la idea de que fueran parejas, concretamente parejas.

Un día hice el ejercicio, que fue incluido en el final de la obra, cuando las matan, eso surgió de un ejercicio: puse a los varones de un lado, sentados en un banco y enfrentados a las chicas que estaban en otro banco. Y les dije: -“El ejercicio es: la tenés que matar”-. “Hombres matan mujeres” se llamaba el ejercicio.

E- ¿Hombres matan mujeres?

Si, así se llamó.  Estaban sentados los varones y las mujeres, no dije nada más. Entonces, de repente, había un varón y se miraba con otro y decían: -“ vamos”-, y el ejercicio terminaba cuando uno mataba a una de las mujeres, y al matarla se volvía a sentar. La tenía que matar, y cuando la mataba, se terminaba, iba y se sentaba. Así, lo inventamos como procedimiento, y de ahí sacamos palabras y nos quedó la potencia de lo que luego se armó como la escena final.
Cuando terminó ese ejercicio estábamos angustiados pero también sintiendo que habíamos tocado un punto de teatralidad del cual el trabajo no iba a poder bajar.
Ahí decís: -“¡Esto va a estar en la obra!”-
Otro ejercicio se llamaba “Cómo quiero que me mates”, lo hicimos y de ahí surgió una escena que está en la obra.
 Lo que vas haciendo es acopio, de los ejercicios van quedando palabras, van quedando textos y van quedando acciones, y después viene  un trabajo de articulación.

E- ¿Cómo se realiza esa articulación?

 Con la asistente armamos las parejas, armamos las parejas de relación y se nos ocurrió armar esta forma coral de parejas, historias que empiezan bien y terminan mal. Terminan para el lado de la muerte. Algo que aparecía muy fuerte fue el erotismo y el amor, en la reiteración de los ejercicios se empezó a esbozar una tensión erótica que se reiteraba.

Ahí, empezamos a descubrir que el amor tenía algo, mucho que decir en nuestro trabajo, que la vertiente del encuentro tenía que estar presente para sostener el desencuentro; y que en el corazón del encuentro está el desencuentro. Eso es lo que dice en el programa. Ahí fue la aparición de una clave. Una clave se vuelve fuerte y empezás a armar el material desde ahí, esa clave te tira el material para ese lado.
Hay que ver cuáles son los temas, las cuestiones que gravitan más, y esa fue muy potente, así se fue armando. Llega un momento en que tenés el armado ya establecido, y en este caso están las seis o siete parejas protagónicas y está armada la dramaturgia de tal modo que se vayan cruzando

 Después, fui agregando textos, escribiendo. En el desarrollo de cada pareja había desigualdades, y sentía que a alguna pareja le tenía que dar más desarrollo para que cuente más lo que les pasaba.  Hay textos que  fueron escritos por mí; por ejemplo el texto de la chica de los topos y el de la chica que queman, que está con los fuegos artificiales y va y se sienta al lado de los policías y dice: “Estoy en el aire que respiran y no se dan cuentan

E-  ¿Aparte de la noticia trabajaron con otra materialidad? ¿Otros textos?

RP-  Si, después del  ejercicio “Hombres matan mujeres”, quedamos angustiados y en varios ejercicios hablábamos del pasaje al acto. Ahí les propuse leer el libro “A quien mata el asesino” de Carlos Dante García y Silvia Elena Tendlarz.  En ese momento donde ya se atraviesa la dimensión simbólica y ya no cuentan las palabras,  se me ocurrió llevar el libro y les leí algunas cosas del tema del pasaje al acto,  y crearon un código, todos hablaban de pasaje al acto.

E-  La obra fue promocionada como violencia de género ¿Cuál es tu posición al respecto?

RP- ¿Mi posición respecto de eso? Lo que vengo diciendo a través de esto, no soy un especialista en violencia de género, soy especialista en teatro, y para trabajar en teatro voy siguiendo ciertos impulsos, como el de trabajar con esta noticia, que, a poco de andar, obviamente, nos damos cuenta que tiene que ver con la violencia de género. La conclusión a la que yo llego después de haber hecho todo este proceso es que el teatro no es la Corte Suprema de Justicia. El teatro no es lugar donde se imparte la Ley, para eso está el Poder Judicial. En todo caso, cuando el teatro, para mi gusto, busca dictaminar culpables o inocentes entra en una zona que para mí se acerca más a lo panfletario y pone todo el dispositivo teatral al servicio de la trasmisión de una idea. No es el rol que a mí me interesa para el teatro, a mí para el teatro me interesa un rol donde se muestra la realidad en su complejidad mayor.

Creo que es un tema muy complejo, creo que la obra, si encontró algo, es el lugar complejo en que la mujer queda atrapada cuando se trata de una relación violenta con un hombre, porque hay una dimensión del amor, del goce, del deseo que muchas veces no le hace tan sencillo a esa mujer salir, despegarse de ese hombre que le está haciendo daño, no percibe que puede terminar muerta, no le permite eso, y ahí es donde yo percibo que la obra hace un aporte, en mostrar algo de una mujer tomada por la situación, y que no puede hacer pie, si una mujer pesca ciertas señales del vínculo enfermo, del vínculo de sometimiento, en el mejor de los casos toma distancia y encuentra la manera de salir de eso, porque, es obvio que el hombre es más fuerte que la mujer, que vivimos en una sociedad patriarcal, que por lo general son los hombres los que matan a las mujeres, todo eso es innegable ,que eso está mal y que la violencia en esos términos no tiene ningún sentido.

La obra muestra ciertas posiciones de la mujer ahí donde está atrapada y aun muerta, sigue atrapada. No todos los casos, porque algunas muertas hablan, entienden mejor lo que pasó y pretenden un nivel de orden, de justicia que no le fue conseguido en vida, pero siguen reclamando aún muertas. Y me parece que le hace honor a ciertas realidades. Esto es lo que muestra la obra.

Es una cuestión muy compleja y donde las subjetividades están mutuamente implicadas.

E- Hay una dimensión de padecimiento y de no poder desprenderse del otro, de los dos lados.

RP- Si, nosotros veíamos eso, en la escala mínima que nosotros trabajábamos que es como una especie de laboratorio de la conducta humana, veíamos que ahí había un disfrute, que las chicas decían “me gusta esto que me pasa”. Les gustaba. Lo que pasa es que no podes hacerlo público o bajo ciertas circunstancias, eso está también en la obra. Una cosa es que sea un juego y otra cuando se pasa de un juego, eso en la obra se dice mucho.

E- Es cierto, en la obra eso se marca, cuando se pasa del juego, se atraviesa cierto límite.

RP- Porque el juego es una cuestión simbólica, entonces vamos cambiando figuritas, decimos: me pegas te pego,  pero cuando me pegaste de verdad y me sacaste un ojo, ahí ya  no es un juego. Ahí me hiciste doler, algo se desregula.

E- ¿Cuando vuelve la obra?

R.P.- Tenemos la intención de retomar a partir de Abril, igual antes que termine el año vamos a estar haciendo funciones en la provincia de Buenos Aires.

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