Entrevistas&Reportajes

Entrevista a Rodolfo Relman

Publicado en Lectura Lacaniana: 2 junio, 2013
 
La alborada
 
Entre el cosmos y el caos,
esa silueta asoma. Engañosa revelación.
En la alta noche
una mujer lo sueña.
 
Siembra en el páramo.
Cuando un pájaro suspendido
anuncia la alborada.
                                     Rodolfo Relman
 
 
E: Nuestra página está orientada hacia la realización de una lectura lacaniana en todas las secciones que la conforman. La lectura lacaniana es una lectura que se hace en cuanto a las producciones que alguien tiene en relación a su inconsciente. Sabemos que es actor, poeta, pintor: ¿Cuál es la relación que Ud tiene con la creación en esos diferentes terrenos?  
 
R.R :“Creación” es una palabra demasiado grande, yo soy un “hacedor”. He sido toda mi vida un hombre de teatro, como actor particularmente, y  también como director. He hecho docencia, pero poca, he dictado seminarios en la "Bottega¨ de Firenze  (escuela teatral ), fundada  y dirigida por Vittorio Gassman.
 
E: ¿Qué seminarios ha dictado?
 
R R: El seminario que dí en la Bottega  se refería a la poética del espacio. La relación del actor en el espacio, similar a la relación del poeta y la hoja en blanco, o el pintor frente a la tela. 
Y lo sorprendente es, que de pronto , hace siete años, en una suerte de desafío divertido, empecé a pintar, y no pude dejar de hacerlo… 
 
E-¿Cuál fue ese desafío que lo llevó a pintar?
 
R.R: Fué un desafío que me propuso de mi hijo, Pedro: -“Por qué no nos juntamos a una hora y un día determinados para pelearnos con un tema específico de por medio”-,  yo le repondí: -“¿Cuál sería el tema?”-, – la pintura, pintemos juntos”-;  -“Pero si yo no pinté nunca”-. De chico había dibujado, copiado.
 Entonces mi mujer y mi hijo me regalaron acrílicos, todo el material necesario… y empecé a pintar; no pude dejar de hacerlo.
 
E: ¿No pudo dejar de hacerlo?
 
R.R: No, fue una pulsión enorme, tan fuerte, casi diría como el teatro, sólo que éste tiene un ida y vuelta, un feedback con el espectador y el trabajo grupal. 
La pintura es más más sensorial, más corpórea que la poesía, que es una tarea más intelectual; acá interviene todo el cuerpo.  
 
E: ¿Ud tenía previamente una relación con la pintura?
 
R.R: Tuve la suerte de ser elegido en un concurso para editar mi primer libro en la Editorial Losada, y don Gonzalo Losada, amaba la pintura y su asesor literario en esa época, Rafael Alberti, poeta y pintor, (de quien yo luego seguí amigo), amaba a su vez las ediciones especiales, para “ Bibliófilos”. Se hacía una edición especial, y se elegía un pintor para ilustrarla. Yo elegí hacerlo con Carlos Alonso. Desde entonces continué ininterrumpidamente. 
 
E: ¿Y ese contacto con pintores se prolongó en el tiempo?
 
R.R: Si, como poeta trabajé con varios pintores argentinos, además de Carlos Alonso, con Cañas, con Zelaya, con Laxeiro en España; con Berni hicimos una edición especial con veintidós poemas y veintidós originales, y el último con Adolfo Nigro. 
 
E: ¿Ya existía entonces un contacto con la pintura desde el lenguaje?
 
R.R: Si, efectivamente, mi poesía, comentario generalizado, está poblada de imágenes. De modo que ahora no aparece tan extraño el pasaje, el puente que he hecho hacia la pintura. Pero de ahí a pintar…no pensé ni remotamente que llegaría a exponer. Me ví estimulado por algunos de los más grandes maestros como Guillermo Roux, Daniel Santoro, por Adolfo Nigro.
Mi análisis y el Seminario de Carlos Dante García fueron confluyentes, determinantes en cuanto a entender el lenguaje de la pintura.
 
E: Su análisis….y el seminario dice Ud…
 
R.R: El seminario que he realizado con Carlos, me ha permitido esclarecerme y avanzar en mi quehacer. Tuve lecturas previas de  Lacan pero no ordenadas. El seminario me ha significado, por la heterogeneidad del grupo, la riqueza de los temas y la coordinación de Carlos, ahondar en la búsqueda de las diversas disciplinas. Ha sido riquísimo. 
 
E: Usted  viene de un recorrido por el psicoanálisis y de varios análisis diferentes  ¿Ese fue su encuentro con Lacan?
 
R.R: Es una buena pregunta No, no fue mi primer encuentro,. ¿Por qué se postergó  tanto mi encuentro con Lacan?  Debí haber entrado en el mundo Lacaniano, estudiado a Lacan, hace más de tres décadas, cuando me analicé por primera vez. Tendría que contar una anécdota, es divertida…
 
E: Una anécdota…
 
R.R: Si, Yo hice la escuela de Pichón Riviére para enriquecerme en el manejo grupal,  manejaba gente, como director. Y le dije a Pichón, a quien admiraba: -“Enrique, tengo que analizarme, me siento  desbordado por situaciones personales, la entrega de nuestra tarea, vos lo sabés, es muy comprometida y a veces necesito un equilibrio, un continente,”-  – “Dejame pensar”-, y dos días después me dijo: -“ creo que tengo el analista que vos necesitás; tiene unos pocos años más que vos, es muy joven, acaba de recibirse, pero es un tipo comprometido y  técnicamente óptimo, ”. 
Me presentó a ese analista, y lo digo con  intriga, teatralmente: -“Se llama Juan David”-.  Lo vi y a  los tres meses de analizarme, Juan David Nasio, me dice: -“Mirá, tengo que darte una noticia:  me  postulé a una beca, había cientos de candidatos, nunca pensé que iba a ganarla, me eligieron para ir a estudiar a Francia con un analista a quien admiro". Lacan era ese analista. Mi reacción fue: ¡Te felicito, la puta que te parió!”. 
 
E: Así conoció a Lacan…robándole el analista..
 
R.R: (Risas…) Así lo conocí a Lacan. Pero tuve una experiencia, posterior. Me analicé con Nicolás Peycere quien, con Masotta, fueron los introductores de Lacan en la Argentina. 
 
E: E- ¿Cómo sitúa su reencuentro con Lacan y cómo fue que surgió ese reencuentro?
 
 RR- Mi verdadero reencuentro con Lacan ha sido a través de Carlos Dante García. Un querido amigo común, Juan Forteza, arquitecto , iniciado en Lacan, me propuso integrar un seminario. Y dije: -“¡Ah… sería maravilloso!”. El grupo era muy heterogéneo, rico, integrado por un docente de Teología , una Periodista, y un director teatral, además de nosotros dos. 
 
E: Ahondar en Lacan ¿le permitió hacer otra lectura de sus producciones?
 
R.R: Exactamente. Lacan habla del lenguaje, es un gozo el trabajo que hace. Lo imposible de hablar por ser lo real . Dice en Los cuatro conceptos: “ Hablo, empero, de lo que se lee, porque digo está destinado al inconsciente, o sea, lo que se lee antes que nada.” Yo digo: ¿Y qué es lo que hace el artista sino acceder a un lenguaje en cualquiera de las disciplinas?
Al inconsciente antes que nada. En la medida en que logre introducirse, y con todos los riesgos que significa nadar en estas aguas que no son siempre gratas;  es ahí de donde se podrá extraer algo creativo”. 
Es lo que pienso, estoy haciendo toda una asociación libre, como si Lacan fuese para mí Creonte que me fue llevando por las procelosas aguas. 
Y Lacan no sólo me ha permitido eso……
 
E: ¿Qué más permitió la lectura de Lacan?
 
R.R: En algún momento empecé a tratar de entender, de tener una relectura, una lectura de mi propia producción, a partir del epílogo de Lacan sobre los cuatro conceptos  que dice: -“¿No valdrá la pena construirlo si es la Tierra Prometida que presumo para este nuevo discurso que es el análisis’” ( Seminario de J.Lacan,Libro 11, página 290) esto me llevó, hacia algo que yo estoy escribiendo hace largo rato, que se llama "La Otra Orilla”.
 
Tengo una anécdota muy rica al respecto: mientras estaba en el Conservatorio Nacional, tuve la fortuna de tener los mejores profesores entonces, desde Cunill Cabanellas que fue el fundador del Conservatorio y formó muchas generaciones de actores, hasta Battistessa en Literatura .
 
Estudiaba paralelamente en el Instituto de Cultura Italiana que dirigía el Profesor Marone,  y en la Dante Alighieri. Promediando mis estudios de italiano, me llamaron para ofrecerme una beca: -“Estás becado, obtuviste la beca artística, así que tenés que viajar en diciembre”-, -“No, cómo voy a viajar, si no tengo la menor idea…”-, yo estaba en el penúltimo año del Conservatorio, y digo: -“No, no puedo interrumpirme”. Bueno, pedí una entrevista con Cunill Cabanellas, que era agudísimo el catalán, con un humor, y me recibió ese fin de semana en su casa con tostadas y café con leche, un privilegio inusual. 
 
Cuando le conté de la beca, ya estaba enterado, me dijo: -“Pero qué duda tienes, cuando vuelvas completaras el Conservatorio, si lo ves necesario”- Le dije: -“Mire maestro, a mí lo que me preocupa es que usted a veces me pide que escriba escenas, otras, que ponga en escena con los compañeros… ¿Usted para qué me ve más fuerte? Yo no me quiero diversificar: de pronto escribo, de pronto la puesta, de pronto… Yo amo esto”-, y me dijo: -“¿Qué quieres que yo te diga, para qué…? El tiempo, hijo. El tiempo, pues, se encargará de responderte”.
 

 

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