Entrevistas&Reportajes

Entrevista a Rodolfo Relman. II Parte

Publicado en Lectura Lacaniana: 30 junio, 2013
 

Lapsus

 

Aquel hombre

¿Qué buscaba?, tan ávida, parsimoniosamente, en el fondo del tacho de la basura.

Cuando esa mosca, de alas de oro,

Se posó en el centro de su coronilla.

                                                                             Rodolfo Relman

 
 
E: “El tiempo se encargará de responderte” fue la respuesta de Cunill Cabanellas. ¿Y la suya?
 
R.R: Sí, fue esa. Y yo dejé hacer al tiempo, porque ya paralelamente, mientras actuaba empecé a publicar, mis primeros libros se publicaron… se presentaron leídos por Bianco, el primer libro, etcétera… Por Carlos Carella. Era secretario Juan Carlos Gene, hizo la presentación.
Bueno, así que lo único que he hecho es seguirme a mí mismo… 
 
 
E: Seguirse a sí mismo…
 
R.R: Exactamente, y no ha sido fácil, no. Pero un lenguaje se ha engarzado con el otro a través del tiempo, y este último tiempo volvemos a Lacan, y es como que yo tenga unos cuantos cenitales, por seguir la idea teatral (cenitales son los focos circulares del teatro, o la iluminación, sobre el escenario…explica Rodolfo) de lo que estoy haciendo, que sea mucho más consciente de esto, y de cómo acceder y del mejor modo a eso que intento expresar.
 
 E: Volvamos a Lacan….
 
R.R: A partir del seminario y la lectura diría que Lacan me sirve, fuera de la búsqueda de mi esencialidad, para poder expresar, para vivir la relación del inconsciente como acto sanitario que me mantiene conectado con los otros y conmigo mismo. Eso es lo que significa para mí.
Porque Lacan es siempre sorprendente, es una especie de shock: no podés permanecer inalterable en su lectura o en la proximidad del acercamiento a Lacan, entonces, es como una suerte de lectura tónica: te hace caer y te hace levantar. 
 
E: La lectura de Lacan altera, produce modificaciones. ¿Modifica el hacer?
 
R.R: Y Lacan… eso es lo atractivo, tiene que ver con la creación, con el hacer creativo, es siempre una provocación de un encuentro difícil que no se puede pasar por encima. Tropezás y suceden cosas en la medida en que investigás por qué tropezaste, o por qué te sucede tal cosa. Incluso, a mí me intriga, y no lo tengo muy claro porque soy un iniciado en Lacan, bueno, cuando avance en los seminarios tendré más claridad sobre algunos aspectos, porque hay tantas teorías…. y fundamentalmente, porque mi trabajo es en torno de la lingüística.
Pero a mí me aparecen estas contradicciones, que no tengo claras y lo resuelvo así, tampoco le he preguntado a Carlos demasiado  porque se toma un tema y se desarrolla y muchas veces distraigo con inquietudes.
Esto yo lo veo, en estas contradicciones, como un canto coral todo el tiempo, porque la verdad y la alternancia de las voces, nunca se puede decir todo y de una vez; entonces lo siento como un equilibrio en los diversos caminos, en las diversas búsquedas.
 
E: Un canto coral en donde no todo puede ser dicho y sin embargo ¿las diferentes voces lo tornan un hacedor…. en la pintura, en la poesía, en el teatro?
 
RR:  Sí. Y que se me van revelando. Después les voy a acercar el catálogo de mi primer muestra de pintura, Elba Pérez es una crítica y ella titula eso: “vuelta a la escena”, es decir, lo analógico en mí, desde la temática, que también sucede en la poesía, y en general sucede en el teatro que yo he elegido o por el cual yo he sido elegido. Tiene que ver con un denominador común.
 
E: ¿Cúal es el denominador común?
 
R.R: Yo sólo pinto aquello que amo, que me toca, que me llega, yo me nutro y sólo puedo pensar eso…. yo trato de expresar lo mejor de mí mismo, en cada una de las disciplinas.
Y, entonces, sólo puedo revelar algún aspecto a partir de esta elección, que tiene que ver, no sólo con la forma y demás, tiene que ver con el sustrato, digamos. Una anécdota: venía una señora, Ester, que es muy famosa acá porque pasea perros, ella heredó el pasear perros de su hijo joven, un chico que murió por consumo de drogas. Ella quedó con el vacío terrible de la muerte del hijo. Y para vivir empezó a pasear los perros que eran del hijo, además todo el barrio la conoce porque es uruguaya, de una austeridad y una sabiduría también… Y ella venía y golpeaba, venía y traía una perrita nada más que se llama Esperanza, una perrita pequeña, y yo decía: -“Ahí viene Ester con la Esperanza en brazos”-, y un día le digo: “¿Ester, le puedo sacar una foto?”-, entonces me dice:-“¿Una foto? ¡Le voy a arruinar la máquina!, desde que me casé no me saco una foto. ¿Cuándo la va a sacar?”, -“El sábado”-. Bueno, no sabés como vino, engamada, con las zapatillas sin cordones porque ella va más suelta con las zapatillas sin cordones…. Esto debiera planteárselo a Carlos qué significado tiene este episodio porque la socializó, ella tuvo situaciones límites, de quebrarse, pensó en no vivir, y dijo:-“Pero, yo estoy ahí, en ese cuadro”-, era su representación. Y me dice: -“Pero, usted pinta al lustra botas, me pinta a mí, pinta al cartonero, o al chico que trae los diarios… ¡somos como de su familia!"-, y le digo: -“No, no. Son mi familia, porque yo soy lo que pinto y pinto lo que soy, y así sucesivamente”-, no le dije: -“Yo escribo”-, porque ella no sabía.
Entonces ahí tienen un elemento que tiene que ver con lo temático y como se enhebra una cosa con la otra.
 
E: Es Ud un entusiasta lector lacaniano…
 
R.R: La lectura de Lacan es a mi entender casi la logística de la interrelación creativa de cada una de las disciplinas que tienen que ver sustancialmente entre sí. Y el resto es un viaje, una navegación. Y todo esto que estoy diciendo tiene que ver con un tema central que es el goce y también con que a cierta altura de la soirée de la vida ya los fantasmas son fantasmas, por lo menos el fantasma fóbico…. En eso también me ayudo
 
 
E: ¿Tiene relación de amistad con algunos psicoanalistas?
 
R.R: Bueno, sí, tengo una gran amistad con Carlos, pero no me analizo con él. Tuve muchos amigos cuando hice la escuela de Pichon, había muchos médicos y psicólogos. 
 
 
E: La política ¿incide en sus producciones?
 
 
R.R: No, pero hace un tiempo tuve un accidente y pasé por etapas postrado, en silla de ruedas, hasta llegar a las canadienses. A partir de eso me reencontré a solas… parece, cómo se dice… un rizoma, ¿no? 
 
A veces doy vueltas porque me parece más elocuente si accedo al rizoma, responderte a través de él. Me paseaba una mañana solo por mi cuarto, me veía como “el otro”, y llegué  a ciertos ítems y de pronto oí el diario por debajo de la puerta y empecé a leer cosas del mundo y de nuestra realidad política cotidiana. Volví a mis cosas, no para escaparme de esa realidad pero puse en ese intermedio, haciendo alusión a una frase de Borges: “Me duele una mujer en todo el cuerpo”, puse “Me duele el país en todo el cuerpo”.
Por supuesto, yo no soy nada ajeno, aunque yo viví en el extranjero, no como exiliado, pero sufrí y me parece que estamos en un estado difícil e infructuoso. Entonces  sí, por supuesto, mi expresión no puede ser ajena a la política, no milito más que a través de mis tareas específicas y de mi relación con la gente, pero me duele el país porque lo veo todo muy enrevesado y muy impostado.
 
Espero y deseo, mientras no tengo más actividad que la que hago a través de mis tareas y de mis relaciones.
 
E: Espera y desea…
 
Es una llaga, me duele el país en todo el cuerpo. 
Creo en cuidar el huerto y poder ayudar a pensar, a esclarecer, a reflexionar, por lo menos en pequeños grupos, en el lugar….en lo que uno hace…con los suyos. 
Mientras es eso….
Ese “mientras” es mi compromiso.

 

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