Entrevistas&Reportajes

Entrevista a Liliana Heer. Primera Parte.

Publicado en Lectura Lacaniana: 4 agosto, 2013

 

E. ¿Cómo fue su inicio en la escritura?

L.H. Impensado. A diferencia de la práctica psicoanalítica, producto de numerosos años de estudio, análisis, supervisiones y seminarios, la escritura floreció de repente, se impuso como acontecimiento.

E. ¿Qué la llevó a la literatura?

L.H. Podría volver a contar la anécdota de mi segunda infancia escribiendo cartas para amigos como un Cyrano travestido o hablar de los años de  Dictadura y la necesidad de tener un balcón en mi cabeza. Hoy prefiero pensar en el plus de intensidad proliferante que me caracterizaba y encontró gozne acotando el culebrón, inventando otras historias.

E. Ud. Dice: estoy narrando el arco iris del malestar, con una economía de lenguaje, ¿cómo es este narrar?

L.H. Los textos sin muletas crean lectores aventurados. Adiós a los rituales explicativos, las modas, el lugar común. La idea es narrar el intervalo, la disonancia, lo imprevisible, ir más allá del sentido.

 E. “La herida se abre y se cierra para evitar la cicatriz”. Este presente perpetuo de memoria sin sutura es un gran invento narrativo de Liliana Heer, una invitación a comprender el advenimiento de un mundo diferente. ¿Cómo pensar este presente perpetuo?  ¿Y esta memoria sin sutura?

 L.H. Mientras la herida despierta ecos pulsando la inmediatez, la cicatriz contiene fijeza de representación; cuenta lo que ocurrió, pertenece a los informes forenses, es generalizable y al serlo dice menos de lo que dice. Justamente estoy concluyendo Capone en Septiembre, un poema en el que dos cicatrices –de Scarface y de Angie- tienen valor de causa.

E. Los viajes provocaron también cambios en su estilo, ¿cómo definiría su estilo de escritura? ¿Qué herramientas utiliza? ¿Dónde escribe?

L.H. Al viajar alterné con otras lenguas, otra música, además del extraño fenómeno de pliegue que se opera al volver, esa condensación disponible sólo por fragmentos, comparable a la intensidad de un sueño vuelto comodín.

Si bien considero a la belleza una maldición semántica, suelo escribir bombones envenenados. “De lo terrible lo bello no es más que ese grado que aún soportamos", decía Rilke.                                                                       

Recuerdo un texto cuyo plot clama por un antídoto: “Las Milesias” de Marcel Schwob. En él, la vejez asociada a la fealdad lleva a las vírgenes de Mileto a quitarse la vida; una por una, las novicias se cuelgan de altas vigas la noche previa a su unión con el Señor. Suspenso, pesquisa, espejo deformante. Armen el puzle o lean el relato.                                                

Lacan afirma que en la estructura del campo enigmático hay un “no-toquen-lo-bello”, óptica de fractura de la juventud más plena, similar al horror de las vírgenes suicidas.

E.  En Ex criaturas profanas Ud. Dice: “La miró caminar con el atado sobre la cabeza y el revuelo de su pollera corta siguiendo una y otra pierna.” ¿Qué algo mejor, puede ser la descripción de una mujer? Hay otra definición a lo ¿Qué es una mujer?

L.H. Creo que hay muy buenas descripciones. En Retrato del artista adolescente, al igual que en Giacomo, esa mujer a quien el protagonista “alma” es un pronombre: Ella. “¿Quién? Un pálido rostro envuelto por espesas pieles olorosas…” También Gabriel, protagonista del relato “Los muertos”, se pregunta qué símbolo representa una mujer en las sombras escuchando música; imagina que si hubiera sido pintor pintaría ese enigma. Al acercarse reconoce a “su” mujer -deleitada en su propio goce- y no le alcanzan las palabras, necesita inmortalizar el gesto: la pasión suspendida. Se podría pensar el nombre mujer como enigma que evoca al ser y vuelve la respuesta un acto.

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