Entrevistas&Reportajes

Entrevista a German Gárgano

Publicado en Lectura Lacaniana: 23 marzo, 2016

Una tarde calurosa de Enero nos recibe en su taller el pintor German Gárgano, un ambiente de mucho trabajo, en donde habitan diferentes pinturas, obras en producción, otras ya terminadas, un gato que acompaña el encuentro y la charla con un hombre  que se expresa con soltura y mucha calidez. A lo largo de la entrevista nos trasmite como alguien  puede recurrir a la creación como medio para salir de una situación extrema; la pintura como solución, un modo de satisfacción, un  alivio subjetivo.

 

Parte I: El encuentro con la pintura.

En esta primera parte, Germán Gárgano nos relata sus inicios con la pintura en la adolescencia y su reencuentro con ella estando detenido; una elección que lo va encontrando. Un hacer que le permite,  en ese estado de encierro,  ir acercándose a un modo de satisfacción que lo va a ir tomando sin proponérselo, nos dice: “me fui embalando cada vez más”. Nos cuenta como conoce a Gorriarena y en que consiste este estudio de pintura por correspondencia.
El paso de estudiar medicina a dedicarse de lleno a la pintura.

Realizada por: Ángela F. Vitale y Florencia Vidal Domínguez.

 

Parte I

Ángela Vitale: ¿Cómo era tu vida  antes de tomar la decisión de pintar?

Germán Gargano: Yo estudiaba medicina, estudie dos o tres años, después estuve detenido por cuestiones políticas. Mi relación con la pintura anteriormente a eso fue cuando tenía 12 años. Amigos del barrio habían hecho un taller en casa improvisado con óleos, no sé si había en esa época acrílicos. Mi vieja iba a un curso de extensión en Bellas Artes, de esos cursos donde puedes ir sin cursar nada, entonces empezaba a haber elementos en casa y con este amigo ahí del barrio empezamos…Entonces armamos este taller, que era una especie de club,  no sé cuánto tiempo estuvimos. Pero después eso se pasó, como pasa mucho con los pibes y después tuve un buen profesor en el secundario, en realidad tuve dos buenos. Uno era bueno porque era más libre y nos hacía hacer de todo: experimentar con la materia, etc., estuvo lindo. Y otro era más técnico, la materia era sobre proyectivas, proyectar en tres dimensiones… y era muy exigente, una cuestión más geométrica en ese sentido. Después nunca más.

Florencia Vidal: ¿Y el re encuentro con la pintura?

Germán Gargano: Viene estando detenido. No nos dejaban hacer absolutamente nada, nos sacaron todo, durante años no pudimos hacer nada. Al comienzo, que fue en el ’75, las cosas no habían empeorado tanto, pero todo el mundo dibuja, como quien escribe unos versos. Al final, después de que permitieron entrar materiales que uno podía elegir, con un grupo de amigos elegimos pintura, más para estar juntos, yo ni pensaba elegir eso. Eso fue in crescendo, después yo fui tomando contacto cuando salí con Gorriarena, que fue mi maestro ahí, y que yo me había contactado por correspondencia.

Florencia Vidal: ¿Cómo fue el contacto con Gorriarena?

Germán Gargano: Mi primo había empezado a estudiar con él,  en su taller en el  año ’81,  y entonces como vio que yo había empezado a pintar, me mandó una correspondencia y la cosa entró. Después, al salir fui diciendo que me podía encaminar… porque yo salí y retomé medicina un tiempo, pero después la dejé por la pintura, eso fue determinante. Medicina es muy absorbente.

Ángela Vitale: ¿Como fue esta manera de pintar por correspondencia?

Germán Gargano: eran ejercicios con ciertas consignas del trabajo con el color, yo igual lo tenía en mente porque me llegaba en una semana, diez días, tenía una ayuda memoria, de acuerdo como era la consigna eso era factible de hacer, lo ponía en chiquito lo que yo tenía en mente y después los señalamientos de dónde la cosa funcionaba. Yo seguía laburando, ese fue un período. Cuando salí fui a su taller, ahí me fui embalando cada vez más. Teníamos un taller en conjunto con mi primo. Mi primo, más cinco ya trabajaban en un taller, me invitaron a sumarme, así que ahí laburábamos. Todavía íbamos al taller de Gorriarena, no nos habíamos largado a pintar cuadros, hacíamos consignas que él nos iba dando de trabajo. En la cárcel pedí  libros de medicina, de psicoanálisis también, y tenía esto de la pintura. Cada vez fui pintando más y estudiando menos.

 Antes de conectarme con Gorriarena yo no tenía demasiada idea, así que había hecho entrar, o me habían traído acuarelas, papeles, marcadores, así que yo reproducía cosas, sacaba imágenes de revistas que tenía, en general recuerdo que prefería sacar en blanco y negro, para no influenciarme con el color, por ahí de pinturas que me interesaban. Me acuerdo de ciertas estampas japonesas que yo hacía, o de fotos de algunas revistas que nos dejaban entrar, se había ampliado un poquito la cosa.

 

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