Entrevistas&Reportajes

Entrevista a German Gárgano III

Publicado en Lectura Lacaniana: 27 marzo, 2016

Ángela Vitale: Los premios, ¿cómo los recibís?

Germán Gargano: Es lindo, está bien, son reconocimientos. Pero lo fundamental es que el cuadro, sentir que el cuadro es bueno, después, si no hay algún premio de pronto decís: “pucha”. Pero es preferible eso a que de pronto el cuadro no sea bueno y sea premiado, distinguido, lo que te decía de las exposiciones. Uno tiene que estar bien con lo que hace. Mientras uno esté bien con lo que hace, con lo que va haciendo y sienta que el respaldo está ahí, lo demás está bueno, está bien recibirlo. Pero lo otro siempre es más importante.

Florencia Vidal: ¿Y has viajado con tus obras?

Germán Gargano: Sí, en los ’90 estuve exponiendo en Estados Unidos en una galería en New York. Llevé pinturas, yo siempre vivía acá, pero hice varias muestras, fue una buena experiencia. También me sirvió para conocer, ver pinturas.

Ángela Vitale: ¿como fue el proyecto de pintar los murales?

Germán Gargano: Eso fue un proyecto de hacer que los pintores pintáramos en cerámica los murales, fue para el subte B, la época de Miguel Briante y Omar Estela. Miguel Briante era el director del Centro Cultural Recoleta, y Omar Estela su adjunto. Se hicieron a la vista del público en el año ’91 en el centro cultural Recoleta.

Estuvimos varios meses ahí  con la estructura, las baldosas, la parrilla, donde tenés que poner baldosas, todo con esmalte para cerámica porque después va al horno. Todos los polvos son de color gris o rosado, en general, rojo, verde, amarillo, azul, no los ves, cuando sale del horno lo ves, algunos procedieron con el azar puro, metían una cosa… Yo llevé un boceto y más o menos puse las cosas de color que había puesto en el boceto, me fabricaba el verde que era gris, después un azul que era un gris más oscuro, después va al horno y se revela el color. Podés jugas más o menos con el azar. El horno estaba puesto en el centro cultural Recoleta, que nos dio una fábrica de hornos, se hizo todo ahí. Cuando todo terminó se expuso ahí, después se trasladó y los del subte los  colocaron, ese fue ese proyecto. Y tocaba cada estación por sorteo.

Ángela Vitale: ¿Ese trabajo  lo hiciste con otros pintores más?

Germán Gargano: Ese fue reciente, eso fue por el Consejo Federal de Inversiones, que tiene mucha actividad. Tiene acá en Córdoba y Tres Sargentos, toda la planta baja es galería, es un lugar muy lindo de pintura y exposición. En general es de pintores del interior. Maneja cuestiones de dinero, y le dieron mucho énfasis a la cultura y a las artes plásticas, visuales, uno de los proyectos fue que de a cuatro pintores, un mural en cada provincia. Se hicieron ocho o diez, no sé si seguirá, uno fue de La Rioja. Lo hicimos ahí con Luis Abraham, un gran pintor de Tucumán, Fernando García, un gran muchacho de La Rioja. No teníamos idea, cada cual llevó imágenes, yo llevé imágenes que vi en documentales. Son ocho metros, la distribuimos cada cual, dos metros cada uno, la idea fue no hacer todos todo, en otros murales se hizo así, sino que cada uno hiciera en sus dos metros y enlazáramos, cosa que salió muy bien. Más o menos sabíamos lo que el otro hacía. Salió muy bien, todos quedamos contentos.

Florencia Vidal: ¿Tenes alguna rutina para trabajar?

Germán Gargano: Yo no tengo rutinas de horarios, puedo pintar a la mañana, a la noche, puedo estar tres días seguidos y de pronto estar una semana. A veces escribo, últimamente estoy escribiendo sobre pintura, psicoanálisis… Pero siempre uno está pintando. Siempre la actitud es hacia eso. Trato de dejarme llevar; apareció el color, uno pone, pero hay un momento en que tomás distancia y de ahí ves de dónde seguís tirando del piolín, ese núcleo donde a uno le llega algo que está más en dirección a ese núcleo personal. Que de ahí te surja algo, entonces lo pones sin saber, por ahí lo pones y no tenés manera de saber. No es una garantía. Después lo ves y es así, y si algo no funciona, cuando vos ves que no pasa nada, incluso puede pasar que plantes todo un trabajo y no te diga nada, y bueno, tenés que hacer algo,  la manera en que uno se las ingenia para irrumpir, de alguna manera, y buscar eso. A veces, en el mejor de los casos, acompaña algo que vos tenías en mente. Sino eso fue cuestionado y surgen otras cosas de las que uno se va desprendiendo, y en un nuevo encuentro con la cuestión, como pasa en la vida, te logras olvidar de ese cuadro que tenías pensado. Es un poco fatal eso, tratar de llevar lo que uno tenía pensado a la tela… siempre hay transformaciones. 

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