Entrevistas&Reportajes

Entrevista a German Gárgano II

Publicado en Lectura Lacaniana: 25 marzo, 2016

Florencia Vidal: Cuando entraste de lleno a la pintura, ¿qué tomabas de otras artes para empezar a pintar?

Germán Gargano: Yo las fotos las tomo aun ahora, fotos de diarios, otras de la imaginación, o de películas, escenas que detengo. Ese es un punto de partida.

Ángela Vitale: ¿Cuáles fueron los cineastas que te marcaron más,  escritores o músicos?

Germán Gargano: De los que más tengo presente, Pasolini, por ejemplo, David Lynch… algunos incluso a veces son documentales. Godard es otro, por ejemplo, cierta cosa me interesa, debe ir todo junto, la imagen… por ahí el contenido de lo que está metido ahí, por cómo viene la trama, la imagen si la ves sola, no sé, uno le pone, a tratar de mostrar algo de eso.

Florencia Vidal: Ese sería como un punto de partida, después, ¿hay un querer decir algo en la pintura?

Germán Gargano: No, eso no, un mensaje explícito no, pero creo que el qué decir es importante, tener algo que decir. Algo que transmitir, así sea algo abstracto, pero uno no sabe a veces bien qué, pero la cosa se va configurando, pero vos notas que todavía no estás diciendo nada, por ejemplo.

Ángela Vitale: ¿Cuándo es el momento en que te das cuenta que ya estás diciendo algo?

Germán Gargano: Por ejemplo, este trabajo es con pluma, lo empecé y en determinado momento podía haber seguido esto así, pero en el momento en que se me hace reiterativo, o empiezo a ver el laburo como terminado en esta dirección digo que esto no me interesa. Entonces de repente entra la posibilidad de que le ponga color y yo no lo había considerado, entonces lo metí. Vi un amarillo que entraba ahí  y lo puse, a riesgo de que no fuera a seguir con este desarrollo, ¿me entendés?. Es medio incierto, lo único que tengo es que por algo me surgió esa necesidad de color, a veces decís que no y seguís, en general yo obedezco. De pronto, por algún lugar la cosa sigue, o en algún lugar, como aquí, me quedó como separado. Yo creo que eso es lo que uno va siguiendo hasta que encuentra algo que está.

Ángela Vitale: Que tampoco sabemos si esto  queda después…

Germán Gargano: Por ejemplo, la goma en este caso también dibuja, entonces yo borro, acá no borré, acá sí. Esto es automático. En el momento hay cosas que quedan, hay un entrelazamiento de cosas que correspondían, que arman algo que me gusta como dibujo. Es interesante, yo no sé qué va a pasar eso en la pintura, si por ahí queda así, si el color empieza a avanzar con otras cosas que vos pones y te mandan a otro lado. Ese es el punto, bueno, se sacrifican cosas también, lo que a vos no te interesa es fácil borrarlo, pero ahora eso a mí no es fácil en la pintura, ya está el conflicto.

Florencia Vidal: ¿El conflicto?

Germán Gargano: El conflicto entra  con lo que yo suponía que estaba haciendo en función de otra cosa, entonces eso que sería secundario en la imagen me va mandando a que ponga más carbonilla.

Florencia Vidal: Esto incentiva también.

Germán Gárgano: Sí. Es muy raro, a veces pasa que las cosas van sucediendo. Como no sabes lo que vas a poner y sale… eso que salió entra en conflicto con lo que vos tenías, siempre hay un punto de partida, no partís de cero, no sos un espontáneo de cero. Un punto de partida hay.

Ángela Vitale: donde se ve es en el proceso, es donde se va desarrollando, no es ni antes ni después. Es ahí que uno se confronta.

Germán Gargano: Hay momentos donde vos decís que ahí hay cierta detención, vos decís: “¿y ahora?”, yo qué sé… Hasta que hay algún momento en que decís: “que sea lo que Dios quiera”. Va y viene constantemente. Esto que puse acá y que es un plano de color está bien, pero por ejemplo eso no me hace ningún conflicto. Así pueden seguir surgiendo muchas cosas.

Ángela Vitale: Entras y salís de diferentes escenas…

Germán Gargano: Sí, porque a veces estás pintando algo aquí y cierta cosa que estás poniendo, recordas otra y te manda a otra. El conflicto es en el proceso, es lo que manda. El  resultado es cuando te encontras con algo que uno siente que está diciendo algo y no es previsible. El trabajo tiene que  invitarte a volver y que no canse. ¿No es cierto? Un trabajo que ya viene por el lado de la estructuración, si resolvés muchas cuestiones formales, está bien compuesto, bien equilibrado… uno diría que no pasa nada, un cuadro puede estar bien hecho, pero eso no significa nada. La pintura no es el cuadro.

Ángela Vitale: ¿Cómo sería esto?

Germán Gargano: El cuadro es una resultante, por eso Cezanne decía: “cada tanto es un cuadro”, es otra manera de decirlo. La idea no es pintar cuadros, sino lo que te está pasando en el hacer y cada tanto, es un cuadro. En algún momento algo cierra ahí en el buen sentido. Muchas veces, sino cierra, tenes mucha pintura en el cuadro pero por ahí no cierra, entonces se te pierde, podrías recortar. Finalmente, sino ese hacer no lo ves, no lo haces ver, ahí tratas de cerrar de alguna manera para que la pintura salga, para que la pintura esté presente, no para que esté presente el cuadro. El cuadro es cierto recorte para que vos entres a la pintura, no al cuadro. La pintura es la pintura, no es el cuadro, pero necesitas algo, no existe sin un marco, el quilombo puro no existe, esa es una mentira, eso es lindo decir: “yo pinto el quilombo”… Finalmente constituye una imagen para que vos vayas más allá, la imagen no es lo importante, es el punto de entrada pero no para hacer de la imagen un cuadro, sino que eso de la pintura no quede perdido. Vos agarrás un cuadro de Jackson Pollock, y constituye una cosa, no es tirar, eso de que cualquiera lo hace, “tirás línea”. El tiró muchas telas, como uno también, es lo mismo si vos le das a un mono un pincel y pinta, y sí, en principio pinta, pero primero que él no sabe nada, después vos elegís, “mira qué bueno lo que hizo el bicho este”, pero, ¿y los otros? El que pinta es el ser humano. Es lo mismo que puedes hacer con un ventilador, poner pintura y esparce la pintura, es lo que se ha hecho para desprestigiar el arte abstracto. El tema es que si ponés el ventilador y elegís dos o tres telas… las otras son una pavada, como hace cualquier pintor con su laburo. O dejás que el ventilador tire y después intervenís, y otras que quedaron bárbaro no intervenís nada. Tú interviniste con tu ojo, el que pinta es uno, lo demás son lindas cosas para nada, pero siempre es la misma historia. De última, te ayudaste con un ventilador o un mono. Uno no deja de estar presente nunca en el trabajo,  vos podés tirar pintura y a lo mejor no constituir un cuadro. El núcleo es la pintura.

Si uno está relajado puede hacer cosas lindas, pero a mí no me interesa, no me deja bien, ¿qué me importa a mí? Yo, por ahí puedo hacer una exposición con eso, y te aseguro que la gente sale entusiasmada y yo no. Es triste para mí. Tiene la cosa puesta en tener un puro y un whisky y decir: “hice una exposición”, todo bárbaro, la pasé bien, yo qué sé, tampoco es cuestionable. Uno lo ve con sus valores, vos tenés que sentir que hay algo ahí, cuando vos sentís eso, no te importa demasiado, uno es ajeno a la opinión… cuando la mirada del otro, que también es una mirada que tiene una relación con la pintura, entonces a vos también te toca, uno se forma así de última. Entras al taller y encontrás la mirada, aprendes a usar la mirada, a entrenarla y en busca de ese núcleo, si ha llegado a un extremo importante o se ha quedado ahí detenido. Como el otro también tiene esa mirada de pronto te dice algo… Así uno empieza a pintar, después no importa si es amigo, pero todos empiezan así. 

 

Print Friendly

Deja un comentario