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En el tren de Cristian

Por Claudia Balvedere
Publicado en Lectura Lacaniana: 19 marzo, 2014

 

En el tren de Cristian…transitando la primer estación

 

Cuando a uno, un tema o algo lo convoca, es porque primero fue convocado, por otro que invita, que apela, que muestra, que espera, que quiere escuchar…es así que en un interjuego de convocatoria me puse a escribir, que de otra manera, hubiera seguido latente, postergado.

Quisiera intentar plasmar los inicios de un abordaje psicopedagógico, con un niño de 5 años, Cristian. El niño suele ser presentado por quienes lo rodean, antes que nada, por su diagnóstico: “síndrome de Down”, nominación que lo enquista, lo detiene y que poco o nada dice acerca él. Desde el  primer día que lo conocí, algo se movilizó en mí, quizás por su postura, por su mirada desenfocada, por su apariencia de poco cuidado o descuido. Un niño al que fue necesario convocar para que algo de lo propio, se pueda empezar a poner en marcha.
Encontré en sala de espera a un niño con la mirada cabizbaja, el rostro casi escondido u oculto a raíz del repliegue de su cuerpito, en una postura pasiva, casi inmóvil. A su lado, su mama, con la mirada fija en un punto a lo alto o hacia el frente, con un semblante inexpresivo, casi inmutable. Ambos, en silencio. En una posición de espera, a ser buscados o encontrados por la terapeuta, en este caso por mí, la psicopedagoga.
Cristian, con su mirada casi perdida, desenfocada, pareciendo estar a la espera de que alguien la busque, la encuentre, estar a la espera de que alguien lo invite a él, a interactuar. Parecía accesible, “se dejaba llevar” sin resistencia alguna hacia el consultorio, lugar en el que algo de la curiosidad parecía activarse, ponerse en marcha. Todo su cuerpo al servicio de los objetos que aparecían delante suyo, su mirada ahora, allí enfocada, donde los objetos se tornaban todos interesantes, para manipular, para explorar, para arrojar e incluso poner en juego la funcionalidad de algunos…aquí la quietud y pasividad se habían corrido respecto de los objetos, sobre los cuales la acción sobre los mismos, se tornaba concreta, manipulativa, impulsiva, de descarga.
Pero Cristian, seguía solo, a pesar de mi presencia, se mantenía en silencio, aunque por momentos, esbozaba algunos sonidos balbuceantes u onomatopéyicos, no dirigidos a un interlocutor. Mientras tanto, yo estaba ahí para él…sosteniendo esa primer exploración, su manera de presentarse…. me preguntaba ¿Cristian percibe mi presencia, registra la presencia del otro, desconocido para él? le dará lo mismo si estoy o no estoy? ¿Será que su soledad va más allá de la presencia o ausencia del otro?
Fueron algunas de mis preguntas iniciales…

  Cristian estás ahí? Cristian, donde estás?…  
Ese elemento inasible, invisible a los ojos,
que se apoya en el cuerpo y lo toma, tiene que ver con el otro,
que lo mira, lo lee, lo habla, lo piensa y lo significa.
Ser mirado para mirar y encontrar algo.
Ser hablado para hablar y que alguien nos escuche”

(CORIAT, H; “E.T. ¿Hacedores de bebés?” en Escritos de la Infancia.
Buenos Aires, Publicación de FEPI, 1993).
Frente a la convocatoria, al llamarlo por su nombre, instantáneamente su mirada desenfocada de la mirada del otro, hizo foco, conectó, respondiendo al llamado rápidamente, con su mirada, con su acción corporal, que se mostraba accesible y permeable a cada llamado, a cada propuesta u objeto ofrecido.
Qué bien! Pensé por un lado, la intuición inicial, de que su mirada parecía estar a la espera de ser convocada, no estaba tan alejada. Por otra parte, pensaba Qué difícil…porque es demasiada la permeabilidad…otra vez, daba la impresión de que todo era igual, todo daba lo mismo. La voz convocante, invitándolo al juego, al acercamiento, daba esta primera sensación. A todo accedía o parecía acceder, “se seguía dejando llevar”. Parecía que la presencia de un otro estaba al servicio de “llevar” a Cristian, de “dirigirlo”, elegir por él, hacerlo actuar…tal como él con los objetos puestos delante de sí.
Y su subjetividad? Donde estaba? Cristian parecía mas un objeto, para ser manipulado, llevado por el deseo del otro…y el suyo? Sus silencios, a qué se debían? Sólo al hecho de que el lenguaje se encuentra desfasado respecto de lo esperable para un niño de 5 años? En todo caso, por qué el lenguaje aún está en un momento de construcción incipiente? Cuánto se le habla a Cristian? Cuánto es hablado Cristian? Se le habla? Se lo escucha?
Es el niño menor de una familia numerosa, de hermanos adolescentes y adultos, padres grandes, con experiencia en la crianza, todos convivientes, con lenguaje. Un niño no buscado, no deseado por su mama, luego aceptado, por decisión del padre y el pedido de los hermanos.
Qué habrá pasado con la situación dialógica primaria o inicial? Se habrá establecido?, es decir “la mama, ejerciendo dominación y poder se ofrece como fuente de todo placer y saber, mientras el infante se inicia como escuchante en ella y de sí, como lector del rostro, mirada, gestos y posturas, como interprete desde sus pulsiones y como hablante balbuceante. Este será el núcleo de la situación dialógica que promoverá o no el proceso de construcción del lenguaje, conjugándose el espacio visible (ver) y el invisible (oír). (Juana Levin, Tramas del Lenguaje Infantil, pg. 30). Cuánto de la mirada, la palabra y el sostén se habrán puesto en juego? De qué manera?
Es así que requerí con particular detenimiento mirar, escuchar y sostener en el espacio clínico a Cristian, buscándolo, convocándolo, acercándome a él,  esperando sus respuestas, leyendo su cuerpo, sus posturas, sus acciones, sus producciones. Interactuar, empezar a armar el espacio para que la situación dialógica se empiece a construir. Algo de la función materna empezó a operar en mí, intentando estar atenta a no perder el foco terapéutico, el rol profesional.

  Y un sonido hizo la diferencia….  
En una de las primeras sesiones, sucedió algo que luego se transformaría en la pista a seguir, una señal a tomar. Un sonido externo irrumpió al interior del consultorio, atrapando la atención inmediata de Cristian: el sonido de un tren que pasaba. C. miró hacia lo alto y señalando con un dedo expresó: TEN! TEN! (tren) con sorpresa y entusiasmo. Una palabra se empezó a oír!
Sí Cristian! Es verdad, está pasando un tren! Afuera, está pasando un tren. Y se escucha acá adentro!, a ver? Escuchemos juntos….
“sin quien escuche no hay qué decir. Esto distará no sólo la posición de escucha de otro hablante sino también una necesidad apelante, la solicitud de concurrencia y la espera de la llegada sonora. Hay un otro esperante que desea la palabra” (Juana Levin)
A partir de ese instante, el tren empezó a tener un lugar prioritario en nuestro espacio, para la construcción de nuestro vinculo… con su inclusión cada vez que pasa, deteniéndonos juntos a escucharlo para luego imitar su sonido; cantar una canción alusiva (“chu-cu -chú, llega el tren”… luego: “el tren se va…”) que ahora C. intenta tararear; armar y desarmar trenes con bloques que se empiezan a trasladar; empezar a dibujarlos en una hoja donde él quiere aprender a hacerlo, acompañando con su mano el movimiento de los trazos, luego intentar hacerlo por sí mismo, y si no sale, solicitar la ayuda; animarse a ponerle ruedas…
El tren, objeto de preferencia de C., hizo lazo con su deseo, con su curiosidad e interés, ya más enfocados, para iniciar un trayecto, empezar a construir un camino o recorrido propio, pero no sólo, sino en compañía de otro que vaya junto a él,  que se deje llevar por él, por su ritmo, sus tiempos, sus intereses. Convocándolo cada vez, con el llamado, con la voz: “la voz, presencia viva, es posibilidad de unión”. “La voz que dice, ante todo representa al que dice, crea un espacio con otro que escucha” (Juana Levin).
A partir de estos momentos, Cristian empezó a convocar, a iniciar las interacciones, con los recursos con los que cuenta, un sonido, un acercamiento corporal, un “toque” con su mano.
Constantemente ha de estar presente que
Sólo será aprendido por el niño
Aquello que pueda ser significado por él.
Significado en tanto posea los instrumentos para ello
Y en tanto ¨bañado¨ (atravesado) por la significación del otro que ofrece.
La red significante que sostiene el desarrollo de un niño
Está tejida por el agente materno, con hilos devanados de la cultura a la que pertenece.

(Lic. Stella Caniza de Páez, en Seminario virtual “Abordaje interdisciplinario de los problemas de desarrollo infantil”, Clase 7: Psicopedagogía inicial ll, FEPI, septiembre 2013)

  

Chu-cu-chú, llega el tren…

  

Es así que decidí subirme a su tren del deseo, objeto casi mágico que permitió el armado de un lazo, subir con la intención de ir construyendo juntos el trayecto a medida que lo transitemos, teniendo en cuenta que el motor de funcionamiento es el propio deseo de Cristian, combustible indispensable para que se pueda poner en marcha.
En encuentros subsiguientes, comenzó a aparecer el NO, por parte de C. a raíz de propuestas dadas por mí, que se negaba a aceptar. Algo empezó a hacer diferencia, ya no le está dando todo lo mismo. Está empezando a elegir, a “diferenciar”, a “separar”. Esto fue concomitante con un comentario-preocupación por parte de su mama, quien  manifestó: “desde q empezó a venir acá, dejó de hacer caso. Ni a la maestra, ni a mí, ni a nadie. Se escapa, hace berrinches”. Una respuesta pronta me surgió, con un importante quantum de expresividad alegre: QUÉ BUENO!!, con un consecuente desconcierto de su mamá frente a una respuesta que no esperaba.
Y es que C. ya no se está dejando llevar, está empezando a querer ir, explorar, partiendo de sus intereses. Algo de lo propio parece estar poniéndose en marcha, una “primer estación”, desde la cual emprender un viaje, iniciar un trayecto, que él ira marcando. Por ahora, estamos en la “ESTACION DEL NO”, tan necesaria en los tiempos que hacen a la constitución subjetiva, mantengámonos aquí por un tiempo, soportemos aunque resulte un tanto inquietante para el afuera, hagamos soporte, hasta que C. esté listo para avanzar hacia una próxima estación…aquella que se relaciona con los inicios de la REPRESENTACION SIMBOLICA…
El momento cognitivo en que se encuentra Cristian está vinculado aun con un universo concreto, perceptible y presente (un estadio senso-motor en términos piagetianos). Por ello, “el tren de Cristian”, necesita tomar primero forma concreta, que sea palpable, y a su  vez artesanal, producto de su propia elaboración, si bien con orientaciones ofrecidas por un adulto que lo oriente y acompañe en el armado.
El tren se está haciendo propio en cada encuentro, se está construyendo y decorando. con él iremos teniendo diferentes usos y tránsitos, un tren que primero se pueda palpar, sacudir, arrastrar, encastrar o colocarle objetos, para que pueda ir interiorizando todas las propiedades posibles…y de a poco, empezar a jugar con este tren, desde otro orden, darle espíritu lúdico, ponerle una voz, palabras…poco a poco empezar a simbolizar con él, a representarlo.
Que a lo largo de su trayecto, C. pueda ir desprendiéndose de la acción concreta para empezar a jugar simbólicamente, a hablar, a contar, a preguntar, a operar con el pensamiento… que el tren siga estando presente pero en otro plano, más allá de su presencia física o ausencia, y  no porque dé lo mismo…sino porque está interiorizado, representado, en su cognición, en su subjetividad…pero esto corresponde a una próxima estación, el viaje recién se inicia…

  

Sigamos Cristian!      

  

Autor: Claudia Balvedere

 

 

 

 

 

 

 

 

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