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El lugar de las entrevistas a padres en el tratamiento con niños.

Publicado en Lectura Lacaniana: 31 diciembre, 2012

“¿Cómo lo ve…?”
 

¿Para qué se cita a los padres en un tratamiento con niños?¿Qué lugar ocupan los padres en un tratamiento ? ¿Es para darnos información sobre su hijo? Para decirnos cómo sigue? ¿O es para recibir una devolución de parte del analista?
 

A principios del mes de Julio consultan Pablo y Clara por su hijo Agustín. Comienzan diciendo que éste es el tercer tratamiento que realizan, Ambos padres coinciden en que en los dos primeros tratamientos fueron citados en pocas oportunidades.
 

El padre dice: “Yo quisiera que alguien me diga como lo ve”.
 

La madre dice: “Esto que vemos en Agustín lo veía desde los tres años. Hasta los 3 años fue un nene tranquilo, de repente se nos escapo de las manos, se volvió incontrolable”.
 

El padre la interrumpe y dice: “Para mí es importante contar que cuando Clara queda embarazada estábamos de novios, al principio vivimos separados, después nos fuimos a vivir a lo de mis padres hasta los tres años de Agustín, ahí él estaba rodeado de mujeres, todas sus tías, la abuela, tenía todo lo que él quería, yo decía que era el rey de la casa, demasiado consentido, después nos mudamos a la actual casa y dos años más tarde nace María”.
 

La madre continua: “La psicóloga anterior nos decía que él va contra el sistema, que no encaja en el colegio”.
 

Analista: “Eso  lo decía la psicóloga, ¿qué dicen ustedes de eso?”
 

La madre: “Él hace lo que quiere”.
 

Analista: “¿Lo que quiere?”
 

Madre: “Hace lo que quiere, en la clase se levanta y se va, no sigue las reglas, no acepta las reglas de convivencia. Se mueve en un mundo con total impunidad. Él se siente amigo en el colegio, en el aprendizaje le va bárbaro. Él no padece portarse mal, le piden explicaciones y él no sabe que contestar, claro que va a contestar, lo hice porque se me cantó?”
 

El padre dice:” Él no confronta, trata de no hacer lo que se le pide. Yo no le llego a él, le cuesta mucho contarme sus cosas, él va esquivando, charla sobre ciertos temas. Nuestra palabra para él no vale nada. Ya probamos de todo, ser más firmes, darle castigos, después la etapa de negociar, de premiarlo, yo ya no sé cuando estoy siendo flojo o no”.
 

En una entrevista posterior el padre comienza diciendo: “Últimamente se irrita o se enoja más fácil. Cuando le marco algo usa el recurso de hacerse el aniñado o me dice sos malo, siempre me tenes que estar molestando”.
 

La madre: “Si a vos te dice señor molesto, cree que uno le dice las cosas para molestarlo a él.”
 

Analista: ¿Qué le responden?
 

El padre: “Son tantas las veces que algunas le digo: sos un mal educado. Últimamente para no enojarme, le trato de poner humor mas allá de ser firme”.
 

Analista: ¿Cuál sería el problema de enojarse?
 

El padre:” A mí me cuesta mucho. Yo estoy tratando de llegarle a él, de estar más tranquilos, de tener momentos para estar solos y que él me cuente”.
 

Analista: Esto de que él le cuente, y de llegarle a él, qué dice, es algo de Agustín o algo suyo?
 

Responde el padre: “Yo lo veo como un exceso de mi parte de preguntarle como está y sucedió lo contrario, un cerramiento en él”.
 

La mamá agrega: “Para mí debemos representar en el algo que no le transmitimos la posibilidad de contar, no le debemos dar esa tranquilidad. Él no recurre a nosotros como fuente de ayuda o consejo”, y ahí el padre interviene: “Ahí hay un tema entre nosotros, de diálogo, hay etapas que no tenemos diálogo, hay un cerramiento en ella, si está mal se cierra y no te enteras si le pasa algo. Somos como dos caras, yo un exceso de diálogo y ella que se cierra, se aguanta todo, mis papás tenían muchas peleas y yo les decía por qué no hablaban, mi papá es muy cerrado”.
 

 Al terminar la entrevista le digo al padre que paso de hablar de Agustín que se cierra, a que su mujer se cierra y al cerrarse del padre.
 

Unas semanas más tarde comentan que a Agustín lo ven más contento, que sigue sin hacer caso pero que ahora si le pedís algo te hace un chiste. El padre dice “siento que le pongo mucha presión a Agustín, ahora lo dejo y es él el que viene y me dice algo, veo un acercamiento de él sin tanto diálogo”.

 

El padre de Agustín pide que le digan como lo ven. La madre marca un cambio a los 3 años donde a partir de ahí se volvió incontrolable. Esto incontrolable ¿es algo solo de Agustín o responde a algo en relación a ellos, a cada uno de los padres y a su relación a la palabra? El padre dice “Yo no le llego a él. Nuestra palabra para el no vale nada”
 

Cuando cada uno de los padres dice lo que le parece que le está pasando a su hijo, ahí cada uno va a desplegar su teoría, ¿Es posible que hablen del hijo en forma objetiva?
Cuando los padres hablan y dan su parecer en relación a lo que le pasa a su hijo, no es el hijo en forma objetiva,  sino que  hablan del hijo en cada uno de ellos con su particularidad, su fantasma. Van a decir sin querer y sin saber que lo están diciendo, el lugar que  ocupa ese hijo en la subjetividad de cada uno  y qué lugar ocupa ese niño en relación a la pareja. 
 

En el seminario “Clínica de los síntomas contemporáneos a partir de la orientación lacaniana” Carlos Dante García dice al respecto: “si se da la oportunidad, habría que ofrecer entrevistas a los padres para evaluar cual es la relación que cada uno tiene con la palabra y en relación a la palabra del hijo y lo que el hijo hace, evaluar eso, y después se verá si se trabaja analíticamente o se los pone a trabajar, pero en principio uno no sabe si hay posibilidades de eso.”(1)
 

El niño es traído por sus padres y  no viene, en la mayoría de los casos, por iniciativa propia. El motivo de consulta de los padres es uno, que no suele coincidir con el que manifiesta el niño, las demandas no suelen ser las mismas y si bien están ambos implicados en una articulación discursiva es importante subrayar lo particular de cada uno.

De este modo el analista no se deja encandilar por las significaciones contenidas en los dichos de los padres y va más allá, va hacia la orientación de lo real , lo cual nos recuerda las palabras de Silvia E. Tendlarz en el prologo al libro de Eric Laurent “Hay un fin de análisis para los niños”   “ la declinación de la significación que cobra el niño en el Deseo de la Madre lo cristaliza como síntoma de la pareja parental, como falo de la madre o lo deja preso en una captura fantasmática. No obstante, el niño tiene su propio síntoma, por lo que puede analizarse sin ser considerado tan sólo un apéndice del discurso materno o como una persona en curso de evolución que debe educarse”.(2)
 

Con los padres en principio no se sabe si hay posibilidades, la apuesta es esa, a que aparezca  lo particular, a que se transformen en padres hablados…no siempre es posible.

 

 

(1) García, C. D.: “Clínica de los síntomas contemporáneos a partir de la orientación lacaniana”.  Buenos Aires, clase 30, seminario 2011.
(2) Laurent E., : Hay un fin de análisis para los niños, Prologo por Silvia E. Tendlarz, (2003). Buenos Aires, Diva, pág.: 8. 2003.

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