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“El loco y la camisa”

Publicado en Lectura Lacaniana: 22 julio, 2014

                               “El teatro no es un espejo de la vida.
                                          Es una lente de aumento”.
                                                   Vladimir Mayakovski

 

“El loco y la camisa”, una obra que nos trae a una familia del sur del conurbano bonaerense compuesta por un matrimonio ajado por la rutina de una desconexión notable, en donde la mujer no ocupa el lugar de causa del deseo para su marido, el cual está interesado siempre en otra cosa, por fuera de esa mujer y por fuera de sus hijos.

Los hijos, Beto o “el loco”, un muchacho al cual el padre y su hermana rechazan, no ven y buscan esconder. Una frase de este hijo se repite, se trata de una pregunta dirigida al padre y luego a la madre: “¿dónde está mi sombrero, vos lo viste?” pregunta que esgrime con su astucia, pues el sombreo cual anzuelo para el otro está entre sus manos y, en otros momentos, en su cabeza, es la madre quien sólo ve su sombrero y lo aloja con su decir, pero el padre no sólo no escucha sino que tampoco ve y no lo ve a Beto. Un padre para el cual lo que dice es.

Agudo y sutil, el loco articula  a “cielo abierto”, dice de su padre: “papá no ve nada, no me ve”.  Desde una lectura lacaniana el loco no es aquel que denuncia la verdad de la familia, tampoco es el emergente de su coyuntura dramática, tal como la obra lo pone en escena.

Florencia Vidal Domínguez, destaca con agudeza la sutileza de un discurso: “Se podría pensar que Beto, “el loco” más que denunciar una verdad, refleja su relación al discurso, o más bien su no relación. Su discurso es  un discurso sin filtro en el que  la ironía  viene a denunciar que el Otro no sabe, ironía que va en contra del Otro, denuncia que todo es un semblante”.

Beto deja entrever el goce mortífero que cohesiona a esta familia y que, si bien los liga, él se vuelve la voz parlante que se revuelca destilando la rabia de la mentira significante, a diferencia de lo que está destinado a no ser hablado en el seno de una familia. Un lugar para el loco en esta obra que difiere del lugar que el loco encarna para el psicoanálisis de orientación lacaniana.

Lacan, plantea y se interroga en el Seminario XVI: “…Es claro que, dado que este detenta verdades que hace salir en estado de perlas, perlas únicas, se necesita que no todo sea tan débil en el débil mental. ¿Y si el débil fuera un vivo?…”.

La hija, Maria Pía,  hermana del loco, comunica a la familia que su novio es de barrio norte y de costumbres muy cuidadas y que ella, desde que está con su partenere, ve el mundo a través de sus ojos, esto le genera sentimientos encontrados con su escenario familiar, vergüenza, rechazo y…. una demanda la divide, ella le pide a Beto que se encierre en su cuarto cuando su novio venga a cenar por primera vez. Aires del periodo clásico en el cual el loco era institucionalizado para evitar su presencia y deambulismo. Con sagaz vivacidad, maraña en la cual el débil escala la palabra como cosa, le cuestiona a su hermana: “¿es la primera vez que tu novio come, nunca antes comió?”- exclama.

La figura del novio de su hermana encarna algo del padre de Beto, no escucha ni ve, su interés va más allá de María Pía, asuntos financieros lo conciernen y es Beto el” intelligere”, término con el que Lacan se refiere al leer entre líneas, lo dice así en el seminario XXII RSI: “…Entonces hay algo un poquitito sorprendente al ver que la lengua que se sospechaba que es más bruta es justamente aquella que forja este término: intelligere, leer entre líneas, a saber en otra parte que la manera en que lo simbólico se escribe. Es en este efecto de escritura de lo Simbólico que se sostiene el efecto de sentido, dicho de otro modo de imbecibilidad…”.

Este leer entre líneas revela esas perlas únicas del discurso y el personaje de Beto encarna en esta puesta el discurso de los integrantes de la familia, los cuales no deben ser confundidos con la familia como discurso. Para el psicoanálisis la familia es discurso y tiene en su origen el malentendido, el desencuentro y de cómo la familia está formada por el Nombre del Padre, el deseo de la madre y los objetos a.

La camisa es el objeto que trae algo de la causa del deseo del padre por fuera de la familia. La madre plancha la camisa y Beto estrangula del significante camisa lo evidente de lo no dicho, como antes mencionó Florencia, “desde la ironía denuncia que el Otro no sabe”, amarrado a una frase que el padre le repite a la madre: “tenés que estar atenta” y él responde: “yo estoy atento”, perla cual esquirla que lo llevará al loco a desenmascarar aquello que del goce se repite en la escena familiar.
                                                                                        Andrea F. Amendola

 

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