Ficciones Clínicas

El Grito

Por Diana Palma
Publicado en Lectura Lacaniana: 8 julio, 2013

En esta oportunidad, les presentamos un trabajo de Diana Palma, Psicoanalista de la Ciudad de Mendoza.  Es el primer trabajo que se ha realizado a partir de la lectura de un texto publicado en esta misma sección en el mes de Junio pasado, por Guy Briole, denominado “Ficciones o caso controlado”.
A Diana Palma le llama la atención dos puntos: la mención por parte de los analistas cuando presentan un caso de que éste ha sido controlado, como si esto daría algún tipo de garantía y por otro lado cómo en la lectura del caso, es frecuente que éste se ahogue en la teoría, citando una innumerable cantidad de frases dichas por Freud o Lacan.
Relaciona lo anterior con la pintura El Grito de Munch y lo que Miller dice en relación al grito en “Los Signos del goce”.

Angela F. Vitale

 

 

EL GRITO:

Leyendo “Lectura Lacaniana” Nro:  8 me detuve con mucha atención en el artículo que publican de Guy Briole denominado “Ficciones o caso controlado”. Llamó mi atención 2 puntos importantes que él describe,  uno, con qué frecuencia al presentar un caso, el analista practicante, menciona que éste ha sido controlado y hasta algunas veces por quién en el intento de exponer, por decirlo así, cierta “garantía”, y, otro, en cómo en la lectura del caso, es frecuente que éste haya sido ahogado en teoría citando una innumerable cantidad de frases dichas por Freud o Lacan que, citando la misma palabra anterior, “garanticen” que “el caso” está bien fundamentado, y que de paso haga  valer la teoría.

Me pregunté por qué sucede lo que Briole menciona y pude hacer  dos asociaciones una, el cuadro del El Grito de Munch y otra lo que dice Miller en relación al grito en “Los signos del goce”.

La primer asociación, con la pintura, tiene que ver con la genialidad de poder representar un sonido tan claramente, un sonido que viene al lugar de la angustia que casualmente es muda. El Grito es el nombre de cuatro cuadros de Edvard Munch cuya versión más famosa fue completada en 1893. Todas las versiones del cuadro muestran una figura andrógina en primer plano, que simboliza a un hombre moderno en un momento de profunda angustia y desesperación existencial. El grito está considerado como una de las más importantes obras del artista y del movimiento expresionista.

La figura principal es una persona en un sendero con vallas que se pierde de vista fuera de la escena. Esta figura está gritando, con una expresión de desesperación. Se dice que la fuente de inspiración para El grito podría encontrarse quizá, en la atormentada vida del artista, un hombre educado por un padre severo y rígido que, siendo niño, vio morir a su madre y a una hermana de tuberculosis. En la década de 1890, a Laura, su hermana favorita, le diagnosticaron un trastorno bipolar y fue internada en un psiquiátrico. El estado anímico del artista queda reflejado en estas líneas, que Munch escribe en su diario hacia 1892. (O sea, razones tenía el hombre, pero claridad de expresión también)

El momento de creación de su obra la describe así: Paseaba por un sendero con dos amigos – el sol se puso – de repente el cielo se tiñó de rojo sangre, me detuve y me apoyé en una valla muerto de cansancio – sangre y lenguas de fuego acechaban sobre el azul oscuro del fiordo y de la ciudad – mis amigos continuaron y yo me quedé quieto, temblando de ansiedad, sentí un grito infinito que atravesaba la naturaleza.

Algunos dicen que el grito representa a la naturaleza, otros que representa la profunda angustia, de lo cual nadie duda que es lo que sugiere sin mediar sonido,  y otros que es una cuestión de interpretación, a mi se me vino esta imagen al pensar el por qué alguien que decide presentar un caso para ser expuesto ante un auditorio, grupo de colegas, congreso, conferencia,  jornadas, cuando lo construye lo obtura con teoría.

Creo que la teoría viene al lugar del grito.

Miller habla del fonema en estado puro “emisión sonora bruta” dice (eso  es lo que representa la imagen claramente y eso es lo que hace tan conmovedor al cuadro de Munch), un grito antes de hablar. Sin embargo dirá que es muy difícil pensar ese grito fuera del lenguaje y fundamentará con que en cada lengua el grito es distinto.

¿Es distinta la lengua de los psicoanalistas?

Más adelante, Miller, dirá que el grito es una llamada, llamada  que supone a un Otro y se necesita el acuse de recibo de ese Otro, en otras palabras,  un reconocimiento del Otro. Cito: “Existe entre el emisor y receptor, entre el locutor y el oyente una disimetría que resulta del hecho de que lo que uno a dicho depende enteramente de la acogida del Otro.” ( las negritas son mías)

Con eso alcanza, con lo citado digo y si bien en el libro esa frase se encuentra en un apartado que se llama “La Respuesta”, en este artículo coincidentemente también incluye mi respuesta.

Los practicantes de psicoanálisis cuando construimos un caso, ahogamos el caso en teoría porque la misma, la teoría, viene al lugar de la respuesta a ese grito, nuestro grito, en la lengua del psicoanálisis, que representa la angustia y que se convierte en un llamado, llamado al Otro del saber teórico. Esto, se me ocurre, sucede por dos razones, una porque en la soledad de la práctica el encuentro con el paciente, con ese que llega una y otra y otra vez en estado de desesperación y desanudamiento (de grito) pone al analista, que coloca su cuerpo allí, en una situación muchas veces, también desesperada y angustiante y por más que uno haga mucho con su semblante por dentro, insistentemente en la historia, como si no dejara de retornar, seríamos, si tuviéramos el talento, creadores nuevamente lo que ya fue creado: el cuadro de Munch. Dependerá de la paleta de colores que cada uno utilice su distinta versión. La otra razón, por la cual se obtura un caso con teoría y citas, es porque el Otro de la teoría, el receptor, el oyente está representado en el auditorio, en el que escucha y sanciona (supuestamente, o sea es un supuesto) el saber del que habla. ¿Cuánto de teoría sabemos? ¿Cuánto más que nuestro semejante analista? ¿Y si el que escucha es un profesor, un superior, un maestro, un formador,  que está ahí, por una extraña razón de mi propio goce para medirme y evaluarme?. Agrego, con palabras de Miller: “…lo que uno diga dependerá de la acogida del Otro”.

Ensayo posibles respuestas: “ésta es mi oportunidad, mi exquisita oportunidad de mostrarle todas las horas, días, años que leí a Freud a Lacan, Miller, Laurent y que, además ( sabemos) no me alcanzará toda la vida…”. “…Estoy feliz de ser evaluado, feliz de ser mirado, feliz de ser convocado allí a la mirada y escucha de los otros/Otro”. En otras palabras: “…Estoy feliz de estar gozando”.

Como dice Guy Briole, el caso, nuestro caso, es nuestra responsabilidad, y poderlo presentar debería ser un placer, un momento de debate y aprendizaje, me parece que dejar que se escuche lo que el paciente dijo está más que bueno, y también pienso que en el análisis de cada uno, uno, una y otra vez, deberá llevar su grito, transformarlo en una llamada con el Otro analista, y poder tramitar así, como cada uno pueda, en ese lugar, su propia angustia.

 

 

http://www.lanacion.com.ar/688922-que-representa-el-cuadro-el-grito
http://www.munch.museum.no/

 

 

Print Friendly, PDF & Email

Deja un comentario