Salud Mental&Locura

“Cuando la medicación es una invención”

Por Patricia Pena
Publicado en Lectura Lacaniana: 31 diciembre, 2012

“Que el complot se haya ejecutado realmente no me cabe la más mínima duda…..A todo ello se añadía el hecho de que las modalidades mismas del tratamiento médico parecían concordar con esas intenciones que me habían sido anunciadas en el lenguaje de los nervios. Me mantenían acostado semanas enteras, sin ropa, para tenerme mejor preparado -pensaba yo- para las sensaciones voluptuosas susceptibles de producirse en los nervios femeninos que ya habían sido introducidos en mi cuerpo gradualmente; también se utilizaban remedios (medicamentosos) que, estoy convencido, apuntaban al mismo fin y que yo me negaba a aceptar o que escupía cuando los guardianes me lo hacían ingerir a la fuerza”

Dr. Daniel Paul Schreber (*)

 

 

¿Para qué dar una medicación?, ¿Cómo indicarla, en caso de ser necesaria, y que no quede incluida dentro del delirio?

Suelo hacerme estas preguntas cuando recibo un paciente que llega a la consulta para ser medicado.

¿Qué espera una persona que concurre a una entrevista con un psiquiatra de ese encuentro? Muchas veces en la primer entrevista, de diferentes maneras realizo estas preguntas.

Las respuestas que recibo son variadas, y muchas veces sorprendentes.

Si bien para indicar una medicación es necesario el uso de conceptos farmacológicos, no es lo único que se pone en juego al momento de hacerlo.

En este caso me voy a abocar al uso del psicofármaco en pacientes psicóticos que no están en situaciones de urgencia.

En términos generales puedo decir que  cuando doy una medicación es para apaciguar “algo”,  algún fenómeno que resulta insoportable para el paciente. El adjetivo de “insoportable” es un término que recojo del decir de los pacientes, de una u otra manera aparece en sus dichos. Es una palabra que subrayo, pues siempre hay “algo de insoportable”, un pedido de apaciguamiento, que suele ser dicho explícitamente en la primera entrevista o surgir durante el desarrollo de las siguientes.

Aún los pacientes que concurren “en contra de su voluntad” (traídos o a pedido de un familiar, pareja, amigos), si no se fuerza o impone la medicación desde el principio, y se los invita a hablar de lo que los trajo, surge en algún momento “un padecimiento”, “algo que preocupa”, “un enigma”, “un problemita”.  Eso que surge en los dichos del paciente, suele ser “un padecimiento singular”, “un fenómeno elemental”, que tal vez había pasado inadvertido para los demás.

En una entrevista realizada a Jacques-Alain Miller, en el diario Página 12, ante la pregunta  por el valor  de la neurociencia, y el  beneficioso del uso de  los medicamentos para el analista, responde:

“Para empezar, los medicamentos están. Están presentes en la vida de la gente. En cuanto al terapeuta, ellos le permiten tener acceso a sujetos psicóticos a quienes, en el pasado, no era posible acercarse. Los medicamentos son formas de anestésicos. No curan pero, como le dije, permiten trabajar con determinados pacientes. De la misma manera que la anestesia permite hoy trabajar al dentista”. (1)

Entonces tenemos hasta acá un primer efecto de la medicación: apaciguar, pero ¿qué apacigua?

El psicofármaco apacigua  algo que está en exceso, un monto excesivo de afecto que se agrega al fenómeno, miedo, angustia masiva, algo que solemos llamar goce. Apacigua por ejemplo, el empuje de las voces a la acción .Las voces pueden decir:- “Matate… matate…” –, alguien que escucha eso, puede llegar a intentar matarse obedeciendo a esa alucinación.

En un caso así, la medicación suele causar un efecto de sedación, no desaparece la voz, puede seguir escuchando el “matate”. La voz no desaparece pero al estar más tranquilo cuando la escucha, la presencia de esa voz no lo empuja a la acción.

Si cede el empuje a la acción, verificamos que lo que resulta insoportable no es la voz, sino el monto de afecto que la acompaña.

Al ejercer la medicación un efecto de sedación, posibilita que el paciente tome distancia y deje de ser un sujeto pasivo frente al fenómeno que se le impone.

Nunca le digo al paciente que la voz va a desaparecer, pues sería darle un estatuto de irreal, y esa voz es real y verdadera. Solo refiero que la medicación va a ayudarlo a que su respuesta ante ese fenómeno  sea diferente.

Habitualmente se habla de medicar para que el paciente pueda hablar, entiendo que  no es el  modo más adecuado de decir. La consigna que le propongo a los pacientes es: “para que puedan ser aliviados de aquello que les resulta insoportable,  deben hablar de “eso” que los perturba, lo que padecen debe ser dicho, explicitado en sus propias palabras”; así, el paciente sin estar sometido a un discurso amo que lo fuerza, y por propia decisión, comienza a ser un sujeto que habla de aquello que le habla, es decir que empieza a transmitir su experiencia de ser hablado y  comienza a transformarse en alguien activo frente al fenómeno que lo perturba.

Entonces tenemos hasta aquí dos efectos: el primero el del psicofármaco en sí, que en términos generales es un efecto anestésico, de adormecimiento. El segundo  efecto  que se genera al localizar  y comenzar a hablar del fenómeno elemental.

Eric Laurent en “Dorar la píldora”, plantea:  ”todo medicamento es inseparable de una acción subjetiva….no hay posibilidad de separar el medicamento de su sujeto…”. (2)

Agrego otro punto, la imposibilidad de separar el efecto de la medicación, de la persona que la prescribe, y de las palabras que acompañan la indicación de una medicación. Muchas veces el paciente dice: “Tomé  la pastilla  y me acordé de vos, de algo que me dijiste” en este caso la medicación va acompañada de una frase, se puede decir que no hay pastillas silenciosas. Las pastillas hablan. Las pastillas van acompañadas de la palabra de quién las indica. Sino creeríamos que tanto la medicación, como su indicación, transcurren  por fuera del lenguaje.

Por último, una cuestión que es la que reviste, según mi punto de vista, más importancia: el uso que el paciente hace de la medicación. La medicación tendría que ir al lugar de una invención.

Voy a desarrollar dos breves viñetas que dan cuenta del uso de la medicación como “invención”.

Un paciente melancólico que refiere” no poder parar de pensar”, “vivir acosado por los pensamientos negativos”, ante la sugerencia de ponerle un nombre a lo que padece, lo llama “la fricción en el pensamiento”. La “fricción en el pensamiento”, es un fenómeno que le impide dormir. Si no descansa esto se intensifica de tal modo, que ha intentado matarse para poner fin a ese padecimiento. Es así que refiere que necesita dormir porque sino la fricción lo enloquece.  El único sueño que logra es el que le  causa la toma de la medicación.

El uso que hace actualmente del antipsicótico es cómo él refiere: “Inducir el sueño. En mí el sueño es un estado de descanso mental forzado en el cual los pensamientos paran, para el pensar, la medicación me ayuda a detener la fricción”.

En este caso la medicación no queda incluida en el delirio, queda localizada en los pensamientos, más específicamente en la fricción del pensamiento.

La principal idea del uso de la medicación, es que recaiga sobre algo que se padece, eso mismo ya es una invención.

No hay en la clasificación de los psicofármacos ninguno que sirva para la fricción del pensamiento. Existe “la fricción de pensamiento”  como fenómeno y un antipsicótico por otro lado. Ahí el  paciente inventa. (…”El término invención se opone naturalmente al de creación….Hay seguramente una zona semántica común entre invención y creación. La invención se opone más fácilmente al descubrimiento. Se descubre lo que ya está ahí, se inventa lo que no está. Es por ahí que la invención es pariente de la creación. Pero el acento del término “invención” es en este caso una creación a partir de materiales existentes. Le daré de buen grado a la invención el valor del bricolage….”) (3)  Lo que inventa son “pastillas para la fricción del pensamiento”.

En el caso al que hago referencia, la medicación tuvo también incidencia sobre la acción, pues este sujeto llegó a cortarse para “cortar” esos pensamientos.

Una sujeto esquizofrénica cuyo desencadenamiento aconteció en un encuentro sexual, me ha referido ” el encuentro fue muy sexual, tuve tanta sexualidad que no podía bajar”. A partir de este encuentro los gestos, las palabras y las personas, tomaron significación sexual, le provocaban orgasmos”, ” La sexualidad estaba en alza”. La pastilla la calmó, puso una distancia entre ella y la gente para que “eso” empiece a bajar. La pastilla ayudo a ubicar y poner distancia entre una sensación del cuerpo y la gente. Funcionó en este caso como un viagra, pero al revés. Ante una sexualidad en alza… la medicación la baja.

A lo largo del tratamiento, el paciente tiene que hacer un uso singular de la medicación ante determinadas circunstancias, la idea es que pueda ser su propio prescriptor (en el sentido usado por el marketing y la publicidad:  personas que conocen el producto  por ser de uso personal y lo recomiendan,  son expertos sobre ese producto y su uso.)

La medicación es un recurso para tratar al paciente psicótico siempre y cuando no sea utilizada automáticamente por parte del psiquiatra.

No es lo mismo en el momento de medicar, un psiquiatra clásico, que un psiquiatra con formación psicoanalítica que puede escuchar el padecimiento en cada paciente; ubicar la inclusión particular que cada uno hace de la medicación, en función de la lógica del caso, y el uso singular que puede llegar a hacer, acompañándolo así en el proceso de la  invención.

Cuando la medicación queda incluida en la subjetividad, genera un sujeto que está conforme con ella, que la toma sin exigencias y por propia elección, porque para él  es un recurso que le facilita el hacer.

La medicación en estos casos es un elemento que le posibilita transformar lo insoportable, en algo soportable…. permitiéndole seguir vivo.

(*)Dr Schreber, Daniel Paul. Memorias de un neurópata  (Legado de un enfermo de los nervios). Capítulo V.C.A.B.A. Centro Editor Argentino. Página 65
(1) www.pagina12.com.ar/1999/suple/psico/99-11/99-11-11/psico01.htm
(2) Laurent, Eric. Ciudades Analíticas.  I Psicoanálisis Aplicado. “Cómo tragarse la píldora”.2004. Buenos Aires. Editorial Tres Haches. Página 37
(3) Miller, Jacques-Alain. Virtualia N°16 Revista digital de la Escuela de Orientación Lacaniana.”La invención psicótica”. http://virtualia.eol.org.ar/016/default.asp?formas/miller.html

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