Ficciones Clínicas

Conversación Clínica. Instituto del Campo Freudiano 2009. Casos que enseñan. Parte VI

Publicado en Lectura Lacaniana: 4 mayo, 2016

Del goce en la clínica

Tres preguntas a Araceli Fuentes

En esta entrega se hará una reflexión sobre las maniobras que el analista debe hacer en relación al goce del sujeto, si la relación del sujeto al goce ha cambiado.

Fuentes  dice, que tal como lo afirma Miller, lo que ha cambiado en la clínica contemporánea respecto a la relación del sujeto con el goce, es el privilegio en los discursos actuales del goce sobre el Ideal, “el objeto ha ascendido al zenit social”.

Viñetas clínicas que nos ayudarán a pensar la falta de creencia en el Otro y desinterés en el encuentro con el analista, y de cómo éste, a través de los sueños se pudo lograr la entrada en análisis. Cada caso presentará sus dificultades hasta llegar a que el sujeto pueda rectificar sus relaciones con lo real.  

                                                                                          Angela Vitale

 

En la Conversación clínica veremos un caso en el que hay una reflexión sobre las maniobras que el analista debe hacer en relación al goce del sujeto. Las preguntas que te quería formular son las siguientes:

1) ¿Encontramos en la clínica contemporánea que la relación del sujeto al goce ha cambiado? ¿En qué sentido?

Tal y como lo indicó J.-A. Miller 1, lo que ha cambiado en la clínica contemporánea  respecto  a  la  relación  del  sujeto  con  el  goce  es  lo  que expresa el matema a>I , es decir, un privilegio en los discursos actuales del goce sobre el Ideal. Así lo formula Lacan en Radiofonía cuando afirma que el objeto ha ascendido al zenit social 2.

Encontramos diversas manifestaciones que dan cuenta de estas nuevas coordenadas. Por ejemplo, los sujetos objetualizados, como los llama Sergio Laia 3, sujetos perturbados por formas de dimisión paterna diferentes de la forclusión, en los que los fenómenos de goce ocupan el primer plano, pues dimisión paterna, declive del Ideal y promoción del “a” son correlativos.

Pienso en un joven al que atendí, con problemas con las drogas y la ley, que se presentó mostrando su falta de creencia en el Otro y sin ningún interés por lo que pudiera obtener en nuestro encuentro. Padecía insomnio desde muy pequeño. Un día me interesé por sus sueños tratando de abrir alguna brecha en lo que se presentaba como un monolito. Para mi sorpresa el insomnne soñaba a menudo 4 y sus sueños constituyeron la vía que permitió una apertura al saber inconsciente y la formulación de la pregunta que le concernía: “¿quien no había pagado en su historia?”, pregunta estrechamente  articulada  a  su  rechazo  a  pagar,  lo  que  se  ponía  de manifiesto en todos sus relatos y lo que le había llevado a tener cuentas pendientes con la ley. Fue a partir de su implicación en sus sueños como este sujeto pudo hacer su entrada en análisis y subjetivar su dificultad como propia.

En otros casos se trata directamente de psicosis ordinarias, psicosis normalizadas, sostenidas en una identificación o en un síntoma, que pueden parecer neurosis durante cierto tiempo, hasta que llega un momento en que nos percatamos de la imposibilidad del sujeto para hacerse responsable de su enunciación, lo que puede presentarse con un cierto grado de violencia, si no nos damos cuenta de que se trata del agujero de la forclusión y no de la represión.

Es el caso de una joven, estudiante universitaria, para la cual el mundo se ordena de un modo imaginario, siempre acompañada por una amiga- semejante, con la que suele mantener relaciones intensas hasta que esa pareja se rompe y es sustituida por otra. Esto es lo que se repite en su vida y cada vez que arma una pareja con alguien, el entorno toma tintes hostiles sin que ella pueda subjetivar qué responsabilidad tiene en todo ello. La vía imaginaria  encontrada  por  este  sujeto  para  el  tratamiento  de  su  goce muestra su precariedad cada cierto tiempo, a la espera de poder encontrar una nominación sintomática que le permita una solución más estable.

Por supuesto también hay casos en los que las cosas no han cambiado, es decir neurosis más o menos graves y psicosis clásicas, lo que no quita dificultad al trabajo analítico.

 

2) ¿Tiene esto repercusión sobre las formas de entrada en análisis?

Cada  caso  presenta sus dificultades hasta llegar a que el sujeto pueda rectificar sus relaciones con lo real, como dice Lacan en “La dirección de la cura…”, y hasta que el síntoma se convierte en síntoma analítico. No hay automatismo en la entrada en análisis puesto que es necesario atravesar un umbral. En el ejemplo que he mencionado antes fue la vía del sueño la que abrió esta posibilidad.

 

3) ¿Implica esto para el analista tener que inventar nuevas maniobras en la dirección de la cura?

Se puede decir que las maniobras siempre son nuevas, no hay standar al respecto.

Así por ejemplo, en un caso de psicosis ordinaria de una mujer derivada al CPCT por los servicios de salud mental, que había hecho un intento de suicidio  ingiriendo  medicamentos, fue  después de haber aislado el goce morboso que ella atribuía a su familia y que se localizaba en la voz del superyo y después de que ella pudiera reconocer que ella misma gozaba de ese morbo, que pudo separase de esa voz que transformaba rápidamente el amor en amorbo (goce morboso).

El punto de capitón se produjo en acto en una sesión en la que mirándome a los ojos me preguntó si yo la quería, añadiendo que a ella nadie la había querido. Mi respuesta: “yo a usted la respeto”, tomó un significante que ella había introducido: el respeto. Esta interpretación le permitió salir de la posición de objeto en la que caía en sus relaciones amorosas escuchando esa voz y volver a tener un estatuto de sujeto. Así pudo separase de la analista y concluir su ciclo en el CPCT.

 

 

1. Miller, J.-A., El Otro que no existe y sus comites de ética, Paidós.

2. Lacan, J. “Radiofonía”, en Psicoanálisis, Radiofonía y Televisión”, Anagrama, pg 25.

3. Laia, S. “Amplification et modulation du silance de l´objet a”, La Cause freudienne nº 69.

4. Freud atribuye al sueño el papel de guardián del dormir en “La interpretación de los sueños”

 

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