Ficciones Clínicas

Conversación Clínica. Instituto del Campo Freudiano 2009. Casos que enseñan. Parte V

Publicado en Lectura Lacaniana: 3 mayo, 2016

Sobre la clínica del autismo. 

Tres preguntas a Félix Rueda 

Rueda afirma que el autismo es el nuevo paradigma de la enfermedad mental en la infancia y que gracias a la sugestión del éxito de la biología, se favorece la objetalizaciòn del niño autista.

El psicoanálisis sostiene que el autista es un ser hablante, lo cual se lo reconoce en los fenómenos elementales.

En el autismo no hay punto de capitón y sí palabras caídas del Otro como meteoros, frases sueltas que aparecen.

Si bien Lacan plantea que “el inconsciente implica que se lo escuche”, luego dice que “los autistas se escuchan a si mismos, escuchan muchas cosas, hasta desembocar en la alucinación que siempre tiene más o menos un carácter vocal.

Entonces, más que de escuchar, de lo que se trata es de “ver donde escucharon lo que articulan”.  

                                 Angela Vitale

 

1) En la Conversación vamos a contar con un interesante caso de autismo.¿Qué lugar tiene hoy para ti la clínica del autismo en el psicoanálisis de nuestra orientación?

El autismo es el nuevo paradigma de la enfermedad mental en la infancia. Margaret Mahler, acentuó que “a finales de la década de 1930 e incluso en la década de 1940       la avanzada obra de Lauretta Bender (1942, 1947) sobre la esquizofrenia en la niñez no era en modo alguno aceptada en el campo de la psiquiatría infantil, a pesar de los trabajos de Bradley (1945), Potter (1933) y Despert (1941).

Fue a principios de la década de 1940 cuando el concepto de Kanner de “autismo infantil precoz” (1943, 1944), hizo que la idea de una perturbación psicótica grave en los niños pequeños resultara algo más aceptable para quienes trabajaban en este campo. Pero esa aceptación de un “autismo infantil precoz” tuvo una perdurable consecuencia: cualquier cuadro clínico de psicosis infantil en el que se detectaba algo que se pareciera a mecanismos autísticos y en el que se comprobaba una ruptura psicótica con la realidad en un niño pequeño era automáticamente designado como “autismo””1.

Esta “perdurable consecuencia”, que sirvió como punto de cierre del debate sobre  la  psicosis  en  el  niño,  para  ser  aceptada  bajo  la  modalidad  del autismo, recibió múltiples añadidos, marcas y matices. Entre ellos el de la propia M. Mahler quien con su tesis sobre la psicosis simbiótica, favoreció la concepción de niveles de gravedad correlativos a momentos de detención en el desarrollo del niño. Así, la más grave de dichas detenciones sería el autismo infantil, mientras que la psicosis simbiótica correspondería a la detención en un estadio posterior del desarrollo.

Se crea así paulatinamente, para la infancia, el paradigma de los trastornos del desarrollo, que a partir de los años 90, con la edición del DSM IV, ha desplazado al autismo infantil de su condición previa de síndrome, que lo situaba como entidad sin etiología reconocida, a la de trastorno del espectro autista. Este desplazamiento se acompaña de la certeza de que en el futuro se descubrirá su causalidad neurológica o genética, asintóticamente. Actualmente sus límites como entidad nosológica se difuminan y abandonan el campo de la infancia y la adolescencia, para extenderse a la edad adulta. Y gracias a su éxito este modelo ha sido exportado a otros “trastornos de la infancia”. El autismo se convierte, una vez más, en el nuevo paradigma de la enfermedad mental en la infancia, y gracias a la sugestión del éxito de la biología, favorece la objetalización del niño autista más que nunca.

Frente  al  discurso  del  amo  actual,  como  reverso,  nuestra  orientación sostiene que el autista es un ser hablante. Lo cual reconocemos en sus fenómenos elementales.

 

2) Decimos a veces que el niño autista está en el lenguaje pero fuera del discurso. Pero ¿qué sentido tiene esta afirmación a la hora de tratar al niño autista?

No hay punto de capitón y sí en ocasiones palabras caídas del Otro como meteoros, frases sueltas que vuelven a aparecer: “¡El lobo!, ¡el lobo!”

Lacan  en  “Televisión”  plantea  que  “el  inconsciente  implica  que  se  lo escuche”. Sin embargo en la “Conferencia de Ginebra sobre el síntoma”, dice que “los autistas se escuchan a sí mismos, escuchan muchas cosas, hasta desembocar en la alucinación que siempre tiene un carácter más o menos vocal.” Es una lectura del autismo articulada a partir de la formula: “Que se diga queda olvidado tras lo que se dice en lo que se escucha”2, ya que de un lado los autistas escuchan hasta la alucinación, y de otro, hablan (“Ud. no puede decir que no hablan”3); son personajes verbosos.

Dando dos propuestas: de lo que se trata entonces, más que de escuchar, es de “ver dónde escucharon lo que articulan”4, proponiendo también que “se trata de saber por qué hay algo que se congela en el autista o en el llamado esquizofrénico”5. No se produce el olvido tras lo que se dice –verbosamente- en lo que se escucha hasta la alucinación. No se produce el olvido, sino que hay algo congelado: visto u oído.

Miller se interroga6 sobre qué es una interpretación analítica si el correlato de esta no es el lenguaje sino lalengua; si el inconsciente está hecho de lalengua y no sirve a la comunicación sino al goce. Señala cómo el no- diálogo tiene su límite en la interpretación por donde se verifica lo real (un corte  entre  S1  y  a).  Así  quizás  mediante  la  interpretación  -“algo  para decirles”-, o el acto, se verifique lo real (lo congelado: visto u oído), introduciéndose lo imposible. Y quizás la extracción (de un botón, de unas gafas que miran), permita que nos puedan dirigir algunas palabras, crear un lazo, una cadena, un circuito, que pudiera favorecer su salida del autismo y su entrada en la psicosis.

 

3) ¿Cuál es tu experiencia en la llamada "práctica entre varios" en el tratamiento del niño autista? ¿Podrías darnos algunas pinceladas de tu trabajo en este ámbito?

No tengo experiencia de la "práctica entre varios" en la institución. Pero mi práctica  es  tributaria  de  muchas  de  sus  enseñanzas:  la  idea  del  niño psicótico al trabajo, por ejemplo en sus estereotipias como un esfuerzo de elaboración, su propuesta de regu[i]lar al Otro, su orientación de dar lugar a los padres como “sujeto”, así como el “clásico” de saber no saber…..

 

1. Mahler, M., “Psicosis infantil temprana: Los síndromes simbiótico y autístico”  (1965),  en  Estudios  1.  Psicosis  Infantiles  y  otros  trabajos,  Ed Paidós, Buenos Aires 1984. Pág. 133.

2. Lacan. J., Seminario XX, Aun, Ed Paidós. Pág. 24.

3. Lacan, J., “Conferencia en Ginebra sobre el síntoma”, en Intervenciones y textos 2, Ed. Manantial. Pág. 134-5.

4. Lacan, J., Op cit. Pág. 134.

5. Lacan, J., Op cit.

Subrayar cómo desde los años 50 (en su Seminario I, dice de Robert, el niño lobo, que hay allí una estructura esquizofrénica de relación con el mundo. Pág. 166) hasta la “Conferencia de Ginebra…” donde pone en serie autismo y esquizofrenia, el continuum de su consideración sería la esquizofrenia.

6. Miller, J.- A., Curso la fuga del sentido. El lenguaje aparato de goce, Colección  diva,  Bs.  As.  2000.  Clases  “El  escrito  en  a  palabra”,  y  “El monólogo de la apparole”. Pág. 92.

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