Ficciones Clínicas

Conversación Clínica. Instituto del Campo Freudiano 2009. Casos que enseñan. Parte IV

Publicado en Lectura Lacaniana: 2 mayo, 2016

Sobre la clínica del autismo. 

Tres preguntas a Julio González

Qué lugar para el autismo en el psicoanálisis de orientación lacaniana es la pregunta que inicia esta apartado que tratará la conversación sobre un caso de autismo.

González afirma que se asiste a un ataque directo al psicoanálisis como tratamiento del autismo, argumentando que el psicoanálisis es una práctica ineficaz para estos casos, incluso nocivo en la medida que culpabiliza a los padres.

Se considera al autismo desde una cuestión de discapacidad, y la única posibilidad que se contempla es la intervención psicoeducativa.

La perspectiva del psicoanálisis es otra, partiendo de que estamos todos habitados por el lenguaje, cuya relación con el goce, con ese goce que habla solo y que está en disyunción con el Otro, siendo esta disyunción en el niño autista de forma extrema.

Cuando se atiende a un niño autista se parte del hecho que el autista se encuentra ante el problema de enfrentarse a la presencia de  otro invasivo a partir del objeto voz y del objeto mirada, siendo la estrategia del autista la de anular al Otro en su presencia. Indicación de cual sería el saber hacer del analista en el tratamiento con el niño autista.   

                                                                                                                                 Angela Vitale

 

1) En la Conversación vamos a contar con un interesante caso de autismo.

¿Qué lugar tiene hoy para ti la clínica del autismo en el psicoanálisis de nuestra orientación?

En estos momentos asistimos a un ataque directo al psicoanálisis como tratamiento del autismo. Con esta situación nos encontramos todos los que trabajamos en este campo. Entre los que se denominan especialistas en el tema, así como entre las Asociaciones de padres de afectados, organizadas muchas de ellas a nivel europeo, predomina el juicio de que el psicoanálisis es una práctica ineficaz para estos casos, incluso nociva en la medida en que culpabiliza a los padres.

Asistimos a todo un movimiento de condena al psicoanálisis que enarbola la bandera de la discapacidad en la consideración de estos casos. El autismo es una cuestión de discapacidad, eliminándose de un plumazo la dimensión de la psicosis infantil.

Desde esta perspectiva la única posibilidad que se contempla es la intervención psicoeducativa. El autista, al ser considerado un discapaz, necesita de una educación de por vida. Para ello se fundamentan en lo siguiente: el autista tiene percepciones y cogniciones erróneas, derivadas de un problema orgánico, que hay que reeducar a lo largo de toda su vida. Desde una edad muy temprana se prevén los recorridos, los itinerarios y los recursos institucionales que se van a necesitar. Se programa pues un destino quedando el niño petrificado en su condición de objeto del Otro.

La perspectiva que toma el psicoanálisis de orientación lacaniana es otra. Partimos  de  un  hecho  que  nos  afecta  a  todos,  en  la  medida  en  que habitamos el lenguaje.

Todos tenemos una relación fundamental con el goce, goce que habla solo y que está en una relación de disyunción con el Otro. Como señala Jacques- Alain Miller el autismo es el estatuto nativo del sujeto [1]. Cuando atendemos en la institución o en nuestra consulta a sujetos llamados autistas, nos encontramos ante formas extremas, podríamos decir, de tal disyunción.

Por otra parte, y tal como señala Eric Laurent en uno de los textos preparatorios  a  las  Jornadas  RI  3  “Le  dialogue  avec  l`autiste”,  lo  que

caracteriza al abordaje psicoanalítico del autismo y de la psicosis infantil, es la apuesta que se hace por considerar siempre la dimensión de dirección al Otro que el autista, como ser que habita en el lenguaje mantiene. Sostener esta apuesta, acogerla, darle su lugar, conlleva efectos terapéuticos comprobados; no hacerlo acarrea efectos desastrosos.

En mi opinión hay en esto una dimensión ética en juego pues de lo que se trata es de una elección en relación al goce.

 

2) Decimos a veces que el niño autista está en el lenguaje pero fuera del discurso. Pero ¿qué sentido tiene esta afirmación a la hora de tratar al niño autista?

Cuando decimos que el niño autista está en el lenguaje nos referimos al hecho de que él está en relación al goce. Está en relación al goce que se introduce a partir del significante. El niño autista mantiene una relación al S1 solo, sin relación al S2. La cuestión consiste entonces en las posibilidades del niño autista a la hora de tratar el goce. Es en esto donde me parece que se ubican las consecuencias para la clínica de su estar fuera de discurso.

En  el  articulo  “La  invención  psicótica”  Jacques-Alain  Miller  nos  recuerda cómo para Lacan los discursos nos dicen lo que hay que hacer con el cuerpo. ¿Cómo entender esto? Me parece que lo que se pone de relieve es la importancia del discurso a la hora de tratar el traumatismo que supone siempre para el sujeto el encuentro con el significante, la manera como se anuda el goce del cuerpo con la lengua. Los discursos establecidos permiten un tratamiento de esto, permiten por ejemplo que el sujeto tenga un cuerpo, y cuando estos no funcionan se trata de estar atento a las invenciones, a las construcciones, a los diferentes aparatos que va construyendo el sujeto, en este caso el niño autista.

Se trata de acoger y dar su alcance a las pequeñas invenciones que el niño autista puede desplegar y que le pueden servir a la hora de ubicarse en un discurso en tanto que sujeto. Supone pues orientarse con una política del síntoma.

 

3) ¿Cuál es tu experiencia en la llamada "práctica entre varios" en el tratamiento del niño autista? ¿Podrías darnos algunas pinceladas de tu trabajo en este ámbito?

En la institución en la que trabajo no se da el ejercicio de la “práctica entre varios”, más bien se ubica en la órbita de la discapacidad y la rectificación de

la conducta. Sin embargo creo que algunas enseñanzas se pueden extraer de esta práctica, sobre todo si consideramos que ella supone un modo de tratamiento del Otro del autista, recayendo dicho tratamiento no en el niño sino en el analista, en los educadores, etc.

Esto puede ser muy útil también para el trabajo individual, cuando se atiende a un niño autista en la consulta.

Para ello debemos partir del hecho de que el niño autista se encuentra ante el problema de enfrentase a la presencia de un Otro absolutamente invasivo a partir del objeto voz y el objeto mirada. Ante esta presencia, persecutoria podríamos decir, la estrategia del autista es la de la anulación, anular al Otro en su presencia.

Es por esto que me parece que en el tratamiento del niño autista el analista ha de saber hacer jugar, por su parte, una presencia no muy presente, ha de saber hacerse ausente, barrado, descompletado por el sujeto, sin ocupar una posición de saber.

Y me parece que ésta es una de las enseñanzas cruciales de la “práctica entre varios”. Recuerdo a este respecto el caso de un niño al que atiendo en la  institución,  en  un  momento  de  su  cura  comenzó  a  extraer  esas cantoneras, o esquineros, no recuerdo muy bien cómo se llaman, que están para proteger las esquinas de la pared, una y otra vez, sin saber por mi parte cómo poder parar eso. Intenté sin éxito múltiples estrategias. Finalmente un día, gracias al control, encontré una que aún no había formulado: comencé a llorar en el momento en el que arrancaba los esquineros, comencé a llorar y a lamentarme de que me rompía la pared y me daba mucha pena –tuve el cuidado de no utilizar ni el “tú”, ni el “él”. El niño dejo de hacer esa actividad. Creo que fue un modo de introducir en la cura, por el lado del practicante, un tratamiento del Otro del autista.

 

 

[1] Miller, Jacques-Alian., “Sʼil y a la psychanalyse, alors…”, en La petite Girafe nº 25, Junio 2007

 

 

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