Ficciones Clínicas

Conversación Clínica. Instituto del Campo Freudiano 2009. Casos que enseñan. Parte III

Publicado en Lectura Lacaniana: 1 mayo, 2016

 

Tres preguntas a Clara Bardón

Interrogada Bardón acerca del núcleo melancólico  presente en la psicosis y de las oscilaciones entre la posición melancólica y persecutoria de una sujeto psicótico, responde que tratándose de una paranoia y reducido el delirio, con frecuencia aparece un estado melancólico vinculado al vacío, a la soledad absoluta en la que queda el sujeto, el abandono, el ser dejado caer por el Otro del delirio, que tiene que ver con el sujeto, que mediante a su pesar, se sostiene. Y agrega que tras un período melancólico, el sujeto tiende a convocar de nuevo a ese Otro malo que necesita para dejar de experimentar esa muerte subjetiva.

Plantea que el analista, en la psicosis, es una ayuda contra la invasión de goce. Se trata en la conversación con el psicótico de propiciar la explicación, no dar nada por entendido que no haya sido dicho, evitar los sobreentendidos, promoviendo un esfuerzo en el sujeto de traducción de lo inefable, de su lengua privada a la lengua común.

Pone el acento, que entre la primera  enseñanza y la segunda,  Lacan hace un trabajo que  progresa y va reelaborando cuestiones,  que van arrojando nuevas perspectivas o amplían lo anterior.

                                                                                                 Angela Vitale

 

 
1) Los casos de psicosis permiten ver en ocasiones cómo el sujeto ha encarnado un objeto no investido fálicamente por el Otro, quedando reducido a una posición de objeto de desecho. Esto permite pensar de otro modo lo que algunos autores llaman el núcleo melancólico presente en toda psicosis. También permite dar cuenta de las oscilaciones que se observan en algunos casos entre una posición melancólica del sujeto y una posición persecutoria, donde la vertiente paranoide parecería salvar al sujeto de quedar identificado a ese objeto resto. ¿Podrías aportarnos algo de tu experiencia clínica sobre este punto?
 
Cuando se trata de la paranoia y el delirio se reduce, con frecuencia aparece un estado melancólico vinculado al vacío, la soledad absoluta en la que queda el sujeto, el abandono, el ser dejado caer por el Otro del delirio con el que tiene que ver el sujeto y mediante el cual, a su pesar, se sostiene. De ahí que, con frecuencia, tras un periodo melancólico más o menos largo, el sujeto tienda a convocar de nuevo a ese Otro malo que necesita para dejar de experimentar esa muerte subjetiva.
 
Por otra parte, el sujeto melancólico produce para estabilizarse lo que se ha llamado una “sobreidentificación” a ciertas normas o roles sociales tomadas por el sujeto como ideal. Es una especie de constelación de rasgos, no dialécticos al no estar sostenidos por el I(A) que enmascaran su ser de objeto abyecto y le asignan una posición inmutable al sujeto, abrochando la estructura. El acceso melancólico se desencadena cuando entra en contradicción algo del funcionamiento del sujeto con dichos rasgos ideales. Se produce una pérdida del sentido de la vida porque el objeto se hace presente, y el superyó le mortifica y le devora. La culpa está en primer plano. Creo que esos momentos en que aparecen interpretaciones paranoides pueden pensarse como un intento desesperado por parte del sujeto por aliviarse de la culpa, atribuyéndola al Otro, así como un intento de reconstruir algo del sentido y de la relación con el Otro.
 
 
2) En la Conversación de Antibes, se hace referencia a la tesis que Lacan plantea en el seminario XXIII del analista como "una ayuda contra", para introducir la noción del analista como ayuda contra la invasión de goce en los casos  de  psicosis.  ¿Qué  te  parece  esta  definición?  ¿Crees  que  se contrapone o no a la clásica del analista como secretario del alienado? Por otro lado, hacer de "ayuda contra" no quiere decir de ningún modo situarse en una posición de saber lo que necesita el sujeto, lo que podría llevar a la ubicación del Otro del goce en el analista. ¿Podrías decirnos algo más sobre esta cuestión o ponernos algún ejemplo de tu práctica que ilustre alguna maniobra para evitar dicho deslizamiento?
 
 
Lacan  evoca  el  Génesis para plantear al psicoanalista como una ayuda contra pero en un sentido inverso al de la religión ya que no hay Otro del Otro y dice, oponiéndose a Chomsky, que el lenguaje no es en sí mismo un mensaje, sino que sólo se sustenta en la función de lo que ha llamado agujero en lo real. La hipótesis del inconsciente es que ese agujero por sí solo pueda proveer una ayuda. Entiendo que se refiere a la cura analítica en la neurosis.
 
Creo que se puede extrapolar a la psicosis planteando que el analista sea una ayuda contra la invasión de goce, a condición de pensar que el procedimiento en la cura es distinto, por no decir inverso. Va en el sentido de contrariar la significación de saber que se produce al instalarse la transferencia dando lugar al saber supuesto y que en la psicosis implica rápidamente  la  certeza.  De  ahí  que  esté  excluida  la  interpretación  del analista para dejar vacío ese lugar de saber. Pero no es suficiente.
 
El lenguaje alusivo tiene que ver con la reticencia del sujeto a dar cuenta de los fenómenos que padece, pero también con la idea de que hay un sentido compartido. También en ocasiones su hablar a medias, los sobreentendidos, tienen que ver con el síntoma, tan frecuente, de que los otros saben lo que el sujeto piensa y por lo tanto el analista. No sólo lo cree cuando lo enuncia como queja (complot, vigilancia, persecución, micro-chips implantados…), lo da por sentado. En la conversación con el psicótico se trata de propiciar la explicación, no dar nada por entendido que no haya sido dicho, evitar los sobreentendidos, promover un esfuerzo en el sujeto de traducción de lo inefable, de su lengua privada a la lengua común. Lograr establecer un vínculo en el que se pueda producir esa conversación.
 
Hacer de secretario del alienado implica situarse en una posición discreta, no intrusiva, lo cuál es importante en algunos momentos en que el sujeto es muy vulnerable.
 
Pero eso no suele ser suficiente para tratar el goce a la deriva del sujeto no limitado en el nudo precario que le sostiene, o para poner límite al goce del Otro, respecto al cuál se trata de ayudarle a producir o sostener las construcciones que pone en juego para protegerse y que se muestren eficaces. También las construcciones, ideas, orientaciones en la vida que pueden permitirle la restauración de un vínculo social. Así como propiciar la elaboración de saber que va en el sentido del saber-hacer.
 
Cada caso es único y la cura de un sujeto puede pasar por momentos muy distintos en los que la posición del analista y su intervención deben adecuarse.
 
 
3) El hecho de que en la enseñanza de Lacan, los nuevos paradigmas no invaliden los anteriores, comporta que con cierta frecuencia encontremos en los  casos  que  se  presentan  una  confusión  de  términos  relativos  a paradigmas distintos utilizados de manera conjunta o indistinta: por ejemplo se está hablando de los efectos forclusivos y, a continuación, sin transición, se pasa a hablar en términos de anudamiento y desanudamiento.
 
Asimismo, el hecho de que la última clínica de Lacan al poner el acento en el funcionamiento ayude a entender los casos de una manera nueva, parecería llevar a pensar qué es una clínica más fácil, cuando en realidad pone en juego una serie de conceptos que, por lo general, no tenemos aún bien elucidados. ¿Cómo crees que tendríamos que manejar esta cuestión en la formación que impartimos en las Secciones Clínicas?
 
En la primera enseñanza de Lacan, centrada por un predominio de lo simbólico, por ejemplo en Una cuestión preliminar…lo que permite poner el mundo en orden es la metáfora paterna que instaura el Nombre del Padre como Otro del Otro materno, instaura la ley y permite la significación. Abrochaba significante y significado.
 
Con el nudo, como soporte del sujeto, no se produce esa separación tan tajante entre estructura neurótica o psicótica sino que se puede pensar más en términos de anudamientos distintos y modos de goce.
 
Tras la elaboración del Significante del A barrado, o lo que es lo mismo “no hay Otro del Otro”, se trata del discurso en tanto instaura el lazo social y del estar fuera del discurso.
 
La función paterna se elabora de otra manera y amplía la perspectiva: es preciso que alguien pueda constituir la excepción para que la función del padre devenga modelo. La père-version implica la manera en que un padre se las arregla para hacer de una mujer el objeto a que causa su deseo. Con los hijos, cuidados paternales. Esto implica una transmisión de la castración y  de  un  saber  arreglárselas  de  alguna  manera  con  el  no-todo.  En  este sentido la función del padre puede hacer de sinthome y mantener anudados R, S e I.
 
“Todo se sostiene en la medida en que el Nombre del Padre es también el Padre del nombre, es decir el que nombra”, especialmente el goce, abrochando lo simbólico y lo real (ver RSI, clase 14 de enero 1975).
 
No pienso que estas últimas elaboraciones en relación al nudo cuestionen la forclusión, más bien amplían su campo en la medida en que permiten pensar los efectos forclusivos y sus soluciones más o menos logradas mediante particulares artificios de anudamiento en sujetos que no han sufrido un desencadenamiento franco de su psicosis. Lacan en el Seminario 23 sigue hablando de “Verwerfung de hecho” en relación a Joyce.
 
Pienso que la obra de Lacan es un trabajo que progresa y reelabora cuestiones fundamentales que arrojan una nueva perspectiva o amplían la anterior con un acento distinto, pero no invalida lo elaborado previamente. 

 

 

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